CAPÍTULO DOCE

 

Jack se despertó lentamente, dándose cuenta de que había dormido muy profundamente. Giró su cabeza en la almohada sin abrir los ojos. Quería permanecer en el limbo, entre el sueño y el estar despierto. Al respirar profundamente notó un delicado aroma, como de suaves flores con matices de sándalo. Se volvió alargando el brazo, buscando, pero la cama estaba vacía.

Abrió los ojos y una sensación de pérdida lo inundó. Sheri se había ido. No necesitaba buscarla. Después de la noche anterior podía sentir su ausencia tan fácilmente como su presencia. Estaba en su dormitorio, en casa; la cabaña de la montaña, una vez más, a muchos kilómetros de distancia' Las ropas de ella habían desaparecido; las suyas estaban cuidadosamente dobladas sobre una silla. Todo lo que quedaba era el permanente aroma de ella en su piel, aroma que también empezaba a desvanecerse.

Jack se incorporó, se sentó en el borde de la cama y hundió su cara entre las manos. ¿Qué había ocurrido anoche? Todo había parecido tan claro, tan obvio. Sentirla en sus brazas, en su cama, había parecido inevitable, algo como predestinado. No había pensado en nada salvo en ese fuego que lo abrasaba por dentro. No había pensado en el deber ni en compromisos o-responsabilidades. Y sobre todo, no había pensado en Eleanor.

-¡Maldición!

Se levantó y se dirigió al cuarto de baño, abrió la ducha y se metió bajo el agua casi hirviendo como si el calor pudiera liberarlo de la culpabilidad que sentía.

Eleanor. ¿Cómo podía haber olvidado su compromiso? Nunca le había dicho que estuviera locamente enamorado de ella, pero al menos ella tenía derecho a esperar fidelidad. Y no había conseguido ni eso.

Y Sheri. Se apoyó contra los fríos azulejos, dejando que el agua caliente le golpeara la nuca. ¿Qué estaría pensando Sheri en esos momentos? ¿Estaría arrepentida? Ella había sido tan dulce en sus brazos, dócil, pero no pasiva. Había sentido pasión en su tacto, una necesidad tan grande como la suya.

Él gimió mientras su cuerpo reaccionaba ante los recuerdos. ¡Cielos! Parecía un adolescente de mente calenturienta. Agarró los grifos, conteniendo la respiración cuando el agua helada golpeó contra su piel caliente. Como siguiera así le iba a dar un ataque al corazón.

Jack se secó y se vistió para irse al trabajo, sin pensar en lo que hacía. Su instinto le decía que debía buscar a Sheri, hablar con ella. ¿Pero qué le diría? No entendía cómo se sentía, no sabía qué era lo que ella querría que le dijera. Y además, estaba Eleanor. Aunque, habiendo dormido ya con otra mujer, suponía que no era un crimen que hablara con ella.

Aun así, ¿no debía hablar con Eleanor primero? ¿Y qué era lo que iba a decirle? Gimió, intentando anudarse la corbata. Iba a ver a Eleanor por la noche... estaban invitados a una cena. ¿Cómo iba a enfrentarse a ella? ¿Y qué iba a pensar Sheri?

Empezó a notar un dolor de cabeza. ¿Qué había ocurrido con su tan perfectamente organizada vida? ¿Cuándo había cambiado? Nada estaba saliendo como había planeado. Nada iba como él esperaba.

No podía hablar con Sheri hasta que no hubiera pensado todo bien. Además, ella también se sentiría así. Si no, no habría huido de su cama. Sintiéndose como un inmundo gusano cogió su maletín y salió de la casa.

Sheri permaneció en la ventana, mirando el Jaguar salir por la avenida. Incluso a aquella distancia podía sentir la confusión de Jack. ¿O era la suya propia? El coche se perdió de vista y ella se apartó de la ventana con expresión preocupada.

Cuando se había marchado de la cama esa mañana, se había dicho a sí misma que era por el bien de Jack, para darle tiempo. Pero tenía que ser sincera consigo misma, y admitir que era ella la que necesitaba tiempo. Tiempo para acostumbrarse a los cambios que se habían producido en ella misma, tiempo para preguntarse cómo iba a sentirse Jack por lo de la noche anterior.

