capitulo VI

LE despertaron unos fuertes golpes en la puerta. Durante unos minutos no supo donde se encontraba, le costaba mantener los ojos abiertos, no digamos ya fijar la vista, ni siquiera sabía qué hora era. Los rayos de sol ya inundaban el camarote, entrando por el pequeño ojo de buey. Otra vez esos golpes. Le iba a estallar la cabeza. Se incorporó hasta quedar sentada sobre el catre, poco a poco su mente empezó a recordar y a ordenar sus pensamientos, el barco, la tormenta, la cena, el beso... Jason. OH, Señor. Jason, beso, ¡y que beso! Se dejó caer nuevamente sobre el catre, y horrorizada se tapó al rostro con la almohada. Nuevamente los golpes.

—¡Pase! — Gritó indignada, ¿por qué no podían dejarla a solas con sus miserias? ¿Por qué una no podía morirse cuando lo deseaba?

—Buenos días señorita — Era Tim, instintivamente se tapó con la manta hasta la barbilla, era un imberbe pero un hombre a fin de cuentas —El capitán me ha ordenado venir a despertarla y ayudarla en todo lo que necesite, ¿quiere desayunar? — "Que gentil" no pudo dejar de pensar con ironía.

—Buenos días Tim, si por favor, pero, antes me gustaría lavarme y vestirme. ¿Puedes traerme agua? Jas... quiero decir el capitán..., ¿Ha desayunado ya?

—Si, señorita, todo el mundo. Aquí nos levantamos antes del alba. Incluido el capitán, él el primero..., — Vaya Por Dios, además era la gran perezosa y todo el barco lo sabía. No iba a molestarse en explicar que había tardado horas en dormirse debido a los nervios y al hambre.

El muchacho partió raudo y veloz, parecía contento de poder ayudarla e incómodo de estar a solas con una mujer en camisón. A fin de cuentas no era más que un muchacho, un adolescente. Alex intentó no pensar más en Jasón, ni ese beso, ni en las sensaciones que había despertado en ella. Se levantó cansinamente, se aseó, peinó y vistió como pudo. No tenía espejo. Solo uno pequeño que llevaba en el baúl. Así era imposible estar presentable. Necesitaba una doncella. Era imprescindible...aunque pensándolo bien, mejor no estar presentable, quizás si estaba muy fea aquel odioso capitán no intentaría nuevamente...aquello le dolió. Era lo que deseaba pero la sola idea de que Jason no volviera a mirarla como al noche anterior le desgarro el alma. Genial. Ya era oficial. Era una tonta enamorada. Y después de un día ¡Todo un record!

En cubierta hacía un tiempo espléndido. Brillaba el sol y soplaba viento fresco pero no demasiado frío. Teo estaba sentado en una esquina, fuera del camino de los marineros, que sin cesar, iban de un lado a otro de forma rápida y eficiente, haciendo lo que se supone que debieran hacer los marineros. En ese barco no parecía haber nadie ocioso. Aunque Alex no dudaba que Jason sabía bien como gobernar un barco y mantener la disciplina. Teo tenía mucho mejor aspecto, ya no estaba verde al menos. Sostenía uno de sus libros de viticultura sobre el regazo, y se había sentado sobre un montículo de soga de esparto. Sin mediar palabra se sentó a su lado.

—¿Se te han pegado las sabanas, pelirroja?

—No he pasado muy buena noche, ¿cómo estás tú?

—Algo mejor, aunque no consigo acostúmbrame al barco, creo que no tengo alma marinera...

Le dirigió una radiante sonrisa guiñándole un ojo y Alex sintió verdaderas ganas de abrazarlo. En ese momento decidió que no iba a contarle nada de lo que había pasado la noche anterior, ni siquiera le preocuparía con sus ideas e inquietudes acerca del capitán. A fin de cuentas ni ella misma sabía aun lo que sentía y seguramente provocaría un escándalo o una pelea, Teo se sentiría obligado a defender su honor y Alex dudaba que saliese bien parado de una pelea con Jason. El bueno de Teo, aún era un crío, apoyó la cabeza en su hombro y miro las ilustraciones de su libro. Había dibujos de cepas y de viñedos, de diversas formas de regadíos y de instrumentos de labranza, incluso de una cuba para pisar la uva. Alex estaba segura de que Teo sería un buen viticultor, y de que haría un gran vino, de calidad. Era su sueño desde niño. Se lo debía.

—Ya tengo hasta elegido el terreno, será en la zona de Midi, en el sur, ¿sabes?

Jason no podía oír de qué estaban hablando, y eso le volvía loco. La había visto salir a cubierta con un simple vestido de mañana gris claro y un sombreo para protegerse del sol. Tan pequeña parecía una colegiala. Hacía mucho viento y el sombrero de ella no paraba de moverse y levantarse en todas direcciones, así que se lo quitó y pudo verle la cara. Volvía a tener el cabello rojo. Aquella muchacha era un misterio. Se dirigió inmediatamente hacía el petimetre y se sentó a su lado con una enorme sonrisa. Parecía sincera, hubiese dado su mano derecha porque le mirase y le sonriese así, pero debía ser falsa, tenía que serlo después del beso de la noche anterior, él no había soñado la reacción de ella mientras estaba en sus brazos. Y tras unas breves palabras, sin más, le apoyó la cabeza en el hombro. Si hubiese tenido una carabina, le hubiese volado la cabeza al franchute. Y no habría fallado.

Jack le observó atentamente. Desde que la joven Anderson había salido a cubierta la conversación se había interrumpido y Jason no prestaba atención a otra cosa que no fuesen los movimientos de aquella chiquilla. O se la llevaba pronto a la cama o el barco se iría a pique.

