No consienten los dioses sino vida.

Todo, pues, rehusemos que nos alce

a irrespirables cimas,

perennes mas sin flores.

La ciencia de aceptar tengamos sólo,

y, mientras de la sangre en nuestras sienes,

no con nosotros mústiase

el mismo amor, duremos,

cual vidrios a las luces transparentes

y dejando escurrir la lluvia triste,

tibios al sol caliente

y reflejando un poco.