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Elvira mira sin parar la lista colgada del tablón, esperando ver aparecer su nombre, hasta que se desenfoca la lista porque los ojos se le han llenado de lágrimas. Le gustaría no llorar, creer en las palabras de Champignon y convencerse de que nada va a cambiar, de que podrá entrenar como siempre con sus amigos. Pero de momento lo único que puede pensar es que no participará en la liga autonómica y no podrá vestir la camiseta de los Cebozetas con el trofeo que ayudó a ganar la temporada anterior.

Sara es la primera en tratar de consolar a su compañera de defensa.

—Lo siento mucho, de verdad, Elvira. Yo fui una de las que quiso la fusión, así que también es un poco culpa mía…

Nico consuela a Tamara, que también se ha quedado fuera de la lista de los elegidos.

—Todos nuestros entrenamientos de este verano no me han servido para nada —bromea ella, esforzándose por sonreír.

Nico, que había cogido mucho cariño a su amiga, tiene todavía menos ganas de sonreír. Cedería su adorado número 10 por volver a tener en su equipo a Tamara.

De los Cebolletas, además de Elvira, se han quedado fuera del grupo Julio, Pavel y Aquiles. A Ígor le ha sentado fatal que hayan eliminado a su gemelo. Imagínate qué duro será tener que preparar todos los domingos la bolsa de deporte delante de su hermano…

Entre los excluidos de los Zetas el más abatido es Vlado, que no lo esperaba en absoluto.

Los dieciocho Cebozetas que disputarán la liga, clasificados por puesto, son los siguientes:

Porteros: Fidu, el Gato.

Defensas: Sara, Lara, Dani, David, César.

Centrocampistas: Bruno, Ángel, Nico, Becan, João, Morten.

Delanteros: Rafa, Tomi, Pedro, Diouff, Ígor.

Mientras Tomi, como buen capitán, se esfuerza por levantar la moral de los excluidos, João observa las lágrimas de Elvira y sigue meditando el plan que tiene en la cabeza. Al final decide ponerlo en práctica.

Se acerca a Lara, Dani, Julio, Pavel y Edu, y a todos les dice en voz baja:

—Tengo que hablar contigo, nos vemos dentro de media hora en el Paraíso de Gaston.

Un poco más tarde, el brasileño se explica delante de un té frío al melocotón:

—Como sabéis, a Aquiles no le gustó la idea de la fusión y se ha ido de los Cebozetas. Un amigo suyo, que juega con los Sobresalientes, le ha invitado a jugar con ellos.

—¡Pero los Sobresalientes están en el mismo grupo que los Cebozetas! —salta Dani.

—Exacto —confirma João—. Los Sobresalientes tienen un problema muy grave. El año pasado tenían un equipo de fábula, con el que ganaron la liga por goleada. Casi todos sus miembros han recibido ofertas de clubes prestigiosos y se han marchado, de modo que, si no encuentran pronto a nuevos jugadores, no podrán participar en la liga autonómica. Aquiles ha visto que últimamente yo tenía algunos problemas con el equipo y me ha preguntado si quiero irme con él a los Sobresalientes.

—¿Y tú que le has contestado? —pregunta Lara.

—Me presentó al entrenador durante la carrera de motos de Issa y yo le dije que tenía que pensármelo un poco —prosigue el brasileño—. Pero luego, al ver el tablón con los dieciocho elegidos, se me ocurrió una idea. Dani y Lara, vosotros también os exponéis, como yo, a jugar de reservas con los Cebozetas, ¿me equivoco?

—Creo que César me ha robado el puesto —confirma la gemela—. Prefiero no pensar en todas las veces que se ha burlado de nosotros estos años.

—Y a mí me lo ha quitado David —añade Dani.

—En cambio, con los Sobresalientes todos seríamos titulares —anuncia João—. Y no solo eso. Si cambiamos de equipo, dejamos tres puestos libres en los Cebozetas, de modo que podrían entrar Tamara y Elvira, que se han tomado muy a pecho su exclusión, más otro…, que podrías ser tú, Pavel: así te quedarías en el equipo con tu hermano. O tú, Julio.

—A mi hermano ya lo veo todos los días —responde Pavel—. Los Cebozetas tienen mil delanteros y todos mejores que yo. Chuparía banquillo como loco. Si de verdad en los Sobresalientes puedo jugar, me voy contigo.

—Estoy de acuerdo con Pavel —conviene Julio—. Me apunto a los Sobresalientes.

—Y yo —se suma Edu—. A Fidu y el Gato nunca podré superarles. Si los Sobresalientes necesitan un portero, ¡que cuenten conmigo!

—Vale, vosotros aún no os habéis decidido. ¿Queréis pensarlo unos días? —pregunta João a Lara y Dani.

