Diario de él día 85

¿De verdad?, ¿pensabas que estabas ahí?, ¿en los días difíciles?, ¿en los más débiles?, ¿estabas ahí en mis dudas, en mis momentos, cuando me creía invencible, cuando hasta la mayor duda del mayor momento me creó inviable?

Tú no estabas ahí, no estabas en mis noches oscuras, en mis mañanas duras, en cada amanecer sin una figura, tu no estabas ahí, en mis madrugadas, en mis alternativas, en mis noches mojadas por mis ojos, no estabas ahí, en mis manías, en cada oscuridad de ludopatía.

No estabas sintiendo, rozando cada mañana, cada voz, cada susurrar de esta llamada, no estabas ahí, en cada gesto, en cada olor de ese sentimiento, no estabas aquí, nunca sufriste este amor infecto, este olor, esta manía.

Jamás sufriste sin saber que eras mía, nunca fuiste consciente, nunca entendiste un amor sin su final, sin ser una utopía, no entendías mis días, ni mis noches más frías, no entendía, tu hipocresía, tus deberes tan duros, ni tus noches de crías.

No entendía si quiera porque fingías, y quizás fue mi culpa, pero yo no entendía, porque sonreías, nunca entendí nuestras noches, y muchos menos nuestros días.

Diario de ella día 85

¿Recuerdas aquel día que salimos?

Llovía, y no nos preocupaba, bailábamos bajo ella, corríamos, nos reíamos, ¿no era eso en lo que consistía el amor? En no pensar en nada, sólo disfrutar de estar juntos, sin que todo lo demás seas bonito o perfecto.

Es como ese día que sales de tu casa, nerviosa, porque por fin ha llegado la oportunidad la de compartir un momento a solas, la de que por fin él te conozca, las horas son eternas mientras esperas a que llegue el momento, la elección de ropa se vuelve  un infierno, que ropa le gustará más te preguntas, y es normal tanta importancia, algún día si tu plan perfecto sale bien, esa será la ropa con la que conociste al hombre de tu vida, y sabes que vas a recordar que llevabais los dos.

Él llega pronto, te está esperando, y eso te pone más nerviosa, te distraes pensando que llevará él, si también se habrá puesto nervioso como tú, si habrá tardado tanto en elegir la ropa, aunque nunca te lo vaya a confesar, y ahí está perfecto como siempre, qué más da lo que lleve, si se ha peinado o afeitado, para ti ya es perfecto, igual él también pensaba eso de ti, pero el miedo no te ha dejado pensar tanto, y bendito miedo, porque está precioso, y ahora sólo quieres estar a la altura.

Un saludo tímido, dos besos o quizás ni eso, un saludo desde lejos, te sientas en el asiento de al lado de su coche, aunque ya sabíais lo que ibais a hacer vuelves a preguntar, no vayas a tomar una decisión y a fastidiarlo todo nada más empezar, mucho miedo.

Era fácil, ya estaba hablado, vais a tomar algo, primera cita, nada especial. Tú siempre tan callada, tan reservada, no entiendes porqué tu cerebro ha decidido dotarte con la capacidad de la verborrea, —¡cállate ya!—te repites, pero los nervios te afectan así, sudas, descubres que tienes una amplia gama de tics a la que dar salida, y por supuesto era el momento perfecto, mucho, mucho miedo.

Y él te habla y se acaricia la barba, igual no tiene tanto miedo, igual esto le da igual, o igual disimula mejor que tú, es lo que tiene estudiar los gestos, que te fijas en todo, pero da igual porque del miedo no puedes analizar nada y además está perfecto como siempre.

Todo acaba, y lo hace de la mejor forma posible, con un beso en la mejilla y suerte que te lo da él porque tú ya no sabías ni que hacer, mucho miedo, y con todo ese miedo, esperas una reacción a la cita y llega en forma de mensaje, obviamente por parte de él, no ibas a ser valiente por una vez.

No fue la cita perfecta, al menos no si esto fuera una película de esas que hacen llorar y se emiten en agosto en el cine de verano para que las parejas vayan a comparar sus relaciones con la ficción, pero era nuestra película, y no sé si algún día me atreveré a ir a uno de esos cines a compararla, mucho miedo.

