Capitulo 12

Cara contempló con ternura cómo Chris y Maggie se declaraban su amor en la misma terraza en la que se habían conocido. El cielo estaba estrellado y había velas en todos los rincones. Parecía un cuento de hadas hecho realidad. Era imposible que en una atmósfera tan romántica, una chica pudiera denegar una proposición. Aunque estaba segura de que no lo hubiera rechazado fuera cual fuera el entorno.

Cara se secó una lágrima. Estaba muy contenta por Chris, pero a la vez tenía el corazón partido. No sabía si seguir o no el consejo de Chris y decirle a Adam cuáles eran sus sentimientos.

Trató de olvidarse de sus pensamientos y prestó atención a lo que estaba ocurriendo frente a ella. Chris estaba a punto de dar una última sorpresa y quería ver cómo Maggie reaccionaría.

Chris tomó aire y apretó con fuerza las manos de Maggie.

—Soy multimillonario.

Todo el mundo contuvo la respiración.

—Me alegro por ti —dijo Maggie con una gran sonrisa.

Chris la abrazó y el equipo de grabación rompió en aplausos y risas. Cara los miró con alegría. Maggie no podía haber respondido mejor. Había sido muy clara y había dado en el centro de la diana. De repente, Cara tuvo claro lo que debía hacer.

 

Adam estaba apoyado en el quicio de la puerta observando la grabación del programa. Desde allí apenas podía ver a Cara. Iba vestida con unos vaqueros y una camiseta, probablemente para no eclipsar el protagonismo de la elegida de Chris.

Al separarse de él, Maggie tropezó y él corrió presuroso a sujetarla. Los dos se miraron y se sonrojaron. Adam sentía que el corazón se le salía del pecho.

Maggie dijo algo y Chris y el resto de los presentes rieron con ganas. Adam se acercó a donde estaba ocurriendo la acción y de paso ver mejor el rostro de Cara. Sus manos cubrían su boca y tenía las mejillas llenas de lágrimas. Estaba más guapa que nunca y deseó abrazarla.

¿A quién estaba engañando? Quería hacer más que todo eso. No buscaba una mujer con la que salir un sábado por la noche, ni una aventura de unas semanas. Quería levantarse cada día y tener aquellos intensos ojos verdes junto a él. Quería besar aquellos labios y acariciar sus rizos cada día del resto de su vida.

Todo aquello sólo podía significar una cosa: se había enamorado locamente.

En aquel momento, la lluvia que había estado amenazando todo el día, comenzó a caer. Todos los que estaban en la terraza corrieron a protegerse al interior del hotel. A toda prisa, Jeff dio instrucciones para que todo el material de grabación fuera protegido del agua.

Cara fue directamente hasta donde estaban Chris y Maggie para asegurarse de que estaban bien.

—Nos vemos en la fiesta de despedida del viernes —dijo Jeff una vez la lluvia comenzó a arreciar.

Los miembros del equipo de grabación aplaudieron entusiasmados. Al cabo de unos segundos, todos comenzaron a recoger las cámaras y a irse. Al poco rato, apenas quedaban unos pocos. Adam vio como Cara se despedía de cada uno con un abrazo. Todo se había acabado.

Todos se estaban yendo, incluida Cara. Si quería hacer todas aquellas cosas con ella durante el resto de su vida, tenía que hablar con ella cuanto antes.

—Cara, quédate —dijo con un tono autoritario que hizo que los que quedaban por allí se giraran a mirarlo, dejando de hacer lo que estaban haciendo. Adam sintió que todos los ojos se posaban en él, pero sólo le importaban los de la mujer que era dueña de su corazón.

Cara lo miró sorprendida.

—¡Adam!

Tenía motivos para estar confundida. Llevaba días sin verlo. Pero él ya tenía las cosas muy claras y estaba dispuesto a hacer lo que tenía que hacer.

—Te estoy pidiendo que te quedes.

Adam tuvo que controlarse para no correr hasta ella, tomarla entre sus brazos y besarla. En su lugar, le sonrió, levantó un dedo y le hizo una señal para que se acercara hasta él.

¿Qué estaba haciendo? Todos habían dejado de recoger y contemplaban la escena en silencio, sonriendo.

Cara comenzó a caminar hacia él.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó esbozando una sonrisa.

—Algo que debería haber hecho hace un tiempo —dijo Adam y tomándola de la mano, la acercó hasta él y tomándola de la cintura le dio un beso en la boca. La veintena de personas que estaban allí rompió en aplausos y vítores. Cuando Adam la soltó, Cara se separó de él y se llevó una mano temblorosa a la boca—. Cara, te estoy pidiendo que te quedes conmigo.

