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Holly tenía un aspecto atroz y se mostraba extrañamente sumisa. Daba profundas caladas a un cigarrillo y bebía un brebaje con el sospechoso aspecto de café cargado, a pesar de su insistencia en que no consumía cafeína.
Matt estaba hecho unos zorros. Para su sorpresa, los chicos de Headstrong se habían presentado en el estudio; no a la hora acordada, claro está, pero allí fueron, lo que en el mundo de los grupos musicales adolescentes suponía un pequeño milagro. Mientras aguardaban a lo que a la ligera podía describirse como una entrevista, se entretenían jugando a la Game Boy. Los técnicos de sonido trabajaban en los temas que el grupo había grabado el día anterior. «Oooh ooh pequeña, cómo iba yo a saber, cuando te dejé marchar, que significarías tanto para mí. Ooh ooh pequeña…»
Matt se preguntó dónde estaría Josie en aquel momento. Posiblemente enfundada en su vestido color lila y llevando a cabo sus tareas de primera dama de honor. Al cabo de unas cuantas horas, Matt irrumpiría en el banquete de boda y le daría la sorpresa de su vida.
Matt se sentó al lado de Holly, quien mostró una sonrisa en su pálido rostro.
- ¿Has dormido bien?
Holly aferró la taza con las manos y se la llevó a los labios.
- Si te hubieras quedado, como te pedí, conocerías la respuesta.
- Ya sabes que no era una buena idea.
- A mí me parecía una idea genial.
Matt había dejado a Holly a la puerta de su edificio de apartamentos y se habían dado un beso de buenas noches. No es que fuera el colmo de la pasión, pero sí hubo choque de lenguas, mordisqueo y cierta cantidad de succión. Fue muy agradable, la verdad, pero Holly se puso furiosa cuando Matt le dejó claro que no estaba dispuesto a ir más allá. Ella gimoteó, llegó incluso a suplicar y en términos generales se mostró muy persuasiva -de hecho, un ápice más de persuasión podría haber conseguido que se llevara el gato al agua-. No es que Matt se estuviera empeñando en cumplir su voto de castidad -era un hombre tan débil como el que más-, pero en los últimos tiempos parecía importante que si ibas a tener sexo/ hacer el amor/ bailar un tango en horizontal con alguien, al menos deberías sentir cierto entusiasmo y tener ganas de pasar tiempo con tu pareja, en lugar de huir a la velocidad del rayo antes de que los huevos y el beicon llegaran a la sartén. Tampoco venía mal el hecho de conocer a la chica. Matt había intentado explicar su teoría a Holly antes de abandonarla y llamar a un taxi para regresar al hotel. Al parecer, ella no compartía su punto de vista.
- Quizá en otra ocasión -respondió Matt ahora, albergando la esperanza de no sonar demasiado arrogante.
- Tú te lo has perdido, chico inglés. -El tono de Holly era distante, y Matt confió en no haberla herido- ¿Quieres saber la opinión de estos chavales sobre asuntos de importancia mundial?
- No se me ocurre nada mejor.
Sus miradas se encontraron y Holly le guiñó un ojo.
- A mí, sí.
Los componentes de Headstrong, al contrario de lo que Matt creía, no eran nativos de Nueva York: eran ingleses. Justin, el guapo del grupo, procedía de Basildon; Tyrone era de Barnsley, y probablemente pasó unos años horribles en el colegio público del mismo nombre; Bobbie venía de Accrington, y Stig había pasado sus años de formación en Maidstone, sin duda un encantador pueblecito de la Inglaterra rural, pero no exactamente el lugar más vanguardista del planeta. Ahora bien, ¿cómo había sido el Liverpool anterior a los Beatles?
¿Por qué había viajado tanta distancia para entrevistarlos, en lugar de quedar con ellos en Lewisham o en Camden? Holly, con el tono propio de los relaciones públicas, le explicó que, en contra de la tradición, tenían la intención de arrasar primero en el mercado norteamericano. Por lo visto, el resto del mundo sucumbiría a continuación de forma natural. La primeras palabras que venían a la mente eran dos: buena, y suerte. Iban a necesitarla.
Matt se sentía como un profesor de instituto ante un alumnado díscolo. Los chicos de Headstrong estaban sentados frente a él, jugueteando, propinándose unos a otros palmadas en la cabeza y patadas en la espinilla. Entre los cuatro, sumaban tres GCSE -o Certificado General de Educación Secundaria- y, hasta que la empresa Beeline Management Company les sacó de la oscuridad, ninguno de ellos había viajado más allá de Ibiza. Sin duda, su actual programa de fiestas y viajes les estaba haciendo recuperar el tiempo perdido. Una capa de un grosor de quince centímetros de maquillaje color mandarina -o acaso se trataba de bronceador artificial- les cubría el rostro, ocultando cualquier posible atisbo de acné o de sarpullido a causa de un afeitado apresurado. Lo más probable era que estuvieran demasiado ocupados pasándoselo bien como para molestarse en darse un buen lavado. Sin embargo, sus dentaduras aún brillaban con la blancura antinatural que sólo podía alcanzarse con un severo abuso de Colgate. Las sonrisas perfectas, al parecer, eran el activo más importante en las campañas de promoción. Todos llevaban pantalones lo suficientemente grandes como para ocultar en el interior sendas patrullas de Girl Scouts. No era de extrañar que las adolescentes los adoraran y los varones los odiaran a muerte. ¿Qué era aquello que decía el editor de Matt? «Cuando estás cansado de entrevistar a grupos de chicos jóvenes, estás cansado de la vida.» Aquella panda le estaba quitando las ganas de vivir a toda velocidad.
