CAPITULO NUEVE

 

El restaurante era pequeño y oscuro, y estaba lleno. Hizo pensar a Jack en fumaderos de opio y mazmorras, lo cual no le ponía de buen humor. Además, aquél era uno de los sitios favoritos de Eleanor para almorzar.

Normalmente le hubiera pedido que comieran en otro sitio, pero teniendo en cuenta que se había olvidado completamente de su cita la noche anterior creyó que lo menos que podía hacer era acceder en la elección de ella'del restaurante.

Eleanor ya estaba sentada en una mesa en uno de los rincones peor iluminados. Mientras Jack se acercaba, ella levantó la mirada, su expresión imposible de adivinar. Jack se inclinó para besarla en la mejilla, y luego se sentó al otro lado de la mesa.

-Siento llegar tarde. Me ha costado encontrar aparcamiento. Cogió el menú.

-Está bien. Después de lo de anoche, supongo que tengo que estar agradecida de que hayas aparecido. Jack cerró el menú, sintiéndose culpable y molesto.

-Ya me he disculpado por eso, Eleanor.

Hubo un momento de tenso silencio, y entonces ella suspiró.

-Tienes razón. Lo siento, Jack. Creo que estoy un poco brusca hoy.

La inesperada disculpa lo cogió desprevenido, y le hizo sentirse aún más culpable.

-No podría reprochártelo si me lo echaras en cara -él le sonrió-. Siento haberme olvidado de nuestra cita. Últimamente las cosas están difíciles en la oficina.

-Y además no te gusta tampoco la ópera.

-Bueno tengo que admitir que no me importa habérmelo perdido, pero siento haber sido tan grosero.

-No importa -ella hizo un gesto con la mano como desechando el asunto.

Justo entonces apareció el camarero, y pidieron la comida. Cuando se fue, se quedaron en silencio.

Jack cogió un trozo de pan. Eleanor estaba estudiando su tenedor como si nunca hubiera visto uno antes, y Jack aprovechó para examinarla.

Era una mujer adorable. Sus rasgos eran fuertes, pero femeninos. Su pelo era negro y espeso. Pero no tenía nada de la suave dulzura de Sheri...

El trozo de pan se deshizo entre sus dedos. No iba a hacer comparaciones entre Sheri y Eleanor. Eleanor era su prometida. Iba a casarse con ella. Y Sheri era..., ¿qué demonios era Sheri?

-Jack.

Miró a Eleanor, contento de que interrumpiera sus pensamientos. Ella no dijo nada durante un momento como intentando encontrar las palabras adecuadas.

-Creo que deberías pedir a Sheri que se fuera.

Las palabras carecían de cualquier emoción. Jack se preguntó si era su imaginación la que le hacía advertir cierta pasión en ellas. Respiró profundamente. Quizá debería haber esperado aquello, pero no lo había hecho.

-¿Por qué?

No era la brillante respuesta que él hubiera querido, pero necesitaba ganar tiempo. Ella apartó la mirada.

-Creo que ella tiene un efecto pernicioso en nuestra relación -ella levantó una mano para evitar que hablara-. Por favor, déjame terminar, Jack.

Jack se recostó en la silla, deseando estar en cualquier sitio menos en aquel sombrío restaurante. ¿Cómo se suponía que iba a explicar a Eleanor que, por muy razonables que fueran sus argumentos, él no podía pedir a Sheri que se marchara? Ni siquiera él mismo sabía por qué.

-No soy una mujer celosa, Jack. Creo que en esto estamos de acuerdo. En nuestra relación, no sería una emoción adecuada. Después de todo, creo que lo que compartimos es más una fuerte amistad que una gran pasión. Cuando decidimos casarnos, ambos sabíamos que no sería un matrimonio por amor. Yo quiero la estabilidad que tú ofreces. Tú necesitas una esposa que entienda tu mundo y tus negocios. No me disgusta el trato. Y creo que a ti tampoco.

Ella se detuvo como esperando que él lo confirmara.