—No me has contestado

—¿Qué?

—Por Roberts, ¿qué hacemos con él?

—Enciérralo

—¿No te parece excesivo?

—No quiero peleas en mi barco — Ahora estaba furioso, tenía los nudillos blancos y el ceño fruncido y no era solo por Roberts y la bronca del día anterior en el comedor.

Jack Cameron decidió entonces mantener una pequeña conversación con la heredera. Si Jason era incapaz de mantener la cabeza fría, él no. Alguien tenía que salvar aquel barco. Tenía que ver de qué madera estaba hecha, y llegado el caso apartarla de Neville, al que quería como a un hijo, a fin de cuentas, era su única familia. Y sino, bien podría ser la mujer que le hacía falta al muchacho, ya tenía edad de sentar la cabeza y tener hijos, eso le hizo sonreír, hijos de Jason, serian como sus nietos... pequeños pelirrojos a su alrededor. Por qué no? Jason sería entonces el propietario de la Naviera, que es lo que siempre quiso el viejo.

Fue a media tarde cuando consiguió encontrar la oportunidad de hablarle a solas. Desde la hora del almuerzo, el joven francés se había empezado a sentir mal de nuevo. Jack escupió asqueado con solo recordarlo, para él todo aquel que no fuese marinero no valía la pena. Y ahora ella estaba nuevamente en cubierta, sola, con un libro y sentada en el mismo montículo de soga que ocuparan durante la mañana.

—Buenas — La joven saltó asustada y se incorporó — Veo que le gusta este sitio

—¿Perdone?

—Ya le vi antes. Esta mañana

—OH — Alex parecía azorada— Creí que aquí no molestaría, ¿He de moverme? No soporto estar todo el día encerrada en el camarote.

—Ahí está bien, puede quedarse. Eh, quería preguntarle... eh, ¿Esta bien su prometido?

—Teo no tiene alma marinera, creo...pero mejorara... o eso espero

—Si, bueno, me alegro, solo...bueno, yo quería saber...espero que el capitán no haya sido muy rudo con usted — La cara de ella cambió y se puso escarlata— No está muy acostumbrado a tratar con damas, así que debe ser indulgente

Alex quería morir ¿Todo el mundo en aquel barco sabía que ella y el capitán...? ¿Les había visto alguien la noche anterior? ¿Era la comidilla de todos? ¿Se daba el viejo cuenta de su azoramiento? Era su imaginación y aquello no era más que un simple comentario inocente? En todo caso era muy incómodo y quería que acabase.

—No, no... eh, ha sido, correcto, eso es correcto — El viejo levantó una ceja como si la palabra correcto no fuese con Jason.

—Correcto? Neville? —Repitió algo incrédulo —Bueno, no está muy acostumbrado a alternar en sociedad ya sabe — Continuó — Ha estado en el mar desde los 16 y no trata con muchas damas, y no es que él no... bueno, es un buen partido, ¿sabe? Pero él no se deja cazar

—¿Un buen partido? — El concepto de buen partido variaba mucho de un lugar a otro, era más que evidente.

—Bueno, tiene su propio barco, y el viejo, quiero decir su abuelo, le dejó parte de sus acciones. Lo quería como un hijo, estoy seguro que le hubiese gustado que le ayudase en la compañía peor claro, es importante que quede en la familia, claro. Se ha enriquecido bastante con el comercio. Sobre todo con el bloqueo... — Decidió obviar ese punto al ver como Alex levantaba las cejas, queriendo decir algo como "También contrabandista, ¿no?"— Además tiene una buena educación. No siempre estuvo embarcado; Hasta los 16 estuvo en un buen colegio de Boston. Luego, decidió embarcarse y el viejo lo acogió bajo su ala...Lo que quiero decir es que en Nueva York las damas, solteras o casadas se lo disputan, pero él...— Jack se daba cuenta por la expresión de ella que no estaba siguiendo la mejor estrategia. Si lo que deseaba era que simpatizase con el muchacho no lo estaba haciendo muy bien.

Alex no era tan tonta pero seguía sin ver lo que pretendía el viejo, que cada vez se liaba más. Quería prevenirle que Jason no era de los que se comprometían? Que aunque se acostase con ella no por eso la llevaría al altar? Que no debía enamorase? O por el contrario quería venderle a Jason como un gran partido? Su abuelo lo adoraba, y si no fuese porque quería que la compañía quédese en la familia se la habría entregado a Neville. Quería que se casase con Jason? Ahora estaba confusa. Muy confusa

— No hace falta que siga Sr. Cameron, estoy segura de que el capitán es una bellísima persona, un gran partido y le deseo lo mejor — pero no voy a caer en su redes; tampoco voy a intentar conquistarlo, bastantes problemas tengo ya. No soy tan cándida, aunque pueda parecerlo, se dijo para sí misma

Y sin más se volvió y se marchó hacía su camarote. La niña tenía carácter. Pero se había enamorado del Capitán..., Aunque le costase reconocerlo. Jack sintió pena por ella y por el joven francés. Le gustaban. Solo esperaba que no estallase la guerra durante el viaje. Pero si finalmente todo acababa bien, ella sería una buena mujer para Jason, si, bastante buena.

Teo estaba dispuesto a acompañarla a la cena. Aún estaba mareado, pero no había vomitado en todo el día y eso era alentador. Alex le ayudo a ponerse un traje de noche y miró su obra con orgullo, ajustándole la chaqueta y el pañuelo del cuello. De verde aceituna había pasado a amarillo papiro y se balanceaba misteriosamente y aunque se sintió culpable, no estaba dispuesta a dejarlo allí acostado y a encontrarse de nuevo a solas con el capitán. Había buscado un traje rojo de noche que no le iba mucho. Uno de los de Tess arreglado, no deseaba estar especialmente guapa. El traje era bonito pero iba mucho más con la piel morena de Tess que con su piel blanca y con su pelo cobrizo.

