Diario de ella día 43
A veces recuerdo cuando era una niña, esa época en que éramos felices, conozco pocos niños tristes, y es una pena, también es cierto que siempre recordamos las cosas buenas a largo plazo, nos han dotado de un buen sistema de recuerdo en este caso, pero siempre pienso en el porqué de las cosas y en este caso no podía ser menos.
Estoy convencida de que no tiene que ver con la consciencia, aunque muchas veces dicen y lo comparto: ¡bendita ignorancia! Creo que tiene que ver más con el foco de esa conciencia, con el egoísmo propio de un niño, y no tiene porque ser malo, a los niños se les enseña a compartir y siguen siendo felices, pero se nos olvida enseñarles lo más importante, algo que ya saben, pero que se les va olvidando, y que esta sociedad tampoco permite que mantengan, que ellos son lo más importante, que deben sentirse así, capaces de todo, líderes de su propio mundo, y sobretodo que sueñen, que sigan soñando, con sus castillos, con sus nubes, con sus princesas, y porque no, con sus dragones y con sus tesoros.
Diario de él día 43
Y cuando te miro, y veo tus ojos, veo en ellos la vida que compartiremos, y me imagino si nos casaremos, si tendremos hijos, supongo que si algún día existen estarán hechos de la vida que compartiremos, de nuestros recuerdos, de nuestras discusiones y nuestras alegrías, supongo que estarán hechos de cada paso que dimos hacia nuestros sueños, y de cada vuelta a empezar despues de una caída.
Supongo que serán tú, y serán yo. Tendrán el brillo de tus ojos, tus pestañas y mi manera de mirarte, tierna, dulce. Tendrán mi valor, mi ímpetu y tu calma, serán líderes excelentes.
Puede que tengan tu pelo largo, su movimiento con el viento y mi gusto por enredarlo. Es posible que tengan que llevar gafas, con la gracia con la que tú lo haces y con mis ojos color miel detrás, seguro que a nadie le quedan igual. Tendrán tu gracia divina para alegrar cualquier momento y mi melancolía eterna para apartarse de él cuando sea necesario. Espero que hagan sonreír a la gente como tú me lo haces a mí, que sepan reírse de todo como hago yo, y espero que no tengan mis pies tan raros, pero espero que tengan tus piernas sin final y la manera en que te mueves.
Es posible que tengan mi capacidad para no callarme ante las injusticias, y que la combinen con tu sosiego para apaciguarlo todo. Si es un chico espero que tenga mi barba perfectamente perfilada que le aporte robustez y si es chica que no tenga tu piel tan sensible, tan irritada cada vez que nos besamos, pero espero que tenga tu dulzura, tu capacidad para hacer brillar, y mi incansable afán por mejorar.
Que tenga tu voz, o la mía, pero que sepa cantar como tú, como los ángeles.
Y espero que todo esto pueda ser algún día, y recordarlo, y ver en que acertamos y en que nos equivocamos, pero juntos, como siempre, como nunca.
Diario de ella día 44
Qué raro es todo y yo la primera, he cambiado y me da pena por ti, no por mí, me preguntas qué me asusta, a qué temo, a mí me asusta todo, pero el hombre es cambio, y tú me dices que la vida nos viene así, pero hoy entre estas cuatro paredes, solos, donde no puedo oír más que la leve respiración en este momento de éxtasis literario, puedo decir que he cambiado, a mejor, a peor, no lo sé, yo no me juzgo en ese plano. Comprendí hace mucho que no estaba hecha para la distancia, te observo y puedo encontrar palabras, pero no sé si serian del todo sinceras, por eso tan a menudo escuchas como callo, y tú también la oyes, esa respiración, pausada, extensa, tenue, pero aquí nada es igual, no sé cuándo acabará todo esto o si durará, no sé dónde está el final y creo que ninguno de los dos anhelamos saberlo.
Diario de él día 44
Con la boca cerrada como el primer día, como dos desconocidos nos encontramos días despues del momento en que más cerca estuvimos, a kilómetros de distancia en un cuarto de escasos metros cuadrados, en un desván frío, sin importar las inclemencias del tiempo, atados de pies y manos por nuestros miedos y amordazados por el dolor que un día sentimos. Sintiéndonos desconocidos anhelando conocernos, por acciones de desconocidos que conocimos y que nos hubiera gustado no hacerlo.