Paseó por el exterior, buscando la paz de la rosaleda. Levantó una mano para saludar a Melvin que trabajaba con un rastrillo, pero no buscó su compañía.

¿Había sido un error lo de anoche? La negativa le surgió del corazón. Seguramente algo tan agradable, tan maravilloso, no podía ser un error. Su expresión se suavizó, los ojos cálidos con el recuerdo. Se sintió como si hasta ese momento, sólo hubiera estado viva a medias. Todo lo `que le había sucedido antes parecía insignificante.

Aun así, ella había perdido algo. Alargó la mano para tocar una rosa. Sus dedos temblaban. Ella había sabido el precio que tendría que pagar por amar. Ya no era parte de ninguno de los dos mundos. Había sacrificado la mayoría, si no todos sus poderes, por una noche en brazos de Jack.

Y lo haría otra vez, pensó intensamente. Durante aquellas maravillosas horas, se había sentido completa, como nunca lo había hecho antes. Aunque eso fuera todo lo que iba a lograr, habría valido la pena. Y tener el amor de Jack... apenas se atrevía a soñar con ello.

¿Qué sentiría él hacia ella? Ni Jack mismo hubiera podido responder esa pregunta. Lo único que él sabía era que no sabía cómo se sentía.

El trabajo permanecía intacto sobre su escritorio mientras él miraba por la ventana. Sus pensamientos eran tan caóticos, que no podía ni empezar a descifrarlos.

Por un lado, estaba Eleanor. Sofisticada, elegante, un producto de su mundo, un mundo que él entendía. Ella sería una anfitriona estupenda, una buena compañera, una ayuda en todo el sentido de la palabra. Y él podía ofrecerle la seguridad y estabilidad que ella quería. Ella sería una buena madre para sus hijos y no le dejaría en un estado permanente de confusión.

Y por otro, estaba Sheri. Su cara se suavizó. ¿Cómo podía definir a Sheri? Dulce, entregada, llena de luz. Ella nunca entendería su carrera, ni la importancia social de las fiestas. Ella traería a casa a gente sin hogar y animales vagabundos, y esperaría que él los ayudara. Había puesto su vida patas arriba antes de que se diera cuenta. Ni siquiera sabía si podían tener hijos.

¡Cielos santo! ¿Pero en qué estaba pensando? Se volvió de la ventana y se quedó mirando una planta. Estaba actuando como si se tratara de elegir entre las dos. Como si Sheri y él pudieran...

-Es una idea ridícula, además ella ni siquiera es humana -musitó para sí mismo, pensando que la noche anterior había parecido muy humana entre sus brazos-. Además, es presuntuoso pensar así. Ni siquiera sé si ella me aceptaría. Y después de lo de anoche, seguramente Eleanor me rechazará. Además, yo no la amo. No es que ame a Sheri, me preocupo por ella, pero no puedo estar enamorado de ella.

Las palabras parecieron permanecer flotando en la habitación, y Jack agradeció que de repente llamaran a la puerta. Distraerse de sus pensamientos era justo lo que necesitaba ahora.

-Adelante.

Pero Tina ya estaba dentro.

-Tu secretario dijo que a lo mejor estabas ocupado, pero yo sabía que no estarías demasiado ocupado para atender a tu hermana.

-¿Y si yo hubiera dicho que estaba demasiado ocupado? -sonrió Jack con afecto.

-Estarías mintiendo -le contestó Tina alegremente. Ella llevaba unos vaqueros y una camisa de un verde tan brillante, que Jack se puso una mano ante los ojos.

-¿Es eso legal? Puede causar accidentes de tráfico por deslumbramiento.

-Claro que es legal. Y además, refleja mi estado de ánimo.

Jack enarcó las cejas. Se sentó en el borde de su escritorio, observando cómo su hermana se sentaba en su silla.

-Bueno, eso es un buen cambio. Has estado paseando decaía por la casa durante días.

Ella se volvió para mirarlo, con una amplia sonrisa en su cara.

-Tengo muy buenas noticias.

