capitulo XI
JASON tenía que reconocer que estaba impresionado. La casa había sufrido una verdadera transformación y la fiesta era todo un éxito, por lo que parecía. Había llegado a la ciudad dos horas antes, tiempo suficiente para tomar un baño, afeitarse y cambiarse. Estaba cansado del viaje, de las discusiones y de las negociaciones, lo suyo no era la política sino el mar y tanta palabrería le hastiaba. Pero no hubiese faltado a la cita por nada del mundo. No dejo que Teo se separase de él ni un instante, es más a partir de ese momento se alojaba en su casa. El viaje con el joven francés había sido más que instructivo, no pudo evitar sonreír, pero en ningún caso le dejaría compartir el mismo techo que Alex. Aunque ahora Teo no era el principal problema. Durante el trayecto hasta la fiesta Phil le había puesto al día de los acontecimientos ocurridos en su ausencia, y la presencia de Longtown le hacía considerar la situación desde otro ángulo. Gracias a Dios, él no estaría en la fiesta de esa noche y podría hablar con Alex con calma, sin enfados ni emociones fuertes.
La casa del viejo Anderson estaba irreconocible, tenía que admitirlo. La pintura y las cortinas más claras, las nuevas cristaleras, los muebles más ligeros... daba la impresión de que la casa era más grande y amplia. Una casa donde podía respirarse tranquilidad y paz, pero sobre todo una casa toda elegancia, a la última moda que, con toda seguridad, impresionaría a la buena sociedad neoyorquina. Multitud de candelabros lo iluminaban todo, flores de colores cálidos adornaban cada rincón, las nuevas cristaleras del jardín estaban cerradas para evitar que entrara el frió de la noche de octubre pero dejaban ver un jardín arreglado e iluminado para la ocasión. Ya no había pesadas alfombras, ni pinturas sombrías, los invitados habían llegado casi en su totalidad y hablaban animadamente entre el salón y la sala de baile. Nuevos criados pululaban de un lado a otro ofreciendo copas de champaña y en la sala de baile se preparaban los músicos. Era evidente que Alex sabía lo que hacía, y por algún motivo eso le molestó ¿Quizás hubiera preferido que se comportase como una niña inocente e inexperta? No podía negar que se sentía orgulloso de ella pero el hecho de que fuese una entendida en fiestas mundanas no le tranquilizaba demasiado.
Al fin la divisó. Alex estaba junto a la escalera con Morris, saludando a los últimos invitados en llegar. Estaba preciosa, su pelo rojo relucía a la luz de las velas, lo llevaba recogido con una cinta plateada en la que brillaban pequeñas flores artificiales al estilo romano. Llevaba el traje rosa claro con bordados plateados en los bajos que se había puesto el primer día en el barco. Sin embargo había una diferencia, y Jason no tardó en descubrirla. Si en el barco su pecho estaba cubierto de forma recatada por una gasa cruzada sobre el mismo, ahora la gasa se cruzaba justo debajo dejando al descubierto más de la mitad de los encantos de Alex, unos encantos que Jason adoraba pero que no quería mostrar al público neoyorquino.
Dio un paso dispuesto a sacarla de allí a rastras si era necesario y arrancarle ese vestido indecente, de hecho la idea de arrancárselo le produjo una agradable descarga que le recorrió todo el cuerpo desde la nuca hasta los pies, por toda la columna vertebral. Pero se detuvo, Teo se le había acercado y le saludaba efusivo. Le abrazó sin tapujos, era más que evidente que Alex se alegraba de verlo, se le había iluminado el rostro y le cogió las manos con cariño. Ahora que sabía que su boda no era más que una farsa, un plan desesperado para hacerse con la herencia del viejo Anderson, y que nunca habían tenido intenciones de consumar el matrimonio, no le molestaban tales efusiones. Teo había tardado en hablar, fue necesario que Phil y Jason se empleasen a fondo, primero lo emborracharon la noche de su partida, y cuando esto no funcionó, lo colgaron cabeza abajo sobre el río Hudson, dispuestos a dejarlo caer si no hablaba. El muchacho había mantenido el tipo y salvado su honor, solo habló cuando Phil soltó su pierna izquierda y quedo suspendido de la derecha, que era la que sostenía Jason, el más borracho de los 3. Juró y perjuró, ya a salvo sobre el puente, que jamás la había tocado, que la quería como a una hermana y que si se prestó a la farsa fue para no dejarla viajar sola, a lo que estaba dispuesta y que hubiera sido una locura. Luego amenazó a Jason con partirle los dientes si le hacía el menor daño, se tambaleó y cayó al suelo inconsciente. No se despertó hasta el día después por la tarde y nadie volvió a sacar el tema.
