14

Los encerraron en una habitación pequeña, que a todas luces no media más de cuatro metros cuadrados. Los empujaron dentro sin mucha condescendencia y trabaron la puerta al salir.

Devlin miró alrededor en busca de cualquier cosa que pudiese ayudarlos, aunque sin demasiado éxito. La habitación estaba casi vacía. Apenas había sitio para una especie de camastro viejo y desvencijado en un rincón y unas mantas hechas jirones y tan sucias que ofendía el simple hecho de mirarlas. La única luz que iluminaba la estancia provenía de una pequeña antorcha sostenida en la pared al lado de un pequeño ventanuco. Devlin intentó asomarse, pero estaba demasiado alto. Acercó el camastro y se subió encima de él.

—Estamos demasiado altos. Calculo que habrá una distancia de tres o cuatro pisos entre la ventana y el suelo. Jamás conseguiremos huir por aquí.

Nicole se sentó en el suelo, en una esquina de la habitación.

—¿Crees de verdad que alguien vendrá a buscarnos? —Nicole se estremeció, mientras buscaba la mirada de Devlin para leer la verdad en los ojos de él.

—Claro que sí —mintió él sin mucha convicción.

Ella lo miró con los ojos llenos de preocupación y Devlin supo que no le había creído.

—Cielo, mira esto por el lado bueno. Cuando salgamos de aquí tu editor va a adorarte. Tendrás suficiente material para contar el resto de tu vida sin necesidad de moverte de la redacción.

Eso la hizo reír y Devlin sintió cómo la esperanza renacía otra vez dentro de él.

—Te sacaré de aquí, Nikki. Después de todo, me he pasado media vida sacándote de apuros —dijo Devlin con un aire de suficiencia que hizo enojar a Nicole.

—¿Que tú qué? —Apenas podía articular las palabras de tan ofendida que se sentía.

—¿Ya no te acuerdas cuando te metiste en la granja de los Freemont y te salvé de aquel toro enorme? Estuvo a punto de matarte.

—Me metí allí para buscar a mi perro y no había ningún toro enorme, era apenas una vaquilla inofensiva. Podría haber salido de allí a la perfección sin tu ayuda.

Él la miró con incredulidad.

—Quieres hacerme enfadar a propósito —dijo Nicole.

Él no lo negó. Unos minutos antes, en el salón, había visto el miedo en los ojos de Nicole y no quería volver a verlo. Prefería mil veces verla enfada, aunque fuera con él, a verla tan abatida.

—No quiero que te preocupes por nada. Sé que Derek y Jared moverán cielo y tierra para encontrarnos si desaparezco.

—Sí, pero tal vez sea demasiado tarde —interrumpió Nicole.

—Por eso no nos vamos a quedar aquí esperando.

—Shh.

Ambos se miraron desconcertados cuando oyeron el ruido. Se quedaron en silencio esperando que se repitiese y, cuando lo oyeron de nuevo, descubrieron que provenía de un pequeño ventanuco abierto en la puerta.

Aloha. ¿Sois vosotros los extranjeros? —Una voz femenina y delicada salía a través de la pared.

—Sí, ¿quién eres tú?

—Eso no importa pero podría ayudaros a salir de aquí.

—¿Por qué querrías hacer eso?

—No tenemos tiempo para explicaciones. Ahora mismo los guerreros más importantes están reunidos en el consejo decidiendo qué hacer con vosotros y el resto está celebrando la cena en honor a la diosa Pele. Cuando acabe la reunión mandarán a alguien a vigilaros y entonces me será imposible llegar hasta vosotros. Voy a sacaros de aquí, pero antes tenéis que prometerme una cosa.

—¿Qué? —contestaron los dos al unísono.

—Que vais a llevarme con vosotros.

Devlin quería respuestas, pero no pensaba desaprovechar esa oportunidad que les brindaba el destino, y no iba a acosar a la mujer con preguntas que la hicieran echarse atrás en la decisión de ayudarlos.

—De acuerdo.

Se hizo un profundo silencio y, cuando ya pensaban que la joven los había abandonado, oyeron cómo ella destrababa la puerta.

Nicole se quedó sobrecogida al verla. Era la chica que les había llamado la atención en el salón. De cerca no parecía tan joven. Calculó que debía de tener unos veinte años y una belleza exótica que supuso que algún día destrozaría muchos corazones, pero lo que más llamaba la atención seguían siendo los enormes ojos rasgados que transmitían una pena tan grande que Nicole sintió ganas de consolarla de inmediato.