-Creía que mamá y tú os ibais a quedar otro día más en Santa Bárbara.

-Volvimos antes de lo planeado -contestó ella impaciente.

-¿Qué tal el viaje? -preguntó él sólo por el placer de verla impacientarse aún más.

-¿Jack! ¿Quieres oír o no las noticias? -Bueno.

-Mamá ha accedido a dejarme estudiar. Va a darme mi parte de la herencia -las palabras salían atropelladamente.

-¿Sí? ¿Quieres decir que ha ignorado mis consejos?

-jJack! -le tiró el bolso y él se agachó riendo. -De acuerdo, de acuerdo. Me alegro mucho por ti, chiquilla.

Le abrió los brazos y la estrechó fuertemente. -¿Puedes creerlo? Estaba a punto de abandonar toda esperanza.

-¿Qué le ha hecho cambiar de idea?

Jack sonrió al verla pasear inquieta por el cuarto, demasiado nerviosa para permanecer sentada.

-Bueno, supongo que en cierto modo ha sido Sheri.

-Sheri -la sonrisa de jack se desvaneció y la miró con cautela-. ¿Habló Sheri con mamá?

-No, pero ella y yo estuvimos hablando, y ella me aconsejó que le contara a mamá lo de Mark.

-¿Mark? ¿El tipo de los delfines?

-¿Cómo lo sabes? Sheri debe habértelo contado. Oh, Jack, él es verdaderamente maravilloso y creo que te gustará. Sheri tenía razón. Fui una idiota al no habéroslo contado a ti y a mamá hace mucho tiempo. Dijo que te estaba menospreciando.

Jack recordó su reacción inicial cuando Sheri le contó lo del hombre con quien salía Tina. Por suerte, Tina estaba demasiado absorta en su historia como para ver el rubor de culpabilidad que apareció en las mejillas de él.

-Sí, bueno. Supongo que sí -murmuró él, incómodo.

-Sheri dijo que por todo lo que mamá se preocupaba era por verme feliz. Así que le conté lo de Mark. Estaba un poco dudosa al principio, pero cuando le conté lo maravilloso que era, me contestó que a ella no le importaba si tenía aletas con tal de que me hiciera feliz. ¿Cómo pude estar tan equivocada? De verdad, Jack, creo que no le habría importado si le hubiera dicho que era hechicero y llevaba una varita mágica.

Jack tosió incómodo.

-¿Y conoce ya a tu maravilloso hombre?

-No, pero vendrá a cenar a casa la semana que viene. Estarás allí, ¿no? Y quiero que Sheri también esté. Después de todo, si ella no hubiera estado tan segura de que mamá aceptaría a Mark, nunca se lo habría dicho. Y todavía estaríamos peleándonos.

Jack escuchaba su parloteo. Por su descripción, Mark parecía ser un cruce entre Jacques Cousteau y Robert Redford. Se sentía aliviado de que todo hubiera salido tan bien, pero no podía evitar sentirse un poco picado.

Llevaba más de seis meses intentando convencer a su madre de que entregara a Tina su parte de la herencia. Había llegado finalmente a la conclusión de que iba a tener que darle el dinero él mismo, con lo cual se habría ganado la hostilidad de su madre.

En cuestión de semanas, Sheri había conseguido dar la vuelta a la situación y ahora todos estaban encantados.

Su humor fue puesto a prueba otra vez cuando su madre vino a visitarle a media tarde. Ya era bastante que ni siquiera hubiera tocado el trabajo. Ya era bastante con sentirse un canalla cada vez que se acordaba de su prometida. Ya era bastante con sentirse totalmente confuso cada vez que se acordaba de Sheri.

Aún así, se mostró encantado de enterarse de que ella se hubiera decidido a abrir su propia tienda de bordados, donde poder exhibir sus habilidades. Y ya no le extrañó que atribuyera a Sheri el mérito de haberla convencido para ello.

No le importaba ni un poco. Pero sonrió y aseguró a su madre que el banco podría hacerle un préstamo. Se encargaría él personalmente de que un asesor la aconsejara en el negocio. Pero la sonrisa se desvaneció en cuanto su madre hubo salido por la puerta.