Alex estaba encantada de ver a Teo. No se había dado cuenta de cuanto lo echaba de menos hasta que lo tuvo delante, vestido de etiqueta. Estaba mucho más moreno, delgado y elegante. Ya no se parecía demasiado al jovencito que había viajado con ella desde Paris a le Havre, sino a un hombre hecho y derecho. Le abrazó y le hizo mil preguntas, cómo había sido el viaje, qué había hecho, si había comido bien, si le habían tratado bien, si estaba herido... ante esta pregunta Teo lanzó una buena carcajada, asegurándole que nadie le había maltratado y que le había gustado mucho Washington, el viaje había sido muy instructivo e interesante pero no había conseguido que se interesase por la navegación, lo suyo seguía siendo los vinos. Todos los invitados habían llegado ya y Alex se dio cuenta de que las miradas estaban fijas en ellos dos, eran la atracción del momento.
—No sabes lo preocupada que me tenías — Dijo finalmente llevándolo hacía una esquina donde pudieran hablar con tranquilidad, tenía que hacerle mil preguntas sobre su viaje, sobre Jason.
—He estado perfectamente, Alex, he de decirte que hablé con...Por el amor ¿de Dios, de donde has sacado este traje? — La visión de su escote había cortado cualquier amago de conversación. Era imposible mirarla como a una hermana vestida así.
—OH, es lo que la pobre Olivia llamaba "artillería pesada" Esto es la guerra Teo, o no sabes que Jason dejo aquí a Phil para vigilarme y que...
—Es de Jason de quien quiero hablarte — No pudo evitar otra mirada al escote — Alex esto no es artillería es guerra sucia, y vas a causar un incidente diplomático... pero lo que yo quería decirte es que la noche de mi partida, me emborracharon y...
—¿¿¿Te emborracharon???? — Ahora estaba indignada, y cuanto más indignada estaba más se le bajaba el escote para gran escándalo de Teo — sabía que harían algo así...
—Eso no es importante — Hizo un gesto de impaciencia — el caso es que cuando me colgaron del puente por los pies...
—¿¿¿QUE??? — Le agarró fuertemente de la manga para obligarle a mirarle a la cara y que le explicase de qué demonios estaba hablando.
—Creo querida que deberías soltarle el brazo, estas dando un espectáculo — Jason — Y por otro lado, deberías acostumbrarte a hablar en inglés, es de muy mala educación y al fin y al cabo es tu lengua materna.
Estaba más guapo que nunca. Por primera vez lo veía vestido de etiqueta, el negro le quedaba bien, demasiado bien, tenía un cuerpo magnifico se pusiese lo que se pusiese. Se había acercado sin que se diese cuenta, lo que no era difícil porque Alex estaba completamente metida en su conversación con Teo y los músicos habían comenzado a tocar una melodía suave para acompañar el aperitivo hasta la cena. Bebía una copa de champaña y le sonreía sardónicamente. Alex fue a decir algo pero comprendió que tenía razón. Hasta ahora no se había dado cuenta pero siempre hablaba con Teo en francés, le parecía lo más natural puesto que siempre se habían comunicado en ese idioma y el inglés de Teo no era demasiado bueno. No se había planteado si los demás le entendían o no, lo que en si ya era una gran falta de educación. Jason había viajado por todo el mundo y tenía una cierta formación, por fuerza tenía que hablar francés o al menos entenderlo. El solo hecho de que la hubiese pillado en falta le molestó tremendamente. Gracias a Dios no tuvo que contestar, Byron se acercaba con una bandeja de bebidas.
