CAPÍTULO 7

Todo queda en casa

Quien más y quien menos buscó una explicación a la derrota en Roland Garros. El torneo de Madrid acababa de celebrarse por primera vez en la Caja Mágica, sobre tierra batida, ubicado en un nuevo lugar del calendario, justo antes de París. Nadal se opuso al cambio de fechas por considerar que la altura de la capital de España le perjudicaría para jugar en poco más de una semana en París, al nivel del mar. Sin embargo, elegante en su juicio, calificó como una «tontería» que esta hubiera sido la razón de que cayera frente a Soderling.

Tres veces campeón, siempre ha mantenido una relación delicada con este torneo, donde ha firmado algunos partidos sensacionales. Lo fue la final del otoño de 2005, en el Madrid Arena de la Casa de Campo, bajo techo, frente a Ljubicic. El croata tuvo ventaja de dos sets y contó con una ruptura de su lado en el quinto, antes de caer por 3-6, 2-6, 6-3, 6-4 y 7-6 (3), en tres horas y 53 minutos. Era entonces un tenista de primer nivel, que afrontó la final con 16 victorias consecutivas en pista cubierta y con la altura como valor añadido por la contundencia del servicio y su juego directo. Se fue hasta 32 aces, saldo insuficiente para evitar el primer regreso de Nadal de dos sets adversos, su cuarto Masters 1000, su decimoprimer título de la temporada.

Quiso jugar el torneo frente a la recomendación de todo su equipo, con el doctor Ruiz-Cotorro a la cabeza. Padecía ya tendinitis en las rodillas, que sintió desde el debut. La actitud valiente, agradecida con el público, acabó por revelarse temeraria. Lesionado en el ligamento peroneo astragaliano anterior del pie izquierdo, como consecuencia, entre otras cosas, de la modificación de los apoyos a que le llevaban los problemas en las rodillas, estuvo más de cuatro meses de baja, temiendo seriamente que se tratara de la conclusión traumática de su aún brevísima carrera. «Lo que no voy a hacer nunca es estar en una pista de tenis sin dar todo lo que tengo dentro. Y la satisfacción que sentí cuando acabé ganando la final a Ljubicic, con la pista completamente llena y todo el público animándome, coreando mi nombre, es algo imborrable», manifestaba, sin un ápice de pesar.

Actuaciones como aquella dieron a un torneo casi recién nacido un impulso extraordinario. Aún muy presente la final de la Copa Davis 2004 y el primer título de Roland Garros, en 2005, en un curso asombroso, Nadal se apoderaba para siempre de Madrid. Ion Tiriac, propietario del torneo, aunque él prefiera denominarse asesor, mantenía sus premisas de que este se encontraba por encima de los jugadores, de que la competición tenía peso sin depender de uno u otro de los grandes del circuito. No le faltaba parte de razón, pues se trataba ya de un Masters Series (denominación entonces) y, sobre el papel, tenía garantizada la presencia de los mejores, obligados a disputar las competiciones de este rango. Pero es evidente que el magnate careció de perspectiva, no supo calibrar lo que Nadal iba a significar en la historia del deporte. Atrincherado en su soberbia, tardó mucho en tener la consideración debida con el alma del torneo. Algo pudo influir también en la distancia entre ambos el hecho de que el tenista perteneciese entonces a IMG (International Management Group), emporio con el cual Tiriac nunca ha mantenido buena relación.

En muchos sentidos Madrid ya era capital Nadal. Se nutría de rasgos personificados por el jugador: capacidad de superación, nobleza, talante positivo. Si en 2005, año en el que ganó el título después de la apasionante final contra Ljubicic, las entradas para las semifinales y la final se habían terminado de vender en la primera semana de septiembre (entonces el torneo se disputaba a mediados de octubre), un año después estaban agotadas a principios de agosto. Era un fenómeno comparable al que supuso Becker en Alemania en la mitad de los ochenta, si bien el empuje del germano resultaba aún mayor al tratarse de un caso único en el tenis masculino de su país. Becker movía diez veces más dinero que el Nadal de 2006, según Gerard Tsobanian, director general del torneo de Madrid y mano derecha de Tiriac.