Jack la miró, intentando pensar una respuesta apropiada. Agradeció la interrupción que produjo la llegada del camarero con la comida. Intentó parecer excitado con la comida, esperando que Eleanor se olvidara de lo que estaban discutiendo. Pero la memoria de Eleanor era buena.

-Creo que tu amiga Sheri está creando tensión en nuestra relación -insistió ella.

Jack dejó el tenedor y miró a través de la mesa a la mujer con la que pensaba casarse. Las razones para ese matrimonio cada vez se difuminaban más de su mente. Pero todo en su vida se había vuelto un poco confuso desde que Sheri llegó.

Sheri. Ese era el quid de la cuestión. El origen de la mayoría de sus problemas. Evidentemente eso era lo que Eleanor pensaba.

-Eleanor, Sheri cuidó de mi tío durante más de tres años antes de que muriera. Ella lo hizo sin esperar recompensa. No la puedo echar así ahora.

-No esperaba que la echaras -Eleanor pinchó un trozo de zanahoria con más fuerza de la necesaria. Su sonrisa era tensa-. Pero estoy segura de que no te resultará difícil buscar un trabajo para ella y un lugar para vivir.

-No veo la razón para forzarla a tomar decisiones.

Ella dejó el tenedor y juntó sus manos, con expresión atenta.

-Esto es importante para mí, Jack. Importante para nuestro futuro. Te ayudaré a buscarle un trabajo y un lugar para vivir.

Jack apartó la mirada. La petición no era descabellada. Muchas mujeres se la habrían hecho hacía mucho tiempo. Si aquella fuera una situación corriente, si Sheri fuera una invitada corriente, si algo de aquel asunto fuera corriente... Pero no lo era.

Él se pasó la mano por el cabello.

-Lo siento -dijo él finalmente en un tono uniforme-. Después de lo que Sheri hizo por mi tío, por la familia, sencillamente no puedo apremiarla a que se vaya.

-Ya veo. El silencio se alargó interminablemente, hasta que Jack se sintió obligado a romperlo, intentando calmarla.

-No hay nada de lo que preocuparse. La considero una amiga, pero nada más -se interrumpió, recordando el beso del día anterior. No había nada de amistad en ese beso- ... No me sentiría bien si le pidiera que se fuera.

-Entonces no debes hacerlo -dijo ella con voz inexpresiva. Miró a su reloj-. Mira qué hora es. Tengo que irme.

Jack se levantó automáticamente al hacerlo ella.

-Eleanor, quizás deberíamos hablar más de esto.

-¿Vas a cambiar de idea? -sus ojos se encontraron y Jack sacudió la cabeza-. Entonces no hay razón para que hablemos más de ello.

El tono de ella era casi agradable, como si hubieran discutido sobre si servir o no langosta en el banquete de bodas. Ella se inclinó y él la besó. Era un beso suave, apropiado para el lugar en que se encontraban. Era molesto darse cuenta de que aunque hubieran estados solos, no habría tenido ganas de hacer que ese beso fuera algo más.

Cuando Eleanor se hubo marchado, volvió a sentarse, jugando con la comida aún sin tocarla. Había demasiadas cosas cambiando demasiado deprisa. Durante años, su vida había estado equilibrada. Tenía todo planeado, organizado.

En el espacio de unas cuantas semanas toda su

organización y sus planes habían empezado a tamba

learse. Se masajeó la frente para alejar el dolor, se

levantó y dejó unos cuantos billetes sobre la mesa. Había estado pensando demasiado últimamente, eso era todo. Un análisis constante del estado de su vida no era algo saludable. Quizá debería llamar a Roger y ver si podía jugar un partido de frontón. Algo de ejercicio físico fuerte era lo que necesitaba en esos momentos.

 

Sheri estaba sentada en un sofá, afanándose en un bordado. Sonó el timbre, lo dejó a un lado y fue hacia la puerta. Sonrió al oír en la cocina a Louise haciendo repetir a Sarah la tabla de multiplicar.

Su sonrisa se amplió cuando abrió la puerta y vio que era Roger. A ella le gustaba Roger.