—¿Una copa de Champaña, Capitán Neville?
—Gracias viejo — Cambió su copa vacía por una llena pero no pudo dar ni un sorbo, casi se atraganta al ver el uniforme del pobre anciano. Era de un color rojo fuerte, casi bermellón, llevaba polainas y una camisa con chorreras y encajes. Tanto Jason como Teo tuvieron que hacer esfuerzos sobre humanos para no romper a reír. El anciano en cambio, no varió de expresión
—¿Pero que llevas puesto, Byron?
—El nuevo uniforme de la Señora
Ambos miraron a Alex sorprendidos, esperando una explicación, pero ella no movió un solo músculo de su cara, es más, imperturbable y sonriente cogió una de las copas de champaña de la bandeja del mayordomo y bebió con despreocupación mirando al resto de sus invitados.
—En esta casa no se admite la traición ni el motín.— Les sonrió con la mayor dulzura del mundo.
—¿Motín?
—La próxima vez que haya una confrontación en esta casa, véase un rapto, Byron sabrá de qué lado ponerse ¿No es verdad Byron?
—Sin lugar a dudas, Señora, mi lealtad estará siempre con la familia Anderson
—Gracias Byron
—Permítame decirle, Señora, que ha heredado usted el carácter de su difunto abuelo
—Siga por ese camino Byron, presiento que vuelve a gustarme el negro para su uniforme
El mayordomo se alejó y los tres rompieron a reír divertidos rompiendo la tensión de unos momentos antes.
—Eso ha sido cruel y mezquino — Le dijo Teo ya utilizando el inglés lo que no pasó inadvertido para ninguno de sus interlocutores.
—Pero querido, hay que cortar la insubordinación desde la raíz — Le contestó Alex en el mismo idioma. No deseaba volver a pelearse con Jason, y esa simple concesión arrancó del capitán una deslumbrante y sincera sonrisa que le llegó al corazón. Esa sonrisa consiguió que una extraña calidez la invadiera por completo, una calidez muy agradable.
El ambiente se había distendido y pudieron hablar durante unos minutos del viaje a la capital y de las transformaciones realizadas en la casa. Alex estaba contenta, le gustaba hablar con Jason sin tener que discutir, le gustaba tener a Teo a su lado y le gustaba que la fiesta fuese un éxito. Por una vez se sentía la protagonista y se sentía guapa. El vestido era muy atrevido pero le quedaba bien, todo era perfecto. Jason le presentó a diversas personas, había conocido a tanta gente esa noche que apenas si había podido retener unos cuantos nombres en su cabeza, pero daba igual, estaba feliz. Jason se las ingenió para apartarla del último grupo, Teo había desaparecido y ella estaba perdida en sus inmensos ojos negros. Hasta podía oír campanillas y violines, estaba en la gloria y nada podía estropearlo.
—¿Que hace él aquí? — Nada excepto Paul, por supuesto. Toda la dulzura había desaparecido de la voz y el rostro de Jason.
Alex se volvió inmediatamente, asustada. Paul acababa de llegar, estaba realmente guapo de etiqueta. Su pelo rubio brillaba y estaba perfectamente peinado, su maravillosa sonrisa perfecta y blanca plantada en la cara. Alex maldijo para sus adentros, se había olvidado de él por completo y ahora no quería que apareciese. Era más que obvio que Jason no le apreciaba y no lo quería allí. Estaba dispuesto a echarlo y Alex se vería obligada a darle una explicación. Se armaría un escándalo y el encanto del momento quedaría roto. Lo que en un principio le pareció muy divertido ya no lo era tanto. Ya no divertía nada enfadar y dar celos a Jason, se encontraba tan bien hacía solo unos minutos que ahora se tachaba de estúpida.
—Le invité yo — Intentó explicarle conciliadora sujetándole el brazo para que no fuese a su encuentro, ante la mirada dolida y acusadora de Jason se vio obligada a continuar — Ha venido a visitarme todos los días de la semana pasada y era el único de mis capitanes que no estaba en la lista...
