Capítulo 10
Las deportaciones de agosto a Treblinka
Apartada de toda estación de tren, Lomazy era una ciudad en la que habían concentrado a los judíos en junio de 1942, pero desde la que no era fácil deportarlos. De ahí la masacre del 17 de agosto. La mayoría de los judíos del distrito norte de Lublin, sin embargo, residía en las ciudades de Radzyn, Luków, Parczew y Miedzyrzec, todas ellas próximas a enlaces ferroviarios. Desde ese momento, la principal contribución del Batallón de Reserva Policial a la Solución Final ya no fue la aniquilación de los habitantes de la zona, sino el desalojo de los guetos y la deportación hacia el campo de exterminio de Treblinka, situado a unos 110 kilómetros al norte del cuartel central del batallón en Radzyn.
El primer tren de deportados hacia Treblinka salió de Varsovia a última hora del 22 de julio de 1942 y llegó al campo de exterminio a la mañana siguiente. A partir de entonces, los transportes judíos provenientes de Varsovia y de su distrito llegaron cada día. Entre el 5 y el 24 de agosto, unos 30.000 judíos de Radom y Kielce también fueron enviados a Treblinka. Aunque la capacidad asesina del campo estaba al máximo, Globocnik, impaciente, decidió empezar también con las deportaciones desde el norte de Lublin. Los judíos de Parzcew y Miedzyrzec, en el condado de Radzyn, en el centro de la zona de seguridad del Batallón de Reserva Policial 101, fueron los primeros objetivos.
La tercera sección de la segunda compañía de Steinmetz, menos el Gruppe Bekemeier, que había sido destacado a Lomazy, se estableció en Parczew. Más de 5.000 judíos vivían en el barrio judío, que no estaba separado del resto de la ciudad ni por alambradas ni por muros. Pero que el gueto no estuviera cerrado no quería decir que la comunidad judía no hubiera sufrido toda la habitual discriminación y humillación de la ocupación alemana. Tal como recordaba Steinmetz, cuando sus policías llegaron, la calle principal ya estaba enlosada con lápidas judías.[1] A primeros de agosto, unos judíos de Parczew, entre 300 y 500, habían sido cargados en carretas tiradas por caballos y llevados a unos cinco o seis kilómetros bosque adentro, escoltados por los policías. Allí entregaron a los judíos a una unidad de miembros de las SS. Los policías se fueron antes de oír ningún disparo y no supieron cuál fue el destino de los judíos.[2]
En Parczew corrían rumores sobre una deportación mucho mayor y muchos judíos huyeron al bosque.[3] No obstante, la mayoría aún se encontraba en la ciudad cuando los policías de la primera y segunda compañías del Batallón de Reserva Policial 101, junto a una unidad de Hiwis, cayeron sobre Parczew a primera hora del 19 de agosto, justo dos días después de la masacre de Lomazy. Trapp dio otra charla e informó a los hombres de que tenían que llevar a los judíos a la estación de tren que había a dos o tres kilómetros de la ciudad. Indicó de manera «indirecta», pero sin ambigüedad, que, una vez más, los ancianos y los débiles que no pudieran aguantar la marcha debían ser ejecutados en el acto.[4]
La segunda compañía montó el cordón y la primera realizó la operación de registro en el barrio judío.[5] Por la tarde, una larga columna de judíos se prolongaba desde el mercado hasta la estación de tren. Ese día fueron deportados aproximadamente unos 3.000 judíos de Parczew. Varios días después, y en esa ocasión sin la ayuda de los Hiwis, se repitió toda la operación y a los 2.000 judíos que quedaban en Parczew los mandaron también a Treblinka.[6]
Según el recuerdo de los policías, las deportaciones de Parczew se realizaron sin incidentes. No hubo contratiempos, no se realizaron muchos disparos, y la participación de los Hiwis en la primera deportación no pareció caracterizarse por su embriaguez y brutalidad habituales. Es de suponer que, como había tan poco «trabajo sucio» que hacer, los Hiwis ni siquiera se consideraron necesarios para la segunda deportación. Aunque los policías no supieran exactamente dónde mandaban a los judíos o qué se iba a hacer con ellos, «estaba claro y todos sabíamos —admitió Heinrich Steinmetz— que para los judíos afectados esas deportaciones significaban el camino hacia la muerte. Sospechábamos que los iban a matar en alguna especie de campo».[7] Excluidos de la participación directa en la matanza, tener conciencia de eso apenas pareció afectar al Batallón de Reserva Policial 101, incluso aunque hubo más víctimas en las deportaciones de Parczew que en las masacres de Józefów y Lomazy juntas. Verdaderamente pasaba aquello de «ojos que no ven, corazón que no siente». En realidad, para algunos de los hombres de la sección de Steinmetz, el recuerdo más vivido que les quedaba de aquella acción era que les asignaron un servicio de guardia en una pradera pantanosa al norte de Parczew, donde tuvieron que permanecer todo el día con los pies mojados.[8]
