11
–Vuelve conmigo, Anna. –Repitió Donald millones de veces en ese lugar.
–Te he dicho que no. –Respondí-. Además aunque no haya vuelto contigo seguimos juntos ¿Cuál es la diferencia?
–Que a pesar de estar juntos, no es oficial. Quiero poder llamarte mi novia a pesar de que seas una mujer casada.
–Ya dejemos el tema por un momento, Donald. Estamos en una fiesta, sólo quiero beber y emborracharme.
– ¿Segura que es lo único que quieres?
–No, también quiero drogarme.
–Odio que lo hagas. –Bufó molesto.
–Yo también odio que tú lo hagas pero aun así sigues haciéndolo.
–Hagamos un trato.
– ¿Cuál?
–Si yo no me drogo, tú tampoco lo harás.
–Imposible, es la única manera de soportar a Damián en las noches.
–No lo nombres que aun quiero asesinarlo.
–Pero no lo harás. Ahora cambiemos de tema.
–Ya, volvamos a lo del trato.
–No hay trato que valga, Donald. Yo no dejaré de drogarme mientras esté casada. Punto final.
– ¡Por la mierda! ¿Por qué eres tan terca, Annabelle?
–No lo hago de terca, lo hago solamente para poder llevar bien mi matrimonio. Y por favor, no quiero hablar más del tema, Donald. Tú y yo estamos juntos otra vez.
–Si lo sé. Es solo que hace ya varios meses nos “reconciliamos” en tu habitación pero aun así no quieres volver conmigo.
– ¿Tan importante es para ti?
–Sí, sí lo es. –Estaba a punto de responderle algo cuando unas personas nos interrumpieron.
–Bouffart. –Volteó hacia quien le hablaba.
–Ross. –Sonrió-. Viniste.
–Por supuesto, amigo. –Le dijo mientras se abrazaban y daban golpecitos en la espalda-. Y
no vengo solo.
– ¿No?
–No. Hay alguien que tenía muchas ganas de verte.
–No me digas que…
–Por supuesto, amigo mío, ella vino conmigo. – ¿Ella? ¿De quién demonios están hablando?
Los celos empezaron a invadirme cuando una morocha comenzó a aproximarse, lanzándose a los brazos de Donald.
–Cariño, tiempo sin verte. –Comentó él mientras la estrechaba contra su cuerpo.
–Lo sé, hermoso. ¿Cómo estás? –Preguntó coqueta.
–Ahora que están ustedes aquí, estoy mucho mejor.
–Me alegro. Te he extrañado demasiado. –Confesó ella acariciándole la mejilla.
–También yo. Me has hecho mucha falta. –Él tomó su mano y la besó.
–Me imagino. – ¿Quién mierda es esta tipa? ¿Por qué habla con tanta familiaridad con MI hombre? La cólera iba aumentando.
–Los dejo solos. –Comenté y me fui de ahí más que molesta.
Me aparté de ese grupo y busqué un lugar un poco solitario. La casa de Claude, el amigo de Donald, estaba a rebosar. Gente bebiendo, bailando, drogándose, estaba por todo el lugar.
Eso era lo que yo necesitaba, una buena dosis de drogas y alcohol.
Comencé a recorrer la casa buscando una habitación vacía. Abría y abría puertas y todas estaban ocupadas. Una pareja follando en una; en otra un dormitaba un hombre inconsciente por el alcohol; otra estaba con llave.
Cuando encontré un cuarto a solas, acerqué una mesita que se encontraba allí y empecé a dibujar una línea con tan deseado polvito blanco que me llevaba a la luna. Estaba comenzando a inhalarla, cuando una voz más que familiar me interrumpió.
– ¡¿Qué mierda haces, Annabelle?! –Gruñó furioso.
–No sé para qué preguntas si ya lo estás viendo, Donald. –Respondí sin siquiera voltear a mirarlo.
– ¿Estás loca? Deja eso. –Puso su mano sobre la mesa y lanzó el polvillo lejos.