Diario de él día 45
Necesitamos irnos de aquí, necesitamos escapar, volar, ver el mundo, aunque sea por un día, aunque el peligro nos aceche desde el primer momento en subir las escaleras, pero necesitamos huir, sentir, es demasiado tiempo aquí encerrados, nos estamos consumiendo el uno al otro, incluso con todo el amor que siento hacia ti, a veces siento odio, y como no iba a hacerlo, no puede haber una cosa sin la otra, y a mí no me voy a odiar, al menos no si me muevo, si intento cambiar esto, si lucho, así no podría odiarme, pero tampoco quiero odiarte a ti.
Es imposible hablar de esto contigo, continuamente pensando en los pros y los contras, en que tiempo hará fuera o las provisiones que necesitaremos para irnos. Me sorprende porque siempre fuiste tú quien propuso ese plan, pero tiene que ser detallado, milimétrico, sin azar, como si el mundo no fuera un caos, como si en el mundo pudieras elegir qué mano quieres jugar o como caerán los dados que lanzamos cada día al despertarnos.
No sé como actuar, no sé si contarte mi plan o si me vas a tratar de loco, si intentarás cambiarlo, si tendremos que hacerlo a tu manera, si eso nos hará separarnos, o si el quedarnos aquí es lo que acabará por separarnos.
Yo soy muy malo dándome consejos, hablando conmigo mismo, soy mejor en eso cuando hablo contigo, pero no sé si quiero decirte la verdad, no sé si lo que quiero decirte es la verdad, y no sé si tus respuestas serían todo lo sinceras que quisiera.
Diario de ella día 45
Hace tiempo que me mientes que lo veo en tus ojos, que lo noto cuando me hablas, te tiembla la voz, evitas muchas veces cruzar nuestras miradas, no sé en qué punto cambio todo esto, si quizás fue poco a poco y yo no me he dado cuenta, o hubo un punto que cambio todo, un desencadenante que ni advertí, ni acierto a adivinar. No voy a quejarme, ni voy a juzgarte por ello, yo también mentí, desde el día que te conocí mentí, sabia o creía saber que era lo mejor para los dos, te vi ahí, con tu pelo rubio, tus ojos color miel, y tu mirada tan intensa, supe que serias para mí, que serias mío, que seriamos nuestros, y mentí.
No me arrepiento en absoluto, dicen que las relaciones siempre acaban en mentiras y engaños, ¿por qué no comenzarlas de la misma forma?, tal vez así, sea mucho más real que muchas, pues bien lo hice, te engañe, te dije que estaría siempre ahí que siempre te apoyaría, y desde luego no cumplí la última parte del trato, te dije que te levantaría cuando cayeras, y que reconstruiríamos tus sueños cuando estos se rompieran, pedazo a pedazo, pero no fue así, te prometí que no dudaría de ti, que sería tu apoyo cuando te fallaran las fuerzas, que podríamos volar juntos, y no fue así. No me arrepiento, en ese momento puede ser que lo creyera, o puede ser que pensara en cambiarte, en que tú te amoldarías a mí y no yo a ti, o como ha pasado ninguno al otro.
Te he visto dudar y me ha dolido, pero era lo mejor, casi te hago renunciar a la mayoría de tus sueños, y créeme que me dolía, pero era lo mejor, para ti, no me considero una persona egoísta, para nada, creo que sobreponer los sueños de la persona a la que quiero, incluso evitarlos por su bien, aunque sufra, aunque suframos, es un gran acto de humildad, y lo creo firmemente, y aquí seguimos, discutiendo si es mejor soñar o pensar, sentir o razonar, si es bueno sobreponer en una relación lo que sentimos por el bien de los dos. También dicen que si caminas solo vas más rápido y junto a otra persona más lejos, y tú quieres correr, y a veces quieres pararte a descansar, y yo simplemente observo el mapa, el camino y decido que hacer, y nos ha ido bien, aunque es cierto que últimamente nuestros caminos empiezan a distanciarse.
Diario de ella día 46
Que distinto es todo cuando yo lloro y tu miras, que diferente es cuando parece que el que no sientes eres tú, ahí estábamos esta mañana hablando cada uno desde un rincón, yo de pie, observando fuera como tú haces a menudo, fumándome un cigarro, con los brazos cruzados, pensando, girándome para que no veas que lloro, confundiendo mis lágrimas con el humo, hablándote despacio para que no notes que me falta el aire, muy despacio para que no sientas como se me tapona la nariz.
