CAPÍTULO OCHO

 

-Bueno, ¿vas a celebrarlo?

La pregunta de Bob sacó a Jack de su ensimismamiento.

-¿Celebrarlo? ¿Celebrar qué?

Miró al vicepresidente más joven de la compañía, preguntándose de qué hablaba.

-El contrato con Carter -dijo Bob, sorprendido-. Has trabajado tanto en ello.

Pensé que querrías celebrarlo ahora que has cerrado el trato.

-¿Estás casado verdad? -preguntó Jack, olvidando el asunto Carter.

Bob pestañeó, se preguntaba en qué momento se había perdido.

-Sí -admitió cuidadosamente.

-Yo estoy comprometido, ¿lo sabías? -Sí.

Jack jugueteaba con su lápiz, sus ojos se movían sin rumbo fijo.

-¿Cuánto tiempo llevas trabajando aquí?

-Cinco años.

-Cinco años. Son muchos. ¿Te gusta esto? –le preguntó Jack.

-Sí -Bob tiraba de su corbata preguntándose si lo despedirían.

-¿Alguna vez quisiste hacer otra cosa?

-¿Otra cosa? -preguntó Bob cautelosamente. ¿Era aquello un

interrogatorio?

-Alguna otra carrera. Ya sabes, bucear o criar caballos, cualquier

otra cosa.

Bob se relajó. Jack estaba jugando, o sólo quería conversar. Nadie podía preguntar aquello en serio.

-Claro. Cuando era joven quería ser astronauta-sonrió Bob.

La sonrisa que le devolvió Jack no reflejaba regocijo.

-¿Por qué no lo hiciste?

Bob se movió incómodo en su silla. Quizá Jack hubiera estado trabajando demasiado. Se encogió de hombros.

-Bueno, ya sabes. Son cosas de niños. Todos tenemos sueños tontos cuando somos niños. Al hacernos mayores, queremos otras cosas.

-Sí, así es -Jack jugó con el lápiz un rato antes de soltarlo y enderezarse en su silla-. Gracias, Bob. Has hecho un buen trabajo en este proyecto.

Jack sonrió cuando el otro salió. Luego, se echó hacia atrás. Bob pensaba que se había vuelto loco y no podía culparlo por ello. Se frotó los ojos. No estaba entusiasmado en el banco Smith, Smith & Ryan. A veces se preguntaba si alguna vez lo había estado.

En los primeros meses después de la muerte de su padre y de haberse lanzado por completo al negocio, se había matado a trabajar para que el banco funcionara. Había disfrutado del reto. Pero en los últimos diez años, el reto había desaparecido del negocio y de su vida.

Quizás Sheri tuviera razón. Quizás no soñara lo suficiente. Pero tenía que haber algo más en la vida que sueños, se dijo a sí mismo. Si no tuvieras sueños, ¿qué valor tendría la vida?

Mucho. Él había conseguido mucho en su vida. Conocía hombres que le doblaban en edad que no habían hecho ni la mitad que él. Pero, ¿era él más feliz que ellos?

Cerró el cajón del escritorio y se puso en pie. El único problema era que había pasado demasiado tiempo en la oficina. El hecho de que estuviera discutiendo consigo mismo era señal de que necesitaba un descanso.

Su secretaria lo miró sorprendida cuando pasó a la parte exterior de la oficina.

-Estaré fuera el resto de la tarde, señorita Sanders. No tengo ninguna cita importante, ¿verdad?

-No, señor.

-Bien. Si llama alguien, diga que me he ido a pescar. Mejor todavía, ¿por qué no termina lo que está haciendo y se va a su casa también?

Cerró la puerta ante la expresión de sorpresa de la secretaria. Subió al jaguar. Se sintió feliz de hacer novillos, una sensación que no había experimentado hacía mucho. El tiempo primaveral era particularmente cálido, hasta para California.

Sin ningún destino en mente, dio la vuelta en dirección a casa. Ese era el problema de estar a todas horas en el trabajo. Cuando sales, no sabes dónde ir.

Cuando llegó, Jack se sentía vagamente contrariado. Ahora que se había quitado el peso de la responsabilidad de encima, quería hacer algo y tener alguien con quien compartirlo.

Un sentido de culpabilidad permanecía en el fondo de su mente. Tenía mucho que hacer. Estaba bien que Roger hablara de fugarse y que Sheri hiciera comentarios enigmáticos acerca de los sueños, pero ninguno de los dos tenía gente que dependiese de ellos.

Entró en la biblioteca, todavía discutiendo consigo mismo. Había un pequeño fuego encendido en la chimenea, una extraña circunstancia cuando la temperatura eran tan cálida. Se acercó. Al sonido de sus pasos el fuego desapareció, sin dejar ningún ascua o ceniza que marcase el inmaculado mármol del hogar.

