Algernon Blackwood
EL CAMPAMENTO DEL PERRO
(1908)
A finales del siglo XIX, el mito del hombre-lobo estaba plenamente consolidado en la moderna ficción literaria, e incluso contaba ya con su pieza maestra —la novela The Werewolf (1890) de la inglesa Clemence Housman— antes de que el vampirismo lograra otro tanto con Drácula. A ello contribuyó sin duda la incorporación de escritores de más fuste, como es el caso de Algernon Blackwood (1869-1951), el reputado y prolífico autor británico cuya voluminosa obra (más de 150 cuentos) incluye esta pequeña joya titulada «The Camp of the Dog», que ahora se traduce por vez primera al castellano.
El episodio forma parte de su volumen John Silence, Physician Extraordinary (1908), donde Blackwood pretendía sistematizar sus conocimientos sobre esoterismo y sus propias experiencias paranormales, pero acabó escribiendo las aventuras de un investigador de lo oculto (mezcla a partes iguales de teósofo, ocultista y psicoanalista con el típico detective holmesiano) que es solicitado en diferentes partes del mundo para resolver ciertos problemas de índole sobrenatural, a la manera del profesor Hesselius de Sheridan Le Fanu, y prefigurando a otros ilustres «vigilantes del Más Allá» (en palabras de Fernando Savater) como el profesor Challenger de Conan Doyle, el cazafantasmas Carnacki de William H. Flodgson o el doctor Jules de Grandin de Seabury Quinn, entre otros muchos.
Aunque la intervención del doctor Silence confiere a la trama una estructura detectivesca convencional —llamado por un amigo, acude a una isla báltica, en apariencia desierta, donde un grupo de campistas se enfrenta con una presencia desconocida—, la maestría con que Blackwood va dibujando una inquietante atmósfera espectral, su habilidad para describir sensaciones y percepciones que evocan una visión sobrenatural de la realidad, y los originales ingredientes que introduce en un tema que ya empezaba a estar muy manido, convierten al relato en una importante aportación a la mitología del hombre-lobo. Por vez primera en una obra de ficción aparece explicitada la profunda preocupación de los estudiosos medievales por la naturaleza misma de la transformación y su verosimilitud. Sólo que Blackwood les da una respuesta moderna: Silence justifica el cambio introduciendo los conceptos de «estados de conciencia ampliada» y de doble o cuerpo astral proyectado que puede hacerse visible a los demás, y asimismo explica convincentemente cómo se infligían las heridas que luego aparecerían en los pretendidos licántropos. Y para rizar el rizo, quizá rememorando alguna agradable experiencia personal, utiliza el hachís como elemento revelador mediante el cual el observador puede identificar al licántropo en su forma humana.