Del viento en la orilla mueven

sus cuerpos muertos las hojas.

Ya de los árboles llueven,

ya, si inertes no se mueven,

tú, lluvia otoñal, las mojas.

Y no hay en mi pensamiento

deseo de irlas pensando.

No tengo en este momento

ya nada en mi pensamiento:

soy igual que hojas volando.

Pero las hojas no sienten

esta pena honda y rotunda

que mis sentidos consienten.

Nada son y nada sienten

de mi pena más profunda.