—No debéis hacer ruido. Si os descubren tratando de huir conmigo vuestro castigo será la muerte o algo mil veces peor.

—¿Sabes cómo salir de aquí? —Devlin no creía que esa muchacha, que parecía necesitar mucha más ayuda que ellos, pudiese sacarlos de allí, pero como tampoco se le ocurría otro plan mejor decidió que merecía la pena intentar lo que ella propusiera.

—Sí. El palacio está lleno de túneles secretos para huir en caso de emergencia, solo necesitamos encontrar uno que nos lleve al mundo exterior y rezar para que nadie nos descubra. Yo iré delante pues, si alguien me ve, siempre me será más fácil distraerlo mientras os escondéis.

—Ni hablar, yo iré delante. Nunca me he escondido detrás de nadie y no voy a empezar a hacerlo ahora. —El tono autoritario de Devlin no daba lugar a ningún tipo de discusión, así que la joven aceptó de mala gana y le indicó el camino que debían seguir.

—De acuerdo. Debemos bajar hasta el sótano, después debemos ir hacia el almacén donde comienza uno de los túneles que puede sacarnos de aquí. Termina en el mundo exterior y los guerreros lo usan cuando necesitan buscar alimentos o cualquier otra cosa de afuera. A las mujeres nos está prohibido usarlo, pero mi padre me ha dicho cómo tenemos que hacer para no perdernos en una de las múltiples ramificaciones.

Devlin tenía ganas de preguntarle por qué su padre no la sacaba de allí si estaba de acuerdo con la huida, pero decidió dejar las preguntas para otro momento. Ya se iba a poner en marcha cuando la joven le tocó la espalda con timidez. Él giró con lentitud.

—Hay algo más. El almacén está custodiado por dos guardas. Yo puedo distraerlos, pero tú tendrás que reducirlos.

—Eso no será un problema.

Los guardas estaban bebiendo de una jarra oscura mientras jugaban a un extraño juego de mesa. Parecían relajados como si no esperasen ningún contratiempo, pero unas afiladas lanzas descansaban en forma amenazadora a un lado.

Antes de que Devlin pudiese hacer nada por impedirlo, la joven que los acompañaba se adelantó y delató así su presencia.

Aloha. Liholiho me ha mandado a buscar un poco más del néctar de los dioses para la celebración.

Si a ellos les pareció rara la explicación, no lo demostraron. Uno de ellos sacó unas llaves que llevaba colgadas del cinturón y abrió la puerta del almacén.

—Espera aquí, princesa, ahora lo traeré.

El otro guardián la miraba con ojos lascivos.

—Tal vez necesites a alguien que te ayude a llevarla. Una cosita tan delicada como tú no debería cargar peso.

La joven lo miró en forma provocativa mientras lo hacía ponerse de espaldas a Devlin.

—Sabes que tocarme es tabú y está penado con la muerte.

—No, si nadie se entera.

Apenas había acabado la frase cuando Devlin le asestó un fuerte golpe en la cabeza con una pesada jarra de metal, la única arma que había encontrado por el camino.

El soldado se derrumbó en el suelo con pesadez, pero antes consiguió hacer unos sonidos que atrajeron la atención del compañero.

—¿Qué demonios? —Salió de la despensa empuñando una gruesa lanza que dirigía hacia ellos de forma amenazadora.

A Nicole el corazón le latía a mil por hora mientras veía a Devlin enfrentarse a esa enorme masa de músculos con una habilidad que nunca hubiera creído posible en él. Si bien sabía que era un hombre en extremo robusto y ágil, no lo creía tan versado en las técnicas de defensa personal tal como estaba exhibiendo.

El hombre le lanzó unos cuantos ataques certeros, pero Devlin los desvió con gran facilidad. A pesar de eso, la inferioridad de condiciones era obvia. Nicole sacó la lanza del guarda que estaba inconsciente en el suelo para dársela a Devlin, quien le agradeció con un gesto elegante mientras arremetía contra el desconocido.

Nicole se apartó hacia atrás un instante antes de que Devlin le asestase una profunda estocada en la pierna al soldado. Eso lo hizo trastabillar, momento que aprovechó Devlin para darle un fuerte golpe con la jarra de la que habían estado bebiendo unos instantes antes.

—¿Los has matado? —La voz de la joven parecía llena de pesar ante esa posibilidad.

—No, pero si tenemos suerte estarán inconscientes un buen rato, antes de poder dar la voz de alarma.