-¡Maldición!

En unas cuantas semanas había perdido el control de su vida. Todo se le escapaba. Todo por lo que había trabajado, todo lo que había planeado. Había empezado a tener dudas incluso de si de verdad quería todo lo que había planeado. Tenía que haber sido por decisión suya el que las cosas hubieran cambiado. ¿Dónde había perdido en control? ¿Fue la primera vez que besó a Sheri? ¿Cuando descubrió que ella era un genio? ¿El momento en que la conoció? ¿O iba más atrás en el tiempo?

Había ido rápidamente a ver la casa de su tío, desesperado por encontrar una excusa para dejar Los Ángeles. ¿Habían empezado a cambiar antes las cosas? Había empezado entonces a sentir que eran necesarios cambios. Pero no quería haber hecho todos los cambios al mismo tiempo, sin control sobre el rumbo que tomaban.

Cuando llegó a casa, sus sienes latían fuertemente. Un asunto de última hora le había retenido en la oficina hasta tarde. Eleanor debía llegar en media hora. No sabía qué iba a decirle, ni siquiera sabía qué quería decirle.

Abrió la puerta principal, masajeándose la nuca. ¿Cuándo se había complicado tanto su vida? No tenía que. buscar muy lejos para encontrar la respuesta. Sheri estaba en el salón con un arrugado bordado en su regazo.

Ella levantó la mirada y sus ojos se encontraron durante un instante. Luego, ambos los apartaron. Al verla los recuerdos volvieron a inundarlo. El modo en que ella se derretía en sus brazos, el dulce sabor de su boca, el delicado aroma que todavía permanecía en su mente. Su primer impulso fue ir hacia ella. Pero Jack no gobernaba su vida a base de impulsos. La gobernaba pensando las cosas claramente, haciendo las decisiones basadas en hechos. ¿Pero cómo aplicaba la lógica a alguien salido de un cuento?

Se pasó los dedos por el pelo, sintiendo un irracional enfado. Todo había sido más fácil antes de que ella surgiera de una nube de humo y se metiera en su vida. Aclaró su garganta.

-Sheri.

-Jack.

Ella lo miró, sus ojos reflejaban la misma incertidumbre que él sentía. ¿Qué era lo que iba a pasar? Jack no tenía ni idea.

Él fue hacia el bar y se sirvió un whisky largo antes de volverse hacia ella otra vez. ¿Por qué tenía que ser tan condenadamente hermosa?

-¿Cómo estás?

-Estoy bien -dijo ella suavemente-. ¿Y tú?

-Bien -si el estar volviéndose loco no era un problema.

Volvieron a quedarse en silencio. Jack era muy consciente de que Eleanor estaba a punto de llegar. Necesitaba decir algo sobre eso.

Sheri levantó una mano y enredó sus dedos en su pelo. Jack recordó el tacto de su pelo en sus dedos; cayendo sobre su pecho. Tomó un sorbo largo del whisky. Quizá si seguía hablando dejaría de recordar.

-Tina ha venido a verme hoy -su voz sonó muy alta, demasiado enérgica.

-¿De verdad? ¡Qué bien!

-¿Sabías que mi madre va a darle su parte de la herencia para que pueda seguir con su carrera?

-No -ella sonrió; era la primera expresión natural que veía en ella-. Eso es maravilloso, Tina debe de estar muy contenta.

-En éxtasis -contestó Jack, mirando su bebida, levantó la mirada de repente, muy serio-. Piensa que es a ti a quien tiene que agradecérselo.

-¿A mí? -agitó la cabeza-. No sé por qué.

-Dice que tú eres quien la convenció para que hablara con mi madre.

-Le sugerí que lo hiciera, pero no hice nada más.

Él se sentía como hirviendo por dentro. Toda la culpabilidad y la frustración agitándose dentro de él.

-Y esta tarde ha venido a verme mi madre.

-¿Sí? -Sheri inclinó la cabeza notando la incomodidad de él.

-Parece ser que se ha decidido a abrir una tienda de bordados.

-¡Qué bien! -dijo ella dudosa.

-Es fantástico. Llevo años intentando convencerla de que haga algo así. Pero basta que tú se lo sugieras para que cambie de idea.

