Diario de él día 78
¿De verdad quieres habar de ella? ¿De verdad quieres saber que sentí? ¿Cuáles fueron los sentimientos que afloraron en mí cuando ella estaba aquí y tú no eras más que un sueño?
No es difícil, puedo describírtelos muy bien, estaba arriba sentado en el porche de la casa el día que ocurrió todo, la noté llegar, a mí el viento no tiene que avisarme, a mí la brisa no tiene porque traerme su olor, la sentí llegar, presentí, como se acercaba, como su aroma me envolvía, como su piel hacia presencia, era tan claro su aroma que no tuvimos que discutir esa vez, por una vez, nos sentamos frente a frente y quedó codo claro.
Ella sabía lo que era yo, y yo sabía lo que era ella, dos personas, una en realidad, somos los que somos, y yo a ti no te culpo, ni puedo intentar que culpes a lo que la vida nos ha dado, somos, seremos y fuimos, tú, yo, nosotros, y lo que la vida quiso regalarnos.
Y sin querer hablar más de ella ni corresponder al destino, siento tantas veces que debo hablar, que debo escribir, que debo ser participe.
Discutamos….Vamos a creer en esto de verdad, que a veces lo necesito, que necesito avanzar, que necesito creer que eres mi enemigo, tú, tú que me miras con amistad, tú, que me miras con recelo.
Que sé, viéndote, adentrándome en ti, en lo más profundo de tu mirada, sin saber lo que los sentimientos albergan, sé que necesitas estar aquí, a mi lado, en el lado de la tranquilidad, en lado del “bueno porque no”
No en el lado del “no sé, tengo que pensarlo”
En el lado de la duda, de la aventura, no en el lado de la decisión, porque simplemente a veces necesitamos creer, porque a veces solo queremos tener una persona que nos diga: “¿y por qué no?”, en vez de una cadena que nos pregunte “¿y por qué?”
Diario de ella día 78
Y siempre hablas de que te quedabas prendado del brillo de sus ojos, en tantos lugares, en tantos momentos, la vida que emanaba de ellos, espero que algún día después de tantos y tantos ojos comprendas que no era de ellas, de su brillo, de sus ojos, que era de tu propio reflejo.
Diario de ella día 79
Antes me hacían gracia tus largos discursos sobre el destino y la vida, en un principio, era gracioso, tú intentando creértelo, intentando engañarte, despues empezó a darme miedo, porque comprendí que te lo creías de verdad.
Y ahora empiezo a tener miedo yo, de mi misma, porque estoy empezando a creerte, y me pregunto:
¿Por qué tú entre tanta gente?
Diario de él día 79
¿Quién yo? Me pregunto mientras observo en la noche la grandiosidad del universo, ¿por qué yo en todo este cosmos, en todo este caos, me creo realmente, y me siento así ciertamente tan importante, a veces hasta centro del universo?
Sin duda puede ser hasta un hecho cobarde para afrontar la vida y el destino con un positivismo artificial. Pero de verdad que aunque a veces intento todo lo contrario, intento razonarlo, me siento así, importante. Y vuelvo a preguntarme ¿por qué yo?, y me pregunto si todas las personas del mundo se siente igual de importantes y se reirían ante mis pensamientos. También he llegado a admitir que es un hecho totalmente egoísta e interesado, pero por un lado es lógico, no me iban a importar los problemas del resto, siempre y cuando sean lejanos a mí, claro está, los cercanos me afectan, al fin y al cabo son parte de mi universo.
Sin querer perderme en una multitud de recuerdos y pensamientos, solo sé que desde aquí estoy observando la luna, y ella me está mirando a mí, un satélite a millones de años luz está ahí quieto, observándome, haciéndose un hueco entre las nubes para volver a iluminarme con su nocturna luz, que bella es.
Siento como mi piel se eriza cada vez que una nube hace un claro, y un pequeño rayo de luz se acerca hasta mí, noto como el aire, el viento llega más puro hoy, como desaparece el agobio que me sumía en tristeza y como esa luz recarga mi energía corporal y mis ciclos parecen compenetrarse y estabilizarse como hacía días no hacían.
A veces pienso, sueño, que tengo algo de lobo, de hombre lobo en este caso, no querría perder la pizca de humanidad que aún me queda.