Mucho más memorable para el Batallón de Reserva Policial 101 fue la deportación de 11.000 judíos de Miedzyrzec a Treblinka los días 25 y 26 de agosto.[9] En agosto de 1942, Miedzyrzec era el gueto más grande del condado de Radzyn, con una población judía de más de 12.000 personas, en comparación con las 10.000 de Luków y las 6.000 de la ciudad de Radzyn. En junio de 1942, la administración de los guetos del distrito de Lublin pasó de manos de las autoridades civiles a las de las SS y, a partir de entonces, esos tres guetos los supervisaban hombres enviados desde la dependencia de la Policía de Seguridad en Radzyn.[10]
Al igual que Izbica y Piaski, al sur del distrito de Lublin, Miedzyrzec estaba destinada a convertirse en un «gueto de tránsito» en el cual se reunía a los judíos de los alrededores para llevarlos después a Treblinka. A fin de poder recibir a más judíos de otras partes, el gueto de Miedzyrzec tenía que vaciarse periódicamente de sus habitantes. El primer y mayor desalojo de ese tipo tuvo lugar los días 25 y 26 de agosto mediante una acción conjunta entre la primera compañía, la tercera sección de la segunda compañía y la primera sección de la tercera compañía del Batallón de Reserva Policial 101, una unidad de Hiwis y la Policía de Seguridad de Radzyn.[11]
Cuando el cuartel general del batallón se trasladó de Bilgoraj a Radzyn a finales de julio, los agentes de la primera compañía se emplazaron allí, así como en Kock, Luków y Komarówka. La primera sección de la tercera compañía también se estableció en el condado de Razdyn, en la ciudad de Czemierniki, mientras que la tercera sección de la segunda compañía lo hizo en Parczew. Entonces, esas cinco secciones fueron movilizadas para la acción de Miedzyrzec. Algunos de los policías llegaron a Miedzyrzec la noche del 24 de agosto, una unidad que acompañaba a un convoy de camiones que traía a más judíos.[12] Sin embargo, la mayoría de los policías se reunió en Radzyn a primera hora del 25 de agosto bajo la supervisión del sargento primero Kammer. La ausencia inicial del capitán Wohlauf quedó explicada cuando el convoy de camiones se detuvo delante de su residencia privada de camino a las afueras de la ciudad. Wohlauf y su joven esposa, embarazada de cuatro meses, con un abrigo militar por encima de los hombros y una gorra militar de visera en la cabeza, salieron de la casa y se subieron a uno de los camiones. Un policía recordaba: «El capitán Wohlauf se sentó delante junto al conductor, y entonces yo tuve que dejar mi asiento para hacer sitio a su esposa».[13]
Antes de unirse al Batallón de Reserva Policial 101, el capitán Wohlauf había experimentado varias dificultades en su carrera. En abril de 1940 lo habían mandado a Noruega con el Batallón Policial 105, pero su comandante allí exigió al final su regreso a Alemania. Wohlauf era activo y brillante, observaba, pero carecía de toda disciplina y tenía demasiada buena impresión de sí mismo.[14] Lo mandaron de vuelta a Hamburgo y su siguiente comandante consideró que tenía poco interés en el servicio en el frente nacional y que requería una estricta supervisión.[15] En ese momento, en la primavera de 1941, a Wohlauf lo asignaron al Batallón Policial 101, que acababa de volver de Lódz, y su trayectoria profesional cambió. A los pocos meses, el nuevo comandante del batallón, Trapp, lo recomendó para un ascenso y el mando de una compañía. Trapp escribió que Wohlauf era marcial, activo, lleno de vida y poseía dotes de mando. Además, intentaba actuar según los preceptos del nacionalsocialismo e instruía a sus hombres en consecuencia. Estaba «dispuesto en cualquier momento y sin reservas a llegar al límite por el Estado nacionalsocialista».[16] Wohlauf fue ascendido a capitán, asumió el mando de la primera compañía y se convirtió en el lugarteniente de Trapp.
