Capítulo 15

Las últimas masacres:
la Fiesta de la Cosecha

EL 28 de octubre de 1942, el HSSPF del Gobierno General, Wilhelm Krüger, decretó que en el distrito de Lublin podían quedar ocho guetos judíos.[1] Cuatro de esos ocho lugares estaban dentro de la zona de seguridad del Batallón de Reserva Policial 101: Luków, Miedzyrzec, Parczew y Konskowola. En realidad, sólo los dos primeros seguían siendo guetos judíos tras las deportaciones de otoño, junto a Piaski, Izbica y Wlodawa en otra zona del distrito de Lublin. Enfrentados a la constante amenaza de morir de hambre y de frío por un lado, o de ser traicionados y ejecutados por el otro, muchos judíos que habían huido al bosque durante las deportaciones de octubre y noviembre regresaron posteriormente a los restituidos guetos de Luków y Miedzyrzec. El clima invernal hacía que la vida en los bosques fuera difícil y precaria; cualquier movimiento en la nieve dejaba rastro y, por lo menos en una ocasión, las heces congeladas delataron un escondite judío hecho en un almiar.[2] Así, cuando parecía que las deportaciones habían llegado a su fin, muchos judíos calcularon que contaban con más probabilidades de sobrevivir en uno de los guetos permitidos que como presas acosadas en el bosque.

En realidad, las deportaciones desde el condado de Radzyn habían terminado por el momento, pero la vida en los guetos de Luków y Miedzyrzec no dejaba de estar en constante peligro. En Luków, el administrador de las SS del gueto, Josef Bürger, hizo ejecutar de 500 a 600 judíos en diciembre para reducir la población.[3] En Miedzyrzec, a 500 trabajadores judíos de la fábrica de cepillos que se habían librado de la deportación anterior los mandaron al campo de trabajo de Trawniki el 30 de diciembre de 1942.[4] La noche siguiente, la víspera de Año Nuevo a eso de las once, los miembros de la Policía de Seguridad de la vecina Biala Podlaska se presentaron en el gueto de Miedzyrzec en estado de embriaguez y empezaron a disparar «por diversión» a los judíos que quedaban hasta que llegó la Policía de Seguridad de Radzyn y los echó.[5]

Tras cuatro meses de relativa calma, llegó el final. La noche del 1 de mayo, los soldados de la segunda compañía rodearon el gueto de Miedzyrzec, donde el otoño anterior habían llevado a cabo tantas deportaciones. De nuevo se les unió una unidad venida de Trawniki y por la mañana se acercaron al gueto y congregaron a los judíos en la plaza del mercado. Los policías calcularon que el número de deportados en esa acción fue de 700 a 1.000, aunque hubo uno que admitió que se decía que había llegado a 3.000.[6] Un testigo judío calculaba que fueron de 4.000 a 5.000.[7] De nuevo, los judíos fueron registrados a conciencia y despojados de sus bienes en los barracones para desnudarse de Gnade, y luego los metieron en vagones de tren, tan apiñados que las puertas casi no se podían cerrar. A algunos los mandaron al campo de trabajo de Majdanek en Lublin, pero a la mayoría los llevaron a las cámaras de gas de Treblinka, para así concluir la denominada quinta acción en Miedzyrzec.[8] La «sexta acción» tuvo lugar el 26 de mayo, cuando otros 1.000 judíos fueron enviados al campo de Majdanek.[9] En esos momentos sólo quedaban 200 judíos. Algunos escaparon, pero los últimos 170 fueron ejecutados por la Policía de Seguridad el 17 de julio de 1943 durante la «séptima» y última acción, tras la cual Miedzyrzec fue proclamada judenfrei. El día 2 de mayo, a la vez que la segunda compañía de Gnade reanudaba las deportaciones desde Miedzyrzec, unidades de las SS de Lublin junto con auxiliares ucranianos venidos de Trawinki terminaron con el gueto de Luków, mediante el envío de otros 3.000 o 4.000 judíos más a Treblinka.[10]