—Será mejor esconderlos en el almacén para que nadie los vea y cerrar la puerta por dentro. Eso retrasará todavía más a nuestros perseguidores.

Los metieron en el almacén y los ataron con unas cuerdas provenientes de unas bolsas de comida. Después tomaron un par de antorchas y se aventuraron por un estrecho túnel de lava.

El techo del túnel bajaba más y más a cada paso que daban, así que se vieron obligados a agacharse primero y después a ponerse en cuatro patas.

Mientras avanzaban con extrema lentitud, arrastrándose como reptiles, podían sentir el calor de la piedra pasando a través de las entrañas.

—¿Estás segura de que vamos bien por aquí? —Devlin cada vez se encontraba más escéptico sobre el camino que habían tomado—. Hasta ahora no nos habíamos encontrado con un túnel tan pequeño.

—Mi padre me hizo memorizar el camino. Confía en mí y pronto volverás a ver la luz del sol.

Devlin rogó en silencio para que eso fuese cierto. El túnel cada vez se hacía más estrecho y sofocante y se replanteó varias veces dar la vuelta. Solo se contuvo por el hecho de que sabía qué los esperaba si volvían.

Devlin se detuvo en forma tan abrupta que Nicole chocó contra él sin poder hacer nada para evitarlo. El túnel daba paso a una inmensa galería. El único problema era que se encontraban al borde de un precipicio.

Un puente muy estrecho, construido con unas tablas de madera que a Devlin no le parecieron muy confiables, era la única forma de cruzar. Parecía peligroso e inestable y Devlin decidió que él sería el primero en cruzar.

—Cuando llegue al otro extremo cruzaréis vosotras. Hacedlo de una en una y no os olvidéis de mirar bien por dónde pisáis —les advirtió—. Algunas tablas tienen pinta de estar por completo podridas y podrían romperse con el peso.

Devlin empezó a atravesar el puente con lentitud. Nicole lo observaba en absoluto silencio mientras se retorcía las manos sin parar.

—No te preocupes. Mi padre jamás me habría mandado por aquí si fuese peligroso.

—Aún no te hemos dado las gracias por ayudarnos. Fuiste muy valiente.

—No soy valiente. —Por unos instantes ella pareció avergonzada y Nicole decidió cambiar de tema. Después de todo lo que les había ayudado, no tenía ninguna intención de incomodarla.

—¿Cómo te llamas?

—Kaihulani, pero puedes llamarme Kai.

Nicole le dio un sonoro beso en la mejilla, sin apartar la vista, en ningún momento, del puente.

—Encantada de conocerte. Yo soy Nikki y él es Dev.

Le dijo los nombres de pila pues, con todo lo que estaban viviendo juntos, las formalidades parecían fuera de lugar.

—Ya he llegado. Ahora os toca a vosotras.

Cruzaron de una en una. Primero Kai y después Nicole pero, cuando estaba llegando al final, pisó una tabla que se rompió. Perdió pie y no pudo evitar caer, pero pudo agarrarse en el último momento y evitó así el oscuro vacío que la esperaba en las profundidades.

Devlin corrió hacia ella, no sin antes advertir a Kai.

—Si nos pasa algo sigue adelante. Sal de aquí y busca a un hombre llamado Jared Hamilton. Cuéntale todo, él te ayudara.

Era peligroso meter tanto peso en el puente, pero sabía que Nicole no aguantaría mucho más ahí colgada. Extendió los potentes brazos para alzarla y tiró de ella hacía arriba con todas las fuerzas. Cuando consiguió ponerla de nuevo en el puente ella lo abrazó con fuerza.

—A partir de ahora tú serás mi héroe, pero que no se te suba a la cabeza.

Él sonrió.

Cuando llegaron a la galería vieron que tenían tres posibles caminos de salida. Kai les indicó que debían tomar el del medio. Avanzaron unos cuantos kilómetros hasta que se encontraron con que una pesada roca que bloqueaba el camino.

—¿Estás segura de que era por aquí?

—Sí, tiene que haber una palanca en alguna parte para desbloquear la entrada.

Miraron alrededor, pero nadie encontró nada. Nicole, desmoralizada, se sentó en el suelo. En ese momento notó que algo cedía y entonces la roca empezó a moverse como por milagro.

—Creo que me he sentado encima de la palanca.

—Cariño, tú siempre tan oportuna. —Devlin la premió con un beso rápido en los labios.

Salieron a la luz del sol.