—Ya lo he pensado y he tomado una decisión —contesta Lara—. No logro imaginarme con otra camiseta ni disputar partidos a domicilio sin subir al Cebojet… Pero formar un equipo con Aquiles y enfrentarme al «equipo de ensueño», como lo ha llamado Tino, es una aventura que me atrae mucho. ¿No sería divertido que yo luchara contra mi gemela y Pavel contra el suyo? Jugar contra alguien no significa dejar de ser su amigo. ¿Qué te parece, Dani?

—Estoy de acuerdo contigo —contesta el defensa—. Además, derrotar a Pedro, David y César siempre me dará una gran satisfacción…

Los amigos ríen con ganas.

—En ese caso, me parece que la decisión está tomada —concluye João—. Si estáis de acuerdo, poned la mano encima de la mía y digamos juntos: ¡Sobresalientes!

Julio plantea una objeción:

—Pero ¿no será un poco complicado ir a entrenar a Villalba?

—El entrenador me ha asegurado que nos vendrá a buscar un autobús a Madrid y nos traerá de vuelta. Se tarda un poco más de media hora en llegar a Villalba —replica João tendiendo el brazo sobre la mesa.

Lara pone su mano sobre la del brasileño, y luego Pavel, Edu, Julio y finalmente Dani hacen lo propio.

Los seis se miran sonriendo y gritan a la vez: «¡Sobresalientes!».

—Vale —comenta João—. Solo nos queda comunicar nuestra decisión a Champignon y al resto de los compañeros.

—Podemos hacerlo enseguida si el míster está en el Pétalos a la Cazuela —propone Dani.

Se dirigen al restaurante y se lo cuentan todo al cocinero-entrenador, que les escucha sorprendido y aparentemente perplejo, pensativo y con un dedo sobre la punta izquierda del bigote. Pero cuando ha acabado de oír sus argumentos, el dedo se ha desplazado al extremo derecho.

—¿Queréis decir que no tendré en el campo los ojos de tigresa de Lara ni los regates brasileños de João? —pregunta Champignon—. Lo siento, como también siento que dejéis el equipo. Un pétalo que se separa de la flor siempre resulta triste, pero si ese pétalo va a embellecer otra flor, vale la pena. No se deja nunca de ser un Cebolleta. Quien ha aprendido a serlo, siempre lo será. Por eso, os pido que en el nuevo equipo sigáis respetando las reglas y a los adversarios, y que enseñéis a vuestros compañeros que quien se divierte siempre gana.

—O sea que no se ha enfadado por nuestra decisión, ¿verdad, míster? —pregunta Lara.

—No, querida tigresa —responde el cocinero-entrenador—. Gracias a vuestra decisión, podremos acoger en los Cebozetas a tres nuevos jugadores. Cuantos más chicos se diviertan en el campo, mejor. Además, así le pondremos un poco de picante a la liga. Tendremos un nuevo derbi: ¡vosotros contra nosotros! ¡Que gane el mejor! Ya me estoy imaginando las polémicas que se inventará Tino el día antes…

Los chicos ríen con ganas.

—Tengo en el horno algunos merengues a la rosa —concluye Champignon—. Animaos, porque no sé si en Villalba encontraréis una repostería tan buena. Pero, sobre todo, ¡animaos porque no anda cerca Fidu!

Y tú, ¿qué opinas? ¿Te ha sorprendido la decisión? Resultará extraño no ver más a Dani y João en el Cebojet, y todavía más extraño ver a Sara e Ígor jugando contra Lara y Pavel. Pero también puede ser divertido, ¿no crees? ¿Te acuerdas de cuántas carreras han disputado Becan y João durante las vacaciones? En Brasil, en China… ¡Pues ahora podrán retarse también durante la liga! Además, Gaston Champignon tiene razón, los verdaderos amigos no se separan nunca, aunque jueguen en distintos equipos. Tomi lo demostró cuando jugó con el Real Madrid.

Después de la merienda, el grupo de seis vuelve a la parroquia y comunica su decisión a los compañeros, que en un primer momento se quedan de piedra, pero luego, poco a poco, se van haciendo a la idea y van viendo sus aspectos más divertidos.

—¿Te acuerdas de cuando en clase de baile jugábamos a regatearnos y la señora Sofía se ponía furiosa? —pregunta Sara.

—¡Sí, la verdad es que nos divertíamos un montón! —salta Lara—. Ahora por fin nos volveremos a enfrentar una contra la otra.

—Y por fin nos libraremos de las medias apestosas de Dani —suspira Fidu.

—Las echarás de menos —asegura el defensa andaluz—. Recuerda que mis medias apestosas tienen propiedades mágicas y dan buena suerte.

—En cambio, tú echarás mucho de menos mis pases milimétricos —dice João—. Ya veremos si ese fenómeno de Morten te habilita tan bien para marcar como hacía yo…

—Con él marcaré el doble —responde Tomi—, porque, como dice Tino, estás «medio Morten»…

Todos sueltan una carcajada.

João aprovecha la ocasión para coger un balón y salir corriendo hacia la portería más alejada, desde donde lanza un reto:

—¡Veamos si podéis con los Sobresalientes, Cebozetas!