—¿Porqué?

El se quedó mirándola con una sonrisa en los labios y ella se la devolvió.

—¿Acaso todavía no te has dado cuenta? ¿No te parece extraño que para un soltero empedernido como yo no me haya fijado en ninguna otra mujer desde que entraste en mi vida con aquellos zapatos rojos? —dijo Adam. Cara tragó saliva. No sabía qué responder. Las rodillas comenzaron a temblarle y se alegró de estar junto a él—. ¿No te parece suficiente razón? Tenemos que dejar de negar la evidencia y comprobar que lo que sentimos es real.

Alguien soltó un silbido y aquel sonido hizo que Cara volviera a poner los pies sobre la tierra. Todos los miraban interesados.

—Me gustaría no tener público —dijo Cara en un susurro que sólo él pudo oír.

Adam se giró a los presentes.

—¿Os importa dejarnos a solas?

En aquel momento apareció Jeff.

—Cambio de planes chicos —gritó—. La fiesta es en mi habitación ahora mismo.

A los pocos segundos todos se habían ido y Adam y Cara se quedaron a solas.

—¿Sabes lo que me estás pidiendo? —dijo Cara.

—Sí —murmuró Adam junto a su oído.

—¿Estás seguro de que lo has pensado bien? ¿Crees que tiene futuro lo que sentimos?

—No sé expresar bien mis sentimientos.

—Creí que tenías una gran facilidad para escoger las palabras adecuadas en cada situación.

—Así es. Pero no es fácil explicar lo que siento. Tan sólo sé que no quiero dejarlo escapar. Así que, ¿qué me dices, señorita Marlowe? —preguntó Adam, escondiendo el rostro entre los rizos de Cara—. ¿Prometes que estaremos juntos mientras podamos soportarnos?

—Prometo ser tuya para siempre —dijo sincera, tratando de olvidar el temor que la invadía.

—Dilo otra vez —dijo con voz suave. Sus ojos se encontraron y Adam contuvo la respiración a la espera de que lo repitiera.

—Adam —dijo Cara con un leve temblor en la voz—. Estoy locamente enamorada de ti. Y si tú también me quieres, te prometo ser tuya para siempre.

No había podido poner palabras a sus sentimientos, pero ella lo había hecho muy bien. Adam tomó el rostro de Cara entre sus manos.

—Cara, cariño. No hay nada que el amor no pueda conseguir —dijo estrechándola de nuevo entre sus brazos.

—No quiero nada de ti y menos tu dinero.

—Eso es imposible. Si me quieres, tienes que aceptarme como soy.

—No, Adam.

—Está bien siempre y cuando prometas no darme nada tuyo —dijo y con una sonrisa traviesa, añadió—. No quiero tu apartamento, puedes quedártelo para siempre.

Cara lo golpeó cariñosamente en el pecho.

—Mi apartamento es un sitio maravilloso. Se ha revalorizado mucho desde que lo tengo.

—Me da igual cuál sea su valor. Pero sé que significa mucho para ti. Sé que valoras mucho tu independencia y por lo que a mí respecta, puedes hacer con tu apartamento lo que quieras.

Hablaba en serio. Podía verlo en sus ojos y se abrazó fuertemente contra él.

—¿A qué viene eso? —preguntó Adam sorprendido de su repentina reacción.

—Por ser tan maravilloso —dijo separándose y mirándolo a los ojos—. ¿No lo entiendes? No tienes más remedio que aceptar todo lo que es mío. Y como sigas bromeando sobre ello, te haré vivir en mi apartamento.

—Si es lo que quieres, viviremos allí —dijo Adam sonriendo.

—¿Lo dices en serio? —preguntó Cara entornando los ojos.

Adam se encogió de hombros.

—Quiero estar contigo, ya sea en mi nueva casa con piscinas, habitaciones para invitados, mesa de billar y sus jardines o en tu apartamento, al que acudirá Gracie cada mañana para informarnos de los últimos cotilleos —dijo Adam.

Cara se mordió el labio y él supo que la había convencido.

—Está bien. Viviremos en tu casa.

—Aunque tenga que llevarte en brazos hasta allí.

Cara rió con ganas.

 

Un mes más tarde, Cara reunió a sus amigos en su apartamento. Kelly y Simon llevaron unas cuantas botellas de zumo de manzana. Chris y su prometida Maggie también fueron. Gracie llegó tarde con una enorme caja de bombones que un habitual del casino le había regalado.

