Por estos sotos, antes que nosotros,
pasaba el viento cuando había viento.
Y no hablaban las hojas
de otra manera que hoy.
Pasamos y agitámonos en balde.
No en lo que existe hacemos mayor ruido
que las hojas del árbol
o los pasos del viento.
Tratemos, pues, con abandono asiduo,
de entregarle a Natura nuestro esfuerzo
y no querer más vida
que la de árboles verdes.
Inútilmente parecemos grandes.
Salvo nosotros, nada por el mundo
honra a nuestra grandeza
ni sin querer nos sirve.
Si aquí en la arena, junto al mar; mi indicio
con ondas tres no más el mar apaga,
¿qué no hará en la alta playa
en que el mar es el Tiempo?