El multimillonario rumano olfateó pronto el aroma de la fortuna y se puso a administrar el filón del que sería triple campeón de Wimbledon y número uno del mundo. La maquinaria pesada del poder financiero alemán, con Deutsche Bank, Mercedes y Adidas, entre otras compañías, apostó sin temor para sacar réditos de su explosión.

Carlos Gracia, director de marketing y estrategia de negocio del torneo de Madrid, atribuía al influjo de Nadal la firma de Mutua Madrileña como primer patrocinador. Lo calificaba como «un héroe cercano», ideal en la intención de hacer llegar el torneo a todo el mundo, más allá del club VIP y los palcos. «Si queremos una competición combinada, de hombres y mujeres, dentro de unos años no podemos vivir solo de las grandes empresas y de los aficionados con dinero, sino que debemos alcanzar a la gente de a pie», apuntaba, tres temporadas antes de que se cumpliera uno de los sueños de Tiriac.

Nadal aglutinaba solvente capital social, valores de alcance para distintos grupos, con pegada intergeneracional, sin exclusión de sexos. Para las chicas funcionaba como un ídolo juvenil. Las personas más mayores valoraban su carácter honesto y responsable. Encarnaba, además, al campeón universal, cosmopolita, lejos de cualquier debate territorial.

Tampoco esto fue suficiente. Lejos de que se dieran pasos de reconciliación, las distancias fueron haciéndose cada vez mayores. Hubo de estallar, en 2012, el escándalo de la tierra azul, para suavizar el trato. El desastre de las pistas a causa de la cristalización de la sal añadida dos días antes del inicio provocó botes irregulares y puso en peligro la estabilidad de los jugadores. Una cura de humildad para Tiriac, consciente del grave error, aunque no fuera capaz de reconocerlo públicamente.

Nadal solo pedía las lógicas atenciones en entradas para su grupo, pequeños detalles que poco cuestan cuando los organizadores quieren poner de su parte. Muy distinta es la actitud como anfitriones de algunos jugadores de mucho menor significación, como el caso de Nalbandian en Buenos Aires, donde ejercía plenamente su acreditado nepotismo.

Tiriac quería elevar el caché del torneo y montar la competición combinada, y pujó hasta encontrar un espacio después de Montecarlo, Barcelona y Roma, justo a las puertas de Roland Garros. Alterada la secuencia que le había conducido a una sucesión extraordinaria de triunfos, culminada con la copa en París, Nadal no disimuló su malestar. Nadie le había consultado, ni la ATP, presidida por De Villiers, ni los responsables de Madrid.

En 2009 tuvo lugar la primera edición en la Caja Mágica, saltando de la superficie rápida y cubierta a la arcilla al aire libre, de octubre a mayo. Antes del comienzo, Nadal cargó duramente contra las instalaciones, opinión secundada por un buen grupo de jugadores. Para empezar, los vestuarios ni siquiera reunían un mínimo de condiciones. Eran trailers, duchas prefabricadas, fruto de la improvisación, de lo justo que llegaron los organizadores para hacer un escenario digno de un gran torneo.

«Está todo un poco desordenado aún, creo yo. El bote de la bola resulta complicado de momento. Ayer y hoy he entrenado fuera y la pista tenía bastantes malos botes, y si le añades la altura de Madrid, se pone difícil jugar», valoró el manacorense. Poco antes había entrenado en una de las canchas exteriores, encontrándose con la sorpresa de que al finalizar la sesión no contaba con personal de seguridad. Fue un argumento más para sentirse desconsiderado, un fallo organizativo que acentuó su profunda incomodidad.

Hubo maniobras de acercamiento por parte de la organización, encuentros con Carlos Costa, agente de Nadal. Como es lógico en una competición que se juega en España, el tenista precisaba de más invitaciones que en cualquier otro torneo disputado en el extranjero. Podía tener más cerca de lo habitual a toda su familia y facilitar el acceso a sus numerosos patrocinadores, que no coincidían necesariamente con los de la organización. Curiosamente, en París o en Roma puede disponer de 50 entradas, mientras que en Madrid solo contaba con un palco y otras diez. Tampoco había especial cuidado a la hora de acomodarle en hoteles con las condiciones que demanda cualquier tenista de élite. Poco a poco la relación se suaviza. Habrá un palco más para los Nadal, que tendrán también mayor número de localidades. Pero sin llegar a un trato afable, fluido, sin que el tenista pueda considerar Madrid uno de sus torneos favoritos.

