MARIAN BUENOSAIRES
Esto es cuando la tarde arría sus banderas
y los últimos náufragos
arriban a las islas con la sombra extenuada
y extienden entre cuatro pocillos de café sus viejos mapas,
delirantes aún en el bullicio sin dejarse vencer por la marea
puesto que sobreviven y seguirán soñando
y uno ya no les dice que el último navío partió hace dos gemidos
y que aquí estamos solos y eso es todo
y sin embargo, ves, ellos insisten,
desempañan la brújula buscándole otra vez el norte ausente
y vos, Marian, oyéndoles con tu piedad de niña y tu ternura joven,
amparás a esos viejos piratas destituidos
de todos los cafés de Buenos Aires
que se toman de ti con las dos muertes
y lloran largamente con un ojo y sin ninguna lágrima,
hasta que por tu canto ven un velamen lejos
y vuelven a pensar en los pañuelos.
Y así los lunes lúcidos y así los martes crueles,
los miércoles anónimos, los jueves cenicientos
o esos viernes navaja donde se afila el viento
y te arroja cantando a un sábado opulento
donde vos decís todo de una manera lenta
para que los domingos no amanezcan desiertos
y vengan esas ganas de soledad subiéndote
por todas las raíces donde llora la gente;
porque alguien va a gritar enseguida en la esquina,
alguien pedirá auxilio entre cuatro paredes,
mientras lo gris avanza como una sudestada
y el poema es un árbol que en tus entrañas crece.
Será a la madrugada
y como tantas cosas que uno piensa tanto
que te hallaré escuchando un vino de cantinas adonde más te duele
porque ese adolescente tiene ojos de suicidio
o esa muchacha sueña, sobre un pie, ya hace meses
y como les cantaste por tu modo profundo
se quedan a tu lado y en tu voz permanecen
por lo que es muy urgente que les tirés gaviotas
y salgan esta noche hacia el amanecer.
Será en Bachín o en Pipo, rojos de vermichellis,
ante una jugosa colita de cuadril
bebiendo el vino duro de los hombres de niebla,
que hablaremos de nuevo del sentido del canto
para meterlo adentro de América a los gritos
y nuestro cancionero se llene de habitantes.
Ves, yo nunca te busco, muchacha al pie del viento
Te encuentro entre mis cosas. Como a una palabra.