A los agentes, Wohlauf les parecía una persona muy pretenciosa. Un policía recordaba que Wohlauf conducía su coche como si fuera un general. Otro comentó que lo llamaban «el pequeño Rommel» en tono desdeñoso.[17] El jefe administrativo de la primera compañía recordaba su energía, su determinación al hacerse cargo de todos los aspectos de su mando y su capacidad para conseguir que las cosas se hicieran.[18] Su renuente comandante de sección, el teniente Buchmann, lo consideraba una persona mucho más «recta y honesta» que el teniente Gnade (hay que reconocer que no es una comparación de mucho nivel) y no un destacado antisemita. Era un oficial que se tomaba en serio sus responsabilidades, pero por encima de todo, era un joven recién casado y sumido en su romance.[19]
En efecto, la repentina marcha del Batallón de Reserva Policial 101 hacia Polonia había cogido a Wohlauf por sorpresa, y desbaratado los planes de una boda prevista para el 22 de junio. En cuanto llegó a Bilgoraj a finales de junio le suplicó a Trapp que le dejara volver a Hamburgo por unos días para casarse con su novia, que ya estaba embarazada. Al principio Trapp se negó, pero luego le concedió un permiso especial. Wohlauf se casó el 29 de junio y volvió a Polonia justo a tiempo para el episodio de Józefów. Una vez que su compañía se instaló en Radzyn, Wohlauf hizo que su nueva esposa lo visitara allí para celebrar su luna de miel.[20]
Puede ser que Wohlauf se llevara consigo a su mujer para que presenciara las deportaciones porque no soportaba estar separado de ella en plena luna de miel, tal como sugirió Buchmann. Por otro lado, el pretencioso y engreído capitán quizás intentara impresionar a su nueva esposa mostrándole que era dueño y señor de la vida y la muerte de los judíos polacos. Está claro que los agentes pensaban eso último y su reacción fue, de modo unánime, de enfado e indignación por tener que llevar a una mujer a que presenciara las cosas espantosas que hacían.[21] Los guardias de la primera compañía, si no su capitán, todavía sentían vergüenza.
Cuando el convoy que llevaba a Wohlauf, a su mujer y a la mayor parte de la primera compañía llegó a Miedzyrzec, a menos de 30 kilómetros al norte dé Radzyn, la operación ya estaba en marcha. Los agentes oyeron disparos y gritos, ya que los Hiwis y la Policía de Seguridad habían empezado los registros. Esperaron mientras Wohlauf iba a por instrucciones. Volvió al cabo de 20 o 30 minutos y dio las órdenes a la compañía. Algunos hombres tenían que hacer el servicio de guardia exterior, pero a la mayoría les habían asignado la acción del desalojo junto con los Hiwis. Se dio la orden habitual de disparar a cualquiera que intentara escapar así como a los enfermos, ancianos y débiles que no pudieran caminar hasta la estación de tren que estaba justo en las afueras de la ciudad.[22]
Mientras los hombres esperaban a que volviera Wohlauf, se encontraron a un oficial de la Policía de Seguridad que ya estaba bastante ebrio a pesar de lo pronto que era.[23] Enseguida se hizo patente que los Hiwis también estaban bebidos.[24] Disparaban con tanta frecuencia y tan a lo loco que los policías a menudo tenían que ponerse a cubierto para que no les dieran.[25] Los agentes «vieron los cadáveres de los judíos a los que habían matado a tiros por todas partes, en las calles y en las casas».[26]
Conducidos por los Hiwis y los policías, miles de judíos entraban en tropel al mercado. Allí tenían que sentarse o agacharse sin moverse ni ponerse de pie. Con el paso de las horas de ese calurosísimo día de agosto, con la ola de calor de finales de verano, muchos judíos se desmayaron y se desplomaron. Además, los golpes y disparos continuaron en el mercado.[27] Como se había quitado su abrigo militar al subir la temperatura, la señora Wohlauf con su vestido era muy visible en el mercado y observaba los acontecimientos de cerca.[28]
Cerca de las dos de la tarde llamaron a la guardia exterior al mercado y una o dos horas después empezó la marcha hacia la estación de ferrocarril. Todo el contingente de Hiwis y policías se empleó para conducir a los miles de judíos por el camino. Una vez más, los disparos fueron frecuentes. A los «enfermos de los pies» que no podían avanzar les pegaban un tiro y los dejaban tumbados junto al camino. Los cadáveres se alineaban a lo largo de la calle que conducía a la estación.[29]
Un último horror se reservaba para el final, puesto que los vagones del tren tenían que cargarse. Mientras los Hiwis y la Policía de Seguridad apiñaban de 120 a 140 judíos en cada vagón, los policías de reserva hacían guardia y observaban. Según recordaba uno de ellos:
Cuando la cosa no iba bien usaban fustas y pistolas. La carga fue sencillamente espantosa. Se oía un grito sobrenatural de toda esa pobre gente, porque se estaban cargando 10 o 12 vagones a la vez. El tren de carga era terriblemente largo. Uno no alcanzaba a verlo todo. Debía de tener de 50 o 60 vagones, si no más. En cuanto se cargaba un vagón, se cerraban las puertas y se aseguraban con clavos.[30]
Cuando todos los vagones estuvieron bien cerrados, los soldados del Batallón de Reserva Policial 101 partieron rápidamente sin esperar a que el tren arrancara.
