Concord, 3 de mayo de 1861
Sr. Blake:
Sigo estando tan inválido como lo estaba cuando usted y Brown estuvieron aquí, si no más, y temo que el frío pueda volver antes de que supere la bronquitis. En consecuencia, el doctor me dice que debo «escabullirme» a las Antillas, o a cualquier otro lugar, no parece preocuparle mucho adónde. Pero rechacé las Antillas por el calor húmedo del verano, y el sur de Europa por el dinero y el tiempo que me llevaría, de modo que he decidido finalmente que lo mejor para mí sería probar el aire de Minnesota, de algún lugar cerca de Saint Paul. Solo estoy esperando a recuperarme lo suficiente para viajar. Espero partir en una semana o diez días.
El aire del interior quizá me ayude, o puede que no. En cualquier caso, soy hasta tal punto un inválido que debo prestar especial atención a la comodidad del viaje, parando a descansar, etc., etc., si lo necesito. He pensado comprar un billete directo para Chicago, con libertad para detenerme con frecuencia durante el camino, y realizar mi primera pausa importante en las cataratas del Niágara, durante algunos días o una semana, y quedarme en una pensión; después, una o dos noches en Detroit, y en Chicago tanto tiempo como requiera mi salud. En Chicago decidiré en qué punto (Fulton, Dinleith, u otro) me embarco en el Misisipi y tomo una barcaza hasta Saint Paul.
Espero no tener problemas para encontrar una o varias pensiones con habitaciones individuales decentes en la región, y pasar allí mi tiempo. Supongo, y estoy preparado para ello, que estaré fuera tres meses; y me gustaría volver por otra ruta, tal vez Mackinaw y Montreal.
He pensado en buscar un compañero, por supuesto, pero no muy seriamente, pues no tengo derecho a ofrecerme como compañía de nadie, dado el particularmente privado y del todo absorbente, pero miserable, asunto al que tengo que atender: mi salud, y no la de él, y que me hará detenerme aquí e ir allá, etc., etc., sin previo aviso.
No obstante, me he decidido a contarle todos los planes de mi viaje con la vana esperanza de que quiera usted realizar una parte o la totalidad de este viaje al mismo tiempo que yo, o de que tal vez su estado de salud sea tal que también pudiera resultarle beneficioso.
Le ruego que me haga saber si dicho propósito le parece tentador. Escribo a toda prisa antes de que llegue el correo, y por tanto, una vez más, he de omitir la moral.