Diario de él día 22
Fueron sin embargo más duros sus abrazos, sus besos, que sus te quieros, sus “bienvenidas” que sus despedidas, sus “sin embargo” que sus me quedo.
Diario de ella día 22
Hablas de amor con una facilidad, cualquiera diría que no lo has conocido…
Diario de él día 23
Con todo lo que está pasando aquí encerrados me acuerdo de ti, me acuerdo de todo, eran los mejores te quiero, los mejores te amo, los mejores besos y los mejores abrazos, eran aquellos que nos dábamos con las luces apagadas, los que te decía con los ojos cerrados, tan dormida, tan dormidos que ni si quiera los recuerdo, pero recuerdo esa sensación en mitad de la noche, de despertarme, de abrir los ojos ligeramente y verte ahí, acercar mis labios a tu piel, rozarte, susurrarte te quiero, apartar tu pelo y rozar tu mejilla, cerrar los ojos, volver a dormirme.
Eran mejores esos momentos que los sueños, era mejor esa conexión que nuestras fantasías compartidas a altas horas de la noche, y me preguntó si lo sentías, si te despertabas con más amor, con más cariño o al menos con la impresión de que existía un alma que lo daba todo por ti.
Me pregunto si tú también lo hacías, si me observabas, si me besabas, si me decías que me amabas, si al despertarme yo era más feliz porque tú lo habías hecho o si simplemente éramos más felices por despertarnos al lado, no un día, si no a cada momento, cada noche.
Diario de ella día 23
Me hablas tanto de ella, nunca lo habías hecho con tanta frecuencia, y cada día creo que me gusta menos, no entiendo muy bien porqué lo haces, si pretendes despertar un sentimiento en mí o si de verdad lo haces porque lo sientes.
En verdad nunca he pensado que fueras tan calculador, pero me cansa tanto escucharte, tanto amor, tantas historias, tan perfecta, estoy casi convencida de que a veces te lo inventas.
Diario de él día 24
La observaba, de lejos, tenía ese semblante de esas mujeres fuertes, imperturbables, ajenas a todo lo que pasaba alrededor, ese rostro que enamora, que todo hombre teme y que sin saber muy bien el porqué quiere tener, pero cuando nos acercábamos tenía esa dulzura de niña, esa sonrisa que me cautivaba, esa mirada que a mí me enamoraba, que me hacía temblar y sabía perfectamente porque quería tenerla.
Entonces lo vi, tan claro, tan nítido, rocé mi cuerpo con el suyo, estiré mi mano para tocar su espalda, me acerqué, estreché nuestros cuerpos todo lo que pude abrazándola, sosteniendo toda nuestra historia, y entonces lo vi tan claro, tan nítido, había vuelto a cerrar los ojos.
Diario de ella día 24
Hoy te he vuelto a sentir, has vuelto a acercarte, a abrazarme como hace algunos días no lo hacías, he vuelto a notar tu calor y me ha gustado, pero solo he sentido tu cuerpo, tu mente estaba en otra parte.
Diario de él día 25
Porque muchas veces me preguntas quién es ella...
Ella es un fantasma del pasado, tiene el pelo largo como si de alguna princesa presa en alguna torre se tratase, recogido y fuerte cuando a algún miedo hemos de enfrentarnos, tiene el pelo oscuro, brilla en las noches más siniestras como el azabache, de color dorado en esos días que corremos por campos verdes con el sol sobre nuestras cabezas, y un pelirrojo deslumbrante cada vez que se nos alargan las horas y anochecemos entre besos furtivos, tiene ojos de un dulce color negro cuando te mira dentro, donde la vulgaridad cobra forma en un alma que te atraviesa hasta las entrañas, donde el brillo de sus ojos cautiva hasta a la más incrédula criatura.
Como es ella, me preguntas, he soñado miles de veces con su boca, es sin duda donde su singularidad se hace más notable, no es necesario ni si quiera que llegue a pronunciar palabra, cada movimiento de sus labios, cada intento de sonrisa que permite ver esos dientes perfectos bañados en luz de luna, las comisuras de unos labios que con un simple roce ya podrían enloquecer a la más cuerda de las personas, y bien es sabido que a mí de esto no me sobra.
Ella es un movimiento incesante de ideas, un resquebrajar en mi mente de antiguas sentencias que hoy se tambalean por el simple movimiento de su vestido al bailar.
Ella es una conversación eterna que nunca parece acabar, por muchos días que separen cada palabra, ella es la inspiración de cuanto he escrito hasta el momento, y será el comenzar de cada texto que me anime a escribir, ella es alegría en cada acto, y tranquilidad ante cada desafío, es la brisa que pasa a tu lado no queriendo mover más que el aire que le convenga, pero que roza cada hoja de todo árbol con su aura.
Ella es la libertad que todos deseamos atrapar y que muy lejos estamos de conseguir, es la paz de estar sentado en mitad de una zona de guerra, sin más escudo que su positivismo infundado, ella es la recompensa ante la vida, sea o no acertada la forma en la que transcurrió tu día.
