CAPÍTULO 4
Media hora después, sentada en uno de los taburetes de la cafetería, Bree me somete a un tercer grado exhaustivo. Menos mal que me he fijado bien en el muchacho para poder responder a todas las preguntas que me hace.
—¿Y cómo le quedaba la camiseta?
—Bien, marcando todos y cada uno de los músculos del torso, ideal para estudiar anatomía. —¿Blanca? ¿De tirantes o con mangas? —me pregunta mordiéndose el labio inferior esperando mi respuesta.
—Blanca, bueno, manchada, pero era blanca. Y con las mangas cortadas por los hombros. —¿Y hablaste con él?
—Ajá —digo metiéndome un trozo de delicioso bistec en la boca.
—Ai por dios qué suerte…
—Bree, cariño, ¿porqué no intentas hablar con él? Creo que mejor que saber como va vestido por terceras personas, sería que lo comprobaras por ti misma, ¿no?
—Es que no podría… no me atrevería a decirle nada o quedaría como una tonta. No sabría de qué hablar…
—¿Pero has hablado con él alguna vez?
—Bueno… hola y adiós y poco más… El año pasado acompañé a mi padre a llevar la furgoneta al taller… Le hablaba a mi padre pero yo estaba al lado. ¿Eso cuenta? Por dios, ¡soy patética! —No Bree cariño, eso no cuenta. Averigua qué cosas le interesan. Investiga. Busca cosas que tengáis en común y si no las tienes, te las inventas. Bree, si te gusta tanto, arriésgate, no te quedes con las ganas, con el cómo sería si…
Se queda un rato pensando con la vista perdida. Arruga un paño que tiene en las manos inconscientemente. Casi puedo ver la batalla que se está librando en su mente entre seguir como hasta ahora y soñar con lo que podría ser o echarle un par de narices al asunto e intentar un acercamiento.
—Hockey hielo y mujeres. —dice finalmente enumerando las opciones con los dedos. —¿Sólo? Seguro que hay muchas más cosas que le interesan pero de momento, es un comienzo. Veamos —digo apartando mi plato —Mujeres. Tiene pinta de ligón… ¿Ha salido con muchas chicas? ¿Te has fijado si tiene alguna preferencia?
—No sale con chicas, quiero decir que no le he visto nunca con una, pero sí sé que ha tenido líos con muchas chicas del pueblo y alrededores… Así que con un abanico tan amplio de conquistas, no parece que tenga preferencias…
—Punto a nuestro favor. Los ligones son los más fáciles, créeme —digo guiñándole un ojo —Siguiente, hockey hielo. De este tema, no tengo ni idea, aunque ver a un grupo de hombres pegarse por un disco lo encuentro tan primitivo que creo que me pone y todo…
—¡Jajaja! Pues sí, resulta de lo más sexy verles. Yo no me pierdo ni un partido, aunque reconozco que lo paso mal cuando se hacen daño de verdad. La temporada empieza en dos semanas. ¡Podríamos ir juntas a algún partido! Matt y Bradley juegan en el equipo —me informa.
¿Bradley también juega? Con que hockey hielo, ¿eh? Sí, es un deporte que le pega, masculino y bruto… como anillo al dedo.
—Mmmm… Ver a alguien zurrando a Don Simpatía… Me parece que me apunto.
Maquinamos y reímos durante un buen rato más hasta que acabo explicándole mi nuevo encontronazo con Bradley.
—¿Le pegó bronca a Matt por estar hablando contigo?
—No sé si fue por eso, pero estuvieron hablando un rato a solas en su oficina y cuando salieron Matt se fue en dirección contraria a la mía. No te preocupes, no parecía muy afectado cuando se iba.
—¿Y Brad? ¿Te dijo algo?
—En pocas palabras, que me arreglaría el coche para que me largara lo antes posible de aquí.
—¡¿Cómo?! ¿Pero este imbécil qué se piensa? De verdad, siempre me ha parecido un tipo callado, pero no tan grosero…
—No te preocupes, para borde él, borde yo —y le hago una especie de resumen de mi respuesta. —¿Y le dejaste ahí plantado? ¡Jajaja! ¡Qué fuerte! ¡Me encanta! Se lo tiene bien merecido. Es cierto que eres diferente a la gente de aquí, vistes diferente y eso pero me parece que traes un aire fresco que necesitamos.
En ese momento recuerdo que les dí mi teléfono para que me avisaran cuando estuviera listo mi coche, así que debería acostumbrarme a dejarlo encendido al menos. Lo saco del bolsillo y lo enciendo dejándolo en modo vibración. Empieza a vibrar encima del mostrador y cuando por fin para, miro todos los mensajes.
Un mensaje de mi hermana informándome que mis padres están más tranquilos pero que sería conveniente que les llamara para dar más explicaciones. Buena chica.
Una llamada de Eddie y un mensaje, que paso de leer y borro al instante.
—¿Quién es Eddie? ¿Es tu ex? Perdona, es que sólo con verte la cara…
—Tranquila. Sí, es mi ex. Nos íbamos a casar en un mes.