—Ese vestido no te va bien — consiguió articular

—Eres un sol y yo también te quiero

Le tomó del brazo y sonriendo casi lo arrastró al camarote maldito, la guarida de la bestia, como empezaba a llamarlo en su mente. El rojo nunca le había ido, a Tess, en cambio, le quedaba mucho mejor, pero tras su boda les regaló la gran mayoría de sus trajes de noche. La esposa de un modesto medico de un pequeño pueblo de suiza no necesitaba ciertas cosas, entre ellas vestidos de noche. Había elegido ese traje en particular frente a los demás porque Tess lo adoraba y se lo ponía con bastante frecuencia. El hecho de llevar algo tan familiar, le hacía sentir más segura, sentía a su amiga a su lado y Tess era muy sensata, a lo mejor llevando su vestido preferido adquiría algo de su sensatez... Estaba diciendo tonterías. Ya no se sentía tan intrépida y valiente. Le gustaba el capitán, pero al mismo tiempo le daba miedo y cada vez que se encontraba en su presencia una extraña desazón le invadía por completo. Hasta que se aclarase no se separaría de Teo para nada. Debía repetirse a sí misma lo de "Sensatez y dignidad" varias veces al día, hasta que se lo creyese realmente y así lo hizo pero conforme se fue acercando al camarote fue perdiendo confianza en su estrategia. Para cuando se sentó a la mesa la había perdido por completo. Jason estaba guapísimo. Oh ,Dios...

La cena se estaba desarrollando a las mil maravillas, y era precisamente eso lo que le ponía nerviosa. Jason se comportaba como un fantástico anfitrión, dando conversación, sirviendo vino y sonriendo sin parar, había algo falso en todo aquello y Alex lo sabía aunque no podía hacer nada. Solo era cuestión de tiempo que Jason presentase su verdadera cara, y era la espera lo que la estaba matando.

La entrada y el aperitivo pasaron sin pena ni gloria, Jason habló de sus viajes, del comercio con las indias occidentales y Teo le escuchó con atención interviniendo muy de vez en cuando. Era evidente que no se encontraba bien. El mareo había aumentado por la tarde y ahora estaba haciendo un esfuerzo por mantener una actitud digna, aunque el hecho de que le pasasen platos y fuentes de comida por las narices no ayudaba nada ¿Se daba cuenta Jason? Fue al comenzar el plato principal que se produjo la catástrofe que Alex esperaba.

—¿Y dónde se conocieron? — Cambió de tema radicalmente

—OH — Teo ni siquiera miro su plato — Nos conocemos desde siempre, en realidad hemos crecido juntos

—Creí que La señorita Anderson había pasado su infancia entre Inglaterra y el colegio — Teo puso cara de consternación y Alex tuvo miedo de que metiese la pata. Si bien la idea era no mencionar su vida en Paris, el pobre no sabía lo que podía revelar y lo que no. Así que se decidió a intervenir.

—Tras la muerte de mi madre pasé todas las vacaciones escolares en casa de una amiga del colegio, Nicole Truchet. El padre de Teo era muy amigo de Madame Truchet.

—Desde la muerte de mi madre — Dijo Teo cada vez más verdoso — Madame Truchet y las chicas nos acogieron con los brazos abiertos

—No lo dudo

Jason, oculto una sonrisa irónica. No se le había escapado lo de “las chicas”. Bonito eufemismo. Teo, demasiado ocupado en el estado de su estómago, no lo vio pero Alex si, al igual que tampoco se le escapó el doble sentido de sus palabras, y sintió que empezaba a enfurecerse, durante toda su adolescencia había sido testigo y víctima de ese tipo de comentario. Era algo que no podía soportar, a ella en particular no le afectaban de forma especial pero había visto como sufrían Nicky o Chloe por desaprensivos que las juzgaban sin conocerlas. Las expresiones de Teo podían no ser las más afortunadas pero él no tenía derecho a reírse cuando Teo estaba siendo sincero y amable.

—Fue muy amable de su parte, acoger a una amiga de su hija de esa forma

—Ciertamente, sobre todo que no era solo Madeimoselle Anderson

—¿Había más? — Su fingido asombro empezaba a atacarle los nervios

—OH, sí. Eran cinco

—Teo, no aburras al capitán con historias de colegio

—No, no me aburre, es tremendamente interesante — Jason empezaba a comprender el amor de Madame por las niñas huérfanas y desamparadas, sobre todo si eran bonitas. Y ello le sacaba de quicio, no era la primera madame que conocía que compraba o recogía niñas para entrenarlas y utilizarlas y siempre le había parecido una práctica repugnante. Que una mujer adulta y libre decidiese prostituirse era una cosa pero que se recogiese a niñas y adolescentes para llevarlas por ese camino le revolvía las tripas. Pero mantuvo la calma y siguió sonriendo para desesperación de Alex.

—Y al acabar el colegio, ¿no decidieron volver con sus familias?