-Sheri.

Dos esbeltas piernas desaparecieron del brazo de un sillón de donde colgaban y Sheri se asomó por un costado.

-Hola, Jack.

-Hola. Sabes que no puedes ir por ahí encendiendo y apagando fuegos de sopetón. La gente se da cuenta de esas cosas.

-Perdóname. Parecía tan bonito, a pesar del calor que hace fuera. No pude resistirlo.

-No te preocupes -respondió él, sentándose en un taburete y estirando sus largas piernas hacia delante.

Ella se acurrucó en una de las sillas grandes. Llevaba una falda de algodón suave de un amarillo pálido, y una camisa de un tono entre azul y verde.

-¿Qué haces durante el día? -preguntó precipitadamente.

De repente, se dio cuenta de que él nunca se había parado a preguntarse en qué ocupaba su tiempo cuando él no estaba con ella.

-He estado leyendo mucho. Tienes unos libros tan fabulosos -ella hizo un ademán, señalando las estanterías que cubrían la pared formando filas alrededor del cuarto-. ¿Los has leído todos?

-No. Cuando tenía doce años, juré que me leería cada uno de estos libros, estantería por estantería.

Él se inclinó a coger el libro que ella tenía.

-¿Por qué no lo hiciste?

-Me quedé estancado en La vida de Plutarco -él se rió, devolviéndole la primera edición de Mujercitas-. El libro más aburrido que puedas imaginar. Cuando desistí de él, perdí mi interés por la lectura. Bueno, ¿qué más haces a parte de leer?

-Tu madre me está enseñando a bordar. Estoy terminando un cojín -ella arrugó la nariz-. Lamento decirlo, pero no se me da muy bien. Tu madre sí tiene sensibilidad. Es una buena maestra. Pienso que debería abrir una tienda, donde pueda enseñar sus habilidades.

-Lo he estado intentando durante años, pero no la he convencido. ¿Dónde está mi madre ahora?

-Está discutiendo con Melvin, creo.

-¿Por qué discuten esta vez?

Durante las semanas que Melvin y Louise llevaban trabajando para los Ryan, las peleas de Glynis con Melvin se habían hecho legendarias. Ella se había empeñado en que él tenía que hacer las cosas a su manera, y él estaba igualmente empeñado en hacerlas a la suya. No importaba si se trataba de las rosas o la fontanería, estaban destinados a tener opiniones diferentes.

-Él no piensa que fuera el fertilizante lo que hizo que las rosas brotaran temprano -dijo Sheri, mirando a Jack, tratando de adivinar su estado de ánimo.

-¿Él no piensa eso? -la mirada burlona de Jack se encontró con la de ella-. ¿Cuál es la teoría de Melvin para el milagroso acontecimiento?

-Piensa que fue el encuentro de Mercurio con Marte. ¿O fue el de Venus y Saturno? -ella frunció el ceño, secretamente satisfecha de conseguir sacarle una sonrisa.

-Y mi madre sigue empeñada en la teoría del abono zoológico, ¿no?

-Oh, sí. Ella le enseñó la bolsa de estiércol y Melvin dijo que necesitaría más que... -ella vaciló, buscando la forma delicada para decirlo- ... excrementos de cebra para hacer que las rosas florecieran así.

-Bien por Melvin. Me alegra ver que él se aferra a sus ideas. Por supuesto si él la contraría demasiado, ella puede despedirlo.

-No creo. Pienso que a ella le gusta discutir con él. De todas maneras, Louise es una fabulosa cocinera, y si tu madre despide a Melvin, también tendría que despedir a Louise. Y ella está enseñando a la pequeña Sarah a bordar y no le gustaría que lo dejara. Sarah es mejor alumna que yo.

-Creo que no hay nada que tú no puedas hacer si verdaderamente te lo propones -dijo Jack.

-Pienso que no me he dedicado mucho a trabajar con las manos -dijo Sheri, encogiéndose de hombros.

Él se rió suavemente.

-Me imagino que es más fácil hacer aparecer las cosas cuando las necesitas.

Ella se rió, negándolo con la cabeza.

-Tú sobreestimas la cantidad de... magia que puedo hacer.

-¿Hago eso?

Había algo en sus ojos que produjo un extraño temblor en su respiración. Ella se tocó la base de la garganta, sintiendo las aceleradas palpitaciones de su pulso. Era extraño cómo los latidos de su corazón se alteraban cuando Jack la miraba de esa manera. Había un brillo en sus ojos, un sentimiento al que ella no podía darle nombre, tampoco podía dárselo a sus propios sentimientos.

