Diario de él día 57
Te he vuelto a ver, esta noche, he vuelto a mírate a los ojos y no estabas delante.
Te he vuelto a sentir, esta noche, he vuelto a acariciarte y no estabas al lado.
Te he vuelto a proteger, esta noche, he vuelto a abrazarte y no estabas en mi cama.
Te he vuelto a enamorar, esta noche, he vuelto a besarte y solo había aire.
Te he vuelto a amar, esta noche, he vuelto a soñarte.
Diario de él día 58
Te sigo echando de menos, no a ti, si no a lo que yo era contigo, no sé si es puro engaño, o verdadero egoísmo. De todas formas que yo sea así no solo es culpa mía, y si hoy en día es el hielo el que me sirve de guía sé que no nací con él y posiblemente no estuviera predestinado a él, al menos no antes de conocerte.
Diario de él día 59
Ya llore tanto que por mis mejillas corren las lágrimas por surcos arraigados a mi tez como si fueran innatos, y caigo ahora en la trampa que tú tejiste, pero fue construida por la vida pasada y por el destino siempre caprichoso.
Diario de él día 60
Sonríe por favor, me digo cada mañana desde que te has ido.
El perdón es tan efímero como la propia palabra, como el sentimiento que me provocará a mí y a ti no, y lo escucharé y lo creeré, pero mañana no sé si algo habrá cambiado, cómo explicarte, cómo hacer para devolver esa confianza.
He escrito tanta cosas en la arena de esta asolada playa y la naturaleza tan caprichosa hizo aparecer la luna, todo se fue, no sé si todo acabó, pero escribí durante tantos días, y tantas noches, y no me importa, volvería a hacerlo, pero, ¿y si la marea ha cambiado para siempre?, ¿si este no es el mundo que tú y yo creamos?, ¿y si esto es la señal por la que tantas veces pedí?
Me hace pensar, me hace ver cosas que no creía, algo está cambiando.
Diario de él día 61
Y ahí estabas otra vez, me sorprendiste entre mis sueños, te colaste como si fueras una nube o una bruma de esas que me asaltan, que me dejan sin respiración, en el sitio, que me inmovilizan, ahí estabas otra vez tú, junto a él.
Estaba indagando, observando entre las maderas que forman el suelo de lo que un día fue mi salón, de lo que hoy es ocupado por ellos, analizando y pensando sobre las lenguas de nuestra civilización, sobre cómo unos seres llegan a comunicarse con otros, sobre cómo lo hacían, entiendo que en nuestro tiempo es mucho más fácil todo esto.
Pero estaba obnubilado, con el poder de nuestra raza, es cierto que yo nunca la creí tan diestra.
Pero ahí me encontraba yo absorto entre tanta palabra, entre tanto vocablo extraño de las personas que nos mantenían cautivos, ahí me encontraba intentando entender algo de todo eso, intentando encontrar una razón o quizás una “desrazón”, que alguien de toda esa cuadrilla o como se diga en términos bélicos, se desmarcará de todo ese dolor, de todo ese sacrificio innecesario, pero no lo hubo, o por lo menos yo no lo encontré, te encontré eso sí, a ti. Mirándome, mirándome como siempre, sintiéndome como siempre, tal vez juzgándome como siempre, pero eso al menos por esta vez, ni lo advertí o quizás no quise, o quizás tu presencia eran tan efímera que ni si quiera me perturbo.
Me dijiste que tuviera calma que por hoy era suficiente, siempre tú, la voz de mi conciencia, mi raciocinio, la mujer que hace que todo esto tenga sentido, o quizás la persona que hace que todo esto tenga el sentido que ellos quieren que tenga, te hice caso como casi siempre, me recosté y volví a dormir, o al menos a cerrar los ojos. Quedan pocas horas para el amanecer yo aquí, y ellos allí, tan lejos tan distantes, como tú.
Vuelve pronto…
Diario de él día 62
Dicen que cuando entramos en el sueño más profundo dejamos de ser, supongo que es un término para determinar la falta de consciencia, y quizás es por eso que no puedo recordarlo, no recuerdo como es dejar de ser cuando te duermes, no recuerdo como me voy, como me marcho, no tengo constancia de en que momento dejo de pertenecer a este mundo, y también al de los sueños, pues en eses sigues siendo consciente.