Habían dispuesto la televisión en medio del salón y habían traído unas butacas del apartamento de Gracie para que pudieran sentarse todos alrededor.

Adam y Cara estaban en la cocina preparando palomitas.

—También sabes cocinar, ¿eh? —le dijo Cara al oído—. Estoy impresionada.

—Lo aprendí de la tercera esposa de mi padre.

—¿Ves como siempre se puede sacar algún beneficio?

Adam la tomó por la cintura y le dio un beso en la nariz.

—Siempre tan optimista. Eres demasiado buena para mí.

—Soy perfecta.

—Venga chicos, ya empieza —les avisó Kelly desde el salón.

Cara tomó un gran bol de palomitas y regresó con los demás.

—Sube el volumen —pidió alguien y Gracie lo hizo.

Estaban viendo el primer episodio de El soltero millonario.

—Mira, ahí esta Maggie —dijo Chris, dándole un beso en los labios.

Cara suspiró al verlos. Estaban hechos el uno para el otro.

Simon y Kelly estaban cómodamente sentados en el sofá. Él acariciaba dulcemente su vientre mientras ella descansaba la cabeza sobre su hombro.

Cara buscó con la mirada a Adam. Estaba apoyado en el mostrador de la cocina con los brazos cruzados sobre el pecho y tenía una sonrisa en los labios mientras miraba a los demás. Al sentir su mirada sobre él, le hizo una señal para que se acercara hasta él y ella inmediatamente se levantó. Fue hasta él y lo abrazó, sintiéndose protegida entre sus brazos. Después de unos segundos disfrutando de su aroma, los gritos de sus amigos la devolvieron a la realidad.

—Venga chicos, tenéis que ver esto.

Abrazados, regresaron al sofá. Simon y Kelly se movieron para dejarles sitio.

—Vamos a hacer apuestas —propuso Gracie en el primer intermedio publicitario, durante el cual aparecieron los primeros anuncios de la nueva campaña de Revolution Wireless—. ¿A quién creéis que va a elegir el soltero? ¿Creéis que durarán mucho tiempo juntos? —dijo. Apenas acabó de hablar, un puñado de palomitas voló en su dirección y tuvo que protegerse el rostro con los brazos—. No es justo. Soy la única que no tiene pareja y trato de llevarlo lo mejor posible. Creo que merezco un poco de respeto —añadió bromeando.

—¿Dónde está Dean? —preguntó Kelly—. Creo que le caíste muy bien.

—Yo esperaba verlo aquí —dijo Chris.

—Está trabajando —dijo Adam—. Como siempre.

Gracie se encogió de hombros.

—¿Veis lo que os digo? A mí me gusta divertirme y a él trabajar. No puede funcionar. Parece que no os queda más remedio que cargar conmigo.

Cara sonrió, disfrutando de aquel momento. Todos sus amigos estaban juntos y felices. Y el hombre al que amaba la estrechaba fuertemente entre sus brazos. Era feliz teniendo a alguien con quien compartir su vida y no tener que tomar decisiones ella sola nunca más.

Cara levantó su copa.

—Quiero hacer un brindis —dijo y todos tomaron sus copas—. Por Cary Grant.

—Por Cary Grant —repitieron los demás, antes de dar un sorbo del zumo de manzana que bebían. Volvió a recostar la cabeza sobre el hombro de Adam y él la besó dulcemente en la nariz.

—Acaban los anuncios —dijo Chris, con el rostro iluminado al verse en la pantalla de la televisión. Todos volvieron a colocarse en sus sitios, menos Cara que se puso de pie y le hizo una señal a Adam para que la siguiera.

—¿Qué pasa? —le preguntó—. Nos lo vamos a perder.

Ella lo tomó de la mano y salieron al pasillo.

—¿Acaso no recuerdas que estuvimos allí, tonto? Si quieres puedo contarte el final.

El la rodeó por la cintura.

—¿Cómo que tonto? ¿Es ésa manera de hablar al hombre que quieres?

—¿Quién dice que eres el hombre al que quiero?

—Lo digo yo. Y si sigues negándolo, voy a tener que torturarte.

Cara miró sus intensos ojos azules y sonrió. Se puso de puntillas y se fundieron en un largo y apasionado beso, muestra de los muchos que estaban por llegar.

Un par de vecinos pasaron a su lado en dirección al ascensor. Cara y Adam continuaron donde estaban, besándose.

Mientras permanecieran juntos, nada sería imposible.

Fin