El silencio cayó sobre la mesa como una losa. Teo se había quedado callado y miraba la carne de su plato, que aún no había probado. Alex parecía incomoda. Era evidente que Jason había tocado un tema inadecuado. Bien, al fin las cosas se ponían interesantes

—Para entonces Napoleón ya estaba en el poder, y media Europa estaba en guerra, un año antes se había declarado el bloqueo marítimo y casi todas las niñas volvieron a sus casas — Alex hablaba con calma, pero era evidente que no deseaba profundizar en el tema

—Pero usted y sus amigas no — Decidió ayudarla Jason

—Yo, Capitán Neville, ya no tenía casa— Levantó el rostro y le clavó una fría mirada que no se correspondía con la falsa sonrisa de su boca —. Al morir mi madre hubo que venderla para pagar las deudas, y tampoco tengo familia en Inglaterra, mi madre y mi tía murieron antes de que dejase el colegio, mi abuelo se había negado a hacerse cargo de mi o a mandarme ayuda alguna... — Ahora parecía desafiante

—¿No pensó en volver de todas formas?

—¿Adonde? ¿Para qué? — Había cierta amargura en su voz

—Londres era más seguro

—En Londres hubiese tenido que vivir en las calles, Capitán. Pensé en acabar mis estudios, las monjas fueron generosas y nos dejaron permanecer unos meses más, para ver si las cosas se calmaban, entonces Madame Truchet murió, Nicole quedó muy afectada y fue necesario ayudarla a ocuparse de la sucesión, de la casa...Nicole — Alex apretaba con fuerza su cuchillo, Teo la miro con ternura y le agarro la mano. Jason se dio cuenta de que le molestaba aquellas familiaridades, aunque solo fuesen para consolarla. Hubiese preferido mil veces ser él el que la consolase, el que le diese su apoyo... aunque no supiese exactamente por que debía hacerlo, no soportaba el hecho de que otro ocupase ese lugar — Nicole, la hija de Madame Truchet, tuvo ciertos problemas de salud, bastante graves por cierto, y me quedé, nos quedamos todas, para ayudarla, luego la guerra se hizo general, volver a Inglaterra era imposible, además, como he dicho, allí no me quedaba nadie ni nada...

—Entiendo

—No, capitán, no creo que entienda — Alex le miraba directamente a los ojos

Jason comprendió que esa época no había sido fácil. Y no quiso ni imaginar lo que había hecho para sobrevivir sin dinero ni familia en el centro de una Europa a punto de estallar y sumida en el caos. El viejo no había sido justo en ese punto. Debiera haberse hecho cargo de su nieta huérfana, pero aunque Jason lo apreciaba bastante, tenía que reconocer que era una mula testaruda y rencorosa.

—Tendrán que excusarme — Teo se había puesto en pie, no mantenía el equilibrio demasiado bien y se inclinaba peligrosamente — No me encuentro bien y desearía retirarme — Estaba haciendo enormes esfuerzos por no vomitar

—Te acompaño — Alex se había levanto para sostenerlo obligando a Jason a ponerse también en pie, por simple cortesía.

—No hace falta — Sonrió azorado — aun puedo llegar a mi camarote, por favor, no interrumpan la cena por mí, capitán...

Alex comprendió que insistiendo solo le ofendería, así que le dejó marchar, aunque preocupada. Si seguía mareándose así no terminaría el viaje. Jason se mantuvo de pie hasta que la puerta se cerró tras Teo, luego lanzó una mirada a Tim, que hasta entonces había permanecido en un rincón del camarote esperando para cambiar los platos. El muchacho salió como una exhalación cerrando la puerta tras él.

—¿Dónde va?— Se asustó Alex. No deseaba permanecer a solas con él.

—Creo que tu prometido necesita ayuda, aunque solo sea para sujetarle el cubo — Así que ahora la tuteaba

—No tiene por qué ser tan gráfico — lo miro directamente a los ojos, no iba a dejarse atemorizar nuevamente — Ni tan desagradable

—¿Estoy siendo desagradable? No lo pretendía. Solo constato que su prometido no tiene una gran fortaleza física

—No todo el mundo tiene que soportar el mar, tiene otras muchas cualidades — Alex ya no podía aguantar más ese tono irónico, aquel hombre solo intentaba provocarla y atacando a Teo lo conseguía, eso era lo que más le enfurecía.

—Estoy seguro — Otra vez con sus comentarios con segundas intenciones

—Ha sido una cena muy agradable recalcó el agradable de forma irónica — pero creo que debería retirarme yo también...

—Ni siquiera ha probado su carne...

—Ya no tengo hambre

Se había puesto en pie, dejó caer con furia la servilleta sobre la mesa y retiró la silla. Esta vez no iba a dejarse intimidar, y sobre todo no quería acabar en sus brazos, si es que esas eran sus intenciones. Jason se levantó al mismo tiempo. Lo que en cualquier otra circunstancia hubiese pasado como un simple gesto de cortesía se le antojo a Alex como una amenaza. No eran imaginaciones suyas. Esa mirada era peligrosa, se estaba acercando demasiado.

Alex retrocedió furiosa. No quería volver a caer en la misma trampa, además ahora estaba prevenida y demasiado ofendida como para apreciar sus besos. En un solo movimiento, Jason la enlazó por la cintura. Hasta el mismo se asombró de su osadía y de su presteza. No podía estar a solas con aquella chiquilla de pelo rojo sin perder el control. Cuanto más se enfurecía ella, más se excitaba él. No le pasaba desde la adolescencia. Pero para su sorpresa Alex lo rechazó, lo empujó con ambas manos y sin titubeos se hizo con el cuchillo que estaba junto a su plato.