Pero si recuerdo cuando deje de ser, sin sueños, sin dormir, cuando deje de ser totalmente consciente, cuando te fuiste, cuando una parte de mi desapareció, cuando me desperté y ya no estabas, habías cumplido tu promesa, o tu amenaza, no sé cómo querrías llamarlo, tu que todo lo razonas, tu que para todo encuentras explicación.
Recuerdo como se iba mi alma tras de ti, como mi razón se perdía contigo, con tu marcha, como escapó como cuando exhalas un último aliento, cansado, agotado, sin fuerzas para seguir, sin fuerzas para seguir respirando ese aire tan necesario y que en ese momento me parecía tan banal.
Observe mis manos, ¿era culpa mía?, ¿cómo no pude verlo venir si lo dijiste tantas veces? Me puse a pensar, y creo que no te tomaba en serio ¿sabes?, o al menos eso quiero creer, porque en el fondo sé que sabía, que te irías, supongo que en el fondo es difícil reconocer que es culpa mía, sí, aquí estoy yo otra vez haciéndome la víctima, aunque quizás en este caso tengo más de verdugo, o ¿esa eras tú? A ciencia cierta no lo sé.
¿Son estas las manos de la persona que ha hecho que te vayas? ¿Son las manos de la persona que hace que pierda la razón?
Deseo matar la causa, arrancarme el fallo de dentro, pulir mis aristas y errores, pero, como atacar al centro de todo fallo sin temores, de cada mal paso en este baile.
La única solución es dura, extinguir al culpable, gran problema, duda, se me acabaría el aire.
Diario de ella día 63
Te vi llegar, apareciste en lo alto de ese repecho, como un conquistador, altivo, seguro de ti mismo, con la mirada encendida, tu mirada se clavó en mí, aquí oculta en esta casa de madera al final de la ladera, y claro que salí a verte, más bien a que me vieras tú, en el fondo supongo que quería que me encontraras, empezaba a aburrirme yo sola sin nadie con quien hablar, creo que podría haberme vuelto loca.
Bajaste como una exhalación, fue un encuentro extraño, tu querías besarme, yo solo quería abrazarte, hubo un momento de incomoda duda, cuando nuestras miradas a centímetros se juntaron, y fue débil me deje llevar, mezclamos nuestros labios, pero pronto cobre la razón, ¡para!—te dije y te aparté, los dos sabemos que no es eso lo que nos merecemos, que solo podríamos regalarnos más daño.
Parece que eres tu quien más has echado de menos, pero tengo muchas dudas del porqué, creo que es más un defecto tuyo, una carencia, que una virtud mía, o incluso de la vida o el amor, no estoy segura de que esta historia tenga el final que los dos queremos, pues tengo claro que es muy distinto.
Diario de él día 63
Sé que tienes miedo, sé que te hicieron daño, que todo esto estaba olvidado para ti, que las dudas te asaltan, y nunca te he culpado por irte si era lo que necesitabas, o lo que el destino nos había preparado bien sabe él que nunca te lo impediría. Solo espero que te hayas dado cuenta en este tiempo, que nos hacemos falta, que nos necesitamos.
Mira, si te hubieras dado cuenta de al menos la mitad de cosas que yo, no tendría ni que estar diciéndote estas palabras, sé porque lo hiciste, y puedo entender todas tus razones, pero por lo mismo te pido que me entiendas tu a mí.
Que no me obligues a pasar un día más sin ti, una noche eterna más sin ti, un otoño más sin ti, que me dejes abrazarte el resto de las noches, y acompañarte el resto de los días, si tiene que ser aquí lo será, si tiene que ser en el infierno mismo prometo no quejarme, no gritar, te prometo vida mía, que si tengo que vivir un día más sin ti, dormir una noche más sin ti, iría hasta el fin del mundo, solo sé del infierno y de las llamas eternas lo que cuentan, pero lo prefiero sin dudar ante el frío que he pasado en estos días, al invierno que vino a verme, en cada suspiro sentía como se congelaba mi alma, ni si quiera pude llorar pues se me congelaron las lágrimas, note como me llegaba hasta el corazón con su hielo, y bien sabe que me lo intentó solidificar como un iceberg, no tuve más remedio que salir aquí fuera a buscarte, a que lo derritieras con tu mirada.
Mira, sé que ha sido complicado, pero déjame que te ayude, deja que construyamos algo juntos, o igual lo destruimos todo, pero juntos.
Sé que tienes miedo y nunca vas a reconocerlo.