Él apartó la mirada y el momento desapareció, dejándola con la incógnita de si aquello sólo se lo había imaginado. El silencio se hizo entre ellos.

Jack se levantó bruscamente, haciendo que Sheri se sobresaltara. Ella echó la cabeza hacia atrás para mirarlo, presintiendo algo en su estado de ánimo que no había sentido antes.

-Vámonos a algún sitio.

Él tiró de su mano, poniéndola en pie. Era uno de esos raros momentos en que él iniciaba el contacto físico entre ellos. Sheri se preguntaba si él sentía el mismo cosquilleo que ella, ese sentimiento de conexión a algo vibrantemente vivo.

-¿A dónde?

-No lo sé -él la miró pensativo. -Podríamos irnos de picnic -sugirió ella.

-Un picnic. Hace años que no voy a de picnic -él sonrió de repente viéndose rejuvenecido-. Me imagino que tú pondrás la comida, ¿verdad?

-Sólo puedo hacer lo que humildemente pueda. -Eso será suficiente -él apretó sus dedos alrede dor de los de ella-. Vámonos de aquí antes de que venga alguien y sugiera que hagamos algo que valga la pena.

-Dime, ¿qué te parece Los Ángeles? -dijo Jack, reclinado sobre un codo.

Se sentía maravillosamente contento. El sol brillaba. El resto del mundo trabajando duramente, y allí estaba él, disfrutando de aquella tarde primaveral. Pero ni una pizca de culpabilidad acompañaba ese sentimiento. En ese momento, el trabajo, la responsabilidad y el resto del mundo parecían estar muy lejos.

Él estaba satisfecho después de comer pollo frito y ensalada, sin mencionar la otra media docena de platos que Sheri consideró apropiados para un picnic. En el mantel tendido sobre la hierba, el resto de la comida invitaba a picar.

Él debía admitir que tenía sus ventajas no tener que preocuparse de pasar horas en la cocina preparando una comida como ésa.

Sheri se sentó en el borde del mantel, picando algunas uvas. Su pelo estaba peinado hacia atrás, cayendo sobre sus hombros, brillando por la luz del sol.

Jack pensó que nunca había visto a una mujer tan exquisita.

-Es un sitio extraño -dijo ella pensativamente.

Jack tuvo que obligar a su mente a volver a la conversación y hacer un esfuerzo por recordar qué le había preguntado. Oh, sí, qué opinión tenía sobre Los Angeles.

-Eso es poco decir -comentó él secamente. -Hay mucha gente. Y todos

van a lo suyo. Ellos casi nunca se dan cuenta de que hay gente a su alrededor.

-La mayoría de las grandes ciudades son así.

-Parece ser un poco solitario.

-¿Solitario? -él miró al otro lado del parque, a un lago que se adivinaba en medio de unos pinos-. En cierto sentido puede que lo sea. Pero no puedes ser amigo de todo el mundo.

-No, claro que no. Pero parece que la gente tiene muy pocos amigos.

Jack pensó en sí mismo. ¿Cuántos amigos tenía? Roger, por supuesto. Y una o dos personas del trabajo, pero muy raras veces los veía fuera del banco. En realidad, podía contar sus amigos con los dedos de una mano. No era un pensamiento agradable.

-¿Te encuentras sola, Sheri?

Ella lo miró, sorprendida por la pregunta.

-¿Sola? No. Hay demasiadas cosas en qué pensar y qué hacer. Yo no me siento sola.

-¿Qué haces todo el día? No es posible que ocupes todo tu tiempo leyendo y haciendo bordados.

Jack sintió vergüenza cuando se dio cuenta de lo poco que se había preocupado de cómo ella ocupaba su tiempo.

-¿Te aburres?

-¿Aburrirme? -Sheri se rió-. Nunca. No te das cuenta de que sólo estar en tu mundo resulta interesante para mí. Es muy diferente. Nunca he conocido nada parecido.

-Antes que con el tío Jack, ¿con quién estabas? Quiero decir, tuviste otro... -se interrumpió preguntándose si no estaba tocando un tema delicado-. Es decir, si este mundo es tan diferente, me preguntaba... Olvídalo, no es de mi incumbencia.

-No, está bien -Sheri dijo en voz baja, con la mano se estiró la falda con expresión pensativa-. Sabes que un genio sin contacto humano no está verdaderamente vivo. Nosotros existimos, pero no vivimos. Antes de tu tío... -su voz se desvaneció, ella movía la cabeza, la tristeza aumentaba-... Pasó mucho tiempo, más del que te imaginas. Eso, para nosotros, es la verdadera soledad. Esas épocas secan el espíritu, nos dejan débiles, nuestros poderes se debilitan. Antes de eso... recuerdo muy poco. Sería muy cruel si siempre tuviéramos que recordar todo lo que se pierde.