En su papel institucional, como director del torneo, Santana procura no quemarse. Valora mucho más su relación personal con Nadal que las desavenencias que pudieran surgir entre este y Tiriac. Tampoco él, como muchos de los miembros de la organización, estaba de acuerdo en cómo se trataba al tenista, pero prevalecían los criterios del rumano, aplicados por su mano derecha, Tsobanian. Tiriac y Nadal se llevan, sin caer en desplantes. Nada que ver, por supuesto, con la amistad que el jugador sostiene con Larry Ellison, dueño del torneo de Indian Wells y compañero de algunas cenas y partidos de golf, pero sí dentro de lo que marca el protocolo. Nadal detiene un entrenamiento cuando Tiriac va a verle y este es el primero en felicitarle por la consecución de los títulos.

Con la aseguradora Mapfre entre sus patrocinadores, se especuló con que parte de los problemas viniesen de que el torneo tuviera un poderoso respaldo en Mutua Madrileña, que hace años lleva asociado su nombre al de la competición. La ATP posee los derechos de imagen de los jugadores. Los cede a los torneos para acciones encaminadas a la venta de entradas, pero en los anuncios promocionales siempre conviven las siluetas de varios tenistas, con el fin de que no se asocie individualmente a ninguno de ellos con la marca que sustenta el torneo. No cabe buscar ahí el germen del conflicto. Toda campaña de marketing de un tenista se remite previamente a la ATP o a la WTA (Asociación de Tenis Femenino) para que la hagan llegar a los agentes y estos den o no el visto bueno.

A Nadal no le gustaba especialmente jugar por la noche, y pedía hacerlo en la sesión de día, pero en los primeros años el contrato firmado con Televisión Española incluía la retransmisión del partido estelar, habitualmente protagonizado por él y en horario nocturno. Lo aceptaba con profesionalidad. En la primera edición los derechos pertenecían a Canal Plus, que cedía un encuentro a TVE. Entonces, aún no había estallado el fenómeno Nadal. Cuando empieza a ascender, Madrid tiene poder en la negociación para priorizar al ente público.

El cambio de fechas, del otoño a la primavera, en 2009, amplía las distancias entre Nadal y Tiriac. Hay evidentes descuidos en la apresurada mudanza del Madrid Arena a la Caja Mágica. Nadal pierde con Federer en la final. No es el mejor modo de acudir a la defensa de su corona en Roland Garros, pero nadie imagina que un jugador con tan escaso pedigrí como Soderling le derribará por primera vez en su torneo.

«No hablamos de temas personales»

El 23 de junio de 2009, poco más de tres semanas después de la derrota en París, Neil Harmann, periodista de The Times, se hace eco de la separación de sus padres, Sebastián y Ana María, algo que había trascendido las fronteras del rumor en España, pero que los medios nacionales conocedores de la ruptura no revelaban atendiendo a los imperativos de la jefatura de prensa del jugador. El diario británico apuntaba que estaba «abatido» por la situación. «No hablamos nunca de los temas personales de Rafa. Ni él ni nosotros», respondía Pérez Barbadillo.

El asunto era tabú. Y lo siguió siendo hasta tiempo después, cuando el jugador recordó su dolor en Rafa. Mi historia. «En el primer tramo del largo viaje de vuelta de Australia, mientras volábamos de Melbourne a Dubai, mi padre me contó que había problemas en casa. Por suerte, tuvo el detalle de no decírmelo un par de días antes, en vísperas de la final, porque no habría tenido tiempo para recuperarme de las semifinales con Verdasco, pero era un flaco consuelo. La noticia me cayó como una bomba. No le hablé durante el resto del viaje», desveló en el libro.