—No fue un olvido, lo excluí expresamente — Que lo confesara sin ningún tipo de remordimiento le molestó.
—Pues no tenías derecho — Se sintió en la obligación de defender a Paul — Ya sé que no estáis en los mejores términos pero...
—¿Los mejores términos? — Río irónico — Esa es una forma muy educada de decirlo, querida. Longtown y yo nos tenemos declarada la guerra, es un ladrón y un sinvergüenza y si me lo encuentro en alta mar no dudare en hundir su barco
—Por el amor de Dios— No pudo evitar exclamar exasperada — Sois como críos dispuestos a pelearos en cualquier momento, pues no será esta noche ni en mi casa, hoy es mi invitado, es uno de mis capitanes, y solo por eso espero que te comportes
—Alexandra — le dirigió una mirada asesina — No con Longtown
Alex tomó aire intentando mantener la calma. No le gustaban las amenazas. Si solo Jason se lo hubiese dicho de otra forma...pero no, él daba por supuesto que su interés en Paul tenía que ser, por fuerza, amoroso, del todo frívolo, y por ello le prohibía que coquetease con Longtown y no por que estuviese enamorado de ella sino por puro orgullo, Paul era su enemigo. Además, ¿por qué demonios tenía que suponer que iba a coquetear con Paul o con cualquier otro? ¿Creía que era como una perra en celo, incapaz de estar con un hombre sin coquetear? ¿Por qué no podía ser simplemente su amigo? ¿Esa era la confianza que tenía en ella? Aquel hombre era exasperante.
—Me gusta Paul, me cae bien y me hace reír, vuestros problemas podéis solucionarlos en el mar pero no en el salón de mi casa. Ahora suéltame el brazo he de ir a saludarlo.
Paul la vio acercarse con el rostro crispado. Adivinando lo que había pasado se disculpó e intento entretenerla, presentarle a nuevas personas y hacerla reír. Pero ya nada era igual, Alex solo podía pensar en Jason, en la discusión que habían tenido y en los momentos anteriores a la misma. Intentaba sonreír pero no lo conseguía, podía notar los ojos de Jason fijos en ella e incluso empezó a sentirse incomoda con su escote. De todas formas no podía recomponérselo allí frente a todo el mundo, así que intento calmarse, pero no lo consiguió. No podía entender como Jason tenía tal ascendente sobre ella, una simple discusión y ya le había estropeado una fiesta perfecta.
No tardaron en pasar a la mesa, la cena fue todo un éxito, y todo el mundo la felicitó por su gusto y su organización. Sin embargo no pudo ni agradecer los piropos, ni siquiera esbozar una verdadera sonrisa. Jason tenía los ojos clavado en ella. No comió nada y estaba segura de que después de la cena tendría que retirarse al retrete si no dejaba de comérsela con la mirada. Además estaba enfadado, era más que evidente, incluso Teo se acercó a preguntarle que le había hecho a Jason para que le cambiara tanto el humor. Fantástico ahora era su culpa que ese troglodita no supiese comportarse en sociedad y que tuviese celos de todo bicho viviente que llevase pantalones. Hasta el pobre Paul estaba incómodo y eso empezó a hacerle sentir muy mal y a disgusto.
Tras la cena empezó la música y el baile. Alex hubiera dado cualquier cosa por retirarse a su dormitorio, pero no podía hacer eso puesto que era la anfitriona. Primero bailó con Morris y luego con Teo, más tarde con el juez Whitewater y con un caballero bajito cuyo nombre no recordaba y que no apartó un instante la vista de su escote, lo que no era difícil puesto que su nariz quedaba a esa altura ¿Por qué Jason no la invitaba a bailar? ¿En qué pensaba esa calamidad de hombre? Pero no fue Jason si no Paul quien le pidió el siguiente baile. Aquello era pura provocación y Paul lo sabía, Alex no podía negarse sin dar algún tipo de explicación puesto que estaba en compañía del Juez Whitewater y de su esposa y el enfado de Jason no era una explicación valida en sociedad así que se vio obligada a aceptar, pero no por ello dejo de lanzarle a su acompañante silenciosos reproches.