Se le ocurrió a Jack que había aceptado la existencia de Sheri, creyendo que ella era una mujer ordinaria. Sólo ahora estaba dándose cuenta de que había muchas preguntas sin respuesta.

-Sheri, ¿te molestaría si te pregunto algo?

-No tengo ningún secreto para ti.

-¿Eres inmortal?

-Verdaderamente inmortal no soy. Nuestras vidas duran... son diferentes a las vuestras, pero todas las cosas tienen su fin -ella apretó una corteza de pan en la mano, mirando cómo se desmigaba-. Cuando leí tus libros, la inmortalidad parecía un fin devotamente deseado. Pero todo tiene su precio.

-¿Y cuál es el precio de la inmortalidad? -preguntó él.

-El ver a todos a tu alrededor hacerse mayores y morir. Quedarse siempre solo.

Ella había susurrado esas desoladas palabras, había dolor en sus ojos.

-Yo nunca había pensado en ello de esa manera -se quedaron en el silencio y Jack sintió como si una nube hubiera cubierto el sol, apagando el placer del día. Sheri habló primero, su tono era deliberadamente suave.

-Todo no es tan malo. Tiene sus ventajas -y haciendo un gesto rápido con la mano los restos del picnic desaparecieron.

Después del momento de sorpresa, Jack se rió.

-Me imagino que sí hay algunas ventajas -él se echó hacia atrás, con las manos detrás de la cabeza y fijó la vista en el cielo-. Bueno, ¿qué más haces con tus días?

Tardó tanto en responder, que él se volvió para mirarla. La vacilante expresión de su cara despertó su curiosidad.

-Parece que te sientes culpable, ¿qué estás haciendo?

-Estoy buscando trabajo -ella lo anunció con una mezcla entre orgullo y desafío.

-¿Que estás qué?

-Estoy buscando trabajo -ella lo repitió un poco menos segura.

-¿De qué? -Jack se sentó, mirándola.

-No sé -ella frunció el ceño-, pensé que sería más sencillo, pero se ha vuelto mucho más complicado de lo que yo pensaba.

-Y... ¿has ido a alguna entrevista? -a Jack se le hacía difícil imaginarla buscando trabajo.

-Oh, sí. He conseguido trabajo dos veces.

-¿Dos veces? ¿Desde cuándo andas buscando?

-Dos semanas.

-¿Y te han dado dos trabajos? -Jack se peinó el pelo con los dedos-. ¿Por qué sigues buscando,

-No funcionaron.

-¿No? ¿Qué pasó? -preguntó él débilmente. -Los ordenadores y los genios no se llevan bien -le informó ella brevemente.

Jack tembló, trataba de imaginarse qué era lo que podía hacerle a un ordenador.

-¿Por qué? -preguntó él.

-Quizás porque los ordenadores no tienen espíritu.

-No, no. Yo me refería a por qué estás buscando trabajo.

Ella bajó la mirada.

-He tratado de ser lo más humana posible para no causarte problemas.

-¿Y has pensado que tener un trabajo te hará más humana?

-Parecía ser algo que tenía que hacer. A menos que uno tenga hijos. Si uno

tiene hijos, es más apropiado quedarse en casa y cuidar de ellos.

Sus inocentes palabras habían impresionado a Jack. Él podía ver a Sheri, su figura delgada con el peso de un niño. Movió la cabeza para que aquellas imágenes se desvanecieran.

-¿He hecho algo malo? -la pregunta ansiosa de Sheri captó su atención de nuevo.

-No, no. No has hecho nada malo. Si deseas un

trabajo, debes tenerlo. Yo podría buscarte algo, si quieres.

Él cerró su mente a la posibilidad de que un desastre acechara al banco si Sheri trabajara en él.

-Gracias, pero es algo que quiero hacer por mí misma. Te vas a sorprender cuando veas lo humana que puedo ser.

Jack reprimió la necesidad de decirle que él no deseaba que ella cambiara demasiado. Se tumbó incómodamente, fijando la mirada en una gran nube blanca que había sobre ellos. No se había dado cuenta de que había llegado a querer a Sheri por su rareza.

Una paloma se acercó a ellos. Sheri se rió y estiró el brazo. La paloma vaciló un momento, mirando el suculento trozo de pan en su mano. Pronto llegaron más palomas.

Viendo cómo Sheri alimentaba a esas pequeñas criaturas, Jack se preguntaba cómo era posible verla y no saber que había algo especial en ella, algo que la separaba del resto de la gente. No era sólo el hecho de que los pájaros comiesen con tal familiaridad de su mano. Había algo en sus ojos, en su sonrisa. Ella era diferente, especial.

