CAPÍTULO 38
Había sido una gran noche para Winnipeg Moore y si lo que le habían asegurado, hubiese funcionado, se habría liberado para siempre de todos sus problemas. Ya faltaba poco, verdaderamente poco y todo volvería a la normalidad. Hacía años que no pasaba un día normal: desde que los extraterrestres le secuestraron, y no ocurrió solamente una vez. Winnie se sentía el elegido, pero la gente no le entendía, así que había decidido guardarse ese secreto. Como mucho se lo contaba a su familia. Con ellos se sentía protegido y comprendido, al menos por su madre.
Ya había hecho el trabajo duro; el trabajo más arriesgado y nadie tenía nada que reprochar, de hecho, todos parecían muy contentos, a decir verdad. Igual que el día anterior, hoy también haría todo lo que le pidieran, aunque no exactamente igual, pero no era culpa suya si los otros, los verdaderamente peligrosos, habían decidido encontrarse con él esa mañana. Se lo habían pedido a su manera, transmitiendo señales a su cerebro.
“Os habéis dado cuenta de que estamos trabajando contra vosotros y ahora queréis verme para negociar, pero yo no voy a ceder ni un milímetro. Queridos míos, ya se ha acabado. ¡A partir de mañana se han terminado todas las transmisiones con mi cabeza y volveré a ser una mierda de ser humano LI-BRE! ¿Sabéis qué? ¡No voy a ir a vuestro encuentro, qué os jodan!” pensó Winnie alterado, mientras apretaba con fuerza el pedal del acelerador. Estaba superando el límite de velocidad, pero quería volver a casa lo antes posible. Con los extraterrestres no se sabía nunca cómo iba a terminar y este no era el momento para que le molestaran.
Bajó la ventanilla y sacó la cabeza, mirando hacia el cielo. El viento le alborotaba el pelo y le tiraba fastidiosamente la piel de la cara, pero tenía que gritar al platillo volante que le estaba siguiendo, y lo hizo. «¡Qué os jodan, bastardos! Vosotros estáis muertos y Winnipeg Moore es libre! ¡LI-BRE!»
Cuando volvió a meter la cabeza dentro, se dejó llevar por un temblor que le sacudió las mejillas y la lengua, emitiendo también algunas cosas triviales para acompañar a ese movimiento liberador. La furgoneta viajaba veloz y le habría llevado justo a su casa si no hubiese visto por el espejo retrovisor un coche de la policía, que inmediatamente accionó las sirenas haciéndole señas para pararse.
“Mejor los maderos que los extraterrestres…” pensó Winnie, frenando para desviarse hacia la cuneta.