16
“Donald”
Verla, después de tanto tiempo, fue esa descarga eléctrica que necesitaba para volver a sobrevivir. Entrar a la casa, donde desarrollamos nuestra historia de amor, era sentir esa tranquilidad que hace meses se me había arrebatado.
–Donald. –Dijo la más hermosa voz interrumpiendo mi pensar. Volteé a verla–. Por favor, Donald, quiero saber… necesito saber qué sucedió. -Asentí.
–Prométeme que después de esto no volveremos a hablar de aquello.
–Lo prometo.
–Está bien.
“Esa noche mientras esperaba afuera de tu casa, me puse a pensar en todas las cosas que podríamos hacer desde entonces, estaba feliz porque finalmente seriamos solos tú y yo.
Estaba embelesado con mis pensamientos cuando sentí tus gritos. Me preocupé y no dudé un segundo en entrar a verte, no me importaron las consecuencias.
Cuando ingresé a tu habitación y lo vi sobre ti despojándote de tus ropas, comencé a ver rojo. Quería matarlo, Annabelle. Lo peor es que lo presentía, presentía que ese hijo de puta abusaba de ti, lo que no sé es desde cuándo. –Miró hacia mí esperando que dijera algo. Callé.
No sé si recuerdas el cómo comenzó la discusión o si te fijaste de dónde sacó el arma, pero al momento de observar cómo te apuntaba con el arma y cómo la bala atravesaba tu cuerpo, me derrumbé, creí morir en ese instante. Me tomó un par de segundo despegar mi vista de ti y para cuando reaccioné, me lancé sobre él, forcejeamos, nos golpeamos sin piedad y en un descuido me disparó a mí también, no sé si era por causa de la ira que no sentía dolor en el cuerpo, seguí golpeándolo mientras me desangraba, lo golpeé y golpeé hasta que sentí mis nudillos entumecidos. La verdad no recuerdo muy bien en qué momento se invirtieron los roles, solo sé que de un minuto a otro era yo quien me encontraba sobre él… en un arranque de locura y aprovechando su inconsciencia, tomé el arma y lo apunté con ella, no me detuve ni un segundo a pensar en que estaba a punto de matar a alguien, estaba en shock, cegado por la furia, no veía nada más que tu cuerpo tiñéndose de ese rojo escarlata, tenía clavada esa imagen en mi mente… me sentía débil… estaba al borde de la inconsciencia yo también así que cegado por rabia le disparé, ¿Dónde? Realmente no lo sé, ni siquiera supe si le di o acaso lo asesiné. Perdí la consciencia. –Se silenció por unos segundos y luego continuó.
Para cuando reaccioné, ya habían pasado varios días, yo me encontraba en un hospital, con una señora que se hizo llamar mi madre y cuya mano apretaba fuerte la mía. Desperté sin memoria, sin pasado, sin alusión ni siquiera para recordarla a ella. No supe nada más. Nunca quise averiguar qué me había pasado realmente, nunca sentí necesidad o falta de algo hasta que leí tu nombre en el diario internacional donde dieron aviso sobre tu recuperación.
Automáticamente recordé quién eras y lo que habíamos vivido juntos, y sin dar aviso me vine hasta acá en busca de ti. A recuperarte, a ver si no era tarde aún para amarte. Rezaba para que no te hayas olvidado de mí y estuvieras esperándome. ¿Lo haces?”