VIDA DEL CABALLO «LIONFANTE»
DEL tordo «Lionfante» ya se ha dicho todo. La única cuestión todavía debatida en las Universidades italianas es si bajó a Venecia a hablar ante el Senado o no, y si lo hizo, si fue todavía en vida del capitán Fanto Fantini della Gherardesca, o este ya estaba muerto cuando «Lionfante» hizo su laude y defendió su memoria. Los más se inclinan a creer que fue en vida del gherardesco, y como medicina para la dolorida soledad de este y su cansancio de vivir. «Lionfante», según esta tesis, lo convencería de dejarle ir a Venecia a recordar su nombre y sus hazañas, que muchos se preguntarían qué fue de él, y convenía aclarar, primero y principal, que no diera muerte él a Cósima loca, a la que habría perturbado un aire que habría quedado en el castillo de Famagusta, en la estancia de la muerte por el Moro de dama Desdémona, y que fuera el Loredano cornudo el asesino.
—¡Llámale vengador! —pidió Fanto a «Lionfante», según el caballo comentó ante el Senado de la Serenísima, apurando la patética.
«Lionfante» añadiría que al saber de Fanto vivo, se juntarían gentes de armas para aclamarle como capitán, y cada dos ciudades, una lo llamaría para la guerra. Finalmente, que las heridas que tenía medio abiertas, se las cerraría un cabalgar de mayo por los alegres campos. Si el camargués, que asistía a todas estas pláticas, supiese escribir, o tuviese clérigo a quien dictarle, tendríamos ahora, probablemente, alguna carta suya en la que se contase que al final de cada parlamento de «Lionfante», este se dirigía a su amo ofreciéndole una copa de vino provenzal.
Muchos creen que fue durante el viaje de «Lionfante» a Venecia, cuando se produjo la muerte del condottiero, y según un libro de la parroquia de Santa Marta en Aubagne, el camargués Guillem —en otros lugares escrito su nombre Guilloum o Guilloue—, solicita en 1509, ampliar el nicho en el que está enterrada su mujer Flamenca, y per honestá, amb tres taules inter corpores i be ferrats i arredout, també le corps moutt vegades feril du seigneur Fant.
Está probado que «Lionfante» vivía todavía en 1504, y resumiendo nuestras investigaciones, podemos decir que después de la muerte del signor Fanto se hizo lacónico, dejó la bebida, pasó a quejarse de vez en cuando en provenzal, amistó con una asna zaina con la que salía a tomar el sol, y que le dejaba mamar los desayunos, y el camargués, viudo, y «Lionfante» sin amo, se hicieron compañía en los últimos y pacíficos años de su vida.