Tu ahí en esa esquina que tanto te gusta, escribiendo, dibujando, o vete tú a saber haciendo qué, de rodillas, sin ni si quiera mirarme porque no soportas que fume, sin ni si quiera escucharme porque no soportas el dolor, con las rodillas dobladas, con tu pantalón marrón, tu camisa a cuadros y tu pelo alborotado que te tapa media cara, con tu barba desaliñada, ahí tirado, haciendo como que esta conversación no va contigo, quemándote por dentro como este cigarrillo, consumiéndote como una colilla abandonada.
A medida que el fuego lo desgasta aumenta el ritmo de nuestra conversación, mis lágrimas han limpiado ya los sentimientos que las desencadenaron, y me siento libre para hablar con total libertad y más cuando tú sigues aparentando no escuchar, intento despertarte con alguna palabra fuera de tono y no recibo más que una mirada furtiva por encima de tus rodillas, sin mover la cabeza.
Fue como una explosión de sentimientos, lo que antes ocultaban mis lágrimas ahora mi boca lo hacía palabra, empecé a decirte lo que pensaba, lo que sentía, lo que tanto me había callado y había escrito aquí, pero lo iba notando, cuanto más me abría a ti, más me inclinaba hacia al vacío, y entonces decidí callar.
Diario de él día 46
He comprendido que sí que tenías corazón, o al menos lo que todo el mundo entiende por eso, que si sentías, que debajo de toda esa apariencia racional, también había instintos, también tenías motivos que se escapaban de tu control, pero fue un descubrimiento que a ninguno de los dos terminó de agradar, habíamos vivido experiencias ampliamente condicionadas por esas creencias del uno sobre el otro, y aunque por tu parte hubieran sido insignificantes por todas las que yo habría imaginado, los dos convenimos que los más sensato sería dejar esta última conversación a un lado, borrar vestigios de unas palabras que aunque partían desde lo más profundo, abriéndose una última vez, no hicieron más que desunir la distancia que nos atraía.
Tú por tu constante raciocinio que pronto volvió a donde siempre deseaba estar, al control, por tu miedo construido a dejarte llevar a volver al mundo de las emociones y por qué no, del dolor.
Yo por mi hedonismo constante y mis ganas de complacerte, y quizás por qué no, por el dolor de volver a perderte, a perdernos.
Fue una conversación, una discusión, agria, fue un instante pasajero, en el que ganó, el que siempre gana cuando nosotros hablamos, el que siempre gana cuando dos no dicen lo que piensan, él, con su altiva mirada desde sus oscuros ojos, él, tan frío y constante, él, que nos grita siempre desde el fondo de nuestra alma, él, el miedo, único vencedor de las palabras que no se dicen, de los besos que no se dan, de los te quieros que se lleva el viento.
Diario de él día 47
Y por el miedo a que nunca fuera, a que pudiéramos perdernos, a equivocarnos, a no volver a decirnos nunca más te quiero, por miedo a no volver a mirar esos ojos, a rozar nuestras manos cuando las buscamos en la oscuridad para protegernos de los monstruos nocturnos, por el miedo a que un día no llegara a tiempo el regalo que tanto has esperado, a que se nos olvidara la fecha clave del calendario que marca nuestro amor, por el miedo a vernos otra vez solos en la parada esperando un nuevo tren, o a ver en el espejo la cara de quien se ha equivocado de vagón. Por el miedo al verme ante tu puerta otra vez rogando que bajes para discutir por enésima vez esa tontería que nos hizo distanciarnos, por el temor a volver a girarme una noche y que no estés ahí, por tu temor a verme en brazos de otra días después de nuestra ruptura final, por el temor de ir a cenar a nuestro sitio y encontrarnos al otro, al uno sin el otro, por el miedo a pedir comida para uno, o lo que es peor, pedir comida para dos sin que seas tú, por el temor a vernos en otros ojos, a acariciar otros pelos, a que te aparezcas como un fantasma cuando beso otros labios, por tu temor a que la locura que nos une nos acabe consumiendo.
Quizás sea ese miedo por el que no perderemos todo esto, porque nunca lo tendremos.
Diario de ella día 47
¿En qué punto te piensas que estamos?, ¿sinceramente crees que puedes tambalear mi mundo?, ¿qué existe alguna razón por la que el temor nos haga separarnos?, ¿qué puedo estar influenciada por algún tipo de irracionalidad?