Ahogando un suspiro de desánimo, Matt volvió a accionar la grabadora.
Matt: ¿Quién diríais que ha ejercido mayor influencia en vuestra música?
Justin: ¿Qué?
Matt: ¿Qué grupos musicales os gustan más?
Bobbie: ¿De cuáles?
Matt: De todos los grupos del mundo entero.
Stig: ¿Vale decir que Fatboy Slim?
Matt: ¿Qué os parece si hablamos de grupos más establecidos como, por ejemplo, los Beatles?
Bobbie: A mi abuela le gustan. Y también a esa tal Jane McDonald que sale en la tele.
Stig: ¿No hicieron My generation?
Tyrone: Ése era Jim Davidson.
Matt: Ése es el programa The generation game. My generation es una canción.
Tyrone: Ah.
Matt: La interpretaban los Who.
Bobbie: ¿Quién dices? ¿Los Who?
Matt: Eso es.
Tyrone: He oído cosas de Frankie Goes to Hollywood; eran una pasada.
Matt: Era gay.
Stig (de mal talante): Eso no tiene nada de malo.
Justin: ¿No era de los Beatles el tipo ese con pinta de empollón, el que llevaba gafas?
Matt: John Lennon.
Justin: ¡Qué plasta de tío!
Bobbie: A mi abuela le gustan.
Matt: Y a unas cuantas personas más, también. Los Beatles ha sido el grupo musical de más éxito de todo el siglo veinte. Hasta la fecha, el volumen de ventas de sus álbumes en todo el mundo asciende a ciento seis millones. Un poco más que el de Headstrong, me parece a mí.
Justin: ¿No se tiraba a una tía china?
Matt: Estaba casado con Yoko Ono.
Justin: Apuesto a que seremos más famosos que ellos.
Matt: Sergeant Pepper's Lonely Hearts Club Band fue número uno en las listas de álbumes durante ciento cuarenta y ocho semanas seguidas. Lanzaron cinco películas que reventaron las taquillas, adelantándose a su tiempo.
Justin: Como las Spice Girls.
Tyrone: Están un poco pasados de moda, ¿no te parece?
Justin: ¡Menudo idiota cuatro ojos! ¡Quería la paz mundial!
Matt: ¿Y por qué motivo seréis recordados vosotros? ¿Por vuestra aportación al consumo de gomina para el pelo?
Justin: En todo caso, ¿cómo se les ocurrió escoger ese nombre? ¡Beatles, «escarabajos»!
Matt: ¡Joder! ¿Cómo se os ocurre a vosotros llamaros Headstrong, «testarudos»? Quizá tendríais que cambiarlo por Headcase, «locos de remate».
Justin: ¿Algún problema, tío?
Matt: Sí, tú. ¿Algún problema?
Matt se olvidó de parar la grabadora antes de que estallara la pelea. Empujó a Justin por el pecho, y éste le devolvió el empujón con una fuerza sorprendente para alguien a quien se le cortaba el aliento al bailar. Cegado por la rabia, Matt se lanzó a la garganta de su contrincante.
En la vida de toda persona, existen momentos clave. El primero suele ser cuando te percatas de que todos los policías son más jóvenes que tú -y esto, pensó Matt, lo había llevado con un buen talante encomiable-. El segundo es cuando te despiertas una mañana y todos tus amigos están casados -menos tú-. Entonces, comienza la prisa desesperada por encontrar atractivos ocultos en alguien con quien saliste tiempo atrás, en un intento por llevar a esa persona al altar antes de que concluya el año. (Aquí podría incluirse la explicación de por qué Matt había pedido en matrimonio a Eileen Fisher sólo seis semanas después de conocerla y salir a tomar una copa de vez en cuando. Por suerte, Eileen le rechazó pero, por desgracia, seis meses más tarde, su mujer no lo hizo.) El tercer momento definitivo es cuando un grupo musical de adolescentes imberbes te dice que tus ídolos del pop también son los favoritos de sus abuelas, los compara con Los Panchos y, sobre todo, muestra una absoluta falta de respeto hacia uno de los músicos más sobresalientes de nuestro tiempo. ¿Es que no sabían los de Headstrong qué era un icono? ¿Acaso no habían oído hablar de James Dean, Janis Joplin o John Lennon? Debían de creer que Marilyn Monroe era la dependienta que entregaba los vídeos de alquiler en el Blockbuster de su barrio. Aquello superaba con creces lo que un periodista de rock divorciado, desanimado y hastiado de la vida podía soportar.