Muchos de los agentes que habían llegado a Polonia con el Batallón de Reserva Policial 101 en junio de 1942 fueron asignados paulatinamente a otras tareas. Durante el invierno de 1942-1943, a los hombres de más edad, aquellos nacidos antes de 1898, los mandaron de vuelta a Alemania.[11] Al mismo tiempo, se seleccionaron policías de cada una de las secciones del batallón y con ellos se formó una unidad especial al mando del teniente Brand. Los hicieron volver a Zamosc, en la zona sur del distrito, para que tomaran parte en la expulsión de los polacos de los pueblos como parte del plan de Himmler y Globocnik de crear un área de asentamiento puramente alemana en el interior de Polonia.[12] A principios de 1943, un grupo de jóvenes suboficiales del batallón fue destinado a las Waffen-SS y los mandaron a realizar un entrenamiento especial.[13] Un tiempo después, trasladaron al teniente Gnade a Lublin para que formara una compañía de guardia especial. Tomó al sargento Steinmetz como su lugarteniente.[14] No obstante, Gnade volvió por poco tiempo a Miedzyrzec para llevar a cabo las deportaciones del mes de mayo. Por último, al teniente Scheer también lo destinaron a Lublin para que asumiera el mando de una de las dos «secciones de persecución» (Jagdzüge) formadas especialmente para intensificar la búsqueda de bandas de partisanos. Llegaron algunos refuerzos para llenar el vacío, particularmente un grupo de berlineses para ayudar a completar la reducida segunda compañía.[15] Pero, en general, el Batallón de Reserva Policial 101 se quedó corto de efectivos.

A causa del elevado índice de renovaciones y nuevos destinos, sólo algunos de los policías que habían participado en la primera masacre en Józefów estaban todavía con el batallón en noviembre de 1943, cuando su participación en la Solución Final culminó con la gran masacre de la «Fiesta de la Cosecha» (Erntefest), la operación de exterminio efectuada por los alemanes contra los judíos más grande de toda la guerra. Con un total de 42.000 víctimas judías en el distrito de Lublin, la Erntefest sobrepasó incluso a la famosa masacre de Babi-Yar, de más de 33.000 judíos, en las afueras de Kiev. Sólo la superó la matanza rumana de más de 50.000 judíos de Odesa en octubre de 1941.

La Erntefest fue la culminación de la cruzada de Himmler para destruir el judaísmo polaco. Mientras la campaña asesina iba adquiriendo más velocidad en 1942, las autoridades industriales y militares asediaban a Himmler con quejas sobre la eliminación de los trabajadores judíos que eran esenciales para la campaña de la guerra. En respuesta a tales quejas que él consideraba totalmente fingidas, accedió a ceder algunos trabajadores judíos con la condición de que se alojaran en campos y guetos que estuvieran totalmente controlados por las SS. Esto permitió a Himmler eludir los argumentos pragmáticos basados en las necesidades de la economía de guerra mientras aseguraba su máximo control sobre el destino de todos los judíos. Porque, en definitiva, el santuario de los campos y los guetos de trabajo era sólo temporal. Como dijo Himmler: «Los judíos también desaparecerán de allí algún día tal como desea el Führer».[16]

En el distrito de Lublin, a los guetos de trabajo de Miedzyrzec, Luków, Piaski, Izbica y Wlodawa se les había permitido continuar existiendo durante el invierno de 1942-1943. Los últimos tres guetos fueron eliminados en marzo y abril de 1943; como ya hemos visto, Miedzyrzec y Luków sufrieron un destino similar en el mes de mayo.[17] A partir de entonces, los únicos judíos que quedaron con vida en el distrito de Lublin con el consentimiento de los alemanes fueron unos 45.000 trabajadores del imperio de campos de trabajo de Odilo Globocnik. Entre ellos había unos pocos supervivientes de los guetos de Lublin así como trabajadores trasladados desde los aniquilados guetos de Varsovia y Bialystok.

En otoño de 1943 había dos cosas que para Himmler eran evidentes. Primero, que los judíos que trabajaban en los campos tendrían que ser asesinados si quería completar su misión. Segundo, que durante los últimos seis meses había surgido resistencia judía en Varsovia (abril), Treblinka (julio), Bialystok (agosto) y Sobibor (octubre), cuando los judíos de esos lugares descartaron toda esperanza de supervivencia. Hasta la primavera de 1943, los judíos de Polonia se habían aferrado a la muy comprensible pero equivocada suposición de que incluso los nazis no podían ser tan irracionales desde el punto de vista utilitarista como para matar a trabajadores judíos que representaban una contribución esencial para la economía alemana. Por lo tanto, habían perseverado en la desesperada estrategia de la «salvación mediante el trabajo» como única posibilidad de que algunos judíos permanecieran con vida. Esa estrategia y posibilidad eran las condiciones previas cruciales para que continuara la sumisión de los judíos. Pero poco a poco a éstos los iban despojando de sus ilusiones. Los alemanes se encontraron resistencia cuando intentaron llevar a cabo la aniquilación final de los guetos de Varsovia y Bialystok, y estallaron revueltas en los campos de exterminio de Treblinka y Sobibor cuando los trabajadores judíos que había allí se dieron cuenta de que se iban a cerrar los campos. Himmler no esperaba poder liquidar los campos de trabajo gradualmente o uno a uno sin encontrarse más resistencia judía nacida de la desesperación. Por lo tanto, los prisioneros de los campos de trabajo de Lublin tendrían que ser aniquilados en una sola operación masiva que los cogiera por sorpresa. Ese fue el origen de la Erntefest.[18]