—¿En serio? ¿Y le has dejado plantado?
—Lo pillé en nuestra cama con su secretaria.
—¡¿Qué?!
—Lo que oyes. Volví antes de un viaje de trabajo y quise darle una sorpresa y resulta que la sorpresa me la llevé yo… Ahora no para de decirme que sólo ha sido esa vez y que no volverá a ocurrir pero yo ya no confío en él.
—Guau… lo siento. Debes estar pasándolo fatal…
—Bueno, estaba muy enamorada de él pero de repente, ese sentimiento se ha esfumado, así que en el fondo lo llevo mejor de lo que esperaba. Por eso me quise ir también. Estoy segura que si le veo, ese sentimiento volvería a aflorar y no quiero dudar, sé que he tomado la decisión correcta. Él no sabe donde estoy, de hecho nadie lo sabe, y me gustaría que fuera así. Esta historia sólo la conoces tú así que espero que me guardes el secreto.
Ella asiente con firmeza cuando vuelvo a comprobar el teléfono para ver el último mensaje. Abro mucho los ojos y divertida le enseño la pantalla.
“No sé qué le has dicho pero has cabreado mucho a mi hermano. Bien hecho. Ya te tengo fichada. Cuando esté listo tu coche te pego un toque. La cerveza sigue en pie. Ya sabes donde encontrarme”.
—Entonces… —empieza a decir agachando la cabeza.
—¿Qué? Venga, suéltalo.
—¿Vas a aceptar la oferta de Matt? ¿Irás al bar alguna noche?
—Por supuesto que sí, y tú te vendrás conmigo.
—¿Yo? ¡No! No puedo dejar ésto solo…
—Bree, nada de excusas. El hotel cierra la puerta de entrada a las once. No hay más gente hospedada excepto yo y teniendo en cuenta que voy contigo, supongo que me abrirás la puerta cuando volvamos. Y si surge algo y no volvemos juntas, no te preocupes que yo me apaño solita.
—¿Surgir algo? Ai madre qué calor —dice mientras se abanica con la mano.
—¿No es esa la finalidad de nuestro plan de acercamiento? ¿O sólo te vas a acercar a él para mirarle? Yo de ti tocaría también porque el chico promete…
Bree se pone roja como un tomate y empieza a soltar una risa nerviosa que no sabe como parar.
—Bree —digo acercándome mucho a ella —¿no serás…?
—¿Virgen? No por dios… Me pongo nerviosa sólo de pensar en Matt, y cuando has dicho eso me lo he imaginado desnudo y… madre mía… Pero virgen no soy. Estuve saliendo unos meses con un chico de aquí, Tobey, pero en el fondo yo no estaba enamorada y le dejé. Sentía como si le estuviera engañando y él no se merecía eso.
—Bueno, entonces es una promesa. Una noche de éstas nos vamos a pasarlo bien al bar. Sin presiones, sólo para divertirnos un poco. ¿Hecho?
—Vale —dice sonriendo —Acepto. ¿Qué harás esta tarde? ¿Dónde buscarás la inspiración para escribir? —Pues no sé… A lo mejor me paso por la librería del señor Jenkins. Le prometí que me pasaría a echarle un cable cuando tuviera tiempo y la verdad es que tengo de sobras.
—Genial. Es un buen hombre pero está solo y es muy mayor… La librería se le queda grande y anticuada… Oye, ahora que lo pienso, ¿tiene alguno de tus libros? Para comprarlo digo y leerte. —Me parece que no es el estilo de libros que el señor Jenkins tendría en su librería —digo arrugando un poco la nariz.
—¿Qué quieres decir? No te entiendo.
—¿Quieres leer uno de mis libros? Tengo un ejemplar en mi habitación. Si quieres, te lo regalo. —¡Por supuesto que quiero!
—Pues subo un momento a mi habitación a cambiarme para ir a ver al Sr. Jenkins y cuando baje te lo traigo.
Después de una media hora bajo las escaleras con mi libro en las manos. He aprovechado para mojarme la cara y cambiarme la camisa por una camiseta entallada de manga corta. Entro en la cafetería y me encuentro a Bree limpiando la barra.
—Aquí lo tienes. Espero que te guste. —¡Gracias!
La observo leer el título y darle la vuelta para leer la sinopsis en la contraportada. La miro fijamente intentando adivinar sus pensamientos aunque su cara la delata. Tiene los ojos y la boca abiertos de par en par. Sigo su mirada mientras lee con una sonrisa en la cara. Cuando acaba, levanta la vista sin cambiar un ápice su expresión.
—¿Escribes porno?
—¡Jajaja! Hombre, yo prefiero llamarla, literatura erótica. Ese es el último que he escrito. Ya me contarás qué te parece —y salgo de la cafetería con paso decidido mientras observo por el rabillo del ojo que abre la primera página. Espero que la dedicatoria que le he escrito le guste.
“Para Bree. A lo mejor leer te da ideas que puedas poner en práctica pronto. Gracias por hacerme sentir como en casa”