-Sheri...

Sheri movió la cabeza, sus ojos con una mirada abierta, honesta, que produjo dolor en su corazón. ¿Qué se sentiría al no tener nada que ocultar?

El cercano crujido de unos pies y el sonido del llanto de un niño desviaron su atención. Sheri se apresuró a ponerse en pie. Jack la siguió, pero más calmadamente, sin estar seguro de arrepentirse o sentirse feliz por la interrupción.

Detrás de una adelfa, encontró a Sheri de rodillas enfrente de un niño que no podía tener más de tres o cuatro años. Sus lágrimas habían dejado surcos en sus mejillas sucias y los suspiros todavía hacían que su pequeño cuerpo temblara, pero estaba irresistiblemente atento a la mujer que tenía frente a él.

-Mira esto. ¿Ves esta hojita? -decía Sheri al pequeño.

Cuando Jack se acercó, ella cerró su mano apretando una gran hoja de sicomoro, desmenuzándola. El pequeño no tenía ningún interés en el resultado, ni tampoco Jack. Sheri abrió sus dedos y un conejito temblando estaba en la palma de su mano.

Jack miró alrededor, esperando no encontrarse con nadie de más de cuatro años que testificara lo que ella estaba haciendo.

-¿Ves el conejito?

El pequeño estiró la mano para tocar la criatura, su cara, manchada por las lágrimas, reflejaba su asombro.

-Este es Larry y sus padres se han perdido.

Ella no cambió el tono suave que estaba usando con el niño, y Jack tardó un momento en darse cuenta de que ella le hablaba a él.

-¿Piensas que los puedes encontrar?

-Sí. Veré lo que puedo hacer. Trata de no conjurar un pony o cualquier otra cosa que sea demasiado grande para ser explicada. ¿Vale?

Cuando se marchaba, escuchó que Larry decía «Pony» con un tono esperanzado. Él puso una mala cara, esperando que Sheri limitara sus esfuerzos en distraer al niño.

Los padres de Larry no fueron difíciles de localizar. Al irse acercando al lago, oyó cómo ellos llamaban al niño con tono frenético. Jack se alegró al decirles que su hijo estaba bien. Cuando se aproximaban, Jack murmuraba una oración para que no se encontraran con un camello o un elefante junto a Larry.

Quizá Sheri los oyera, porque no había nada alrededor. En el instante en que el niño divisó a su padre recordó su condición de «perdido», y soltó un angustioso llanto que resonó en el silencio.

Con un «gracias» de todo corazón, Larry y su padre desaparecieron bajando la colina.

-¿Alguna vez has pensado en tener niños, Jack? -dijo ella al cabo de un momento.

-Algunas veces -admitió él lentamente. Pero no estoy seguro de que fuera un buen padre.

-Serías un padre fabuloso -sus ojos llenos de fe se encontraron con los de él.

-¿Lo sería?

Él se acercó a ella y cogió un rizo de su cabello.

-Pienso que cualquier niño sería muy afortunado de tenerte como padre.

-¿Lo piensas? -sus dedos se hundieron aún más en la cascada de su pelo, como irresistiblemente atraído.

-Sí.

La luz del sol fue disminuyendo hasta que sólo quedaron ellos, aislados en un mundo privado que no podía ser roto por la realidad.

Sus dedos resbalaron del sedoso pelo a la parte posterior del cuello. Sus ojos se mantuvieron fijos en los de ella cuando bajó su cabeza hasta que sus labios casi podían tocarse.

Si la besaba, estaría seguramente perdido. Aunque besarla le era tan necesario como respirar.

Sus labios rozaron los de ella y un sentimiento de regreso al hogar floreció en él. ¿Cómo había podido vivir hasta entonces sin ella,

Él pasó su mano alrededor de su cintura y la atrajo hacia sí. Sheri se puso de puntillas, sus manos ascendieron hacia sus hombros. El cuerpo de ella se amoldaba a él como si hubiese sido hecho para estar ahí. El sabor de ella, su cálida esencia, el sentirla en sus brazos... todo era perfecto, casi inevitable.

Una ligera brisa hizo que la falda de Sheri se enrollara alrededor de las piernas de Jack como si fuera un abrazo sedoso. El deseo se apoderó de él lentamente como una marea. Sus manos abrazaron su espalda como necesitando esclarecer una incógnita.

Él oyó que Sheri gemía suavemente cuando sus labios se apartaron de su lengua. Ella sabía a todo y a nada. Feminidad, pasión, calor, fuerza y suavidad, todo envuelto en su dulce beso. Nunca antes había experimentado nada así. Era algo mágico.

