Capítulo 13

La extraña salud del capitán Hoffmann

Hasta el otoño de 1942, la tercera compañía del Batallón de Reserva Policial al mando del capitán y SS-Hauptsturmführer Wolfgang Hoffmann, había tenido mucha suerte, pues se había librado en gran parte de las matanzas que se estaban convirtiendo en la principal actividad de las demás unidades del batallón. En Józefów, dos secciones de la tercera compañía habían sido asignadas en un principio al cordón exterior y a ninguno de sus miembros lo habían mandado al bosque con los pelotones de ejecución. Cuando al batallón lo trasladaron a la zona de seguridad del norte del distrito de Lublin, las secciones segunda y tercera de la tercera compañía fueron instaladas en el condado de Pulawy. La sección tercera se ubicó en la propia ciudad de Pulawy, a las órdenes directas de Hoffmann, y la segunda sección del teniente Hoppner lo hizo cerca, primero en Kurów y después en Wandolin. En el condado de Pulawy, la mayor parte de la población judía ya había sido deportada a Sobibor en mayo de 1942 (fueron los primeros judíos que mataron en ese campo), y a los que quedaban en la región los habían concentrado en un «gueto de recogida» en la pequeña ciudad de Konskowola, a unos seis kilómetros al este de Pulawy. Por consiguiente, sólo la primera sección del teniente Peters, que estaba acantonada en el vecino condado de Radzyn, había participado en las deportaciones del mes de agosto y las ejecuciones de finales de septiembre. Al principio, ni la resistencia polaca había perturbado la estancia de la tercera compañía en Pulawy. Más adelante, Hoffmann informó de que habían encontrado el condado «relativamente tranquilo» y que hasta el mes de octubre no había tenido lugar ningún encuentro con «bandidos armados».[1]

Sin embargo, a principios de octubre, a la tercera compañía se le acabó la suerte. Se programó que el «gueto de recogida» de Konskowola, en el que había de 1.500 a 2.000 judíos,[2] fuera desalojado, al igual que los guetos en la vecina Radzyn. El norte de Lublin tenía que ser judenfrei. Se reunió a un considerable número de tropas para la tarea: las tres secciones de la tercera compañía, incluyendo la de Peters en Czemierniki; el puesto de la Gendarmerie local, unos 12 hombres bajo las órdenes del teniente primero Jammer* (cuya principal tarea era supervisar el trabajo de la policía polaca de la zona); una compañía motorizada itinerante de la Gendarmerie al mando del teniente primero Messmann*; cerca de 100 Hiwis y tres soldados de las SS de Lublin.[3] La tercera compañía se reunió en Pulawy, donde Hoffmann leyó las instrucciones escritas en un pedazo de papel. Tenían que peinar el gueto y reunir a los judíos en el mercado; a aquéllos que no pudieran moverse (los ancianos, débiles y enfermos, así como los niños) tenían que matarlos allí mismo. Añadió que desde hacía bastante tiempo ése había sido el procedimiento habitual.[4]

Los policías se dirigieron a Konskowola. Hoffmann, el oficial más antiguo de los que allí se encontraban, consultó con Jammer y Messmann y distribuyó a los hombres. A diferencia de lo que se solía hacer normalmente, a los Hiwis los mandaron al cordón junto con algunos hombres más de la policía. Los comandos de registro que al principio entraron en el gueto estaban formados por agentes de la tercera compañía y de la Gendarmerie motorizada de Messmann. A cada uno de los comandos se le asignó una manzana de casas determinada.[5]

El gueto había sufrido una epidemia de disentería y muchos de los judíos no podían ir andando al mercado o tan siquiera levantarse de la cama. Por lo tanto, se oyeron disparos por todas partes mientras los comandos realizaban los primeros rastreos por el gueto. Un policía recordaba: «Yo mismo disparé a seis ancianos en las viviendas; eran personas que estaban postradas en la cama y que me pidieron explícitamente que lo hiciera».[6]

Cuando terminó el primer rastreo y la mayoría de los judíos supervivientes estaba congregada en el mercado, llamaron a las unidades que formaban el cordón para que realizaran un registro del gueto. Ellos ya habían oído los continuos disparos. Mientras efectuaban el registro se encontraron cadáveres esparcidos por todas partes.[7]