—¿Cree usted, Alex, que esa es forma de mirar al Capitán más guapo de todo Nueva York?
—Usted quiere provocar a Jason, Paul, y eso no me agrada — Le costaba seguir el compás de la música
—Cierto, cierto, mi querida Alex, pero también quiero, y no lo dude, disfrutar de ese maravilloso escote... la vista es fantástica — Alex le miro ofendida
—Le prohíbo que hable de mi escote, Paul, y mucho más que lo disfrute o que lo mire — Intentó pararse pero Longtown la arrastró cerca de la cristalera del jardín — Me prometió comportarse
—Y lo estoy haciendo
—¿Puedo saber por qué me ha invitado a bailar? ¿No comprende que empeora las cosas?
—Porque, mi queridísima Alex, esta situación es absurda, ni Neville ni usted darán su brazo a torcer y necesitan ayuda... y esa ayuda, aunque le cueste creerlo, soy yo — Luego sin dejar de sonreírle, como si quisiese comérsela, se le acercó hasta que su boca quedó pegada a su oreja y pudo sentir el roce de la piel de Paul en su pelo — Ahora querida, prepárese y preste atención porque en 10 segundos Neville estará aquí mismo y la va a sacar al jardín... a partir de ahí será asunto suyo.
—¿Qué? — Alex estaba tan asombrada que no sabía que decir — ¿de qué está hablando?— Se apartó desconfiada
—Lo sé, lo sé — puso cara de disgusto — Me estoy convirtiendo en un sentimental, ¿me estaré haciendo viejo? ¿Qué piensa usted?
—¿Pero qué...?
—Desaparece Longtown
Jason no se había podido controlar. Durante toda la cena había sufrido un verdadero martirio viéndola sonreír y hablar con ese imbécil de Longtown. Tuvo que hacer verdaderos esfuerzos para no saltar la mesa y arrancarla de su lado, y no digamos para mantener una conversación civilizada. Por suerte Phil y Teo estaban allí y al darse cuenta de la situación no le dejaron solo ni un instante, llevando en todo momento el peso de la conversación. Pero verla bailar había sido demasiado. Estaba dispuesto a abandonar la fiesta, cuando los vio alejarse hacía la cristalera del jardín, ya no podía contenerse. Sobre todo cuando aquel depravado se acercó a ella hasta tocarle el cuello con intenciones de besarla. Pero ¿de dónde habría sacado aquel condenado traje? La respuesta era evidente, del burdel donde trabajaba en Francia. Le iba a dar una apoplejía.
—Jason, amigo mío
—No soy tu amigo y si no quieres que te rompa la cara y de un escándalo, harás lo que te digo: desaparece, ahora mismo.
Paul se marchó haciendo una inclinación de cabeza en dirección de Alex y sin dejar de sonreír significativamente. Una vez a solas, Jason la agarró por el brazo, y la sacó casi a rastras al jardín, estaba muy enfadado, tanto que echaba chispas por los ojos, tenía las mandíbulas apretadas. Alex podía sentir su respiración acelerada y la tensión que desprendía. No sabía cómo calmarle y le daba miedo, tanto que no se atrevía a decirle ni una sola palabra y mucho menos que le estaba haciendo daño, sus dedos se le clavaban en el antebrazo como verdaderas tenazas y estaba segura de que en solo una hora ya tendría una horrible marca. La arrastró por el jardín hasta encontrar un lugar medio en penumbras y alejado de la visión de los demás invitados. Una vez seguro de que nadie podía oírlos ni verlos, Jason se detuvo, y sacudiéndola la obligó a mirarle a la cara. Hacía frio pero él casi no lo notaban, Alex sin embargo no tardó en ponerse a temblar.
—¿Puedo saber que te ocurre? — Alex intentó deshacerse de su mano, pero Jason no la soltó.
—¿¿A mí??— Jason estaba muy enfadado y el hecho de estarlo le irritaba aún más— ¿Qué diablos te ocurre a ti? ¿Es necesario que te comportes como una furcia con Longtown? ¿Lo has llevado ya a tu cama?