-Hola, ¿has hecho aparecer algo interesante últimamente? -dijo él, entrando en el recibidor.

-He estado reprimiéndome de hacer aparecer cosas. A Jack le molesta.

Sheri cerró la puerta, y siguió a Roger al cuarto de estar. Él se sentó en una silla y ella volvió a sentarse en el sofá, pero no retomó el bordado.

-Jack no sabe cómo divertirse -se quejó Roger-. Si yo hubiera tenido la suerte de tener un tío que me dejara a alguien tan interesante como tú, yo sabría cómo aprovecharme.

-¿Qué es lo que pedirías? -era un cambio agradable el poder hablar naturalmente con alguien sin preocuparse de que sus palabras revelaran lo que ella era.

-No sé. Soplos sobre el mercado de valores, quizá.

-Jack dice que no tienes el menor interés en el mercado de valores.

-Cierto, pero sería divertido saber todo lo relacionado con la Bolsa. -Parece ser que hay muchas cosas que te divierten -comentó ella.

-La mayoría -le confirmó Roger-, si lo miras con objetividad casi todo en la vida es divertido de un modo y otro.

-¿Hay algo que tú te tomes en serio?

-Seguro. La bebida y la comida. Dos temas muy serios.

Sheri rió ante la exagerada expresión solemne de su rostro.

-Hablando de ello -continuó él-, podrías conseguirme un trago.

-Por supuesto -se puso en pie y fue hacia el bar-. ¿Qué quieres?

-No, no, no. No quería que te levantaras -Roger se levantó y se unió a ella en el bar-. Ahora me haces sentir culpable. Creí que la harías aparecer para mí.

-Creía que ya habíamos hablado del hecho de que ya he dejado de hacer esas cosas.

Ella vio cómo se servía un whisky con mucha agua.

-Jack es un aguafiestas -chilló él patéticamente, haciéndola reír-. ¿Qué has estado haciendo últimamente?

-Estoy buscando trabajo.

Roger enarcó las cejas.

-¿Sí? ¿Y cómo te va?

-No muy bien. Parece ser que tengo problemas con los ordenadores. Creo que no les gusto.

-Eso es que no tienen gusto.

-Gracias, pero quizá tengan razón. Parece que yo no soy muy buena con ellos.

-Lo que tú necesitas es un trabajo en el que tengas trato con la gente.

-Eso me gustaría.

-¿Qué te parecen las obras de caridad? ¿Has pensando en ello?

-¿Obras de caridad? -frunció el ceño-. ¿Es eso un trabajo?

-No veo por qué no. Mira lo bien que lo hiciste con Melvin y Louise. Hay mucha gente como ellos. Quizás pudieras ayudarlos.

Ella se detuvo a pensarlo. Una sonrisa iluminó lentamente su cara.

-Sería muy bonito. ¿Cómo puedo encontrar un trabajo así?

Roger parecía inseguro y miró a su vaso un instante antes de mirarla a los ojos.

-Yo podría ponerte en contacto con alguien -murmuró él.

-¿Podrías?

-Yo... yo a veces trabajo para una organización. Nada importante. Sólo de vez en cuando... -dejó arrastrar la frase como si estuviera confesando un crimen.

-Prometo guardar tu secreto -le dijo Sheri.

Roger se rió ante su propia ridiculez, y alargó la mano. Sheri la cogió y la estrechó, sellando el acuerdo.

Para Jack, que en ese momento entraba en el cuarto, la escena parecía amistosa e íntima. Sheri y Roger estaban junto al bar. Sheri con su cara alzada, con la risa iluminando su rostro. Parecían viejos amigos, y

Jack descubrió que la idea no le parecía agradable. Aclaró su garganta. Se volvieron a mirarlo sin mostrar culpabilidad alguna.

-Jack, qué pronto has vuelto -la sonrisa de Sheri mostraba la alegría que sentía al verlo.

-Jackson, tus deseos son órdenes. Estoy ansioso por derrotarte al frontón, como pediste.

-Eso no es exactamente lo que tenía en mente -dijo Jack secamente, acercándose a ellos.