-¿Estás enfadado conmigo, Jack? ¿No debería haber hablado a Tina o a tu madre?

-¡No! -se tomó lo que quedaba de su bebida y dejó el vaso con un golpe-. Has hecho un gran trabajo arreglando sus vidas. Estoy encantado.

-En realidad no hice nada. Sólo las ayudé a darse cuenta de lo que en realidad querían. Pero tuvieron que tomar las decisiones por sí mismas.

-No te disculpes. Creo que es fantástico.

Él luchó contra la ira irracional que sentía. Quería pelear. Necesitaba pelearse con ella. Era tan condenadamente perfecta. ¿No se enfadaba nunca?

-Ya que eres tan buena en ello, ¿por qué no me has ayudado a darme cuenta de lo que en realidad quiero?

-Tú eres un hombre que necesita encontrar su propio camino.

La tranquila respuesta no aplacó su cólera.

-Dime qué es lo que quiero -insistió él, recostándose en la barra del bar-. Dime qué es lo que va mal en mi vida. ¿Qué necesito para ser feliz?

-Esas cosas sólo las puedes saber tú.

-No, no. Has hecho un trabajo estupendo con mi familia. No me digas que no tienes algunas teorías de dónde me estoy equivocando -agitó una mano-. Dime lo que piensas.

-Jack, yo...

-No te andes por las ramas. ¿Y si formulo un deseo? ¿No me queda uno todavía? ¿Qué necesito para cambiar mi vida? Dime.

Sheri bajó los ojos.

-Tú lo sabes tan bien como yo. -Dímelo.

-Has escogido el camino fácil -dijo ella suavemente-. Estás haciendo lo que se espera que hagas, no lo que quieres hacer.

-¿Y ese es el camino fácil? -preguntó él, incrédulo.

-No estás arriesgando nada -ella volvió a mirarlo con sus profundos ojos azules-. Estás haciendo lo que es seguro. Y sí, para ti, eso es lo más fácil.

Jack se quedó mirándola. Asumiendo las palabras de ella como si fueran golpes. Quería negar lo que ella estaba diciendo, pero no podía. Había demasiada verdad en ello. Con un par de frases cortas, le había hecho afrontar lo que había estado intentando evitar durante años.

La rabia que le había estado atormentando durante meses surgió de repente incontrolada.

-Mantén tu maldita nariz mágica fuera de mis asuntos -dijo él roncamente-. Y también de los de mi familia.

Vio los ojos de ella dilatarse ante su tono, pero estaba demasiado enfadado para suavizarlo.

-Jack, yo no quería...

-No me importa lo que querías. Apareces en mi vida de repente y lo pones todo patas arriba. Y luego empiezas a meter tu nariz en asuntos que no te importan. Bueno, quizá seas capaz de enderezar la vida de otras personas, pero deja la mía en paz. Todo me iba muy bien hasta que tú apareciste.

Él se dirigió hacia la puerta, pero se paró a mitad de camino.

-Eleanor va a llegar dentro de unos minutos. Vamos a salir a cenar -lo dijo deliberadamente, queriendo obtener una reacción de ella, enfado, odio, reproche, algo que pudiera justificar su propia cólera, algo que satisficiera su necesidad de pelea.

El dolor apareció en los ojos de ella antes de que los bajara. La rabia de Jack aumentó.

-Bien, ¿no vas a decir nada?

-¿Qué querrías que dijera?

La sencilla pregunta no tenía respuesta.

-¿No me vas a decir que soy un canalla, que te debo algo después de lo de anoche?

Ella lo miró, con los ojos claros y brillantes.

-No me debes nada por lo de anoche. No espero nada de ti.

-¡Maldita sea!

Ella se sobresaltó al oírle explotar. Se dirigió hacia ella y le dirigió una mirada de furia.

-¿Por qué no esperas nada de mí? ¿Siempre tienes que sacrificarte a ti misma?

Ella lo miró con los ojos muy abiertos. Él se apartó de esa mirada, todavía rabioso. Todo había ido tan bien sin ella. El reloj del pasillo dio las ocho.