–Pero, ¡¿Qué haces?! –Grité-. ¿Por qué no te vas a joder a esa otra mujer?
– ¿De quién hablas?
–De la tipa a la que llamaste cariño mientras te lanzabas a sus brazos.
– ¿Hablas de Amy?
–Con que se llama Amy. –Dije con voz despectiva, cruzándome de brazos-. ¿Con ella me fuiste infiel?
–No sabes las estupideces que estás diciendo.
–Respóndeme, Donald, ¿Fue con esa tal Amy con quien te revolcaste? –En ese momento la puerta se abrió.
–Yo… Lo siento no quise interrumpir –Dijo la misma mujer que estaba con Donald hace unos momentos.
–Amy, ven acá. –Llamó Donald. Ella se acercó lentamente a nosotros–. Amy, ella es Annabelle, mi novia. –Nos presentó tomándome de la cintura. Acercándome a él.
–Un gusto. –Dijo Amy ofreciéndome su mano en modo de saludo.
–Annabelle, ella es Amy, la esposa de Dave.
–Oh. –Me sentí como una tonta después de eso–. Yo creí que… tú y Donald… yo… Lo siento.
– ¿Creíste que Donald y yo teníamos algo? –Inquirió, divertida.
–Sí. Los vi tan cariñosos que pensé tú eras… No importa.
–Amy es mi mejor amiga desde la infancia, Anna.
–Lo siento en verdad.
–Descuida. Los dejo solos para que hablen. –Asentimos.
–Jamás vas a olvidarlo, ¿verdad? –Preguntó en voz baja soltándome la cintura.
– ¿De qué hablas?
–De mi infidelidad.
–He tratado, Donald. Te juro que he tratado, pero me cuesta.
– ¿Cuántas veces debo decirte que lo lamento, que lo que sucedió esa noche no se va a repetir?
–No lo sé. Me estoy comportando como la niña chica que soy y tú no te mereces esto. Mis celos se están volviendo cada vez mayor, la duda me invade. Esto ya no puede seguir así, no puedo hacerte esto.
– ¿Y qué es lo que quieres?
–Que dejemos esto hasta acá.
–No, Annabelle.
–Nos está haciendo daño, Donald, yo te estoy haciendo daño.
–Olvídate de eso porque no va a suceder. Olvidaremos esa sugerencia y saldremos adelante juntos.
–Eres un terco masoquista.
–No te imaginas cuánto, mi amor. –Se acercó a mí y comenzó a besarme desesperadamente la unión entre mi hombro y mi cuello.
–No puedo creer que estés pensando en eso con todos tus amigos en el piso de abajo. – Comenté riendo juguetonamente al descubrir sus intenciones.
–Pues créelo.
Me acorraló a la pared y empezó la acción. Nuestra ropa estaba tirada por toda la habitación mientras que nuestros cuerpos estaban pegados debido al sudor moviéndose sincronizadamente. Una vez más me hizo suya. Esta vez fue ahí, en esa misma pared.
Desesperado por meterse en mi interior que no quiso perder tiempo llevándome a la cama.
Jamás nos cansábamos de esa muestra de amor. Nos sentíamos completos y como si nada a nuestro alrededor existiera. En sus brazos no había dolor, no existía Damián, ni el sufrimiento, ni adicciones. Sólo él y yo, viviendo nuestra historia romántica.
–Sé que me estás ocultando algo, Annabelle, pero si no quieres decírmelo está bien. –Dijo acariciándome la espalda mientras estábamos tumbados en la cama tras nuestro tercer asalto sexual. Yo con mi cabeza sobre su pecho desnudo.
–Te lo diré, Donald. Sólo que no hoy, no ahora.
–Está bien. No te presionaré más con eso. –Besó mi sien.
–Creo que será mejor que nos vistamos. Ya hace un par de horas que desaparecimos y tus amigos deben estar preguntado por ti.
–Sí.
Nos besamos por última vez antes de empezar a cubrir nuestros cuerpos con la ropa correspondiente de cada uno.