Cierro los ojos, imagino, creo, juego con mi mente, noto la hierba sobre unas extremidades formadas en piel y garra, noto esa brisa de la noche acariciando mi largo pelaje, gris y blanco, mis ojos azules me ofrecen otra visión de la vida, necesito correr y lo hago, subo piedra a piedra, salto, corro, soy ágil, soy uno con la naturaleza, quiero gritar, un aullido sale de mi garganta mientras mi cuerpo se estira, soy libre.
La luna es mi guía, me sigue observando, la noto como una madre que vigila a su hijo, que le deja actuar, que le permite todo, pero observando por si le hiciera falta algo, su simple visión me aporta seguridad, se lo que tengo que hacer, se cuáles son mis limites, su simple presencia me sirve para saberlos, calmado, sosegado desciendo la ladera, camino despacio, noto mis garras clavándose en el fango, en la hierba, llego a mi humilde cueva, el cambio drástico de temperatura se acentúa mientras me adentro, dejo la noche húmeda, fría, tierna, para adentrarme en la oscuridad, calurosa, liviana, me acomodo mientras abro mis ojos, empiezas a despertarte, mi escapada nocturna no ha sido tan silenciosa como debería, dejo paso al hombre, se esconde el lobo, que no te despiertes te susurro, descansa.
Diario de él día 80
Siempre estás ahí juzgando, y no te culpo por ello, yo te he dado ese don, o concedido, no sé qué sería lo más apropiado para este caso.
Me críticas, incluso diría que me odias porque me creo tan especial, por siempre pensar que el universo está para mí, que puedo incluso manejarlo a mi antojo, pero te diré algo cariño, no soy el único que se cree especial aquí.
Ahí estas tú, la racional, la que tiene una opinión de todo, pero nunca fija, la que puede moverse por el mundo de los grises sin levantar ninguna ampolla, ahí estás, tan superior, en el alto escalafón que la vida te ha regalado, o quizás has sido tu misma, en tu constante raciocinio, engañándote, pensándote superior al resto, igual piensas que lo ves todo desde arriba, y eso no hace más que hacer que caigas más bajo, no sé…
Lo siento, a veces no te soporto, no sé qué hacer contigo, no sé cómo tratarte, no sé cómo se puede llevar esto, y yo solo intento que sea de la mejor manera para los dos, pero a veces eres tan tú.
Diario de ella día 80
Hay ocasiones en las que me siento tan especial, otras pienso que quizás demasiado, y otras simplemente pienso que soy estúpida, mira no sé cómo debe tratarme la gente, no sé cómo deben tratarme ellos, ni se cómo debes tratarme tú, ni si quieras a veces se cómo debo tratarme yo, pero si es verdad que alguna vez me he imaginado alguna forma de hacerlo, y creo que incluso alguna vez he llegado a vislumbrar la forma perfecta.
Mira, no sé si me merezco tanto como muchas veces creo pensar, pero si sé que me merezco más que muchas, o al menos distinto, sé que necesito muchas cosas que él mundo hoy por hoy no está dispuesto a darme, cosas que hoy por hoy tu no estas capacitado para darme, en verdad no sé si en algún momento alguien lo hará, no se muchas veces cual es el sentido de estos pensamientos, si creerme especial, o esquivar el rechazo, nunca he pensado que fuera superior, bueno en alguna ocasión si se me ha escapado, pero tampoco me sucede a menudo, yo prefiero decir diferente.
Observo tantas cosas que suceden, tanta capacidad o incapacidad de elección, y siempre he pensado que no hay una persona para otra, que esas cosas del destino, pues es mejor dejárselas a él, si es que de verdad existe. Pero como te iba diciendo, observo tanta incapacidad, que a veces se convierte en una decisión impropia.
No sé si necesito una persona al lado, casi o más especial que yo, o si estos pensamiento me están haciendo evitar ver a esa persona, encontrarla, disfrutarla, no niego que yo a veces también me confundo, o que recurro a mis deseos primarios, de ese animal que aún no he conseguido arrancar del todo, pero sería tan difícil, por una vez decir: “ya está, hemos llegado, aquí estamos”, o al menos saber qué es lo que estoy buscando, pues ando por ese universo de duda, sin más apoyo que mis frágiles piernas y sin más escudo que mis temblorosas manos, pero no hay duda aquí seguiré, esperando o quizás no, pues no se puede esperar a algo que no llega. Sintiéndome especial, tomando mis decisiones en base a ello, porque si no soy yo la primera persona de este mundo en considerarme así, quien lo va a hacer por mí, quizás tú, donde quiera que se encuentre tu cabeza y tus sentimientos ese día.