Me preguntas si de verdad existe, ella no es más que un fantasma del futuro, ella no existe más que donde yo quiero que exista, ella lo es todo, siempre lo ha sido, y no es nada, ni nunca llegará a serlo, ella jamás será ella porque no quiere serlo.
Diario de ella día 25
Los días parecen no cambiar, tú me sigues hablando de ella, estaba casi convencida de que te lo inventabas, pero hoy lo he visto sin ninguna duda, ella existe, ella existió y siempre existirá, está ahí en tu cabeza, es tu talante de soñador, ¿por qué no debería ser real?, ¿por qué es más real la democracia que nos vendieron?, o ¿por qué debería ser más irreal que esta guerra que presagiaron?
No sé si algún día la encontrarás, si ya la encontraste y desapareció, o si volverá, solo sé que a veces no quiero que lo haga, hay días que yo quiero ser ella, quiero ser quien alimente tu mente, quien cuide tus sueños, quien proteja tu alma, y hay días que mandaría todo eso, todo esto, al mismísimo infierno.
Diario de ella día 26
Ya son 26 días, tan especiales, tan intensos, parece que siempre hubiéramos estado encerrados aquí, parece que estos 26 días no acabaran nunca, infinitos, eternos.
El sol brilla hoy más que ningún día, después de la pesada lluvia de ayer, por eso hoy es tan especial, me he asomado entre las tablas y todo está en calma, nadie hablaría de guerra con tanto silencio, con tanta paz, nadie podría decir que son días oscuros sin tanta nube.
Giro mi cabeza y te miro, tú me estas mirando, como siempre, como solo tú sabes hacerlo, brillan casi más tus ojos que el mismo sol, y te pregunto qué piensas cuando me miras así, en qué anda tu mente divagando, me acerco a ti, me agacho y extiendo mi brazo, rozo tu pelo y te ofrezco mi mano, —vamos, ven —te digo bajito, y te invito a que miremos juntos al cielo, a que respiremos juntos la tranquilidad, a que nos perdamos juntos entre las nubes, a que volemos juntos entre nuestros recuerdos y nuestros sueños.
Diario de él día 26
Preguntas que a que huelen las nubes, no creó que yo pudiera tener la respuesta a eso pero puedo imaginármelo, sé a lo que huelen cuando las miro, no sé si es posible oler con la mirada, pero es posible recordar viejos olores y volver a sentirlos. Hay días como hoy que hay tan pocas, que comanda tanto el sol, que huelen a tranquilidad, huelen a paciencia, huelen a libertad. En días como ayer, donde todo está nublado, cuando se deshacen en gotas hacia mí, huelen a dolor, a tristeza, a tiempos de cambio, a una torsión de destinos ya escritos y que luchan por cambiar. Hay otros días que huelen a azufre, a sueños rotos, a esperanzas pérdidas, a drama, son esos días de nubes sin lluvia, donde parece que el mundo desea tapar todo lo feo que aún queda en él, donde desea cubrirnos y que todo esto no salga al exterior. Pero los días que más me gustan son esos días de nubes perfectas, de rayos de sol que iluminan el alma, de brisas que acarician la piel, esos días que las nubes huelen a sueños, huelen a vida, esos días que el mundo se dedica a sonreírnos
Diario de él día 27
Adoro estos días donde el mundo parece romperse, donde el cielo parece resquebrajarse, donde mirando al cielo podemos sentirnos tan diminutos, tan infames, y a la vez tan dichosos.
Diario de ella día 27
Otro día de rayos y truenos, de lluvias intensas, de hielo que se abre paso entre el viento, y ahí estas tú sonriendo, tan feliz, tan contento de que el mundo este triste, tan feliz de ser un desdichado.
Diario de ella día 28
Te encanta compadecerte, te encanta estar triste y no lo soporto, sé que a ti te da igual, porque a tu modo de ser eres feliz, disfrutando de tus llantos, de tus momentos tristes, de tu soledad, abrazando cada circunstancia desfavorable como si de algo bueno se tratase.
Hoy es ese de unos días en los que no, mira que lo intento pero no, hoy no quiero ni tus sueños ni tus esperanzas, hoy solo querría que esta habitación que nos une fueran lo más grande posible para poder alejarme de ti, o al menos hubiera un muro que pudiera separarnos, odio cuando te pones así, te odio a ti cuando te pones así, porque eres el culpable y aun así tienes la desfachatez de sonreírme, con esa mirada y esa sonrisa de perro abandonado, cuando eres tú mismo el que decide disfrutar de todo esto.
Diario de él día 28
Esta nevando, siento él frío que me congela, siento como me convierto en hielo, poco a poco, con el paso de las horas, empiezan mis dedos a entumecerse, ahora ni si quiera siento él rostro cuando me tocas, ni si quiera te siento cuando me tocas sin acercarte, está nevando, sí, pero no es ahí fuera.