Mágico. Retuvo la palabra un momento en su mente. Mágico. Los dedos de Sheri descendieron, reposando sobre la camisa de él. Mágico. Él rompió el beso lentamente, reacio en cada movimiento. Mágico.

Sus ojos se encontraron y Sheri vio la pregunta en sus ojos, leyó el pensamiento en su expresión. Los dedos de ella acariciaron sus labios, ligeros como una pluma.

-No, Jack. Lo que hay entre nosotros no es magia -una sonrisa apareció en su boca-. Es más cercano a los sueños. Pero no es magia.

Jack la miró fijamente, con los brazos todavía a su alrededor. Resistiéndose a abandonar el contacto. Más que nada, él deseaba mantenerla en sus brazos y olvidarse del mundo con un beso.

Pero tenía responsabilidades, compromisos. Estaba prometido, por Dios. El mundo existía. Pero sólo un momento más y él podría imaginar que no.

De repente, él sonrió.

-¿Te gustan las películas?

 

Un golpe sonó en la puerta. Roger apartó los ojos de la televisión. No estaba seguro de qué era lo que estaba viendo si una telenovela o algo parecido. volvieron a llamar a la puerta cuando cogía el mando a distancia para apagar la televisión.

-Vale, ya voy -murmuró mientras golpeaban por tercera vez.

Abrió la puerta, sus ojos se abrieron sorprendidos cuando vio quién estaba esperando fuera.

-¿Está Jack aquí?

El tono de Eleanor no era muy amable. En realidad ella estaba furiosa. Y bella. Su pelo oscuro recogido en una sencilla coleta acentuaba la fuerza de sus facciones. Un simple vestido de tubo en seda negra moldeaba su figura. Pero ni la más cuidadosa aplicación de maquillaje podría ocultar la rabia de sus ojos.

-Bueno, ¿estás tratando de buscarle una excusa? -preguntó ella al ver que Roger no respondía.

-No.

-No, ¿qué? Oh, eres imposible.

Ella le empujó apartándose de su camino y entró en el piso. La boca de Roger se curvó por la sorpresa mientras cerraba la puerta y se quedaba mirando cómo ella estudiaba el salón con sus ojos.

-Jack no está aquí, Ellie.

Ella daba vueltas, sus ojos brillaban de ira y frustración.

-No me llames «Ellie». ¿Y cómo sé yo que él no está aquí? Tu probablemente mentirías por él.

-Sin ninguna duda -admitió sin disculparse-. Pero esconderse en los armarios cuando su novia acude a buscarlo no es precisamente el estilo de jack. ¿Por qué no bebes algo? Parece que lo necesitas.

-No quiero beber -gritó ella, demasiado enfadada para mantener los buenos modales-. Si Jack no está aquí, ¿dónde está?

-Bueno, yo diría que no está donde debería estar -Roger le ofreció un vaso, que Eleanor tomó ausentemente-. ¿Te dejó plantada, Ellie?

-Lo estuve esperando casi dos horas en ese maldito restaurante.

Roger levantó las cejas. Si ella estaba maldiciendo es que estaba fuera de sí.

-De muy mala educación -comentó él suavemente-. Bebe un sorbito de whisky. Es bueno para los nervios.

-Te dije que no quería beber.

Pero ella bebió un poco sin que esto la ayudara a mejorar su estado de ánimo.

Roger se preparó un gin-tonic, luego apoyó una cadera en el borde de la barra, mirando cómo Eleanor se paseaba impacientemente por el cuarto deteniéndose en la ventana. Él no creía que ella observara la vista panorámica de Los Angeles.

-Está con ella. Estoy segura.

Él no tuvo que preguntarle de quién hablaba. Tomó un sorbo de su vaso y se preguntó si debería acercarse a ella.

-¿Qué te hace pensar que Jack está con Sheri?

-Simplemente lo sé. Nada va bien desde que él la trajo aquí. Cuidando a su tío, ¡seguro! -soltó esas palabras haciéndolas sonar como una maldición-. Lo más seguro es que ella tratara de quedarse con el dinero del viejo.

Roger consideró lo que sabía de Sheri.

-No creo que fuera eso. Ella parece una buena chica.

El comentario fue como echar gasolina al fuego.

-¡Buena chica! Ella no es buena. Está tratando de manipular a Jack, utilizándolo. Mira cómo lo convenció para que contrataran a esa gente.

-Parece que lo están haciendo bien.

-¡Ya! -Eleanor le devolvió el vaso de whisky y le pidió que se lo llenase de nuevo- Probablemente son sus secuaces. Sólo Dios sabe lo que están robando.

-Es posible que sean lo que aparentan, ¿sabes?