Nadal había ganado su primer título en Melbourne, en el comienzo de 2009, imponiéndose en la final a Federer, después de las cinco horas y 14 minutos de partido contra Verdasco. El impacto emocional no afectó de inmediato a su rendimiento. Perdió frente a Murray la final de Rotterdam, pero se llevó el título en Indian Wells y cubrió con éxito el ciclo habitual de triunfos en Montecarlo, Barcelona y Roma, antes de caer con Federer en la final de Madrid. «Por fuera seguí siendo un aumata de jugar al tenis, pero el hombre interior había perdido todo amor por la vida», decía en la obra publicada en 2011.

Después de la lesión que siguió a su derrota ante Soderling en Roland Garros, reapareció en Toronto, en agosto, pero atravesó uno de los períodos más dilatados sin volver a ganar un título. No volvió a hacerlo hasta Montecarlo, en abril de 2010. Sufría en la distancia una situación que nunca había podido imaginar. Si bien Toni siempre trató de prepararle para los momentos delicados de la vida, lo inevitable de la derrota, el valor necesario a la hora de encarar los problemas cuya solución no estaba en sus manos, el jugador, ejemplo de fortaleza en la pista, sentía una enorme impotencia fuera de ella. Seguía haciendo lo mismo, viajar por el mundo con una raqueta en la mano, pero, precisamente por la distancia física que le separaba de los suyos, se adueñaba de él un cierto pesar, la necesidad de estar más cerca que nunca de su hermana Maribel, cuatro años más joven, y de su madre, Ana María, a las que consideraba los bastiones más debilitados en el equilibrio familiar.

Maribel ha sido y es la niña de sus ojos, a la que procura todas sus atenciones. Habla con ella regularmente desde cualquier punto del planeta, se preocupa siempre por su bienestar y la protege de cualquier intromisión de los medios. Mantiene el halo de discreción de todas las mujeres de la familia, con su novia, Xisca, a la cabeza. En cierta ocasión, el periodista Kepa Horcajuelo creyó haber dado con algo parecido a una exclusiva, durante un Abierto de Estados Unidos, al ganarse las palabras de Maribel para la televisión, pero pronto irrumpió el responsable de prensa de Nadal frustrando la tentativa, no sin dejar claro que era orden expresa del jefe.

Imbuido por la responsabilidad y por ese espíritu patriarcal que caracteriza a la familia, Nadal decidió asumir un rol mayor del que le había correspondido hasta la separación de sus progenitores. «Entiendo que estés mal, pero no debes estar peor de lo que te toca estar», solía recordar a su hermana.

Maribel estudió, al igual que Xisca, en La Pureza de María, un colegio de monjas de Manacor, ahora mixto y en régimen concertado. Luego hizo INEF en Barcelona y colabora con la Fundación Rafael Nadal, de la que también se ocupan su novia y su madre, además de trabajar en el torneo Conde de Godó. Sale con Pep Juaneda, jugador de golf.

La escenografía de las gradas, con los géneros nítidamente definidos, las mujeres alineadas en las filas superiores, los hombres en las más próximas a la pista, se reproduce en cualquiera de sus presencias públicas en los distintos torneos: en la sala de jugadores, en el comedor, en las ocasiones en que ellas se dejan ver, pues resulta mucho más frecuente la figura de su padre, habitual en los entrenamientos. Ellos, con Toni; Carlos Costa; Pérez Barbadillo; Sebastián; sus tíos, Miguel Ángel, el ex jugador del Barcelona, y Rafael, que fue concejal de urbanismo en el Ayuntamiento de Manacor, departen por un lado, mientras que las féminas, a las que se suman su madrina, Marilen, hermana melliza de Miguel Ángel, muy querida por Nadal, y Joana Maria, la esposa de Toni, mantienen una conversación paralela. Ellos, con el padre a la cabeza, responsable de los negocios nacidos de una empresa de cristalería que ha logrado una sobresaliente expansión gracias al éxito deportivo de su hijo, ejercen de varones proveedores en el sentido ancestral del término. Ellas acompañan, sin objetar un cierto grado de sumisión que ha de preservarse en el terreno mediático.