No es miedo es consecuencia, es conocer donde estamos, ser altamente consciente de ello y actuar con responsabilidad.
Tú no sabes lo que quieres, creo que nunca lo has sabido, porque nunca te has parado a pensarlo, las cosas te han venido y las has abrazado o las has alejado sin más, sin pensar en tu futuro en tu pasado o en las consecuencias, así de simple eres, y yo no voy a serlo, igual no nos conocíamos tanto como empezábamos a creer.
Diario de él día 48
No sé cómo explicarte esto, pero te necesito aquí, te necesito enamorándome, pero lejos, donde pueda imaginarte a mi antojo, donde pueda crearte y moldearte, lejos, para que no te estropee, para que pueda acogerme la melancolía, y venga la vaga inspiración a abrazarme, para que el tiempo no malgaste las costuras de este lienzo, para que siga siendo como eres, al menos aquí, cerca.
Diario de ella día 48
Algún día estas aquí y simplemente crees serlo, quizás piensas que eres esa rosa sin espinas, dentro de aquel matorral, o quizás esa luz en el cementerio, igual te crees una estrella, y yo te imagino así, volando entre nubes, brillando, iluminando mi oscuridad, sintiéndote perfecto, y que hago yo si no puedo creerte, si quizás no eres eso, solo eres otro día, otra noche más.
Diario de él día 49
¿Qué nos pasa?, ¿por qué al mirarte ya no es como antes?, ¿por qué aunque noto que hay algo en tu cabeza, que tus ojos me lo dicen, tu boca lo niega?
Tus ojos que antes me daban vida, que antes reflejaban un mundo, que gritaban por luchar, ¿qué les pasa?, ¿por qué ahora solo hablan vagamente?, hace días que dicen muy poco, casi mudos, no entiendo si es por voluntad propia.
Y a tu sonrisa, ¿qué le pasa? no es la que era, no sé si es por ti o por mí, solo sé que antes veía felicidad y ahora, al menos a mi lado, no veo nada, no sé qué ha pasado.
Yo podría haberlo dado todo por ti ¿sabes?, y aun ahora pienso en ti, y sigo esperando algo, pero no sé el qué, y cada vez espero menos, aunque ahora piense que ya no sé si quiero que pase, o si ya no sé si quiero pensar.
Diario de ella día 49
Llevamos varios días atrapados en la misma discusión, quiero llamarlo así para no sentirme tan sola, pero es más un monologo, no te gusta ni que mente el tema, pero me parece un tema tan obvio dadas las circunstancias, tú sigues atrapado en tus sueños y tus historias sin sentido racional, más que una discusión coherente parecen dos monólogos enrevesados.
No sé cuál es tu problema ante ello, sí que exista o que sea inevitable, sé que es difícil no tratar el tema sin entrar en la religión, pues al ser una duda tan común, se convierte también en una pregunta frecuente, por lo tanto si debo hacerte creer en algo debo responderte a ella, y si quiero que creas en un poder divino, este obviamente debería estar por encima de ella.
Partiendo de que la muerte es lo único seguro en nuestras vidas, y por lo tanto lo único inevitable, cabe destacar que igual de inevitable es nacer, puede parecer una contradicción pues nacemos para morir, pero no, nacemos para vivir y la muerte es el punto final de esa vida, sabes de sobra que no creo en la vida post mortem, en realidad lo que te hace a ti ser como eres y vivir la vida como dices que la vives es saber que tu vida es finita, al menos en este mundo, si todos supiéramos que es infinita la viviríamos con mucha más cautela y paciencia, y quizás esa no es la manera adecuada. Como decía Antonio Machado: a la muerte no hay que temerla, mientras somos la muerte no es, y cuando la muerte es, no somos. Sin querer quitarle toda o parte de razón, pienso que en verdad estamos muriendo desde el día que nacemos.
Es muy atrevido hablar de este tema desde un punto de vista que no sea íntimo, personal y subjetivo, pues no conozco a nadie que haya regresado aun para contarnos la verdad absoluta.
Como siempre en estos temas estás callado, creo que hasta intentas no escucharme, dime… para qué quieres conocer la muerte, si aún no has conocido la vida.
Callas como era de esperar, me gustaría saber en qué sueños andas metido ahora.