Diario de ella día 81
El problema de esto es que a mí nunca me gustaron las relaciones, o puede que en algún momento dejaran de hacerlo, pero obviamente, ya no, ni las quería, ni las buscaba. Era defensor a ultranza de esas teorías de las naranjas enteras, de las relaciones sin compromiso, del amor sin relación, de las almas sin pertenencia, de los besos sin dueño, de la libertad de albedrío, y de los momentos íntimos infinitos pero los públicos con final.
El problema de todo esto es que cambia cuando conoces a alguien y empiezas a temer, a tener miedo de que encuentre su media naranja, el amor en otra relación, a perder su alma y sus besos, a que la libertad le aleje de ti y a perder esos momentos íntimos por no querer los públicos, a que seas feliz sin mí.
Otra vez tú, el miedo, y otra vez yo, acogiéndote en mi cama
Diario de él día 81
Mira yo me enamoro cada día, cada noche.
Me enamoro todos los días de una forma, me enamoro todas las semanas de una idea, me enamoro todos los meses de un proyecto, y así soy yo, enamoradizo, peliculero, fantasioso.
Puede pasar mucho tiempo desde que vi aquel rostro, aquella mirada, aquella sonrisa, y puedo seguir enamorado, me encanta la belleza, es parte de mi locura.
El día que te conozco no hace falta que me hables para saber que tu vida es interesante, que tu pasado es atrayente y que nuestro futuro es espléndido, no me hace falta que quedemos, cenemos y vayamos al cine para saber que es unos de los días más especiales de mi vida.
No me hace falta hacer una escapada exprés para ir a la playa, o un viaje a tierras lejanas para conocernos mejor, para descubrir que somos compatibles y que podemos pasar el resto de la vida juntos.
Todo eso en el momento que te veo, que me sonríes, que te huelo, que nos notamos, todo eso yo ya lo he vivido, mi mente ya lo ha inventado, y es por eso que sigo aquí hablándote, intentando convencerte de todo esto.
El amor surge de lo que nosotros inventamos, como dijo Gainsbourg: "Te enamoras del otro por lo que no es, y te desenamoras por lo que es".
El cerebro no se enamora de lo que realmente ve, si no de lo que inventa, por eso tú eres tan especial, porque yo junto a mi imaginación también lo soy.
Lo que quiero que entiendas, es que no eres la princesa de este cuento, que el príncipe soy yo, que solo eres eso porque yo quiero que lo seas, que de especial todos tenemos algo y por lo mismo no tenemos nada, excepto para nosotros mismos, por lo tanto no te invito a marcharte de esta historia, si no todo lo contrario, a quedarte, para que así sigas siendo especial, junto a un ser verdaderamente increíble, al menos mientras nuestra imaginación nos lo permita.
Diario de ella día 82
Entonces, ¿qué crees del amor?, ¿es algo extraño?, ¿algo que sucede sólo en un instante, qué desaparece sin la presencia del ser amado?, ¿qué puede vivirse continuamente?, ¿con distintas personas?, ¿un momento fugaz?, ¿algo que puede escaparse, desaparecer igual que viene?
Sin esfuerzo, solo sintiendo, sin sufrir, es una manera un poco cobarde de verlo, sin luchar.
Siempre hablas de sentimientos y yo soy la fría, pero creo que en verdad del amor no sabes nada, no sabes lo que es sufrir por amor, llorar por el ser amado y sí, eso también es amor, aunque duela, yo no quiero relaciones sin amor, yo no quiero tenerte hoy o dentro de un rato y mañana no, yo te quiero aquí conmigo a todas horas, no tiene por qué ser físicamente pero en tu mente y en la mía, yo ahora vuelvo a creer, si en el fondo algún día deje de hacerlo, en dos personas que se juntan, en las medias naranjas.
Aunque por mitades sigamos siendo válidas para la vida, el mundo nos ha regalado esa capacidad.