Ahí encaja perfectamente María Francisca, Xisca, hija del constructor Bernat Perelló y de la funcionaria del Ayuntamiento de Manacor María Pascual. Inició su relación sentimental con Nadal en la segunda mitad de 2005. Xisca, o Mery, como prefiere llamarla su novio, es una muchacha menuda y discreta, «minuciosa, detallista, puntillosa y profesional», según una persona cercana. Rechaza por completo el papel rimbombante y avasallador de algunas acompañantes, regulares u ocasionales, de otros deportistas célebres, entre ellos populares tenistas españoles.

Se deja ver por Manacor, paseando o yendo de compras con su madre, o incluso con Nadal, que puede tomarse tranquilamente un café junto a ella y sus abuelos en El Palau, local situado justo debajo de la casa del tenista en Manacor, que regenta la hermana de la mujer de Toni. No le asedian sus seguidores, salvo que se trate de turistas sorprendidos por su aparición.

Tras licenciarse en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad de las Islas Baleares, en el verano de 2010 Xisca empezó a trabajar como becaria en Endesa, para después trasladarse a Londres con IMG –la empresa de esponsorización, patrocinio y marketing deportivo a la que estaba ligado Nadal antes de desvincularse de ella y sumarse al nuevo proyecto de Carlos Costa– y recalar después en la fundación. Suele moverse en un coche blanco de la marca KIA, primer patrocinador del tenista, y a veces en un Mercedes.

Xisca y Rafa quieren ser una pareja cualquiera en los pocos ratos que comparten en Manacor o Porto Cristo. Ella soporta con paciencia la afición del muchacho a la pesca, pasión innegociable en sus pasos por la isla, y disfruta de la noche junto a él y sus respectivas cuadrillas. En el desarrollo de las veladas también se parte habitualmente de una distinción previa de géneros. Los chicos cenan por su lado, con el pago a escote como norma, y las mujeres por el suyo, para reunirse horas después y pasar todos juntos por alguno de los garitos de moda. Allí, cuando la competición lo permite, Nadal se consiente algún tequila. Joven hiperactivo y vitalista, saca provecho a sus períodos de asueto, exprimiendo al máximo el tiempo. No es extraño que la diversión se prolongue hasta casi el amanecer y en pocas horas levante de la cama a su amigo Marc López, que le visita frecuentemente, para proponerle un paseo en las motos de agua.

Continua efervescencia

En el trabajo y fuera de él, Nadal derrocha energía. Puede llegar a dormir cinco o seis horas incluso antes de un partido. A veces sorprende pegándose un sprint de ocho o diez metros en el vestítulo del hotel, camino de su habitación, ya con la jornada vencida, tras la cena, después de un día entero de duro entrenamiento.

Tiene un chalé en Porto Cristo y compró otra casa en la bahía como inversión. Pero sigue viviendo con sus padres. No hay planes de boda con Xisca ni idea inmediata de compartir el mismo suelo. En las pocas semanas que no está compitiendo, se encuentra muy cómodo al lado de su familia, en medio del cálido hábitat donde se mueve desde siempre toda la saga Nadal, ya sea en Manacor o en Porto Cristo.

Entre otras razones, y según sus propias palabras, ha sido la necesidad de defender esos vínculos, también los que le unen a los integrantes de su equipo, lo que le ha decidido a mantener en España su residencia, frente a la corriente, muy común en el tenis, donde la itinerancia facilita tributar en paraísos fiscales, de un patriotismo poco comprometido. Pesa también el cuidado de su imagen, muy asociada desde los comienzos a la entrega por España.

En febrero de 2012, la Hacienda de Guipúzcoa, en manos de la coalición abertzale Bildu, abrió una investigación al entramado de empresas que Nadal había tejido en el territorio foral desde 2006, con el fin de beneficiarse del régimen especial que se aplica a las sociedades de promoción de empresas (SPE). Esta discutible opción, suprimida en el resto de España pero aún vigente en el País Vasco, le habría permitido reducir sensiblemente sus responsabilidades con el fisco.

El régimen de las SPE se ideó para que las empresas pudieran acceder a financiación y favorecer la creación de actividad productiva, pero para ello deberían contar con consejeros guipuzcoanos y tener allí su centro de dirección y decisión. Ni era su caso, ni perseguía ese fin.