Pero bendito miedo porque te contaré algo, no es miedo, es respeto.

Respeto a ti, respeto a una persona fuera de lo normal, respeto a una persona que sin conocerte casi y sin necesitar su presencia te hace reír, y más importante sonreír, es respeto a la persona con la que piensas que podrías pasar el resto de tu vida, sin películas, simplemente porque es una persona asombrosa y quién no querría hacerlo.

Este respeto es la clave del amor, es la clave para que después de años quieras seguir sorprendiendo a tu pareja, para que nos sigan valiendo los planes que salen mal, los malentendidos que se arreglan entre risas, para que después de años si tienes que ir en medio de la noche vayas, aunque este a kilómetros y tengas que ir andando y llueva, porque cuando le conociste lo hubieras hecho sin dudar.

Para que recorras kilómetros en coche solo para verle veinte minutos, para que aquellas tonterías que ahora te parecen insignificantes y que para él son un mundo, también lo sean para ti, porque es vuestro mundo.

Para que sigas diciéndole te quiero cada noche como si fuera la primera vez, para que sigas nerviosa ante cada cita como si fuera la primera, para que te peines para él, te maquilles y te pongas lo más guapa que puedas, para que no dejes de pensar en él ni un segundo, para que cada canción te recuerde a él, para que guardes cada película que quieras ver con él y sigas buscando otras.

Para que cada día de fiesta quieras acabar en su cama, y cada día de resaca no quieras salir de ella.

Debemos aprender a guardar este respeto, a recuperarlo si lo hemos perdido y a ser honestos si ya no lo queremos recuperar.

Pero se honesto contigo primero, y después conmigo, sé que te quieres ir, y aunque no entiendo tus porqués, entiendo muchas razones y se de sobra que esto no es como antes.

Diario de él día 86

Sé que me estas mirando otra vez, intentando saber que pienso, te pregunto si quieres saber una historia y afirmas con tu cabeza, lo haces de esa forma tímida, apretando tus labios, con la cabeza gacha y mirándome hacia arriba, con esa sonrisa dulce, te quiero tanto…

Es una historia de verano, de penas y alegrías, es una historia real te digo y parece interesarte aún más, ya sé que la ficción nunca fue parte de tus gustos, es una historia con un incierto final, yo lo desconozco, sé que en su trama el día ganará a la noche, pero fue escrita durante la oscuridad más lóbrega.

Él como en cada época en la que el sol deslumbraba su ciudad y la alegría parecía contagiarse hasta el último rincón, siempre repetía la misma escena, no sé si lo hacía queriendo o simplemente era un cúmulo de desafortunados hechos.

Allí se encontraban, sentados, frente a frente, el ante ellos, su abuela, su amiga de la infancia, sus padres, sus hijos, pero siempre ante ella, aquella invitada que parecía desear más su compañía cuando llegaba la época estival.

Ella era su esposa, fiel compañera, nunca la trató con rechazo o animadversión, siempre fue tan buena consejera aunque a él le gustara rechazarla frecuentemente. Él en su vida diaria era una persona alegre, la gente de alrededor podía constatarlo, a veces le preguntaban por qué se reía sin razón aparente, le gustaba disfrutar de cada segundo, simplemente un día decidió ser feliz.

El problema de esta ingrata reunión era que no siempre fue así, y a veces se le olvidaba, e incluso en épocas pasadas había recuerdos que nublaban el sol.

Cada verano en esa mesa, se debatía sobre el pasado, pero más sobre el futuro, la ilusión cada verano disminuía a veces hasta límites agónicos, pero, como abandonar un proyecto en el que trabajaste siempre, como seguir adelante cuando lo que quieres es apartarte del camino, es verdad que tuvo miedo y dudó, pero no ver el final del camino nunca fue un problema, él confiaba en caminar, en cada paso en seguir adelante.

Pero muchas veces la carga es demasiada, ya no podía cambiar lo pasado, pero sí hacia dónde dirigirse, sabiendo que una decisión clara era cambiar totalmente de camino.