—No se me acerque — Había verdadera furia en sus ojos, y también miedo

—Alexandra — Era la primera vez que la llamaba por su nombre y sintió un extraño cosquilleo por todo el cuerpo — suelta eso, solo conseguirás hacerte daño tu misma

Jason no tenía miedo, pero el hecho de que ella hubiese reaccionado así le había hecho recobrar el dominio de sí mismo. Había estado jugando con ella desde que la conociese y aparentemente, la había llevado al límite. Quizá debería bajar el ritmo. Su única excusa es que tampoco él era capaz de controlarse. El mismo estaba asombrado de la rapidez y el cariz de las cosas..., Y de la destreza de la pequeña ramera con las armas.

—Apártate y déjame salir — Jason hizo ademán de obedecerla y estaba dispuesto a hacerlo, pero no podía dejarla salir con el cuchillo. No en su barco. Era demasiado peligroso.

Al pasar junto a él, le agarró rápidamente la muñeca, Alex no se lo esperaba y gritó indignada mientras Jason le pasaba el otro brazo por la cintura, manteniéndola pegada contra su pecho e intentando inmovilizarla. Años de lucha en tabernas y puertos tenían que servir para algo, sin embargo debía de tener cuidado, no deseaba hacerle daño o romperle un hueso, solo desarmarla. Se debatía con fuerza, con más de la que había imaginado en un cuerpo tan menudo. Sabía manejar un cuchillo, seguramente no era la primera vez que se servía de uno..., No, no podía salir de allí con eso. En su barco no estaban permitidas las armas, sin excepciones.

Alex tenía miedo, ¿por qué le atacaba ahora? ¿Que pretendía? Una descarga de adrenalina le recorrió el cuerpo desatándole una fuerza que no sabía que tenía. Al verse acorralada dio varias patadas e incluso intentó morderle la mano que le aprisionaba la muñeca. Jason no podía seguir apretando, no podía aplicarle toda su fuerza, como hubiese deseado, pues aunque hubiese terminado con la pelea era más que probable que saliese mal parada. Y dejar sin sentido a damiselas histéricas no era su estilo. Una idea absurda cruzó la mente de Alex, si Jason quería abusar de ella no tendría escapatoria, nadie que le ayudara o a quien acudir... él era el capitán, el dueño del barco. Sus hombres le obedecerían ciegamente...El terror se hacía más y más grande

Finalmente, al sentir los dientes de ella en su mano, bajo la presión, soltando una juramento, aunque no la liberó. Sin embargo Alex aprovecho ese momento para volverse y clavarle el cuchillo en el brazo. Había sido un gesto reflejo, nada premeditado, y Jason gritó, un grito ronco de furia y de dolor, era evidente que no esperaba aquella reacción. Alex se había precipitado hacía la puerta al sentirse libre y ya tenía la mano en el pomo cuando comprendió lo que había hecho y se volvió indecisa para comprobar las consecuencias de sus actos.

Jason se había apoyado en la mesa y había dejado caer el cuchillo al suelo del camarote con enfado. La manga izquierda de su camisa estaba empapada en sangre y con la mano sana intentaba taponar la herida. Alex tuvo la visión de los hospitales de Paris, de soldados que volvían de Rusia, del hedor, de miembros seccionados, de los parásitos y de todo aquel horror que había vivido durante semanas hasta que consiguieron encontrar a un agonizante Armand, y empezó a marearse. Lo había herido de gravedad, ¿y si moría? La herida no parecía grave, pero ¿y si había tocado una arteria? Ella no sabía por dónde pasaban las arterias, ¿y si se infectaba? Se abalanzó sobre el sin pensar en nada más, olvidando los temores de unos minutos antes, cogió una de las servilletas y la presionó contra la herida. No podía decirse que aquello hubiese sido muy sensato, algo digno pero nada sensato. ¿Por qué siempre acababa haciendo algo estúpido y estropeándolo todo?

—...Lo siento, de veras que lo siento. OH Dios, ¿Que he hecho?

Parecía verdaderamente desolada. Se había quedado pálida, temblaba como una hoja y estaba a punto de ponerse a llorar. Jason no estaba mal herido, ya había pasado por peores situaciones, ella no tenía fuerza suficiente ni el cuchillo estaba lo suficientemente afilado como para penetrar en la carne más allá de unos centímetros, la herida era más larga que profunda, pero el algodón de la camisa había empapado la sangre dándole un aspecto mucho más aparatoso de lo que realmente era. Así y todo que se dejó cuidar, era agradable. Alex lo condujo a la cama y le hizo recostarse, le quitó la camisa con manos temblorosas y al ver la herida volvió a deshacerse en excusas y dos lágrimas enormes le recorrieron las mejillas para asombro del Capitán. Aquel llanto parecía sincero, sin disimulos. Todo el enfado de Jason había desaparecido. No sabía que le excitaba más, la pelea o los tiernos cuidados de la joven.

Alex fue a la mesa a por agua y a por otra servilleta y le lavó la herida con un cuidado extremo, intentando que los sollozos no le afectaran y que sus manos dejasen de temblar. Estaba tan nerviosa y tan cansada que la tensión de los últimos días acabo por vencerle, los sollozos eran incontrolables y las lágrimas parecían no tener fin.

—¿Por qué has hecho eso?

—Yo...yo... Creí que ibas a violarme, OH, OH... — Las lágrimas comenzaban a caerle sin control, por las mejillas, estaba encantadora

—¡Violarte! ¡Ay! — Alex puso cara de contrición y siguió lavando la herida, esta vez con más cuidado — ¿Crees que tengo necesidad de violar damiselas? ¿Tengo cara de necesitarlo? No es muy halagador — Jason intentaba parecer enfadado pero en realidad solo tenía ganas de besarla — No podía dejarte salir con un cuchillo, en mi barco están prohibidas las armas, incluida los cuchillos de mesa, y eso también va por ti, si alguno de mis hombres hubiese encontrado ese cuchillo...