—¿Como...? — Ante aquella vulgaridad era incapaz de articular palabra
—¿Y de dónde demonios has sacado ese traje? Igual daría que fueses desnuda, de todas formas todos los invitados han visto ya tus pechos... — Jason no había levantado la voz, pero su tono era cortante y frío y su mirada había perdido cualquier signo de calidez.
Alex se tapó instintivamente con las manos, se le había helado la sangre al sentir la mirada acusadora y despreciativa de Jason sobre ella, más que el relente de la noche eran sus ojos los que le daban frío. Sabía que estaba enfadado pero no esperaba que fuese tan ofensivo, su traje era atrevido pero no mucho más que el otras jóvenes asistentes a la fiesta. Ciertamente nunca había visto a Jason furioso y esperaba no tener que volver a verlo. Sintió que le picaban los ojos e intento alejarse, no deseaba ponerse a llorar delante de él. No quería darle esa satisfacción. Pero Jason no le dejó, no le soltaba el brazo y cada vez le hacía más daño. Finalmente las lágrimas empezaron a correrle por las mejillas sin que pudiese contenerlas.
—OH, no, no te vas a poner a llorar... — ¿Ese hombre no tenía piedad?
—Déjame, no eres más que un patán maleducado e insensible
—¿Que hay entre Longtown y tú? — Seguía insistiendo pero al menos había relajado la presión sobre su brazo y su tono no era tan duro
—Me estás haciendo daño...
—¿Que hay entre Longtown y tú? CONTESTA— Ahora si estaba levantando la voz
—¡Nada! — Gritó intentando contener las lágrimas que ahora le salían en torrente, en cualquier momento se pondría a hipar — Me sentía muy sola, me ha enseñado la ciudad, me ha hecho compañía y me ha hecho reír... pero nada más. Paul no me interesa de esa manera y él lo sabe, de hecho yo a él tampoco. ¡¡¡El solo quería molestarte!!!
Por alguna extraña razón Jason la creyó, se estaba comportando como un estúpido animal celoso y no le gustaba esa nueva faceta de sí mismo, jamás se había visto así, jamás había perdido el control por una mujer. ¿Qué efecto tenía sobre él? Era como una droga que le volvía loco. Alex temblaba de frio y se frotaba el brazo dolorido. Su cara manchada de lágrimas, parecía una niña pequeña. Solo en ese momento pareció darse cuenta de sus actos.
—Lo siento Alexandra, yo... no quería hacerte daño, no sé qué me ha pasado cuando te he visto en sus brazos yo... — Se pasó nervioso la mano por el pelo negro y desordenado
Alex no puedo evitar sentir como una pequeña llama de calor en el estómago en medio de tanta violencia. Jason estaba celoso, le había hecho aquella escena porque estaba celoso, no había podido evitar perder el control y sacarla a rastras de la sala, porque estaba celoso. Por supuesto debía estar enfadada, se había comportado como un salvaje y le había hecho daño, pero era tan bonito saber que estaba celoso.
—Me has hecho daño, y has dicho cosas horribles, Jason. Bastaba con preguntar de forma civilizada
—Lo siento, yo...— La miro directamente a los ojos, ella tenía razón — Espero que puedas perdonarme, mi comportamiento ha sido deplorable y te aseguro que no volverá a repetirse.
Estaba tan guapo cuando se enfadaba, y tan guapo cuando se disculpaba... Alex no pudo evitar alargar la mano y tocarle la mejilla. El tomo su mano y la apretó contra su rostro, luego la arrastró hasta su boca y la besó. Una corriente eléctrica subió desde la palma de su mano, por el brazo hasta la nuca. Alex no podía apartar sus ojos de él, de su boca, de esos labios anchos y algo ásperos. Deseaba que la besase la boca, no la mano. Jason pareció leer en sus pensamientos porque con un movimiento rápido la enlazó por la cintura y a la atrajo para sí. Al sentir sus labios contra los suyos, Alex perdió la noción del tiempo y el espacio. Le pasó los brazos por el cuello y se pegó contra él, podía sentir sus músculos, su calor, y su miembro endureciéndose. Le había añorado tanto que no podía apartarse de él. Ya no sentía el frio, ni el dolor en el brazo, solo a él.
