Tengo pena y no respondo.

Mas no me siento culpado

porque en mí no correspondo

al otro que en mí has soñado.

Cada uno es mucha gente.

Para mí soy quien me pienso,

para otros – cada cual siente

lo que cree, y es yerro inmenso.

Ah, dejadme sosegar.

No otro yo me sueñen otros.

Si no me quiero encontrar,

¿querré que me halléis vosotros?