-Nada de esto es lo que parece --ella tomó un trago-. Esa mujer no es lo que aparenta. Yo sé que no.

Roger miró fijamente su vaso. Ella no sabía toda la razón que tenía, y él no iba a ser quien se lo explicara.

-A Jack parece que le gusta ella -cuidadosamente echó un poco más de gasolina al fuego.

-Jack es como todos los hombres. Simplemente porque una mujer es guapa y parece desamparada, vosotros pensáis que ella es un ángel de luz y bondad, ja! -bebió otro sorbo-. Ese es el problema con los hombres. No tienen sentido común. Es tan fácil engatusarlos simplemente con un pestañeo. Son tan ingenuos.

-¿Tú crees que Jack es un ingenuo? -le preguntó perezosamente.

-Yo pensaba que él tenía más sentido común que la mayoría de los hombres. Él tenía más sentido común hasta que esa mujer le atrapó en sus garras. Ella es la culpable de todo esto.

-No pareces tener una buena opinión de la capacidad de Jack de pensar por sí mismo.

-Yo... -ella calló, frunciendo el ceño a su vaso casi vacío-. Naturalmente mi opinión de Jack es alta en todos los aspectos.

-Excepto en cuanto se trata de pensar por sí mismo. ¿Piensas lo mismo de mí, Ellie?

Sus ojos subieron para encontrarse con los de él. En esos ojos, veía los recuerdos. Vacilante, trataba de luchar contra este sentimiento, pero mantuvo la mirada.

-El problema contigo es,que te has empeñado en hacer tu vida sin importarte lo que piensa el resto del mundo, ¿verdad?

-No mucho -admitió él, dejando el vaso y avanzando un paso hacia ella-. Me importa lo que piensas tú, Ellie.

-No, no es verdad.

Ella dio un paso hacia atrás, pero chocó contra la ventana. Lo miró, sus ojos muy abiertos, mostrando una vulnerabilidad que pocos habían visto.

-A mí me importas, Ellie. A mí siempre me has importado.

-No -ella se detuvo y tragó saliva-, si te hubiera importado, no te habrías ido.

-Pero he vuelto.

Él se paró a unos centímetros de ella, tan cerca que podía ver latir su pulso en el cuello.

-Roger, no...

Ella trató de moverse, pero las manos de él terminaron en su pelo, impidiéndole la huida. Las manos de ella subieron empujando el pecho de él en silenciosa protesta. Una protesta que él ignoró.

-Ha pasado mucho tiempo, Ellie. ¿Te acuerdas demcuando todavía estábamos juntos?

-No -pero sus ojos le dijeron que ella mentía-.Suéltame.

-No éramos más que niños, pero nunca lo hemos olvidado. Yo he comparado a todas las mujeres contigo.

-Y ha habido tantas... -ella se apercibió de que los ojos de él ardían, la boca de Roger se curvó en una sonrisa de pura satisfacción machista y Eleanor se dio cuenta de todo lo que le había revelado, el color se le subió a las mejillas y se quedó rígida mientras él la sujetaba-. ¡Suéltame!

-Estás celosa, Ellie. -¡No!

-Me alegro -él la acarició suavemente detrás de la oreja-, me gusta la

idea de que estés celosa.

-Tú siempre has sido un orangután engreído. Ella trataba de escapar

mientras él la sujetaba, pero él consiguió arrinconarla más contra la ventana.

-Y tú siempre fuiste una pequeña idiota testaruda. -Viniendo de ti, lo

tomaré como un cumplido.

-Antes nos peleábamos así. ¿Te acuerdas? -No -dijo sin aliento, sus ojos se encontraron con los de él y empujó frenéticamente su pecho. -Roger, no. Por favor...

No fue un beso suave. Su boca robó la de ella, expresando quince años de frustración, años de sueños rotos, esperanzas destrozadas. Durante casi un segundo hubo lucha. Luego, ella se derritió en sus brazos, abriendo sus labios a los de Roger.

Él separó su boca de la de ella casi sin aliento. -Dime si Jack alguna vez te ha hecho sentir así.

- Dime si alguna vez has sentido con él una décima de lo que has sentido conmigo.

Su voz era áspera, no quedaba en ella rastro de pereza. Ella no le respondió con palabras. Mirándolo con ojos implorantes, sus brazos rodearon el cuello de Roger.

Con un gemido la abrazó levantándola del suelo y apretándola contra su pecho. Sus bocas se encontraron de nuevo, tratando de aliviar la sed que los quemaba en lo más profundo. Pero la sed no se aplacaba.

-Rompe tu compromiso, Ellie.