El asesinato en masa a esa escala requería planificación y preparación. El reciente sucesor de Globocnik como SSPF, Jakob Sporrenberg, se desplazó a Cracovia, donde se entrevistó con su superior, Wilhelm Krüger. Regresó con una carpeta especial y empezó a dar instrucciones.[19] A finales de octubre, a los prisioneros judíos los pusieron a cavar zanjas justo en el exterior de los campos de Majdanek, Trawniki y Poniatowa. Aunque las zanjas tenían tres metros de profundidad y de medio metro a tres metros de ancho, el hecho de que las cavaran en zigzag hacía verosímil la versión de que estaban destinadas a la protección contra los ataques aéreos.[20] Entonces empezó la movilización de las SS y las unidades policiales de todo el Gobierno General. La noche del 2 de noviembre, Sporrenberg se reunió con los comandantes de los diversos destacamentos, que abarcaban las unidades de las Waffen-SS de los distritos de Cracovia y Varsovia, el Regimiento de Policía núm. 22 de Cracovia, el propio Regimiento de Policía núm. 25 de Lublin (que incluía el Batallón de Reserva Policial 101) y la Policía de Seguridad de Lublin, así como con los comandantes de los campos de Majdanek, Trawniki y Poniatowa, y con el Estado Mayor del SSPF de Sporrenberg. La sala donde se celebró la reunión estaba llena. Sporrenberg transmitió las instrucciones de la carpeta especial que había traído consigo al regresar a Cracovia.[21] La operación de aniquilación masiva empezó a la mañana siguiente.

Los miembros del Batallón de Reserva Policial 101 participaron en prácticamente todas las fases de la masacre de la Emtefest de Lublin. Llegaron a la capital del distrito el 2 de noviembre (por lo que es de suponer que Trapp asistió al encuentro con Sporrenberg) y se alojaron allí para pasar la noche. A primera hora de la mañana del 3 de noviembre tomaron sus puestos. Un grupo del batallón ayudó a conducir a los judíos de los pequeños campos de trabajo de los alrededores de Lublin hacia el campo de concentración de Majdanek, a varios kilómetros del centro de la ciudad por la carretera principal en dirección sudoeste.[22] La mayor parte del contingente del Batallón de Reserva Policial 101 fue tomando posiciones a cinco metros de distancia unos de otros a ambos lados de la calle zigzagueante que iba desde la carretera principal a la entrada del campo de concentración, pasando por delante de la casa del comandante. Desde allí observaban cómo desfilaba una oleada inacabable de judíos provenientes de varios centros de trabajo de Lublin.[23] Guardias femeninas montadas en bicicletas escoltaron a unas 5.000 o 6.000 prisioneras del «campo del antiguo aeropuerto», donde las habían empleado en los almacenes en los que se clasificaba la ropa que se había recogido en los campos de exterminio. Otros 8.000 judíos varones también pasaron por allí en el transcurso de ese día. Junto a los 3.500 o 4.000 judíos que ya había en el campo, elevaron el número de víctimas hasta los de 16.500 o 18.000.[24] Mientras los judíos pasaban entre la cadena de policías de reserva y entraban en el campo, una música atronadora salía de los altavoces que había en dos camiones. A pesar del intento de ahogar cualquier otro ruido, se podía oír el sonido de los constantes disparos que procedían del campo.[25]

Dirigían a los judíos hacia la última hilera de barracones y allí los hacían desnudarse. Con los brazos levantados y las manos sujetas por detrás de la cabeza, completamente desnudos, los llevaban en grupos desde los barracones atravesando un agujero hecho en la valla hacia las zanjas que se habían cavado junto al campo. Esa ruta también estaba custodiada por agentes del Batallón de Reserva Policial 101.[26]