-Mira, Eleanor llegará en cualquier momento. Tenemos que hablar, pero no esta noche.

Sheri asintió sin mirarlo. Jack se pasó la mano por la frente. Él quería decir algo más, quería decirle que lo sentía. Pero no le salían las palabras. Murmurando una maldición, salió del cuarto.

Sheri lo siguió con la mirada. Tenía un dolor en el pecho que le dificultaba respirar. Bajó sus ojos al bordado, dándose cuenta que lo tenía retorcido entre sus manos. Sus dedos temblaban mientras lo alisaba.

Nunca había visto a Jack tan furioso. Pero había dolor bajo su enfado, y era eso lo que permanecía en su mente. ¿Era ella la causa de ese dolor? Eso era lo último que hubiera querido. ¿Estaba enfadado por lo de anoche? ¿Creía que habían hecho algo malo? Ese pensamiento hizo más penetrante el dolor en su pecho. ¿Cómo podía algo tan apropiado, tan inevitable ser malo?

Pero Jack no tenía necesariamente que compartir sus sentimientos. Quizá para él no había sido tan maravilloso. ¿Podían los humanos compartir esa clase de cercanía fsica sin sentir la comunicación de las dos almas que ella había sentido? ¿Era eso lo que le ocurría a Jack? Él no podía haberse comportado tan tiernamente, si no hubiera significado algo para él. Aun así, no tenía por qué ser algo más que amistad.

Sheri apretó su mano contra el pecho, intentando calmar el profundo dolor que sentía. Ella había esperado tanto, demasiado. Quizá había estado soñando con algo que Jack no podía darle. No a causa de su compromiso, sino a causa de lo que era ella. A veces casi se olvidaba de que sus mundos eran diferentes. Quizá Jack no pudiera olvidarlo.

Sonó el timbre de la puerta, interrumpiendo el círculo sin fin de sus pensamientos. Se levantó, dejando a un lado el arrugado bordado.

-Hola, Eleanor.

Dio un paso atrás para dejarla entrar. Luego, cerró la puerta y la siguió al salón, preguntándose si debería sentirse cohibida. Si por un momento pudiera creer que Eleanor amaba a Jack, entonces quizá pudiera sentir culpabilidad por lo de anoche.

Eleanor se detuvo cerca de la chimenea, y se quitó la chaqueta.

-¿Está Jack aquí?

-Está arriba cambiándose. Estoy segura de que no tardará. Si quieres, puedo prepararte una copa.

-No, gracias.

Eleanor se quitó los guantes con expresión inquieta.

-¿Cómo está el perro? -preguntó Sheri.

-Está bien -la voz de Eleanor se suavizó en una leve sonrisa-. Lo estoy mimando demasiado, me temo. A lo mejor me lo quedo.

Sheri sonrió, contenta.

-Eso es maravilloso. Parecía un buen perro.

-Sí lo es -contestó Eleanor.

Sheri no sabía qué hacer. Como Eleanor permanecía de pie, ella se dirigió al bar.

-Estoy segura de que Jack no tardará -dijo, pensando que quizá la otra mujer estaba molesta por la tardanza.

-En realidad, quería hablar un momento a solas contigo.

-¿Sí? -preguntó Sheri, sorprendida.

-Sí -Eleanor tomó aire, retorciendo los guantes que tenía en la mano. Hay algo que quería decirte.

-De acuerdo -contestó Sheri con una sonrisa.

Eleanor dudó. Pero ya había empezado y necesitaba decirlo.

-No hablaría de esto si no fuera por mi preocupación por Jack. Una preocupación que creo que compartes.

-¿Pasa algo malo con Jack?

-No. Por lo menos nada serio.

«Ve al grano», se dijo a sí misma, molesta por el modo en que estaba

dando vueltas al asunto.

-La gente está empezando a hablar.

Tomó una fuerte bocanada de arre y serecordó que no estaba haciendo esto por motivos egoístas.

-¿Sobre qué?

El desconcierto de Sheri era evidente, y Eleanor se irritó un poco más al tener que explicarle lo que era evidente. ¿Por qué nada era como tenía que ser con aquella mujer?