—Lo siento — Alex se sentó al borde de la cama y se limpió las lágrimas con aire cansado — No lo pensé... en realidad he aprendido a no correr el riesgo...en Paris eso podía ser muy peligroso, si un hombre me ataca tengo que huir lo más rápidamente posible, esa es la regla — Su voz se había vuelto ronca y su mirada esquiva. Jason comprendió que durante la guerra y el sitio de la ciudad su situación como joven hermosa, sola y sin recursos no debía de haber sido muy fácil, sobre todo teniendo en cuenta donde vivía — Alex desgarró la camisa, ya rota por el cuchillo y eligiendo una buena tira, le vendo el brazo de forma eficiente, demasiado eficiente quizás.

—Se diría que no es la primera vez que haces esto

—Durante las revueltas y luego con la guerra— Empezó a relatar ella sin mirarle mientras terminaba de vendar el brazo — Mis amigas y yo nos prestamos voluntarias para tratar a los heridos. Después de la campaña de Rusia, ayudamos durante cierto tiempo en el hospital de les Invalides, allí llevaban a los heridos más graves que volvían del frente... los que volvían no lo hacían en muy buen estado — Un escalofrío la recorrió por completo, Jason la miro intrigado, estaba bastante pálida — Un amigo nuestro, Armand, el hermano de Teo, quizás te acuerdes de él porque vino a despedirme al puerto, hizo la campaña y fue herido. Nadie podía entrar, Napoleón no deseaba que se supiese el alcance del desastre, las familias se apelotonaban en la puerta pidiendo a gritos información, ver a los heridos... pero solo las enfermeras podían entrar, la orden de las monjas de mi colegio se ocupaban de... bueno, nos dejaron varios hábitos de novicias y durante un tiempo... — La voz le había salido algo ronca, y se miraba las manos, entrelazadas en el regazo. Jason no pudo alejar de su mente la imagen de varias jóvenes de vida alegre colaborando voluntariamente en un Hospital de guerra.— Luego Armand se recuperó lo suficiente como para sacarlo de allí y llevarlo a casa...

—Debió de ser duro

—Fue terrible, no estaba preparada para ver aquello, había muchos heridos, las condiciones eran... horribles, los gemidos, la suciedad, los gritos, el olor a sangre... A muchos de ellos les faltaban miembros...las ratas...

Jason le acarició el pelo, parecía tan desamparada que cualquier resto de enfado desapareció de su mente. Sin darse cuenta ella se dejó abrazar, apoyo la cabeza sobre su pecho desnudo sintiendo nuevamente el fuerte olor a mar y a tabaco. Le gustaba ese olor, le daba tranquilidad, hacía que dejase de pensar, que su mente se quedase en blanco... Podía sentir el cosquilleo que le producía su vello sobre la piel y sin darse cuenta le pasó la mano por el pecho. Jason reaccionó de inmediato, abrazándola con más fuerza. Al hacerlo casi la levantó de su posición y Alex se encontró recostada a su lado. A pesar de lo indecoroso de la situación, no pareció importarle.

—Lo peor eran los gritos...día y noche...y los parásitos— Siguió ella jugando con el vello de su pecho, sin darse cuenta de lo mucho que eso le excitaba — había piojos, chinches, pulgas...y muchos más bichos de los que ni siquiera conozco el nombre en inglés.— Jason no supo que responderle, ni como consolarla, y ambos permanecieron en silencio

Ninguno de los dos pudo decir con precisión cuanto tiempo estuvieron allí tumbados, abrazado el uno al otro, sin pensar en nada ni en nadie. Jason le acaricia el pelo y la cara de una forma algo torpe pero ciertamente agradable, luego le sujetó la barbilla y la besó con calma, pero sin dejarle opción a liberarse y despertando en ella las mismas sensaciones que la noche anterior, solo que ahora ya no tenía miedo. Se sentía completamente en seguridad en sus brazos. El continuó besándola, subiendo el ritmo poco a poco, acariciándole la cintura, las caderas, subiéndole el vestido y buscando sus muslos.

Alex no comprendía que estaba pasando, debería haberlo sabido, pero no era así, era como si estuviese drogada. Él le quitó el vestido, pero no sintió vergüenza alguna. Le acarició los pechos y el cuello, y siguió besándola de una forma que le volvía loca. Tenía las manos ásperas y aun así las caricias eran las más dulces que jamás había sentido. El calor comenzaba a sofocarla, ya no podía pensar, ni sustraerse a las reacciones de su cuerpo. Sin reflexionar le abrió el pantalón. Si ella estaba desnuda el también debería estarlo, quería sentir cada centímetro de su piel, tocarle y acariciarle todo entero. Jason gimió de placer y le sonrió de esa forma malévola que solo él sabía hacer y que la volvía loca. Ante su torpeza le ayudó. Su desnudez era impresionante, estaba completamente excitado, pero Alex no tuvo miedo. Ya no. Le enlazó por el cuello, quería que siguiese besándola.

Sin embargo Jason no la besó más. Se colocó a su lado y comenzó a mordisquearle el pecho a jugar con sus pezones al tiempo que con la mano le separaba los muslos y buscaba el calor de su sexo. Alex sabía lo que iba a pasar, lo sabía, sabía lo que implicaba pero no le importaba. En ese momento estaba en el séptimo cielo. Se iba a convertir en la amante del Capitán y no solo no le importaba sino que lo deseaba con toda su alma. Cuando Jason le introdujo los dedos no pudo reprimir un grito, pronto acallado por un beso de él. Ahora comprendía por que tantas jóvenes se perdían.