-Pero eso es lo que va a pasar. Estás desentrenado.

-Quizá, pero todavía puedo ganarte -contestó Jack-. ¿Llevas mucho tiempo aquí?

-Lo suficiente como para fracasar en convencer a Sheri de mostrarme sus poco comunes talentos.

-Como supongo que mi madre y Tina están en casa, eso sin mencionar a Melvin y familia, me agrada que ella haya tenido el buen sentido de negarse -comentó Jack, sirviéndose un vaso de agua mineral.

-Tu madre está arriba -dijo Sheri-, pero ella y Tina han discutido, y Tina se ha marchado. Ha dicho que pasaría la noche con una amiga.

Jack suspiró, frotándose la nuca.

-Supongo que habrán discutido sobre la licenciatura de Tina.

Sheri asintió.

-No te preocupes. Estoy segura de que lo arreglarán.

Ella le alisó el cuello de la camisa.

Roger notó la intimidad casual del gesto, pero no había otra cosa que una leve curiosidad en su tono cuando preguntó:

-¿A tu madre no le gusta la educación superior?

Jack agitó la cabeza, frunciendo el ceño.

-No, no es eso. Ella sólo está preocupada porque la educación de Tina se va a interponer en su vida personal. Tiene la descabellada idea de que ningún hombre va a querer casarse con una profesora de Matemáticas.

-Ah, el siempre difícil «matrimonio de conveniencia»; aunque ella debería estar contenta de que uno de vosotros haya hecho una elección tan excelente.

Había un cierto tono en la voz de Roger, que Jack no podía definir.

-¿Te refieres a Eleanor?

-A no ser que estés prometido con dos mujeres, debo referirme a Eleanor.

-Después de lo que ha ocurrido hoy en el almuerzo, no sé si todavía estoy prometido.

Roger apretó los dedos alrededor de su vaso, con un ligero cambio en su expresión que revelaba su interés, pero dejó que Sheri hiciera la pregunta obvia.

-¿Te has peleado con Eleanor?

Jack agitó la cabeza, lamentando evidentemente el haber dicho algo.

-En realidad, no. Un pequeño desacuerdo. Voy a cambiarme. Tardo cinco minutos, Roger. Puedes tomarte otra copa. El alcohol puede amortiguar el dolor de la derrota.

Roger levantó su vaso mientras Jack salía de la habitación. Sheri se quedó observando a Roger.

-¿Parece que no te gusta la idea de que Jack y Eleanor vayan a casarse?

Los ojos de Roger se encontraron con los de ella. La mirada de él era cauta, pero ella podía ver el dolor que él sentía.

-No creo que estén hechos el uno para el otro -admitió-, ¿y tú?

-No lo sé. Hay muchas cosas que todavía no entiendo –contestó ella. Parece ser que no se hacen muy felices. Y creo que si te vas a casar con alguien, deberías hacerle feliz, y él o ella a ti.

-Eleanor gusta a la parte seria de Jack, a la parte que cree que el deber es la cosa más importante del mundo.

-¿No es importante el deber?

-Sí. Pero no debería ser todo el objetivo y el fin de la vida de uno. Desde que el padre de Jack murió, él ha estado tratando de hacer todo lo que su padre habría hecho. ¿Y qué pasa con lo que Jack quiere hacer?

-¿No crees que Eleanor lo animará a realizar sus sueños?

-Ellos es peor que Jack cuando se trata de hacer lo «correcto» -su voz tenía una rara mezcla de amargura y afecto-. No, ella animará a Jack a seguir haciendo lo que hace porque es seguro y predecible.

-¿Y tú no eres predecible? -preguntó ella suavemente.

-En absoluto -sus ojos se encontraron-. Oye, eres muy astuta para alguien que ha pasado su vida en un samovar.

-Observo a la gente. Son tan interesantes... -Eso suena raro, viniendo de una mujer con unas dotes tan «interesantes».

Sheri sonrió y cogió el vaso vacío de él.

-¿Qué dotes?