El jugador y su agente salieron rápidamente al paso de la noticia, que pasó de manera discreta y fugaz por los medios. «La situación real dista mucho de las informaciones que han salido. Yo siempre he tenido mi domicilio fiscal en Mallorca. Son muchos los millones que he pagado, que es lo que me toca como ciudadano, y lo he hecho», dijo Nadal, antes de aclarar que, «mal aconsejados», domiciliaron sociedades en Guipúzcoa para obtener «ventajas fiscales dentro de la legalidad». «Las ventajas no fueron tales y se decidió volver a Mallorca», precisó.

Caso cerrado en poco tiempo. Reacción eficaz y contundente. Tarda poco en dar explicaciones y fortalece su compromiso ciudadano, confesando que ha rechazado ventajosas propuestas para vivir fuera de España. Algún otro tenista que tanteaba maneras alternativas de obtener beneficios fiscales fuera del país dentro de la legalidad se tienta la ropa. Lo sucedido le sirve de aviso. Deberá reconsiderar la idea de la sicav. Existe la percepción entre alguno de sus colegas y compatriotas de que los medios le trataron de forma harto considerada. Su dimensión profesional y ética ejerció de atenuante.

Al fin y al cabo, fue un desliz. Nada que ver con lo acontecido con Arantxa Sánchez Vicario, que tributó muchos años en Andorra viviendo en Barcelona y se confiesa en la ruina mientras intenta hacer frente a una deuda de 5,2 millones de euros con el fisco español, o con Moyà, que mantuvo durante buena parte de su etapa en activo la residencia fiscal en Suiza, por citar dos de los casos más llamativos de jugadores españoles. Montecarlo es la primera patria de un buen número de jugadores de todo el mundo. No se trata solo del tenis, sino de una tendencia habitual entre los deportistas con ingresos multimillonarios. Basta echar un vistazo a la lista Falciani. Además de Marat Safin, ya retirado, aparecen, entre otros, Fernando Alonso, que hasta 2011 tributó en Suiza, Michael Schumacher y Valentino Rossi. El dinero circula a toda velocidad. Bien lo sabe Marc Márquez, campeón del mundo de MotoGP, que dio marcha atrás en la decisión de poner a salvo sus cuentas en Andorra ante la reprobación popular.

El 5 de diciembre de 2014 Nadal presentó en Manacor la Rafa Nadal Academy by Movistar, un proyecto que espera poner en marcha en 2016. La academia, de cuya idea y desarrollo se sabe hace mucho tiempo, ha sido otro de los asuntos sometidos a régimen de secretismo. Hasta que no estuvo todo convenientemente firmado y con los patrocinios definitivamente suscritos, se trataba de una especie de búnker que no convenía publicitar. El entorno de los Nadal siempre ha estado próximo al Partido Popular, y en particular a Jaume Matas. El presidente del Gobierno balear entre 2003 y 2007 se encuentra en prisión desde el 31 de octubre de 2014 por el caso Palma Arena.

Muy aficionado al fútbol, Rafael Nadal tardó poco más de un año en traspasar el 10% de las acciones del Mallorca, adquiridas junto a su tío Miguel Ángel. Se las vendió al empresario alemán Utz Claassen, que en enero de 2015 pasó a ser el máximo accionista del club. Claassen se ha preocupado por devolver a Miguel Ángel a la secretaría técnica del Mallorca, de la que salió en 2011 tras el enfrentamiento con Lorenzo Serra Ferrer, que entonces poseía el 49% del accionariado. El actual presidente tiende puentes con la familia Nadal, sabedor de su extraordinaria influencia y poder. El 8 de febrero de 2015 consiguió que Sebastián y Ana María, los padres del tenista, regresaran al palco del Iberostar para asistir al Mallorca-Leganés.

En 2008 se inauguró la Fundación Rafa Nadal. A través de ella el jugador y su familia apoyan programas educativos para la integración de jóvenes con escasos recursos, con el deporte como herramienta. Los deportistas de élite, así como actores y músicos con un alto grado de popularidad, suelen distinguirse por este tipo de iniciativas, que, sin obviar su cuota correspondiente de altruismo, promueven una imagen favorable a la vez que suavizan los colmillos de Hacienda.