Dicen que fueron los dioses griegos los que crearon el amor para divertirse viendo a los humanos, hasta que lo probaron ellos mismos y tuvieron que crear la risa para soportarlo.
Qué más da si sufrimos, si nos hacemos daño, si luego nos compensa, y el amor duele, pero qué más da si es contigo, lo demás es cobarde y además inútil.
Porque te diré algo del amor no se escapa y cuando te encuentra, por mucho que te escondas, por mucho que escarbes en tus entrañas y lo entierres bien hondo, te va a encontrar y te va a arrebatar tu vida, se la va a entrega a otro y da igual que estés preparado o no, así que acéptalo, disfruta como tú dices y deja de esconderte bajo palabras y filosofías de vida que dudo mucho que reflejen fielmente lo que tú piensas, se valiente por una vez, se sincero contigo mismo y admite por mucho miedo que te de que quieres estar aquí, conmigo y hasta el final
Diario de él día 82
Como iba a decirte yo que había veces que no te quería, que no soy ese tipo de chico que está ahí siempre, que le encanta quedar con chicas, que le gusta la amistad y que disfruta tomándose un café contigo, con ella.
Como iba a decirte que a mí me gusta hablar, pero con mis amigos, conmigo mismo, contigo, que mis contadas relaciones con tu sexo, son para eso, para algo más íntimo, para momentos que tu no estabas dispuesta a ofrecerme y que yo tampoco quería que hicieras.
Como iba a contarte que mis relaciones con el sexo femenino se reducían a banales conversaciones, a encuentros fortuitos, a instantes casuales.
Como iba a confesarte que mientras hablábamos mantenía un sinfín de conversaciones que llevaban a sitios que sabía que jamás iba a pisar, como concederte el privilegio de que conocieras mis más íntimas pasiones, si las más superficiales eran las que más te hacían dudar.
Quise contarte tantas veces que a ti no quería tenerte una noche, que no quería que tu vinieras a visitarme, que quería ir yo, a verte, simplemente, que quería ir a pasear mientras hablábamos de ti.
Quise confesarte tantas veces que era cierto que tenía un lado oscuro, y que tú jamás llegarías a verlo, pero como iba a hacerlo, como iba a mostrarte todo lo que soy en el fondo, si lo que mi imagen te reflejaba era lo que te hacia dudar, como iba a decirte que cambiaría mil noches con otras mujeres a una cita solo contigo.
Como iba confesarte que se me han olvidado tantos momentos íntimos con tantas, pero que recuerdo cada segundo del primer beso que nos dimos.
Como iba a confesarte que aunque lo dijera nunca iría en mitad de la noche para meterme en la cama de otra, pero que saldría sin dudar en la noche más fría solo para entrar en tu mente.
Como iba a mostrarte esa parte de mí que a tantas atraía, si solo quería enseñarte esa parte de mí que pudiera enamorarte.
Solo había una manera, siendo sincero contigo y engañándome a mí mismo, perdiéndote a la vez, cuando solo quería que estuvieras aquí.
Diario de él día 83
No sé si es el momento, pero supongo que la vida es así, supongo que a veces necesitamos cosas, sentimos algo, sin saber muy bien el porqué, necesitamos evadirnos, desaparecer.
También supongo que ahí fuera todo esto sería más sencillo, que podría irme durante unas horas a dar un largo paseo, recapacitar y volver aquí, desaparecer unos días, echarte de menos, volver con más ganas, pero por suponer podría suponer tantas cosas que las elucubraciones te las dejo a ti, hoy por hoy solo necesito marcharme.
Necesito respirar ese aire, puro, que me inunde los pulmones, que me haga inspirar y toser como cuando fumas tu primer cigarrillo, cuando has perdido la costumbre de un aire limpio, necesito saber que todo esto puede funcionar, que no nos hemos perdido, que nuestra vida tendrá sentido algún día.
Necesito saber que paso con la casa que había al lado de la mía, si aquel gallo sigue cantando cada mañana, necesito saber si mi vecino sigue ordeñando a su vaca cada mañana, si el pastor sigue saliendo cada alba, necesito saber si la vida sigue igual, si solo somos nosotros los que estamos atrapados, o si ya no volverá a ser nunca lo mismo, si este pueblo en el que estamos se ha perdido para siempre, si el mundo que conocimos ya no existe, si la lluvia sigue mojando o si el frio de verdad puede congelarme.