Y allí, allí en esa mesa frente a todos sus invitados, realizó la sentencia que pronunciaba cada año: “mientras mantenga la ilusión del primer día”.

Y tras esas palabras, en esa habitación donde el frío cala hasta en el día más caluroso, se mantiene inquieto, inmóvil, escuchando a sus comensales, abrazado a su indomable esposa, esperando que la ilusión vuelva a entrar por los resquicios de aquella ventana que siempre dejará abierta.

Terminada la historia te ríes, dices no entenderme, me dices que te he engañado otra vez, que esa historia no tiene nada de real, que ya estoy imaginando cosas otra vez, me hablas de las similitudes que aquel hombre comparte conmigo, pero te advierto que yo ahora no rio y tú sí.

Te quedas en blanco, —solo es una historia, solo eso, una más —sentencias.

Diario de ella día 86

Me pareces tan gracioso ahí sentado, contándome tus historias, esas historias que haces como que te las han contado, que alguna vez intentas que piense que son de antiguas civilizaciones, mitos o cuentos que leíste en alguna parte, eres tan fantasioso, que hasta te inventas que yo no me doy cuenta, creo que hasta tú te crees que de verdad las leíste en alguna parte.

Los dos sabemos que todo sale de tu imaginación, que tienes un problema de autoestima o algo peor, que solo intentas esconderte, esconderme a mí que a veces tienes defectos, que a veces tú también piensas en el futuro, que también te atormenta el pasado, que no es tan fácil la vida como te gusta decir, aunque tú quisieras que fuera de otra manera.

Cualquiera podría pensar que esto es algo triste, pero a mí me encanta, me resultas tan mono, intentado defenderte ante la vida, intentando que sea como tú quieres que sea, que nada te dañe y que nada te afecte, intentando impresionarme con tus filosofías de vida, con tu conocimiento de la existencia, creo que si fueras racional, si vieras las cosas de otra manera, más real, más cruel, creo que si fuera así, podría quererte distinto, pero no más.

 

Diario de ella día 87

Nos enseñaron a callar, a no decir lo que pensábamos, a guardar sentimientos y a ocultar nuestras verdades para no ser esclavos de nuestras palabras, pero no nos enseñaron que hay que ser asertivos, valientes para no ser esclavos de nuestros miedos.

Nos dijeron que no viéramos, que así nuestro corazón no sufriría, que hay ciertas cosas que es mejor no conocer, que la ignorancia es felicidad, pero se les olvidó decirnos que hay cosas que hay que ver, que la belleza está ahí fuera.

Aprendimos a no escuchar, que la palabra a veces es mentira, que no hay que creerlo todo, que no debemos juzgar, pero no aprendimos a prestar atención a oír ciertas notas que nos hacen vibrar, historias que nos hacen crecer.

Nos inculcaron que la vida puede ser triste, oscura, pero no nos mostraron que también es lo mejor que tenemos y que debemos encontrar nuestra luz.

Diario de él día 87

Ahí sentada bajo tu gran armadura, protegiendo ese corazón de hielo, ese corazón que se derrite, que te deja ver lo hermoso que es esto, el disfrutar de nosotros, de la vida, me encanta verte así, sintiendo, recuerdo cuando nos encontramos aquí, cuando éramos dos seres totalmente separados, totalmente aterrados, y tus primeras palabras, nuestras primeras charlas, me sorprendió tanto tu forma de ver la vida, tu espada de la razón contra todo, tu odio a los sentimientos, creo que era miedo, y lo vencimos juntos, estas volviendo a sentir, y nos ha costado, pero ya no hay miedo, porque podremos juntos con todo, de verdad me encanta verte así, pero me encanta más aun verte, sea como sea.

 

Diario de él día 88

Nunca quise mostrarte esto porque nunca quise reconocerlo, pero tampoco he querido tantas cosas que han sucedido, que he comprendido que mi querer poco tiene que decir en esta historia.

