Capítulo 2

—Adam Tyler, ¿no es así?

Adam se giró y se encontró con la mujer que había visto media hora antes. Se quedó mirándola sorprendido mientras pensaba qué decir. Aquella mujer que antes estaba tan nerviosa ahora se veía relajada y sonriente. Y esas cualidades en el sexo opuesto, siempre le habían gustado.

—Así es —respondió con indiferencia.

—Bueno, mire, he conseguido el trabajo —dijo Cara haciendo una pequeña inclinación con la cabeza antes de continuar—. Me han dicho que usted es el hombre que tengo que ver.

—¿Perdón?

—Para que me hable del concursante —respondió Cara.

Adam se puso de pie con las manos cruzadas en la espalda y la contempló a la espera de que siguiera hablando. Ella lo miraba con ojos penetrantes y despiertos.

—¿Usted es el director de marketing de Revolution Wireless?

Adam la miró detenidamente tratando de adivinar su reacción. Era una mujer inteligente que se daría cuenta enseguida de que Chris, además de ser el concursante, era millonario y accionista de Revolution Wireless.

De pronto recordó que nadie debía saber nada sobre Chris. El plan era que pasara desapercibido, que lo único que se supiera de él fuera que era un hombre libre en busca de una mujer. Pero en aquel momento, todo parecía estarse echando a perder y eso era precisamente lo que Adam quena.

Cara lo miró. Era evidente que se acababa de dar cuenta de todo.

—Chris Geyer. El nombre me resultaba familiar y ahora sé por qué. Él es uno de sus socios, ¿verdad? —dijo Cara y se quedó a la espera de obtener una respuesta.

Pero Adam no dijo nada. Estaba pensando en que iba a ser más fácil de lo que había imaginado lograr que Chris no estuviera en ese concurso. Quizá aquella mujer lo echara todo a perder.

—Pensé que El soltero millonario era tan sólo un reclamo publicitario y no el nombre del programa.

Adam suspiró. Si aquél iba a ser el nombre del programa, Chris estaba perdido. Pero en lugar de mostrar inquietud, miró a la mujer que tenía frente a él en espera de ver un brillo de satisfacción en sus ojos al saber que el concursante era todo un millonario. Sin embargo, no fue así.

En lugar de encontrar una atractiva sonrisa en sus labios, vio que lo miraba con las cejas enarcadas, como si sintiera lástima por él y eso lo sorprendió. Sintió que la tensión iba en aumento, pero se quedó a la espera de que fuera ella la que rompiera el silencio.

Tras unos instantes de desconcierto, ella le sonrió pero no con la calidez que había mostrado antes, cuando se habían visto por primera vez en la sala de espera.

—Bueno, no importa —dijo ella por fin en tono frío—. Por cierto, me han dicho que hay un pequeño restaurante a la vuelta de la esquina y estaba pensando que sería buena idea que comiéramos juntos.

—No creo que eso forme parte de las reglas del concurso.

Aquella respuesta sorprendió a Cara. Pero de repente se dio cuenta de que Adam había sacado una conclusión errónea.

—No soy una de las concursantes. Lo último que querría sería tener a un solitario y desesperado millonario a mi lado. Por cierto que es la segunda vez hoy que alguien piensa que voy a participar en el dichoso concurso. ¿Por qué todo el mundo me imagina con biquini y en jacuzzis? —dijo.

Él le dirigió una furtiva mirada imaginándose la escena. La ropa que llevaba puesta revelaba las delicadas curvas de su cuerpo y aquellos zapatos rojos, que la hacían caminar con tanta sensualidad, había hecho que su mente la imaginara en biquini. Si no era una de las candidatas para Chris, ¿quién era aquella atractiva mujer?

Ella se acercó al sofá y se sentó, haciéndole un gesto para que se sentara a su lado. Intrigado por saber más de ella, obedeció y se sentó. Cruzó las piernas y estiró los brazos sobre el respaldo del sofá.

—Tenía que haberme presentado primero —dijo Cara alargando su mano—. Soy Cara Marlowe.

Él estrechó su mano lentamente, disfrutando del contacto con su piel en espera de que fuera ella la que hablara. Aquélla era una táctica que siempre le había gustado. La mayoría de la gente encontraba incómodos los silencios y eso les hacía hablar más de la cuenta.

—Voy a ser la estilista de Chris durante el tiempo que dure el programa —añadió ella—. Yo seré la encargada de vestirlo.

