Diario de él día 29
Volví a la embriaguez, a probar cada sorbo con amargura y esperanza, a sentir como mi juicio se nublaba casi más rápido que mi mirada, mientras mi mente seguía divagando, mientras mi mano seguía esclava de sus designios, porque quizás estando lúcido, nunca encuentre mi mejor versión, quien me conoce sabe de sobra mi capacidad innata para la locura, y a mí me encanta aprender de ella, porque sin ella no sería capaz de esto, y sin esto yo no sería posible.
Diario de ella día 29
Nunca te había visto beber, no al menos tanto, he descubierto tantas cosas de ti hoy que hubiera preferido mantuvieras ocultas, bohemio, depresivo, senil, cínico, débil, dubitativo, carente de autoestima, melancólico, ridículo y alcohólico, lo tienes todo cariño.
Diario de él día 30
Últimamente casi ni hablamos, nuestra relación se ha enfriado tanto como el suelo agrietado de ahí fuera, y como siempre cuando no entiendo las cosas vengo a ti, últimamente recurro demasiado a ti, más de lo que querría seguramente, pero no me molesta, tu no juzgas, nunca lo haces, como podrías.
Creo que si la vida es un juego, he perdido tantas veces y ganado otras tantas, incluso hay muchas derrotas que he llegado a no creerme, elegí un camino, no sé si lo estoy haciendo bien, si seguir las directrices, o si hace tiempo que me perdí, si es así, perdóname por extraviarme.
He hecho demasiadas cosas, buenas y malas y algunas que no se ni como catalogarlas, y esas son las peores, pero siempre he pensado que merezco algo mejor, la humildad es una virtud principal y sé que no me sobra, o al menos voluntariamente intento que no lo haga.
Nunca creo nada de lo que me dices, como creer a tu boca cuando yo hablo con tus ojos, puedes decir que ya perdí la razón, que no soy una persona cuerda, no serás la primera persona, y con total seguridad también te digo que no serás la última. Es difícil sentirse afortunado, cuando el juego que se trata es el del amor, quizás todo esto sea un farol, no sería el primero que escucho estos últimos días, arriesgarse siempre me resulto divertido, pero no es mi caso, todo esto es una obra, y yo soy el actor principal, juego sobre seguro, nunca pierdo, siempre gano, por eso estoy tranquilo.
Diario de ella día 30
Estos días en los que estamos tan distantes me hacen recordar tantas cosas; dicen que las heridas del corazón se arreglan con el tiempo, supongo que eso se basa en que el corazón es un músculo, o en esa línea de tiempo por la que llegamos al olvido.
Hablo de las heridas del alma, esas son de nuestro ser consciente, y esas heridas nos guste o no, nunca se cierran, nunca sanan, porque pienso que la vida es como un libro, no olvidamos lo que ha pasado en las páginas anteriores, ni si quiera en la que actualmente leemos, simplemente pasamos las páginas y avanzamos, y así es la vida, se asimila y se avanza, y son conceptos entrelazados, porque si no avanzamos no asimilamos y si no asimilamos nunca avanzaremos, y acabaremos destruidos, viviendo, sí, pero en la misma página, atrapados en un momento pasado…
Diario de ella día 31
Esta vez fui yo, estaba triste, llorando, en un rincón de esta habitación sentada, las piernas dobladas, mis brazos abrazándolas, mi cabeza entre mis rodillas, mi pelo tapando mi rostro, mis ojos cerrados, apretados con rabia, te acercaste, intentaste apartar mi cabello con tus suaves manos, la primera vez me aparte con un giro sutil de cuello, la segunda vez me obligaste a golpearte en la mano, te apartaste de un salto, y me preguntaste que por que era así, que si siempre fui así, volviste a preocuparte por mi pasado, a saber lo que soy por lo que era, cuando a ti los dos sabemos que nunca te importó demasiado los caminos que el azar utilizó para juntarnos aquí.
No te dije nada, esta vez, prefiero guardarme la historia para mí, para ti, mi diario.
¿Sabes esos días que parece que el mundo se acaba?
¿Esas épocas en que las cosas parecen irremediablemente desembocar en una caída estrepitosa, cuando no ves una salida?
¿Cuándo todos los hechos parecen condicionados a no eludir el fracaso?