Heinrich Bocholt*, un miembro de la primera compañía que estaba situado a sólo unos diez metros de las fosas, fue testigo del proceso de ejecución

Desde mi posición pude observar entonces cómo otros miembros de nuestro batallón se llevaban de los barracones a los judíos desnudos […] los tiradores de los comandos de ejecución, que estaban situados en el borde de las fosas justo delante de mí, eran miembros del SD […]. A cierta distancia por detrás de cada tirador se colocaron varios soldados más del SD que no hacían más que llenar los cargadores de las metralletas y dárselos al tirador. Se asignaron unos cuantos de esos tiradores a cada una de las fosas. En estos momentos ya no puedo dar más detalles sobre el número de fosas que había. Es posible que hubiera muchas de esas fosas y se llevaran a cabo las ejecuciones de forma simultánea. Lo que sí recuerdo es que a los judíos los metían desnudos directamente en la fosa y los obligaban a tumbarse justo encima de los que habían sido asesinados antes que ellos. Entonces el tirador lanzaba toda una ráfaga de disparos sobre las víctimas tumbadas boca abajo […]. No puedo asegurar cuánto tiempo duró esa acción. Seguramente se prolongó durante todo el día porque recuerdo que fui relevado de mi puesto una vez. No puedo dar detalles sobre el número de víctimas, pero fueron muchísimas.[27]

Observando las matanzas a más distancia se encontraba el SSPF Sporrenberg, que volaba en círculo sobre el campo en un avión Fieseler Storch. Los polacos miraban desde los tejados.[28]

El mismo día y de la misma forma, hubo otras unidades alemanas que masacraron a los prisioneros judíos en el campo de trabajo deTrawniki, a unos 40 kilómetros al este de Lublin (el cálculo aproximado oscila entre 6.000 y 10.000 víctimas) y en otros campos más pequeños. En Poniatowa, a 50 kilómetros al oeste de Lublin, todavía quedaban con vida 14.000 judíos y 3.000 más en los campos de Budzyn y Krasnik. Estos dos últimos se iban a dejar aparte; en Budzyn se producía para la compañía aeronáutica Heinkel y en Krasnik para las necesidades personales del SSPF de Lublin. Pero el gran campo de trabajo en Poniatowa no había sido aniquilado el 3 de noviembre sencillamente porque los alemanes iban faltos de personal. No obstante, el campo se había precintado y se habían cortado las líneas telefónicas para que los acontecimientos de Majdanek y Trawniki no pudieran representar una advertencia de lo que iba a suceder al día siguiente, el 4 de noviembre. En este caso también había la clara intención de que la sorpresa fuera total.

En la memoria de muchos de los soldados del Batallón de Reserva Policial 101, los recuerdos de las dos matanzas en los dos campos se funden en una sencilla operación de dos o tres días en un solo campo, en Majdanek o en Poniatowa. Pero algunos testigos (como mínimo uno de cada una de las compañías) sí que recordaban las operaciones de ejecución en los dos campos.[29] Por lo tanto, parece quedar claro que a primera hora de la mañana del 4 de noviembre los soldados del Batallón de Reserva Policial 101 recorrieron los 50 kilómetros que hay entre Lublin y Poniatowa.

En esa ocasión el batallón no se dispersó. Se envió a agentes o bien a los barracones donde las víctimas se desnudaban o a las fosas en forma de zigzag del lugar de ejecución, o bien al mismo lugar de la ejecución.[30] Ellos formaron el cordón humano entre el cual los 14.000 «judíos de trabajo» de Poniatowa, completamente desnudos y con las manos en la nuca, caminaban hacia su muerte mientras en los altavoces sonaba de nuevo una música atronadora en un vano intento de tapar el ruido de los disparos. El testigo que estaba más cerca era Martin Detmold.