Muchos de los soldados se acordaban en particular del edificio que había servido de hospital del gueto y que en realidad no era más que una gran estancia con trasto cuatro niveles de literas de la que emanaba un hedor espantoso. Se asignó a un grupo de cinco o seis policías para que entrara en la habitación y liquidara a los 40 o 50 pacientes que había, la mayoría de los cuales estaban aquejados de disentería. «En cualquier caso, casi todos estaban sumamente consumidos y desnutridos por completo. Se podría decir que no eran más que piel y huesos».[8] Los policías abrieron fuego a lo loco en cuanto entraron en la habitación, sin duda esperando escapar de ese olor lo más pronto posible. Bajo la lluvia de balas los cuerpos se cayeron de las literas superiores. «Esta forma de proceder me disgustó tanto y estaba tan avergonzado que inmediatamente me di la vuelta y salí de la estancia», informó un policía.[9] Otro recordaba: «Al ver a los enfermos no me fue posible disparar a ninguno de los judíos y desvié todos mis disparos intencionadamente». Su sargento, que se había unido a la ejecución, se dio cuenta de su falta de puntería, ya que «cuando terminó la operación me llevó a un lado y me insultó llamándome “traidor” y “cobarde” y me amenazó con dar parte del incidente al capitán Hoffmann. Sin embargo, no lo hizo».[10]

En el mercado separaron a los judíos, los hombres a un lado y las mujeres y los niños al otro. Se hizo una selección de hombres entre dieciocho y cuarenta y cinco años, en particular trabajadores especializados. Es posible que se seleccionara también a alguna mujer para trabajar. A esos judíos los hicieron salir del gueto y dirigirse a pie hacia la estación de tren a la salida de Pulawy, para su traslado a los campos de trabajo de Lublin. Estaban tan débiles que muchos no pudieron hacer la marcha de cinco kilómetros hasta la estación. Los testigos calcularon que se seleccionaron de 500 a 1.000 judíos para trabajar, pero a unos 100 los mataron por el camino después de que se derrumbaran de agotamiento.[11]

Mientras que a los judíos considerados aptos para trabajar los conducían fuera de la ciudad, a los restantes (de 800 a 1.000 mujeres y niños así como un gran número de ancianos varones) los llevaron simultáneamente a un lugar de ejecución en el bosque, más allá del límite de la ciudad. La primera sección de Peters y algunos guardias de la Gendarmerie de Messmann proporcionaron los pelotones de fusilamiento. Primero llevaron al bosque a los hombres, los obligaron a tenderse boca abajo y les dispararon. Les siguieron las mujeres y los niños.[12] Uno de los policías estuvo hablando con el jefe del consejo judío, un alemán de Múnich, hasta que al final también se lo llevaron.[13] Cuando los policías que habían escoltado hasta la estación de tren a los «judíos de trabajo» volvieron al mercado de Konskowola, lo encontraron vacío, pero oyeron los disparos que provenían del bosque. Se les ordenó realizar otra batida más por el gueto, tras la cual pudieron romper filas y relajarse. Por entonces ya era última hora de la tarde y algunos de los soldados encontraron una granja agradable y jugaron a cartas.[14]

Veinticinco años después, Wolfgang Hoffmann afirmó no recordar absolutamente nada de la acción en Konskowola, durante la cual de 1.100 a 1.600 judíos habían sido asesinados en un solo día por los policías que estaban a su mando. Puede que su amnesia no sólo se fundamentara en la conveniencia judicial, sino también en los problemas de salud que presentaba durante su misión en Pulawy. Por aquel entonces, Hoffmann achacaba su enfermedad a una vacuna para la disentería que se había puesto a finales de agosto. En la década de 1960 creyó más conveniente atribuir su dolencia a la tensión psicológica de la masacre de Józefów.[15] Fuera cual fuera la causa, Hoffmann empezó a padecer de diarrea y fuertes retortijones de estómago en septiembre y octubre de 1942. Según su propia versión, su estado, diagnosticado como colitis vegetativa, se veía enormemente agravado por el movimiento agitado de una bicicleta o un coche y, por consiguiente, en esa época dirigió personalmente pocas acciones de su compañía. No obstante, debido al «entusiasmo militar» y a la esperanza de una mejora, no quiso dar parte de su enfermedad hasta finales de octubre. Hasta el 2 de noviembre no ingresó en el hospital por orden del médico.

De un modo unánime, los hombres de Hoffmann ofrecieron una perspectiva diferente. Según observaron, sus «supuestos» accesos de dolor de estómago que lo dejaban postrado a salvo en la cama coincidían todos de forma demasiado sistemática con acciones de la compañía que podían ser desagradables o peligrosas. Se convirtió en algo habitual entre los agentes predecir, cuando la noche anterior se enteraban de una acción inminente, si a la mañana siguiente el jefe de la compañía tendría o no que guardar cama.