Esos días en lo que quizás te falte un abrazo, una voz susurrándote al oído que todo irá bien, una mano que acaricie tu pelo y te ayude a aclarar tus ideas, paseos en los que no se hable de la vida, sólo disfrutando de cada paso, de cada palabra que no nos decimos, de cada mirada, conversaciones banales que no hablen más de un futuro incierto, pero que vislumbramos grande, caricias que te hacen sentirte la persona más inmensa del mundo, en esos días que todo es tan pequeño.
¿Sabes esos días?
¿Sabes de lo que te hablo?
Pues eso decidí no tenerlo, decidí secarme las lágrimas con mi propio hombro, centrar mis miradas en mi futuro, levantar mi cabeza apoyada en mis propios sueños, y limpiarme el barro del fracaso con mi constancia diaria.
No digo que no lo necesite, sólo digo que decidimos no tenerlo, entre la vida y yo, ya sabes, no siempre se toman decisiones acertadas.
Diario de él día 31
Nunca te había visto tan callada, nunca te había visto tan triste, y ni si quiera confías en mi para que te ayude. Sé que no soy un gran conversador y que ni si quieras nuestras ideas pueden ponerse en conjunto, que somos tan diferentes que aún no sé cómo aguantamos aquí. Que seguramente el escucharme hablar intentando consolarte, solo valdría para enfadarte aún más, pero déjame, déjame que lo intente, déjame abrazarte, déjame aunque sea distraerte, permíteme que durante unos minutos al menos logre que no estés triste, que pienses en otra cosa o que pongas tu mente en blanco, déjame ser tu recreo, consiénteme al menos combatir tu tristeza, ya que no puedo hacerlo por tu felicidad.
Diario de él día 32
Me recuerdas tanto a ella cuando estas así, me haces acordarme tanto de ella, ella que trajo la tristeza donde solo se conocía la alegría, ella que juro que nos querríamos siempre con los dedos cruzados y la sonrisa torcida, pero del mismo modo que con ella podría hacerlo contigo, con el mismo valor, es verdad que ni me quedaba más remedio, un día más habría acabado por consumirme. Pero decidí que sería yo quien me consumiera y no la vida, no ella, y se lo dije que no la querría más, que no volverían más a esas noches, a esas conversaciones infinitas, ni a esas miradas sin final.
Me prometí a mí mismo que no volvería, que si tenía que aprender algo de esta vida ya había sido suficiente lección, que no caería otra vez agotado en esos brazos, que no descansaría otra vez en ese pelo que tantas veces me sirvió de almohada, no volvería a sentir ese calor que sólo conocen dos cuerpos que se enredan en una noche eterna, no volvería a sonreír cada mañana al mirarla, al decir esos buenos días, sin escuchar, con el cerebro y la capacidad de entendimiento aún aturdidos al despertar, sentir ese saludo al alba, esa brisa que despertaba su boca al hablar, sus mejillas al sonrojarse, sus ojos al tornarse en una mueca fugaz, tierna y cálida.
La prometí no volver tampoco a los gritos, a las malas palabras si es que algún día las hubo, a los días malos, separados por centímetros reales, y por kilómetros ficticios, por placas de hielo interminables, pero eso al fin y al cabo era lo de menos.
Renuncié a no volver a escuchar un te quiero, con miedo, con mucho miedo como dice la canción, renuncié también a los viajes para dos, a las cenas sentados en el mismo banco del restaurante, a los postres compartidos, a los paseos de la mano, a las caricias mientras conducía, a los planes de pareja, a las películas románticas, a los sueños de una boda, olvidé el nombre de nuestro hijos, y borré los planos de aquella casa donde ellos corrían.
Miré al frente, sentí como una lágrima surcaba mis mejillas ya marcadas de otros tiempos, aparté la mirada de todo aquello, cerré los ojos y miré más lejos que donde nunca había mirado, dentro, muy dentro, allí donde nacen los sueños, me vi a mí mismo, y prometí nunca más dejar de mirarme, abrí los ojos y se lo dije, que no le creería más, a él, al amor.
Diario de ella día 32
¿Por qué dices que duele? ¿No te hizo feliz? ¿No era lo que siempre buscaste? ¿Lo que tantos buscan? ¿No era tan puro y tan sincero que ni siquiera así lo imaginaste? ¿Por qué olvidas entonces? ¿Por qué ahora lo rechazas? ¿No fue tan sincero entonces?