Así el tiempo, convirtiendo mis deseos en polvo, los convierte también en duda, y me hace recapacitar sobre si debería desear y esperar o todo es en vano.

Te lo digo firmemente, los sueños se pagan, tú me miras con incertidumbre, sé que no crees en sueños, y para ti son más deseos profundos e inconscientes que imágenes o premoniciones, pero en algo estamos de acuerdo, soñar no es gratis, se paga con desilusiones, y por enésima vez he vuelto a endeudarme y estoy regresando a ti, para no fallar a mi historia.

Y te hablo a ti porque aunque parezca mentira eres la única que me entiende, y porque a veces siento que sin ti no soy nadie, aunque quiera demostrarme lo contrario constantemente.

El día que dejemos de hablar quién sabe si seré feliz, pero en estos momentos me gustaría no tener que hablar contigo la verdad, ni debería, pero a quien le iba a contar yo nada si no eres tú, quien querría escucharme, a quien le va a importar lo que tenga que pensar.

He estado leyendo estos días te digo mientras señalo una pila de libros amontonados en una esquina, y he pensado mucho, como siempre después de conocerte, como nunca, demasiado, incluso he leído muchas cosas que querría no haber leído, y he visto muchas señales que me indican un camino, tú siempre has opinado que soy yo el que quiere ver esas señales, que el camino en realidad lo elijo yo pero me marco esas pautas para luego no condenarme. Aun así creo que no es momento de hacer balance, ahora cuando terminemos de hablar voy a seguir leyendo y preguntándome el porqué de tantas cosas, aunque ahora lo veo muy simple, la vida es así y ese es mi porqué.

Tú sabes de sobra que no juzgo fácilmente y además con toda la historia que me precede no creo que sea la persona más adecuada para juzgar todo esto, he pedido tantas veces perdón o al menos he deseado pedirlo, y he esperado tantas veces que no me condenaran por mis fallos, pero yo sé que en mí, puedo confiar, salvo en contadas ocasiones, pero en los demás…en ti…no lo sé, la desconfianza siempre ha sido parte de mí, se amarro a mi como una flámula, el miedo no me deja ni pensar, y casi ni hablar, solo escribir.

Diario de ella día 88

Hablábamos de como nos sentíamos, hablábamos tanto, que no me di cuenta hasta el final de lo que estaba pasando, claro que yo he cambiado, viniste tú, derribaste mi castillo antaño impenetrable, sucumbí a tus palabras, mis murallas cayeron ante tus miradas, mis almenas fueron invadidas por tus caricias, y fui tuya y lo sigo siendo.

Pero ahora eres tú quien no quiere reinar aquí, donde antes había sentimiento empezaron las dudas, empezaste a recapacitar, a pensar, a preocuparte, no eres tú, yo cambie por ti, pero a ti nunca te pedí que lo hicieras, en verdad creo que nunca te he pedido nada, pero una vez más voy a renegar de mí, y a pedirte que no te vayas, tu no.

 

Diario de él día 89

Cuanto más pasa el tiempo más fuerte es la tristeza y lo peor de todo es que cuanto más tiempo pasamos más me alejo de tu cabeza.

Ojalá tuviera tu fuerza, o tu indiferencia, tu odio o esas ganas de volar, no sé quién me corto las alas, no sé porque me quedé sin fuerza y estoy aquí y me desvanezco, cuanto más tiempo pasa siento que quiero estar más cerca, pero me alejo más y esto luchando por no acercarme.

Seguramente te lo merezcas, me has hecho daño y no debería hacer todo esto, porque lo que sí que tengo seguro es que yo me merezco ser feliz, pero siento que no puedo serlo sin ti y qué voy a hacer yo, si estoy tan cerca y cada vez más lejos, tan lejos.

Diario de ella día 89

Y ahora que estoy yo aquí, que he vuelto por ti, que me he creído todas tus mentiras, incluso las que te cuentas a ti mismo, ahora que estoy aquí empapándome otra vez en esta lluvia por ti, ahora soy yo la que no entiende.