Dentro de las actividades de la fundación se encuentra, desde 2013, el torneo de golf benéfico Olazábal & Nadal, que se disputa en Pula, a unos 80 kilómetros de Palma, con el apoyo paralelo de la Fundación Sport Mundi, presidida por José María Olazábal. El Pro Am Mallorca Classic cuenta con destacados jugadores europeos, entre ellos Sergio García. De carácter benéfico, suele disputarse en la última semana de octubre, con los participantes aún en plena temporada. Son numerosas las facilidades que Romeo Sala, propietario del campo donde se juega esta competición, ofrece a los jugadores. No resulta extraño que les brinde la posibilidad de fletar un jet privado para desplazarse desde el lugar donde se encuentren. Sebastián Nadal le ha dicho en alguna ocasión a Sala que no haga este tipo de ofrecimientos a su hijo, para evitar acostumbrarle mal. Sergio García, por el contrario, gestiona a través de su padre el uso del avión privado.

Pasión por los coches

El Nadal austero, solidario, preocupado por las personas que le rodean, tiene en los coches de lujo una de sus debilidades. Además de los deportivos de KIA, posee un Ferrari y se mueve en un Aston Martin DBS, si bien alguna vez ha expresado su preocupación por el excesivo consumo de gasolina del espectacular vehículo. Tanto él como su entorno cuidan con mimo cualquier tipo de gasto. En una ocasión fui testigo de cómo Toni se preocupaba de responder con un «esto vale dinero» a un aficionado que le pedía como regalo una de las raquetas con las que caminaba por las pistas de entrenamiento de Wimbledon después de entrenar.

Las cuentas han de cuadrar. No importa si la temporada ha sido larga e intensa. En ocasiones estima oportuno concluirla con una gira de bolos, con el argumento de que hay que facturar. Sin implicar tensiones competitivas, lo cierto es que este tipo de largos desplazamientos, a Sudamérica o, tal vez, en un futuro, para participar en la Liga Asiática, a la que no pudo sumarse en el otoño de 2014 por la operación de apendicitis, atentan contra la recuperación y el descanso. No dejan de suponer una paradoja, dada su beligerancia contra el intenso calendario.

En febrero de 2015, diez años después de su única participación, saldada con derrota contra Gaudio en cuartos de final, regresó al torneo de Buenos Aires. Ganó el título después de enfrentarse sucesivamente a jugadores argentinos sin demasiado pedigrí; el último, Mónaco. Volvió manteniendo la idea, ya apuntada en las dos temporadas anteriores, de disputar la temporada sudamericana de arcilla. Movido, también, por una jugosa cantidad de dinero por la mera participación en el torneo. Prefirió un ATP 250 al ATP 500 de Dubai, que reunió a los mejores.

La victoria le permitió recuperar el tercer puesto del ranking, que había perdido en beneficio de Murray una semana antes. El escocés cayó en cuartos de Dubai contra Coric. El triunfo en Buenos Aires, el primero en casi nueve meses, permitió a Nadal recobrar autoestima tras la derrota en las semifinales de Río contra Fognini. «Me canso antes de lo habitual. Más que preocuparme, entiendo que son procesos que tengo que pasar. Igualmente me sorprende tener calambres, pero es una parte del camino que tengo que recorrer», dijo después de ser sorprendido por el italiano.

Cierto es que en cuartos había precisado tres horas y treinta minutos para superar al uruguayo Pablo Cuevas, 24º del mundo, y que estaba en pleno proceso de reacondicionamiento tras varias semanas de baja, pero se deduce una vez más de su discurso poca estima por los méritos del rival. En los últimos años, da la impresión de que cuando llega una derrota siempre pierde él, nunca gana el adversario. También comprometen la más que merecida reputación de deportista modélico increpaciones como la realizada a Carlos Bernardes durante el encuentro ante Fognini: «Voy a pedir que no me arbitres más. Eres el que más presión me metes con diferencia en el circuito. No puedo más, no puedo más», espetó al juez de silla brasileño cuando este le instó a no superar el tiempo de tregua reglamentado entre los puntos.