Los soldados estaban aún más resentidos por el comportamiento de Hoffmann a causa de dos agravantes. En primer lugar, él siempre había sido estricto y poco accesible, un típico «oficial inferior» a quien le gustaban el cuello blanco y los guantes, llevaba su insignia de las SS en el uniforme y exigía ser tratado con suma deferencia. Su manifiesta timidez frente a la acción parecía entonces el colmo de la hipocresía, y se burlaban de él llamándolo Pimpf, un término utilizado para designar a un miembro del grupo de diez a catorce años de las Juventudes Hitlerianas, es decir, «un niño explorador de Hitler».

En segundo lugar, Hoffmann intentaba compensar su inmovilidad intensificando la supervisión de sus subordinados. Se empeñaba en dar órdenes para todo desde la cama, haciendo no sólo de comandante de compañía, sino también de comandante de sección. Antes de toda acción o patrulla, los suboficiales se presentaban en el dormitorio de Hoffmann para recibir instrucciones detalladas y luego volvían a informarle personalmente otra vez. La tercera sección, emplazada en Pulawy, no tenía teniente y era dirigida por el sargento de más antigüedad, Justmann*. A él en concreto no se le permitía dar ninguna orden a los hombres sin el consentimiento de Hoffmann. Justmann y los demás sargentos tenían la sensación de que habían sido degradados al rango de cabo.[16]

Hoffmann estuvo hospitalizado en Pulawy del 2 al 25 de noviembre. Luego volvió a Alemania con un permiso de convalecencia hasta después de Año Nuevo. Volvió a dirigir otra vez su compañía por un breve período de tiempo, un mes, antes de volver a Alemania para reanudar el tratamiento. Durante ese segundo permiso en Alemania, Hoffmann se enteró de que Trapp lo había relevado del mando de su compañía.

Las relaciones de Hoffmann con Trapp ya se habían agriado en enero, cuando el comandante del batallón ordenó a todos sus oficiales, suboficiales y agentes que firmaran una declaración especial prometiendo no robar, saquear ni llevarse mercancías sin pagar por ellas. Hoffmann le escribió a Trapp una réplica virulenta en la que se negaba explícitamente a obedecer esa orden porque violaba profundamente su «sentido del honor».[17] Trapp también había oído informes poco halagüeños sobre la inactividad de Hoffmann en Pulawy de boca de su sustituto temporal, el teniente primero Messmann, comandante de la compañía motorizada de la Gendarmerie que había tomado parte en la masacre de Konskowola. Trapp lo consultó con el sargento primero de la tercera compañía, quien confirmó las pautas de la enfermedad de Hoffmann. El 23 de febrero de 1943 Trapp presentó una petición para que destituyeran a Hoffmann como comandante de compañía porque siempre informaba de que estaba enfermo antes de acciones importantes y ese «insuficiente sentido del servicio» no era bueno para la moral de sus soldados.[18]

El orgulloso y susceptible Hoffmann reaccionó amarga y enérgicamente a su destitución, afirmando una y otra vez que «habían herido profundamente su honor como oficial y soldado». Acusó a Trapp de actuar por resentimiento personal.[19] Trapp respondió con todo detalle y se aceptó su demanda. El comandante de la Policía del Orden del distrito de Lublin concluyó que el comportamiento de Hoffmann no había sido «en absoluto satisfactorio», que si de verdad estaba enfermo había sido un irresponsable al no dar parte tal como ordenaba el reglamento y que se le daría una oportunidad para que probara su valía con otra unidad.[20]

De hecho, Hoffmann fue trasladado a un batallón policial que en otoño de 1943 realizó acciones en primera línea en Rusia, donde ganó la Cruz de Hierro de Segunda Clase. Más adelante se le confió el mando de un batallón de tropas auxiliares de rusos blancos cerca de Minsk y después el de un batallón de «voluntarios» caucasianos.

Acabó la guerra como primer oficial del estado mayor de la comandancia general de la policía en Poznan.[21] Resumiendo, a juzgar por su carrera posterior, sería difícil llegar a la conclusión de que el comportamiento de Hoffmann durante el otoño de 1942 fuera un caso de cobardía tal como sospechaban sus soldados y Trapp. Enfermo sí estaba. No se puede asegurar si al principio su enfermedad fue a causa de las actividades asesinas del Batallón de Reserva Policial 101, pero sus síntomas eran los de un «colon irritable» o una «colitis de adaptación» psicológicamente inducidos. Sin duda las tareas de Hoffmann agravaban su estado. Además, está claro que más que utilizar su enfermedad para evitar una misión relacionada con el asesinato de los judíos de Polonia, Hoffmann intentó por todos los medios ocultarla a sus superiores y evitar que lo hospitalizaran. Si el asesinato colectivo a Hoffmann le daba dolor de estómago, el hecho era que eso le avergonzaba e intentaba dominarlo lo mejor que podía.