—¿De vestirlo?

—Me refiero a elegir su ropa —explicó poniendo una mano sobre la rodilla de Adam y bajando la voz en tono confidente—. Si tuviera literalmente que vestirlo, habría pedido más dinero por hacer este trabajo.

Adam miró la mano que Cara había dejado apoyada sobre su pierna.

—Lo siento —dijo ella retirándola—. Es que estoy realmente emocionada. Primero consigo este trabajo tan increíble y ahora conozco a todo un famoso hombre de negocios que ha recibido la distinción de «el empresario australiano del año». Me gustaría que me contara más sobre usted. Uy, ya lo estoy haciendo otra vez. Me estoy tomando toda clase de libertades con un completo desconocido. Tengo tendencia a hablar sin parar cuando se me dispara la adrenalina.

Adam se quedó impresionado. ¿También sabía que había recibido aquella distinción? Aquello parecía impresionarla más que el hecho de tener una abultada cuenta bancaria. Esa mujer era una caja de sorpresas, que además de tener una cabeza bien amueblada sobre los hombros y un rostro atractivo, hablaba con entusiasmo del trabajo que acababa de conseguir.

Independientemente de la mujer con la que Chris acabara emparejado en el concurso, al menos tendría a aquella mujer interesante alrededor de él con la que relacionarse.

—Como van a tener a tu amigo entretenido un par de horas más —continuó Cara—, ¿qué te parece si salimos de aquí y vamos a comer algo?

La propuesta le sonó bien. Si tenía que esperar a Chris dos horas más en aquella habitación, iba a acabar explotando aunque fuera en compañía de una mujer tan interesante. Una sonrisa maliciosa asomó a sus labios. Esa mujer iba a ser la estilista de Chris. Imágenes de su amigo con extraños atuendos inundaron su mente. Quizá iba a ser más fácil convencer a su amigo para que dejara el concurso.

—Creo que el destino nos ha unido para que comamos juntos —contestó misterioso.

—¡Perfecto!

Adam se puso en pie y le ofreció su brazo.

—Muy bien, señorita Marlowe, ¿nos vamos?

—Por favor, llámame Cara —respondió sonriente poniéndose de pie y tomándolo del brazo.

Aquella sensual y femenina sonrisa era una razón más para aceptar su invitación a comer.

 

Cara miró a Adam de reojo mientras echaba un vistazo al menú del restaurante junto a los estudios de televisión.

«Estoy comiendo con Adam Tyler», se dijo. Habría preferido hablar de él en lugar de hacerlo sobre su amigo. Por la prensa, conocía su historia y cómo había logrado triunfar en el mundo de los negocios. Era dueño de una de las compañías que más rápidamente había crecido en Australia en los últimos años. Por ello, había recibido numerosos premios y reconocimientos. Pero no sólo era conocido por sus dotes empresariales, también lo era por ser un cotizado soltero de oro.

No era de extrañar. De cerca, era más atractivo que en fotografía. Era muy masculino, desde el aroma de su perfume hasta el traje que vestía. Desde la manera en que movía sus manos al hablar hasta el modo en que su curiosa mirada no perdía detalle de lo que a su alrededor pasaba. Bajo su impecable aspecto exterior latía el pulso de un brillante y poderoso hombre de negocios acostumbrado a lograr el éxito en todo lo que se proponía.

Y todo lo que había hecho ella era hablar de tonterías, biquinis y jacuzzis. No era ésa la impresión que le hubiera gustado causar en un hombre cuya trayectoria profesional admiraba.

De pronto, advirtió que la miraba sorprendido. La había pillado observándolo. Le dirigió una amplia sonrisa y continuó leyendo el menú.

Lo último que quería era dejarse seducir por aquel millonario. Era evidente que era un hombre adinerado. Y dinero significaba poder. Cara no estaba dispuesta a renunciar a todo lo que había logrado por sí misma. Especialmente por alguien que, a pesar de ser tan guapo y atractivo, estaba involucrado en el proyecto del programa El soltero millonario en contra de sus deseos. De eso no había ninguna duda.

—¿Ya sabes lo que vas a pedir? —preguntó Adam.

—Desde luego —afirmó con rotundidad.

Tras unos segundos de incómodo silencio, Cara advirtió que el camarero estaba junto a ella esperando a tomar la comanda. Rápidamente eligió lo primero que vio en el menú.