Tu que me has hecho sentir, tu que me has enseñado una nueva manera de ver la vida, un sitio donde el perdón no tenía ni que existir, que era tan efímero como el paso del tiempo, como lo que significa esa palabra.

Sabes que nunca te he pedido nada, y ahora te pido que me perdones, que dejes de pensar en por qué hice lo que hice, que disfrutes como siempre has hecho, que dejes que ahora sea el tiempo el que dicte sentencia y no yo, ni tú.

Te pido que seas tú, como siempre has sido, y no tan yo, y te pido perdón otra vez, si yo provoque todo esto.

 

Diario de él día 90

No entiendo nada pero quiero hacerlo, no sé a dónde ir pero quiero andar, estoy más perdido que nunca pero no me importa, sólo quería que lo hiciéramos juntos.

Muchas mañanas no sabía cómo empezar el día pero sabía con quién quería acabarlo, muchas noches no sabía que decir pero sabía que quería hacer para mantenerme callado, en muchas conversaciones no quería participar sólo deseaba observarte, en muchos silencios me sentía incómodo pero disfrutaba inventando que sería lo próximo que me dirías.

Quería dártelo todo pero no me quedaba nada, quería llevarte hasta las estrellas pero había olvidado el camino, quería llenar tu vida de vino y rosas pero ya no sabía el método, quería hacerte reír pero hace tiempo que perdí la gracia, quería hacerte soñar pero como decirte que un día me robaron la esperanza, quería hacerte vibrar pero como contarte que un día la magia se fue y nunca volverá.

Como ibas a creerme, si ni yo mismo lo hacía.

No sé si es miedo, no sé si es una rendición, supongo que así es como acaban las grandes batallas, cuando nadie pierde, cuando alguien tiene que retirarse, por cansancio, por agotamiento, o porque ya no puedo más.

Debo marcharme amor, debo hacerlo, y me duele, pero ya no me vale con sentir, tú me has hecho así, y de verdad que no quiero culparte, pero ahora puedo mirar las cosas con perspectiva, y debo marcharme, ni yo mismo me lo creo, no puedo engañarnos más.

Te quiero, te quiero como hacía tiempo que no quería a alguien, pero supongo que eso ya no es suficiente.

 

Diario de ella día 91

No sé quién de los dos decidió irse primero, sí recuerdo que te vi arrojar las armas y cerrar la puerta, me giré al instante, sólo aprecie tu pelo castaño, tu última mirada, y esta vez ni vi la luz ni me hizo vibrar.

Y aquí estoy sola, yo también decidí irme una vez, ahora sé lo que se siente cuando ves el tren partir, cuando eres tu quien se queda con la vida planeada, cuando no eres tú la que huye, cuando es a ti a quien miran como si te faltará algo, cuando eres lo viejo abandonado y no la novedad, cuando te preguntan a ti ¿qué pasó?, ¿qué falló? Y ¿por qué ya no está? y lo peor, ¿que estará haciendo? Es difícil ya olvidar y más si andan preguntando.

Por suerte aquí nadie pregunta, no hay mucha más gente que sepa nada de esto, nadie que sepa dónde estamos, y mucho menos hasta donde soñamos llegar.

Pero bueno empezaremos a pensar que no es un problema, si no la solución y que no íbamos a estar aquí toda la vida, habrá llegado el momento de marcharme yo también, de ser otra vez valiente, aunque tú me hayas obligado.

Y si es verdad que estoy jodidamente aterrada, pero como tú me has enseñado en ocasiones a creer en el destino y en las energías del universo, voy a empezar a pensar que tengo algo de poder en todo esto, o culpa, y es una cosa que no sé si me hace preocuparme más o menos.

Tengo una cantidad de dudas tan grandes que a veces se me olvidan, de cosas, hechos y situaciones que podrían hacer que me preocupara, pero no es el momento, puede que este divagando otra vez, supongo que es el momento de descansar y dejarse llevar, al fin y al cabo la vida nos ha traído hasta aquí.

Tampoco lo habremos hecho tan mal.

Así que si de verdad aquí sentada nos planteamos mi razón y yo si debemos seguir con todo esto.

Vamos a decir que no y es obvio.