Él se colocó sobre ella, le gustaba sentir su peso, no le importaba, ni le ahogaba. Sentía su calor, los latidos acelerados de su corazón, su piel, sus manos... Entonces notó que él se introducía en ella y el placer inicial se tornó en dolor. Sintió un desgarro interior y se puso rígida, apretando las manos contra sus hombros. Aquello ya no era tan agradable. Había vuelto a la realidad demasiado rápido y le costaba pensar. Siempre había sabido, Madame Truchet se lo había explicado en varias ocasiones, que la primera vez dolía y que era muy posible que sangrase, pero por alguna misteriosa razón le había cogido desprevenida. Lo había borrado de su mente como si en ese momento solo tuviesen cabida los pensamientos agradables.

—Mierda — Jason había detenido los movimientos, seguía dentro de ella y respiraba con dificultad, era evidente que la situación no era nada fácil para él, Alex tuvo miedo de que se hubiese enfado — Alexandra — Suspiró — ..., Jesús...Ahora no puedo parar, ¿lo entiendes? — Alex asintió, cerrando los ojos avergonzada, no parecía muy contento, aquello era humillante — Me moveré más despacio, pero aun te hará un poco de daño— La voz de él salía ronca, casi brusca, como si estuviese pasando un mal rato

—Lo siento...— Volvió ella la cara a punto de llorar, pero Jason le acarició el pelo y le beso en la mejilla con ternura

—No te disculpes, preciosa, la culpa es mía, por ser tan impaciente... No te preocupes, lo peor ya ha pasado

Y así fue; él reanudó sus movimientos lentamente y de forma rítmica, abrazándola con infinita dulzura, el dolor se volvió una simple molestia y Alex, relajándose, empezó a disfrutar nuevamente de la situación. Empezaba a sentir un verdadero placer y un cosquilleo en el vientre que le hicieron arquearse contra el cuerpo de él. Esto fue demasiado para Jason, que, agotado, termino con una exclamación de placer.

Permaneció unos segundos sobre ella, que le acariciaba la espalda con ternura. Finalmente se separó y la atrajo hacía él, si hubiese sido una de esas mujeres que había conocido en los diferentes puertos que había visitado, le hubiese pedido que se marchase y le dejase solo. El sexo le dejaba agotado y asqueado de la compañía. Pero, para su sorpresa, se dio cuenta de que no quería que se fuese. La quería justo ahí, para él. Toda la noche. Ella se dio la vuelta y Jason la abrazó por detrás, quedando completamente ensamblados, la cabeza de él en el hueco que se formaba entre su cuello y su hombro. No se cansaría nunca de tocar aquella piel, blanca y suave como la seda. Le pasó la mano por el contorno de su cuerpo hasta llegar a la cintura. La tenía increíblemente pequeña, las caderas redondeadas... ella tuvo un movimiento de protesta, acompañado de una pequeña risa.

—Me haces cosquillas — Si, le gustaba aquella niña

—¿Por qué no me lo dijiste? — No lo especificó pero Alex sabía a qué se refería

—¿Hubiera cambiado algo? — El hecho de que ella fuese virgen había cambiado muchas cosas, le había dado una nueva perspectiva de la situación y le había hecho plantearse nuevas preguntas. Si ella había estado viviendo en un burdel, ¿Qué demonios significaba aquello? Pero no se lo dijo inmediatamente, ella debería confiar en él, contar su historia por propia voluntad.

—Debiste decírmelo — Jason no quería reconocerlo, pero era la primera joven a la que desvirgaba y se sentía algo culpable, no solo por las consecuencias del acto en sí, sino también por su pobre actuación.

—He de reconocer que no encontré el momento, ¿Quizás entre el plato principal y el postre? — Esta vez le tocó el turno a Jason de reír

—¿Te he hecho mucho daño?

—No— ella le besó en la mejilla — Solo un poco al principio, pero creo que he sangrado... será necesario limpiarlo — Hizo ademán de poner manos a la obra pero él la detuvo

—Creí haberte oído decir que tenías experiencia...— Volvió a recostarla

—Yo... — Alex enrojeció, y dando la vuelta a su cabeza, hundió la cara en el pecho de él. Jason encontró aquel gesto encantador. Luego continuo hablando sin mirarle, con la cabeza hundida en él — Digamos que mi experiencia práctica, la teórica es mucho más amplia, se reduce a unos besos robados junto a la tapia del jardín, por un jovencito llamado Maurice

—Ummm — él había fruncido el ceño, y ella sonrió pasándole el dedo por las arrugas que se le habían formado en la frente y el entrecejo.

—En nada parecido a los tuyos, por supuesto

—Por supuesto — Dijo él incrédulo pero con el ceño todavía fruncido

—¡Tenía 17 años! — Solo al mirarle ahora a los ojos Alex empezó a darse cuenta de que le gustaba mucho, demasiado, se estaba enamorando, de hecho. Sacudió la cabeza algo enfadada, no podía enamorarse, era una estupidez, solo hacía dos días que lo conocía. — De todas formas, ¿qué me dices de ti? He oído decir que eres un rompe corazones entre las damas de Nueva York

—¿Quién te ha contado semejante falsedad?— Preguntó con un fingido tono de indignación, Alex no pudo sino reír con él.

—¿No es cierto acaso?

—No he sido un santo — Jasón la miraba a los ojos con una media sonrisa — Pero nunca he obligado a nadie, más bien lo contrario. No miento. Dejo claro lo que hay desde el principio.