Quizás, no era eso de lo que todos hablan y muy pocos han visto, ¿no sería quizás pura imaginación y un poco de esperanza? Egocentrismo tal vez de pensar que tú lo habías alcanzado, orgullo de ser capaz de entenderlo, fantasías de haber encontrado dichoso tesoro.
¿No lo ves? ¿Tú lo has sentido? ¿Has sido capaz de entenderlo? Porque si es así, te digo que no se trataba del auténtico, has sobrevivido a él, y lo has encontrado repetido, no era real, de él no se sale, nadie escapa, nadie gana, no es posible en el mundo alcanzar algo tan bonito, algo tan increíble, sin que luego exista algo tan siniestro, o incluso al mismo tiempo.
Porque el amor, el de verdad, quema. No se rompe el corazón, sólo es un musculo, no se hace añicos, ni se resquebraja, quema dentro aún más dentro, donde nadie ha sabido llegar y sólo cuentan palabras, donde piensan todos que es donde habitamos, donde nace nuestro ser, quema en lo que vosotros llamáis alma y eso sólo pasa una vez.
Diario de él día 33
Me dices que sea un buen perdedor, perdóname pero no cielo, ya te lo he dicho muchas veces, yo nunca pierdo, no me rindo, y lo que hoy son derrotas mañana serán los pilares de mis victorias, nunca me acostumbraré a perder, pues nunca lo he hecho, y no sé cómo es eso, ni quiero saberlo, te confundiste de jugador.
Diario de ella día 33
Mírate, tan arrogante, ¿no eras tú el niño que sollozaba en una esquina hace unos días?, ¿no eras tú el que recordaba a eso que llamas amor con mucho dolor?
Ahora tienes aires de ganador y mirada de conquistador, a ver cuánto te dura cielo.
Diario de él día 34
Otra vez tu mirada clavada en mí, tan acusadora, tan punzante, ironizando con mis historias, incluso poniéndolas en duda, cuando te pones así me das verdadera pena, que voy a hablar yo contigo de amor, que te voy a hablar de ser algo de alguien, tan fría, como vas a empatizar con algo que ni si quiera sabes que existe.
Diario de ella día 34
¿Qué crees? ¿Que por qué me ves así distante fría, incluso calculadora, crees que yo no conocí el amor? ¿Crees que una persona con mi poca capacidad de empatía sería incapaz de amar? Nunca se te ocurrió pensar que me he reconstruido bajo centímetros de cemento que evitaran que algo llegara si quiera a rozarme, tú siempre estás pensando que todo pasa y hay que asumirlo, que la vida es como es, que hay que disfrutar del momento.
Por eso no se te ocurrió pensar en mi pasado, y si lo hiciste raudo se te olvidó, olvidaste hasta pensarlo, ¿qué creías que yo era así por naturaleza?, ¿qué siempre he poseído este don de la distancia, del raciocinio, de la capacidad para ser objetiva y analizarlo todo sin dejar que me lleven mis sentimientos?
Creo recordar que hubo una época que no, gracias doy a mis capacidades intelectuales que fui capaz hasta de suprimir esos recuerdos, esa sensaciones, y fui capaz de liberarme no sin esfuerzo de ese pesar maldito que arrastramos la mayoría.
¿De verdad piensas que no he visto el amor, que no he sentido ese fuego que te hace creerte dueño del mundo, esa sensación de ser dos en el universo, ese momento en el que sólo escuchas un latir, en el que te haces uno con otra persona, y con uno es suficiente?
Lo sentí, y me destruyó, y por eso soy quien soy, tú crees que sólo importa el presente, pues esto soy yo, pero te advierto, todo está condicionado, y estas son mis circunstancias, ahora sabes de donde vengo. Quizás es el momento de decidir hacia dónde queremos ir.
Diario de él día 35
Por una vez has hablado de él, o eso he intuido, me cuesta mucho seguirte cuando intentas disfrazar tus sentimientos, ¿qué pudo hacer para sobrevivir entre tanto hielo?, ¿cómo trepar a esos muros?, ¿cómo se conquista tal mundo?
Diario de ella día 35
Me preguntas como era él, era un gran amante, y era mucho mejor persona que amante, el problema es que era mejor amante que amigo.