Ella se sobresaltó al oír la voz de Roger. Sus ojos volaron hacia la cama donde estaba él tumbado entre las almohadas, con la sábana envuelta hasta la cintura.

-No puedo.

La negativa fue casi inaudible. Roger pudo ver cómo sus dedos temblaban cuando cogió el vestido.

-Tú no lo amas.

-Estoy muy encariñada con Jack.

Tiró del vestido para colocárselo bien, luchando para alcanzar la cremallera.

-Puedes estar encariñada con un perrito, no es suficiente para basar en ello un matrimonio.

-Jack y yo nos entendemos.

-¿Y tú y yo no?

-Pensaba que Jack era tu mejor amigo -ella cogió sus zapatos y los apretó contra su pecho.

-Es mi mejor amigo. Si no hubiera sido por Jack, yo estaría por ahí en algún manicomio. Cuando volví, él fue quien me ayudó a conservar la cordura. No había nadie más.

Eleanor respiró hondo, sintiendo como un golpe el impacto de las palabras de Roger, sus ojos muy abiertos y vulnerables a los de él, pero él no suavizó la mirada. Él quería que recordara lo oscura que fue .aquella época para todos.

-Jack es como un hermano para mí. Y este matrimonio será desastroso para los dos.

Eleanor apartó la mirada de él, sacudió la cabeza. Roger saltó de la cama, alcanzándola casi en la puerta. Sus manos la sujetaron fuertemente por los hombros.

-Suéltame, Roger -dijo ella sin mirarlo.

-No, Ellie, no seas tonta. No después de lo de anoche.

-Ya está todo decidido.

-Eso se puede cancelar. Ellie, mírame -él la giró suavemente hasta que sus miradas se encontraron-. Dime que te derrites en los brazos de Jack como lo haces en los míos.

-Por favor, no.

Su voz sonaba desesperada, pero él no desistió.

-Dime que gritas su nombre de la forma en que gritabas el mío esta noche.

-Por favor, no sigas.

-Dime que él te hace sentir lo que sientes conmigo. Responde a eso, Ellie, y dejaré que te vayas.

Las lágrimas llenaron sus ojos, derramándose por su cara. Su boca temblaba del dolor.

-Roger, por favor no sigas. Te lo suplico.

-Respóndeme.

-Jack y yo no hemos... no hemos dormido juntos -admitió con voz suave y entrecortada.

-Lo sabía.

Los ojos de Roger se encendieron con el triunfo y afirmó sus manos contra los hombros de ella, atrayéndola hacia su cuerpo desnudo.

-No -ella apartó su cara y escapó fuera de su alcance-. Voy a casarme con Jack.

-No puedes casarte con él -protestó Roger incrédulamente.

-Puedo y lo haré. Todo está preparado. Jack será un buen marido. Es un hombre equilibrado y se puede depender de él.

-También lo es mi coche, pero yo no hablo del carburador.

-Es tu mejor amigo.

-Él no va a ser más feliz que tú con este matrimonio.

-Todo está preparado -ella repitió la frase como un juramento.

-¡Al diablo con los preparativos! Ellie, estamos hablando de tu vida. La vida de Jack. De mi vida -añadió él suavemente.

-Ya basta -dijo ella, tapándole la boca con la mano-. Ya basta. Tú no lo entiendes. -Explícamelo.

-No se trata sólo de Jack y de mí. La gente tiene expectativas. Mi familia... -ella respiró, un fuego encendía sus ojos.

-¿De eso se trata? ¡Tu maldita familia! No luchaste contra ellos hace quince años, y ahora estás dejando que te empujen a un matrimonio que te hará infeliz. ¿Cuándo vas a crecer y dejar de preocuparte por lo que ellos piensan?

-Por favor -las palabras se rompieron en llanto-. Por favor, Roger. Si te

importo algo, me dejarás marchar.

Él la miró fijamente, apretando sus puños. El dormitorio en penumbra estaba repleto de emociones. Durante interminables momentos ninguno habló. Eleanor lo miraba con los ojos llenos de lágrimas. Moviéndose lentamente, Roger se apartó dejando libre el camino hacia la puerta.

Ella se apresuró al pasar por su lado, pero él le cogió la muñeca, sujetándosela por un último momento. Eleanor se mantenía rígida, con los ojos en la puerta como si ahí fuera estuviera su salvación. Él estaba tan cerca que podía sentir su respiración.

-Me sentiría culpable de lo que ha pasado aquí si pensara que a Jack le importa. Pero él no te quiere más de lo que tú le quieres a él. Piénsalo cuando estés en el altar.

Él la soltó y ella se fue como si la persiguiera el demonio. Roger no se movió cuando oyó que cruzaba el salón. Luego oyó cómo abría y cerraba la puerta de la calle.