Diario de ella día 83
Hoy te has levantado pidiéndome agua y bien sabes que no puedo dártela.
Te he visto como hacía tiempo no te veía, alicaído, ya no me observas, tenías la mirada perdida, hablabas y hablabas sin cesar, pero no he entendido nada, y sabes que nadie lo hace como yo, creo que simplemente no estabas diciendo nada, hablabas de futuro, del pasado, temas que para ti siempre fueron baladí.
Creo que hasta vi una lágrima caer hasta tu barbilla, no me das lástima, cada uno elige su propio camino y tú elegiste este, solo eres una víctima más de tus propias decisiones, pero no sé por qué, hoy me intrigaba más, y no solo por el hecho de analizarte y aprender que sabes que me encanta
Hoy vi en ti algo de ese ser humano que dices llevar dentro, me preguntabas y yo te respondía y parecías escuchar de verdad, parecía que querías creerme, debe ser que tanto tiempo aquí nos ha hecho débiles.
Nunca te vi dudar, no por más de tres segundos, nunca te vi mirar atrás ni para arrepentirte, ni para vanagloriarte, y se te veía por una vez tan dócil, tan minúsculo, que sentí curiosidad por adentrarme más en ti, más aun.
Por un momento quise atacar tus dudas, creo que en ese momento podría haberte aniquilado, podrías haber creído cada cosa que te dijera, pero no sería justo por mi parte aprovecharme así de ti, después de tanto.
Continuamos hablando durante largas horas y parecía que recuperabas el color, parecías recuperarte de todos tus males, pero solo era un placebo lo que con mis palabras te ofrecía, yo sé, y tú no tardaras en darte cuenta, otra vez, que si no era mañana en dos días ibas a volver a ser el mismo idiota de siempre, quise abrazarte, quise darte aliento, pero solo te deje en uno de tus largos monólogos, dejando al enfermo que expulsara su propio veneno, dejando al deshidratado sin el mismo agua que mañana bebería.
Hoy te has levantado pidiéndome esperanza y bien sabes que yo no puedo dártela.
Diario de él día 84
Mira en verdad se poco de la vida, no conozco la estadística de las experiencias buenas o malas que pueden pasarnos a lo largo de la vida, ni la probabilidad de que actuando mediante ciertos patrones podamos alterar estos hechos, ni si quiera sabría poner en la balanza todas estas circunstancias a lo largo de mi vida, incluso del último año.
Pero creo que al final todo se reduce a la forma de tomarnos las cosas, a intentar ocuparnos y no preocuparnos de las que etiquetamos de malas, a saber discernir, a aprender a calmar nuestros flujos hormonales, y nuestros condicionantes químicos que hacen que nos alteremos, entristezcamos, y nos preocupemos en demasía.
A poder dejar abiertos todos los canales para lo que nos hace feliz, a sentir todo lo positivo que la vida llegue a regalarnos, por méritos propios o por puro azar.
A disfrutar de esas pequeñas cosas, a no enfrentarnos al mundo, a no preocuparnos de él en su globalidad, a centrar nuestro foco en nosotros mismos y en nuestro entorno más íntimo.
Lo que quieras en tu vida agárralo y no lo sueltes, lo que ella quiera quitarte déjalo ir, no te lo tomes todo tan en serio, y que no se te olvide, sonríe, sonríe, sonríe siempre en cada momento, porque eso es algo que nunca podrá robarte.
Diario de ella día 84
Diría que para ti es fácil, aunque igual estoy juzgándote demasiado otra vez, me hablas de sonreír, de cómo tratar con la vida, tú que nunca tuviste problemas, que tu preocupación más seria fue que algún día no tuviste dinero para tomarte una cerveza, me hablas de que debo sonreír cuando la vida me machaca, puede ser que a ti nunca te haya arrodillado.
Dicen que Dios aprieta pero no ahoga, pero estoy segura de que tú no has notado sus manos, su soga, no has sentido que te faltaba el aire, que la vida se escapaba por tu boca, que en cada aliento se te escapaba la vida, dices que no sabes nada de la vida y tienes toda la razón, pero a veces te encanta que parezca que sí.