-Hablan de ti y de Jack. El hecho de que los dos viváis en la misma casa está levantando comentarios. Naturalmente, yo no creo que que esté ocurriendo nada, pero hay quien lo cree.

Se detuvo, pero Sheri no dijo nada, sólo continuó mirándola con sus amplios ojos azules. Eleanor seguía retorciendo los guantes.

-Yo no diría nada si no fuera por el hecho de que, como banquero,

Jack no puede permitir que haya murmuraciones sobre él. Su reputación es muy importante.

-¿Quieres decir que la gente piensa que Jack y yo somos... -dudó un momento buscando las palabras adecuadas-... más que amigos; y como él y tú estáis prometidos, creen que Jack es una mala persona?

-Bueno, no una mala persona exactamente -dijo Eleanor-. Quiero decir que no es sólo el compromiso, aunque eso es parte de ello. Incluso si no estuviéramos prometidos, no sería bueno que la gente pensara que Jack y tú... bueno, que tenéis una aventura amorosa. Creo que entenderás lo que quiero decir.

-No, no lo entiendo. Por favor, explícame lo que quieres decir. Quiero entenderlo.

-Bueno, yo -Eleanor se sentía desbordada, había creído que un educado aviso sería suficiente para proteger su compromiso—... Bueno, quiero decir que tu no eres el tipo de mujer que tiene un lío con un banquero. No quiero decir que haya nada malo en ello. Supongo que la mujer de un banquero tiene que ser aburrida y convencional. Como soy yo.

Sheri no sonrió y Eleanor continuó, incómoda, aclarando su garganta.

-Tú eres de un tipo más bohemio. Los banqueros no pueden permitirse ser bohemios.

Sheri se la quedó mirando.

-¿Quieres decir que estando aquí puedo causar daño a Jack?

-No, no. No daño precisamente -¿cómo había perdido el control de la conversación?-. Es que algunas personas, las de mente estrecha, se sienten preocupadas por tu relación con Jack. ¿No crees que hace calor aquí?

-Gracias por decirme todo esto, Eleanor. Por favor, discúlpame.

Sheri no esperó la respuesta de Eleanor, sino que salió rápidamente del cuarto.

Eleanor la siguió con la mirada, retorciendo los guantes en sus manos. ¿Qué era lo que había hecho? Se sentía como si hubiera golpeado a una persona indefensa.

-Sheri, espera.

Pero la única respuesta fue el sonido de la puerta principal al cerrarse. Ella se sentó en una silla, arrojando los arrugados guantes sobre la mesa. Sólo había hecho lo que debía para proteger su compromiso, para proteger a Jack. Ella no había dicho nada que no fuera verdad.

¿Por qué aquellas justificaciones no la hacían sentirse mejor?

Sheri caminó a ciegas. La dirección no importaba, tenía que seguir moviéndose. Todo había salido mal. Nunca debería haber ido allí. Su presencia sólo había causado problemas. Había hecho a Jack muy infeliz. La idea de que su presencia le ocasionaba problemas le dolía.

Los motivos de Eleanor estaban un poco confusos. Sheri no era tan tonta como para no darse cuenta de eso. Pero había habido un fondo de verdad en sus palabras. La gente podría pensar mal de Jack por su relación con ella. Se mordió los labios para ahogar un sollozo.

Era culpa suya. Ella había estado tan segura de que su tía tenía razón, de que podía ayudar a Jack. ¿Cómo podía haber sido tan arrogante? Jack no la necesitaba. Nunca la había necesitado. Él habría estado mejor sin ella, mejor si nunca hubiera entrado en su vida.

Jack estaba tan enfadado con ella. Él sabía que ya le estaba causando problemas y no se lo había dicho. Por eso era por lo que estaba tan enfadado. Y había perdido todo. Ella ya no pertenecía a ninguna parte. Debería haber sabido que no podía abandonar su mundo e introducirse en aquél. Se pasó la mano por la cara, sintiendo la humedad de sus lágrimas.

Como si las lágrimas pudieran devolverle lo que había perdido. Siguió corriendo a ciegas. Ella ya no tenía nada. Ni futuro. Ni vida.

Nada.