CAPÍTULO 44

 


La teniente Harrison estaba a punto de llegar a Toms River, cuando la contactó nuevamente Gordon Murphy. Barbara puso el manos libres antes de contestar. La sangre heló sus venas.

-Se trata de una falsa alarma, teniente Harrison. Somos afortunados, lo que habíamos encontrado enterrado en la playa no era el cuerpo de un niño, sino el de un perro grande. Ese depravado ha tenido que meterlo en una bolsa de plástico para ahogarlo y después enterrarlo-

Barbara le dijo que de todas formas estaba a punto de llegar al sitio y después colgó. La sangre volvió a su temperatura normal. Henry a lo mejor seguía vivo y esto era lo que más importaba. Lo que le quemaba por dentro fue pensar en la maldad que envenenaba el alma de ciertos seres humanos.

¿Por qué torturar y asesinar así a un ser vivo? ¿Por qué?” Se preguntó Barbara sin poder dar ninguna respuesta. Después se dejó llevar por un grito liberador, antes de marcar el número de Clive Thompson.