ESCENA V
EUDOSIA y Manolo. Entra con el cuello de la pelliza subido, mirando a todas partes con recelo, con inquietud; de cuando en cuando olfatea.
MANOLO: ¿Cómo has tardao tanto en abrir?
EUDOSIA: Que m'había quedao una miaja traspuesta.
MANOLO: Sí que es chocante a estas horas tanto sueño.
EUDOSIA: Como estoy sola...
MANOLO: ¡Ahí ¿Pero tampoco está la señorita?
EUDOSIA: No, señor. Ha salido.
MANOLO: ¿Cuándo?
EUDOSIA: Hace un ratito.
MANOLO: ¿A qué hora?
EUDOSIA: A las dos y media.
MANOLO: Pues es un ratito con copete, porque son las ocho y cuarto.
EUDOSIA: Adelanta tres minutos.
MANOLO: ¿Y la señorita se ha ido sola?
EUDOSIA: No, señor; con un lío.
MANOLO: ¡Con un lío!... ¿Y no te ha dicho dónde iba?
EUDOSIA: A que la probaran... (Queda pensando.)
MANOLO: ¿A que la probaran qué?
EUDOSIA: —¿Qué la tenían que probar, Dios mío?... ¿Botas u zapatos?... —¡Unas botas!
MANOLO: ¿Y pa probarse unas botas tanto tiempo?
EUDOSIA: Es que yo creo que eran altas.
MANOLO: Pero en seis horas, por muy altas que sean...
EUDOSIA: ¡Yo no sé!...
MANOLO: (Muy molesto.) ¡Bueno, tú a la cocina!
EUDOSIA: Sí, señor, con mucho gusto. ¿No va usted a salir?
MANOLO: ¿A ti qué te importa?... ¡A la cocina he dicho!
EUDOSIA: Ya voy, ya voy. (Aparte.) ¡Ay, si pesca el pollo! (Vase segunda izquierda.)
MANOLO: Esta chica está azará, y tardar tanto en abrir... (olfateando.) Bueno, no me'cabe duda, aquí huele a tabaco... ¡Aquí han fumao!... ¿Y quién habrá echao este humo, porque si mi mujer ha salió a las dos .. pero si ha salió a las dos, cómo estaba a las cuatro en el balcón con uno de pelo rizao?... (Dando un puñetazo sobre la mesa.) ¡Ay, Manolo, Manolo, que paece mentira que con lo que tú has fantasmoneao y has presumido, venga ahora una mequetrefa y te... ¡maldita sea! Porque, claro, esto no son celos, ¡qué van a ser celos!... A mi no hay hembra en este mundo que me haiga hecho menear una pestaña, ahora que... naturalmente, se trata de mi mujer y no me da a mí la gana que haga una locura y luego resulte que ande un sinvergüenza por el mundo riéndose a mi costa. ¡Primero, migas! Y luego que he recibido esta tarde un anonimito que es pa ponerle los pelos de punta a un jarrón de Sevres. (Leyendo.) «Manolo: No vayas esta noche a cenar a tu casa, pues hay convidaos y tién callos.» Y unido esto a que mi mujer no está, a que la criada tarda en abrirme, al humo, al... (Se queda de pronto mirando al suelo con espanto.) ¡Mi madre!... ¡¡Una colilla de puro!! (se agacha y la coge.) ¡Rediez!... ¡Ciertos son los toros!... es decir, qué digo yo!... ¡Maldita sea! Porque mi padre no fuma; mi suegro, pitillos y pocos, de forma que esto... (Vuelve a fijarse en el suelo.)
CONESA: (Asoma la cabeza con piecaución tras el portier de la puerta segunda izquierda. Aparte.) ¿Pero qué hace este hombre que no se va?
MANOLO: ¡Rechufla! ¡Otra! (La coge.)
CONESA: ¡Está recogiendo colillas!
MANOLO: ¡Y de puro también!.., ¡ay, Manolo!.. Y aquí la sortija. (La coge.) Partagás.» ¡Vuelta de abajo! ¡Dios mío, de abajo! ¡Y hay que ver lo apuradas que están!
CONESA: ¡Más apurao estoy yo!
MANOLO: Y tres de pitillo... (Las coge.) Pues el que haya sido ha estao un ratito. ¡Una visita de dos puros!.. ¡y los ratos que habrá estao sin fumar, que es peor! (Da un puñetazo en la mesa.)
CONEA: (Asustado.) ¡Regaita! (Se oculta.)
MANOLO: ¡Bueno, esto no lo aguanta el hijo de mi madre! Hoy mismo averiguo yo quién ha expelido este humo y el que sea se lo traga otra vez... Ahora que pué que no lo pueda echar por las narices, porque ya no disponga de ellas. Yo guardo estas colillas pa que no me lo niegue... (Las envuelve en un papel.) ¡Y esta era la que me quería! ¡Sí, sí, quería! ¡Como todas! ¡Y lo que más me puede es tanto llorarme antes porque faltaba a dormir y de repente estoy dos noches aposta sin parecer y no me dice ni media palabra. ¿Es eso interés por un marido ni es ná? En cuanto venga, yo le juro, ¡maldita sea!... porque como yo viese lo más mínimo... (Llaman.) ¡Ella!... Ya era hora, desde las dos. Udosia, que han llamao.
EUDOSIA: Voy, voy. (Sale, va a abrir.)
MANOLO: (Con creciente impaciencia.) ¿Es la Señorita?
EUDOSIA: Sus papas de usté.
MANOLO: (Sin poder contener un gesto de contrariedad.) ¡Todavía no! (Mirando el reloj.) Pos sí que... ¿pero dónde podrá estar esa mujer a estas horas? (Pasea agitado.)