El desalojo del gueto de Miedzyrzec fue la operación de deportación más grande que iba a realizar el batallón durante toda su participación en la Solución Final. Sólo a 1.000 judíos de Miedzyrzec les habían concedido permisos de trabajo temporales para permanecer en el gueto hasta que pudieran reemplazarlos por polacos.[31] De esta manera, unos 11.000 judíos fueron víctimas de la deportación. Los policías sabían que se asesinó a «muchos cientos» de judíos en el curso de la operación, pero, por supuesto, no sabían cuántos exactamente.[32] Sin embargo, los judíos supervivientes que recogían y enterraban los cadáveres sí que lo sabían, y su recuento ascendió a 960.[33]
Es necesario poner esta cifra dentro de una perspectiva más amplia para mostrar la ferocidad de la deportación de Miedzyrzec incluso para los nazis de 1942. Unos 300.000 judíos, aproximadamente, fueron deportados desde Varsovia entre el 22 de julio y el 21 de septiembre de 1942. El número total de judíos asesinados por armas de fuego a lo largo de ese período de dos meses fue, según los registros, de 6.687.[34] Por lo tanto, en Varsovia, la proporción entre los que fueron asesinados en el acto y los que fueron deportados fue de aproximadamente el 2 por ciento. La proporción en Miedzyrzec fue de casi el 9 por ciento. Los judíos de Miedzyrzec no marcharon «como ovejas al matadero». Fueron conducidos con una violencia y brutalidad casi inimaginables que dejaron una particular huella incluso en los recuerdos de los participantes del Batallón de Reserva Policial 101, cada vez más insensibilizados y endurecidos. En este caso no sucedió lo de «ojos que no ven, corazón que no siente».
¿Por qué existe ese contraste entre las deportaciones desde Parczew, relativamente tranquilas y por lo tanto poco memorables, y el horror de Miedzyrzec sólo una semana después? Por parte de los alemanes, el factor clave fue la proporción entre ejecutores y víctimas. Para los más de 5.000 judíos de Parczew, los alemanes tenían dos compañías de la Policía del Orden y una unidad de Hiwis, o lo que es lo mismo, de 300 a 350 agentes. En Miedzyrzec, donde había el doble de judíos que deportar, los alemanes contaban con cinco secciones de la Policía del Orden, con la Policía de Seguridad local y con una unidad de Hiwis, es decir, con entre 350 y 400 hombres. Cuanta mayor era la proporción de personas que los alemanes debían desalojar del gueto, mayor era su violencia y brutalidad al hacer el trabajo.
El impaciente intento de Globocnik de empezar las deportaciones hacia Treblinka desde el norte de Lublin al mismo tiempo que las efectuadas desde los distritos de Varsovia y Radom demostró ser excesivo para la capacidad del campo de exterminio. A finales de agosto se acumularon tanto los judíos que esperaban ser asesinados como los cadáveres de los que no se podían deshacer con suficiente rapidez. La sobrecargada maquinaria de matar se averió. Las deportaciones a lo largo y ancho de los distritos de Varsovia, Radom y Lublin cesaron temporalmente, incluyendo un tren que ya estaba previsto que hiciera dos viajes de Luków a Treblinka a partir del 28 de agosto.[35] Globocnik y su supervisor del campo de exterminio, Christian Wirth, se dirigieron a toda prisa hacia Treblinka para reorganizar el campo. A Franz Stangl lo llamaron de Sobibor, que estaba relativamente inactivo porque las reparaciones en las líneas del ferrocarril lo hacían prácticamente inaccesible desde todas partes menos los alrededores, y lo nombraron comandante. Tras una semana de reorganización, las deportaciones de Varsovia a Treblinka se reanudaron el 3 de septiembre, seguidas por las deportaciones desde el distrito de Radom a mediados del mismo mes. Mientras tanto, los soldados del Batallón de Reserva Policial 101 disfrutaban de un breve respiro, puesto que no se reanudaron las matanzas en el norte de Lublin hasta finales de septiembre.