—Te he echado de menos — Logró articular mientras él le besaba el cuello y le pasaba unas nerviosas pero hábiles manos por la espalda y las nalgas.
—¡¡¡Alexandra querida!!! — La Sra. Whitewater, ¡Maldición!
Alex se separó de un salto de Jason que no pudo evitar un bufido de impaciencia. La pobre Hortense estaba al borde de la apoplejía, había salido a ver si le había pasado algo, su ausencia le preocupaba y se encontraba con semejante escena. Su pobre y viejo corazón no soportaría más sorpresas como aquella. Todo su enorme cuerpo temblaba de indignación ante tamaña falta de decoro y decencia.
—¡Esto es inaudito!
—Vamos Hortense — Río Jason como si nada pasase — Era solo un beso
—Eso, querido Jason, era más que un beso y he de recordarte que el prometido de esta joven está en la fiesta, esperándola
Alex en aquel momento solo deseaba morirse, ¿qué iba a hacer ahora? La Sra. Whitewater era la mayor cotilla de la ciudad, y aunque no lo fuera no tenía por qué callarse, su reputación, si es que le quedaba alguna tras la fiesta, sufriría terriblemente.
—Ah, eso — Jason sonreía como si no pasase nada, era insufrible, ¿no se daba cuenta en qué situación se encontraba Alex? — Mi muy querida Hortense, el prometido de la dama soy yo
—¿Cómo? — Alex había hablado al mismo tiempo que la gorda Whitewater
—Querida Hortense, sé que puedo contar con tu discreción — Debía estar loco Discreción y Whitewater eran palabras que no podían ir juntas en la misma frase — Alexandra y yo nos prometimos en Francia, en Paris, pero evidentemente no podíamos viajar solos en el mismo barco — La había enlazado por el brazo en actitud confidente, dejando a Alex detrás, asombrada y con la boca abierta como un pez.
—Evidentemente — Convino la buena mujer aun no muy convencida y lanzando miradas inquisitivas hacía atrás, buscando la confirmación de Alex
—Pero yo deseaba que viniese conmigo, el amor, Hortense — puso cara de circunstancia bajando los ojos — Nos hace cometer locuras y la convencí para que se embarcara conmigo, la pobre no tiene la culpa, ella intentó hacerme entrar en razón, pero ya sabes que soy muy tenaz
—Eso fue muy inconveniente, Jason — Era evidente que la había ganado para su causa, ya empezaba a mirarlos con indulgencia
—Lo sé, lo sé — Suspiró con falsa culpabilidad — Por eso nos acompañó su primo Teo, para intentar salvar la reputación de mi querida Alexandra, pero el joven está al corriente de todo, nunca hubo engaño
—¿Su primo? Creí que no tenía familia
—Es un primo segundo por parte de madre...de la rama francesa
—¿Pero por qué decir que era su prometido?
—Eso, ¿por qué? — Intervino por fin Alex ya recuperada de la impresión, si no hubiese sido la protagonista de aquella farsa descabellada la hubiera encontrado tremendamente graciosa
—Yo no deseaba que mi tripulación supiese que era mi prometida, cosas del mar Hortense, estoy seguro que lo entiendes — La pobre Hortense no entendía nada pero no estaba dispuesta a reconocerlo — Pero tampoco quería que pensasen que era una mujer sola y su primo estuvo de acuerdo conmigo...
—Es todo tan bonito... — La mujer estaba henchida si es que aquello era posible dadas sus dimensiones — y tan romántico..., ¿Para cuándo es la boda?
—OH, lo antes posible, ¿en unos 10 días?
—¿10 días? — Alex estaba al borde del infarto, aquello iba muy deprisa
—Lo necesario para arreglar lo necesario a nivel papeleo..., Bueno, en cuanto a los demás, Alexandra no podrá organizarlo todo ella sola... por eso pensó en ti, mi querida Hortensia
—¿En mí? — No había marcha atrás la gorda Whitewater ya estaba en el bolsillo de Jason, un halago más y se elevaría flotando pro el jardín
—Alexandra me has hablado maravillas de ti, me ha dicho que te has portado como una madre con ella, y quien mejor que tu...