—Cómo tu y yo, ¿no es cierto? — El tono de Alex había cambiado y Jason se dio cuenta. Algo no iba bien. De repente había algo frío en el ambiente

Alex sintió como una punzada de celos en el estómago. No le gustaba el cariz que estaba tomando la conversación y no quería seguir por ahí pero no podía evitarlo. Le gustaría poder callarse y seguir en aquel estado pero ya no podía. A ella tampoco le había obligado a nada, no le había prometido nada y ella lo sabía. Empezaba a sentirse como una cualquiera. No era así como había imaginado su primera vez, ni la persona de la que enamoraría. La idea es que su amante también estuviese enamorado, y si era posible más que ella. Lo que evidentemente no era el caso. Por supuesto que no le había engañado pero...Era irracional pero tenía que salir de allí.

—Tengo sueño y es tarde. Debería volver a mi camarote

—¿Volver? — Jason la atrajo nuevamente hasta dejarla tumbada junto a él — ¿Para qué volver? — pero Alex no podía dejar de pensar que no era más que un aventura, una de las muchas a las que no había prometido nada. Y lo peor es que no podía reprocharle nada. Por el amor de Dios, que le estaba pasando, ¡Había hecho el amor con un hombre al que apenas conocía!

—No quiero que Teo se dé cuenta de que... — Hizo un gesto con la mano, y sentándose al borde de la cama busco a tientas su vestido

—Ah, Teo — El cambio de tono fue evidente, ya no había ni una gota de lujuria o diversión en su voz

—Si, Teo, mi prometido

—¿De verdad te vas a casar con ese mequetrefe?

—¡No le llames así!— Empezaban a exasperarle los insultos injustificados al pobre Teo — y sí, me voy a casar con él. Yo tampoco te he mentido, ni te he prometido nada, sabes mis circunstancias, sabes las condiciones de la herencia — Aquello era vengativo y mezquino

—¿Le amas? — Alex encontró la pregunta absurda, ¿no estaba desnuda en su calma? ¿Que tenía ese hombre en la cabeza? ¿Serrín? Como podía compartir la cama con alguien amando a otro? Qué tipo de mujer se creía que era? Mejor que no contestase a eso

—No, pero tengo que estar casada, ¿recuerdas? Ese es el testamento— el tono que estaba utilizando era cortante y desagradable pero ya no podía parar. Buscaba los restos de su ropa por el cuarto, cuanto antes pudiese irse de allí a llorar su miseria mejor.

Jason comenzaba a sentir que la furia le subía por la garganta; hasta Alex en su enfado pudo ver el cambio. Se había quedado pálido y apretaba los labios, en sus ojos aparecieron destellos de ira de lo más peligrosos. Pero ya no podía echarse atrás, además no era su estilo. La niña dulce que tenía en sus brazos solo unos instantes antes se había convertido ahora en una mujer fría y calculadora, capaz de arrastrar al altar a un pobre crio de 20 años solo por dinero.

—Lo importante es la herencia, si, lo había olvidado. Si en el camino has de pisotear a alguien, no hay inconveniente

Alex no entendía de qué estaba hablando. Pisotear a quién? Si alguien estaba siendo pisoteada era ella, que se había enamorado de un patán que no le amaba y que solo buscaba una aventura sin trascendencia.

—Por supuesto que es importante. Necesito ese dinero. Y además... ¡Es mío! Me pertenece por derecho — Ahora estaba furiosa y gritaba — Tu apreciabas a mi abuelo, pero mi madre murió en la miseria, enferma y pobre, contando cada penique y yo voy por el mismo camino por su puro egoísmo y su estúpido orgullo patrio! No voy a consentirlo... No seas melodramático. No pisoteo ni engaño a nadie. Teo saldrá más que beneficiado con este matrimonio

—¿De veras? — Él se puso de pie, y a pesar del enfado, Alex quedo maravillada ante su desnudez — Pero que generosa eres...está el enterado de tus bondadosos planes hacía su persona?— A Alex no le hizo gracia la ironía.

—Por supuesto que sí!! No le he mentido, no le amo y el tampoco a mi...ha firmado un acuerdo, pasado un tiempo nos divorciaremos y el recibirá una buena suma de dinero

—Por el amor de Dios — Jason sentía cada vez más repugnancia por todo aquello, por la frialdad y el mercantilismo con el que trataba Alex aquel matrimonio

—Esta bien, necesito un marido, lo necesito para poder vivir, para poder comer de hecho!...¿te casarías tu conmigo? — Le había lanzado una mirada sardónica que le heló la sangre. Era una víbora. Una víbora de pelo rojo que le tenía hechizado.

—Previa firma de un acuerdo — consiguió articular

—Por supuesto — A Alex le parecía una obviedad

—Por supuesto que no, antes me dejaría desollar — Siseó entre dientes, y aunque Alex no lo quería reconocer, esta confesión y la seguridad con que la dijo le hizo bastante daño — No soy contrario al matrimonio, aunque lo prefiero para otros, pero no admito que me compren, ni que me utilicen para conseguir una herencia, por suculenta que sea...

Alex ya estaba en la puerta, se había puesto el traje y la camisola y llevaba sus medias, el corsé y zapatos en las manos, abriéndola con decisión se volvió y le dirigió una mirada asesina. Si hubiese tenido algo a mano le hubiese roto la crisma

—Entonces, ¿por qué te metes donde no te llaman? — Iba a salir cuando él la detuvo

—Alexandra — Ella se quedó inmóvil pero no se volvió — — Serías capaz de casarte, conmigo o con otro, renunciado e ese acuerdo? renunciando a esa herencia? Solo por amor?

—No puedo... no puedo — Como explicarle?

Y dando un soberano portazo, lo dejó solo en la habitación. Jason no pudo evitar dar un puñetazo a la mesa. No se dio cuenta pero le sangraban los nudillos.