Salimos del cuarto cogidos de la mano directamente hacia donde se encontraran Dave y Amy. Le debía una disculpa a ella.
–Dave, Amy. –Ambos voltearon–. No tuve la oportunidad de presentarles a Annabelle, mi…
–Novia. –Dije completando la frase y dándole, al mismo tiempo, la respuesta a esa pregunta que tantas veces me hizo.
–Exacto. Mi novia. –Sonreímos.
–Un placer, Annabelle. –Dijeron ambos.
–Igualmente. –Estrechamos nuestras manos en forma de saludo.
–Anna, ¿Quieres algo de beber?
–Un vodka naranja estará bien, Donald.
–Enseguida. Dave, ¿Me acompañas?
–Por supuesto. Amor, ¿tú quieres algo?
–Lo mismo que Annabelle, Dave.
–De acuerdo. –Le dio un corto besos sobre los labios antes de salir en busca del trago.
–Ahora vuelvo. –Susurró Donald en mi oído–. Esta es tu oportunidad. –Me dio un cachete en el trasero para darme impulso y se fue a la barra acompañado de Dave.
–Se ve feliz. –Comentó Amy de la nada.
– ¿Disculpa?
–Que se le ve más feliz a Donald. Se nota que te ama mucho.
–Lo sé. –Silencio–. Amy yo… quiero pedirte perdón por lo de hace un rato.
–No te preocupes. Yo fui demasiado efusiva con él, era obvio que pensaras que yo era esa mujer.
– ¿Sabes de ella? –Pregunté abriendo los ojos.
–Donald y yo no tenemos secretos. En cuanto cometió ese error me llamó para contarme y pedirme alguna especie de consejo. Está arrepentido de verdad.
–Lo sé. Es solo que me da miedo perderlo.
– ¿Por ser menor de edad?
–Sí. Aún sigo creyendo que él necesita a una mujer y no a una nena como yo que encima está desposada con otro hombre.
–Sí, también estoy al tanto de eso. ¿Por qué no te fuiste con él cuando te lo pidió?
–Por miedo. –Reconocí.
– ¿A qué?
–A que mis papás comenzaran a buscarme y al momento de darse cuenta que yo me había ido con otro hombre, simplemente lo mandaran a prisión por llevarse a una menor de edad.
– ¿Crees que habrían hecho eso?
–Estoy segura. Son capaces de eso y mucho más.
–Es horrible.
–Más de lo que te imaginas. Para ellos, enamorarse o involucrarse con alguien de sociedad inferior es el peor pecado del mundo. Para mis padres, el dinero es más importante que todo, incluso más importante que la felicidad de su única hija.
–Lo siento mucho.
–Yo lo siento, no debí comportarme así con él, ni decir esas cosas sobre ti.
–Ya olvida todo eso. Fue un malentendido, eso es todo. –Dijo sonriente.
–De acuerdo.
En ese instante llegaron Donald y Dave y proseguimos con la fiesta. Fue una noche divertida la verdad. Creo que aprovechar así estos momentos, mientras Damián anda en sus viajes de negocio sirve de mucho.
Nos la pasamos toda la noche compartiendo, bebiendo de vez en cuando. Donald no se separó de mí en toda la noche, puesto que quería asegurarse que no ingiriera ningún tipo de droga.
Amy y yo nos hicimos muy amigas, hablamos de muchas cosas y nos conocimos bastante bien. Es bueno tener a una mujer casi de tu edad con quien hablar. Teníamos varias cosas en común. A Donald le encantó que su novia y mejor amiga se llevaran bien. Dice que debemos comenzar a salir los cuatro, en algo así como una cita doble. Nada mal.
La fiesta concluyó y la luz de la mañana ya comenzaba a asomarse por las ventanas. El alcohol en nuestro organismo no era excesivo pero tampoco escaso.
El sueño empezó a invadir nuestros cuerpos y sin energía para algo más que descansar, buscamos una habitación y nos tiramos a dormir.
–Te amo, Donald. –Susurré cansada acurrucándome a su cuerpo buscando su calor corporal.
–También te amo, Annabelle.