—OH, OH, OH — La pobre mujer estaba al borde de las lágrimas, se volvió y la beso efusivamente dándole las gracias, y prometiendo discreción los dejo solos para que se recompusiesen — Pero entrad pronto, cogeréis frío y no quiero disgustos... OH, qué bonito, y que emocionada estoy...
Al verse de nuevo solos Alex intentó reaccionar, ¿De verdad pensaba Jason casarse con ella? No, claro que no, ¿Por qué diablos haría eso? Ya la había rechazado una vez, por qué ahora? Él no la amaba, debía haber sido una broma. Pero si era una broma, era muy pesada, Hortense era un diario de cotilleos con patas. Destrozaría su reputación.
—OH, Dios mío, ¿Pero qué has hecho? ¿No te das cuenta? No se quedará callada, se lo contara a todo el mundo y ya no podrás echarte atrás — Intentó explicarle con un hilo de voz
—Esa era la idea, querida — Alex rechazó el brazo que pretendía pasarle por la cintura
—¿La idea? ¿Por qué diablos has hecho eso?
—No me gusta ese lenguaje en mi prometida
—¡Jason!— Alex se puso en jarras exigiendo una explicación, no iba a dejar que se fuese por las ramas.
—Querida, acabo de salvar tu reputación...
—¡¡¡Acabas de comprometerte conmigo!!!
—¿No es romántico?
—No, no lo es — Ahora Alex estaba enfadada — Una petición a la luz de la luna, con flores y violines es romántico...ESTO no es romántico. No me has preguntado mi opinión
—¿No deseas casarte conmigo? En el barco tenías otra opinión... — Por supuesto que lo deseaba, más que nada en este mundo pero no se lo iba a reconocer
—Firmaras el acuerdo?
—Por supuesto que no — El rostro de Jason se endureció
—¿Me amas, Jason? — Se cruzó de brazos
—Por Dios, Alexandra, no seas cría ...— Aquello fue un cubo de agua fría para Alex, sentía que las lágrimas volvían a sus ojos, y no quería llorar de nuevo. Jason no podía haber sido más claro
—Los barcos Anderson — le escupió cuando pudo tragar toda la rabia que le subía por la garganta, era una estrategia perfecta, ahora ella no tenía más remedio que casarse con él, no podía negarse o socialmente estaría muerta, y él no tendría que firmar ningún acuerdo prematrimonial como ella le había propuesto en el barco, todo sería suyo desde el mismo día de la boda — Te casas conmigo por la empresa, una estrategia perfecta, sin acuerdo ni nada, así no podré venderla ni volver a Paris, tú serás el dueño de todo... pero te aseguro Jason que antes hundo todos los barcos Anderson que dejar que tú los controles
El rostro de Jason se habían convertido en una máscara pétrea de desprecio, pero Alex no le dejo tiempo a reaccionar, se dio la vuelta y corrió hacía la cristalera, entrando con paso decidido en la sala de baile. Por un momento no comprendió, estaba demasiado exaltada para fijarse en la actitud de los demás, pero entonces empezó a recibir las felicitaciones de las damas y percibió los cuchicheos de los caballeros. A Hortense le habían bastado 5 minutos para poner al corriente a todo el mundo.
Teo se le acercó y le comentó algo sobre ser el último en enterarse, pero no estaba enfadado sino que sonreía como un idiota, Phil también estaba allí y el Sr. Morris que lloraba y se secaba el sudor de la calva compulsivamente asegurando que el viejo Anderson no hubiese deseado nada mejor. Por supuesto que no, su vil abuelo estaría encantado de dejar a Jason al mando de la naviera sin que saliese de la familia Anderson. Alex se sentía mareada, incapaz de hablar o de reaccionar. Toda la sala daba vueltas, no distinguía una voz de otra y casi no se dio se dio cuenta cuando Jason la cogió con fuerza de la mano y, enlazándola por la cintura, anuncio en voz alta el compromiso. Los besos, los abrazos, las palmadas en la espalda... Necesitaba dormir... Y un retrete.