Mi grupo y yo mismo teníamos asignado el servicio de guardia delante de la fosa. La fosa consistía en una serie de zanjas en forma de zigzag de unos tres metros de ancho y unos tres o cuatro metros de profundidad. Desde mi puesto pude observar cómo los judíos eran obligados a desnudarse en los últimos barracones y a entregar todas sus pertenencias y cómo entonces los conducían a través de nuestro cordón y los hacían bajar por unas aberturas que descendían a las zanjas. Los soldados del SD situados en el borde de las zanjas hacían avanzar a los judíos hacia los lugares de las ejecuciones, donde otros soldados del SD con metralletas disparaban desde el borde de la zanja. Como yo era jefe de grupo y tenía más libertad de movimiento, en una ocasión me dirigí directamente al lugar de la ejecución y vi cómo los judíos que acababan de llegar tenían que tenderse sobre los que ya estaban muertos. Entonces también los mataban con ráfagas de metralleta. Los soldados del SD procuraban disparar a los judíos de tal manera que los montones de cadáveres formaran una pendiente que permitiera a los que iban viniendo tumbarse sobre los cuerpos apilados hasta una altura de tres metros.

[…] Todo el asunto era lo más horripilante que había visto en toda mi vida, porque a menudo pude ver que tras la primera ráfaga de disparos algunos judíos sólo estaban heridos y quedaban más o menos enterrados vivos entre los cadáveres de aquellos a los que disparaban después, sin que a los heridos se les diera el llamado tiro de gracia. Recuerdo que, entre el montón de cadáveres, los heridos maldecían a los hombres de las SS [sic]».[31]

Los demás policías hacía tiempo que se habían habituado a los asesinatos en masa de judíos y pocos se impresionaron tanto como Detmold por las matanzas de la Erntefest. Sin embargo, lo que sí les pareció nuevo e impresionante fue el problema —que hasta la fecha había permanecido bajo el relativo secreto de los campos de exterminio— que representaba deshacerse de tantos cadáveres. Wilhelm Gebhardt*, que fue uno de los hombres de la compañía de guardia especial de Gnade que permaneció en Lublin tras la matanza, recordaba: «El mismo Lublin apestó terriblemente durante días. Era el típico olor de cuerpos quemados. Cualquiera podía imaginarse que estaban incinerando a una gran cantidad de judíos en el campo de Majdanek».[32]

Si los habitantes de Lublin sólo tenían que oler los cadáveres quemados a distancia, muchos miembros de la tercera compañía tuvieron una experiencia mucho más directa con la destrucción de los cuerpos en Poniatowa. Como estaba situada a sólo unos 35 kilómetros al sur de Pulawy, los soldados de la compañía a veces tenían la oportunidad de ir allí, y en realidad a algunos de ellos los asignaron al servicio de vigilancia de los «judíos de trabajo» que tenían la horripilante tarea de desenterrar e incinerar los cadáveres. Los policías pudieron observar con todo detalle cómo se sacaban los cuerpos de las zanjas, los llevaban tirados por caballos hacia el lugar donde tenían lugar las incineraciones y cómo los «judíos de trabajo» los colocaban sobre una parrilla de barras de hierro y los quemaban. Un «salvaje hedor» invadió la zona.[33] En una ocasión un camión cargado de policías se detuvo en el campo mientras se realizaban las incineraciones. «Algunos de nuestros compañeros se marearon a causa del olor y la visión de los cadáveres medio descompuestos y tuvieron que vomitar por todo el camión».[34] Cuando el nuevo comandante de la tercera compañía, el capitán Haslach*, escuchó los informes de sus hombres al regresar, le parecieron «increíbles» y le dijo al sargento primero Karlsen: «Venga, vayamos allí y echemos un vistazo nosotros mismos». Cuando llegaron, el trabajo ya casi estaba hecho, pero un atento oficial de las SS les mostró las tumbas y la «parrilla de incineración», hecha con barras de hierro y con unas dimensiones de unos ocho por cuatro metros.[35]

Cuando concluyeron las masacres de la Erntefest, el distrito de Lublin quedó, a efectos prácticos, judenfrei. La mortífera participación del Batallón de Reserva Policial 101 en la Solución Final llegó a su fin. Calculando por lo bajo, unos 6.500 judíos muertos durante las acciones anteriores, como las de Józefów y Lomazy, unos 1.000 asesinados durante la «cacería de judíos» y un mínimo de 30.500 ejecutados en Majdanek y Poniatowa, el batallón había participado de forma directa en la muerte a tiros de, como mínimo, 38.000 judíos. Con la deportación hacia el campo de exterminio de al menos 3.000 judíos de Miedzyrzec a principios de mayo de 1943, el número de judíos que colocaron en los trenes que iban hacia Treblinka ascendía a 45.000. Para un batallón de menos de 500 soldados, el recuento definitivo de víctimas fue de al menos 83.000 judíos.