El vaso resplandeció durante un instante y luego desapareció. Roger miró la mano de ella y luego sus ojos. Por primera vez no había en la cara de él una expresión de cínico divertimento. Una cosa era oír las descripciones de Jack, y otra muy distinta el ver lo imposible ocurrir ante tus ojos.

-¡Dios Santo!

-Eso es exactamente lo que dijo Jack -comentó Sheri, los ojos chispeantes de diversión.

Roger agitó la cabeza, desapareciendo la expresión de asombro y apareciendo una de genuino humor.

-Hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio -citó él suavemente.

-Hamlet. Acto 1, escena 5 -dijo Sheri solemnemente.

-Jack es tonto si no puede ver lo que está ante sus narices -dijo Roger y estalló en carcajadas.

Sheri se alisó el cabello, su pulso extrañamente acelerado. Nunca había visto a Jack con un aspecto tan.., tan masculino. La camisa resaltaba la amplitud de sus hombros, el cuello abierto dejaba asomar un mechón negro.

Tenía un aspecto decidido, con una inquietud que ella podía sentir. Desentrenado o no, no creía que Roger pudiera ganar aquel día.

-¿Sheri?

La voz de Jack la sacó de sus pensamientos.

-¿Qué?

-Parecía como si estuvieras muy lejos de aquí -dijo Jack con curiosidad.

-Lo siento, estaba pensando.

Esperaba que la suave luz que había no revelara el rubor que había subido a sus mejillas. Era consciente de que Roger la observaba con una expresión que ella no entendía del todo.

-Sólo quería que le dijeras a mi madre que no me espere a cenar. Tomaremos algo en el club.

-Sandwich de alfalfa y zumo de berro -murmuró Roger.

-Será un buen cambio para tu estómago -le con testó Jack-. Después de una dieta regular de hamburguesas y patatas fritas creo que te sentará bien.

-Un cambio brusco en la dieta puede ser perjudicial para la salud.

Jack lo ignoró, sus ojos fijos en Sheri.

-Supongo que te veré luego.

-Sí.

El silencio se prolongó durante unos momentos mientras seguían mirándose. Sheri sólo podía intentar adivinar los pensamientos de Jack. Los suyos no eran nada claros. Aquel sentimiento que la dejaba sin respiración era nuevo para ella, e inesperado. Fue Roger quien rompió el silencio.

-A veces me sorprendo de la estupidez de la raza humana.

El aparentemente irrelevante comentario no iba dirigido a nadie en particular. Palmoteó a Jack en el hombro.

-Vamos, he estado toda la tarde esperando para darte una paliza.

-Ya veremos -contestó Jack, siguiéndolo hacia la puerta.

Sheri volvió a sentarse en el sofá y recogió el bordado. Se quedó pensativa. Jack y ella habían pasado un día maravilloso el día anterior. Ella esperaba que él lo lamentara. Se sentía casi normal. Como si de verdad perteneciera a aquel mundo.

No había nada que ella deseara más que Jack la viera como normal. Que no la mirara preguntándose qué nuevo desastre se avecinaba. Que olvidara que ella no era humana. Que viviera su mundo como si ella perteneciera a él.

Pasó los dedos sobre el delicado bordado. Jack le había preguntado si no se sentía sola. Ella había mentido, no sabiendo cómo expresar la profunda soledad de ser diferente a los que te rodean. Oh sí, podía simular que se adaptaba, pero en lo más profundo, se sentía ajena.

Había habido momentos en los que se había sentido verdaderamente como parte de la vida de él. No necesitaba cerrar los ojos para recordar cómo se sentía al notar los brazos de él a su alrededor. Sus brazos eran fuertes y cálidos. Como lo había sido el beso. En brazos de Jack, se sentía como si verdaderamente le perteneciera.

Ella suspiró. Si había algún sitio a donde no podía pertenecer era a los brazos de Jack. Jack estaba prometido a Eleanor. Ella podía no entender todo lo que ocurría en el mundo de Jack, pero sabía que un hombre prometido se supone que no debía besar a otras mujeres.

Aun así a ella le había parecido maravillosamente apropiado. Y era un recuerdo que siempre guardaría en su mente.