 

—¿De qué va todo esto? —preguntó Adam mientras tomaban el primer plato.

Cara abrió la boca para contestar, pero recordó lo que Jeff con tanto énfasis le había advertido.

—Como cuentes a alguien algo sobre el programa, estás despedida —le había dicho.

—Lo siento —contestó Cara—. No creo que pueda contártelo. Tengo que cumplir las cláusulas de confidencialidad de mi contrato.

—El nombre del programa ya me lo dijiste antes.

Cara se llevó las manos a la cara.

—¿En serio? Espero no echarlo todo a perder antes de que empiece. Tienes permiso para cerrarme la boca si vuelvo a dejar escapar algo sobre ese programa.

—Gracias. Siempre es bueno saber hasta dónde se puede llegar —dijo Adam tomando un trozo de pan—. De todas formas, no me refería al programa. Sé más cosas de las que me gustaría. Quiero saber otro tipo de detalles como por ejemplo, ¿seguirá yendo Chris a trabajar a la oficina?

—Creo que no lo hará durante las próximas dos semanas. Tanto él como los que trabajemos en el programa permaneceremos aislados en el Hotel Ivy mientras dure la grabación y nadie podrá salir ni entrar de él sin la autorización de los productores —respondió Cara y se quedó observándolo a la espera de su reacción.

Pero Adam apenas hizo un gesto con la cabeza y parpadeó. No sabía si detrás de aquella mirada azul, la noticia lo afectaba de alguna manera en particular.

—¿Para qué crees que os aíslan? —preguntó interesado.

—Para evitar que hablemos con la prensa.

—¿De qué?

—De los detalles jugosos. El nombre del programa... —comenzó Cara y Adam sonrió. Su sonrisa encantadora la desconcertó—. Los productores del programa quieren mantener en secreto la grabación y poder controlar en todo momento los detalles —continuó—. Llevo años trabajando en el mundo de la moda y sé que lo que vende es lo que hay detrás. Los secretos tienen atractivo. La televisión, también. No hay nada más sugerente para las mujeres entre dieciocho y treinta y cinco años que un hombre buscando un amor. El sexo vende. Y los productores lo saben y quieren sacar un gran beneficio de eso.

Terminó de exponer su punto de vista e inspiró. Ahora estaba segura de una cosa. Por el modo en que la estaba mirando y escuchando, era evidente que aquel hombre tenía algo más en mente. Su actitud dejaba entrever que estaba abierto a cualquier cosa que ella pudiera ofrecerle. Se estaba poniendo tan nerviosa que sentía un nudo en el estómago.

El hecho de estar frente a un hombre tan atractivo y encantador, no la ayudaba a tranquilizarse. Si al menos hiciera algún gesto vulgar o mostrara un exagerado gusto por la polka...

Cara tomó un sorbo de agua para evitar balbucear, confiando en no haber dicho ninguna estupidez. Estaba segura de que lo estaba haciendo bien.

—Ya te he contado todo lo que puedo —dijo ella. Adam se encogió de hombros—. Volvamos a la razón que nos ha traído aquí —añadió, decidida a tomar el control de la conversación si quería obtener la información que necesitaba de él—. Háblame de Chris.

—¿Qué quieres saber?

—¿Qué comida le gusta? —preguntó ella. Sabía de Adam por la prensa, pero apenas tenía información de los otros socios de Revolution Wireless. Él parpadeó lentamente. Cara había advertido que lo hacía cada vez que quería ganar tiempo antes de hablar y eso la incomodaba—. ¿Se parece en algo a ti?

—En algunas cosas sí, en otras en absoluto.

—¿Y qué le gusta hacer para divertirse? dijo ella y se mordió el labio inferior. Sus respuestas no la estaban ayudando nada.

—Le gustan las telecomunicaciones y la tecnología.

—¿Cómo os conocisteis? ¿Qué le apasiona? ¿Qué tipo de mujer le gustaría encontrar?

«Cuéntame algo, lo que sea», pensó Cara.

—Nos conocemos desde el colegio.

Ella se quedó a la espera, pero Adam no dijo nada más.

—Fantástico —dijo sin ningún entusiasmo. Su paciencia estaba al límite.

Había conseguido el trabajo pero no podía permitirse cometer ningún error que pudiera dejar marcada su carrera. Aunque consiguiera pagar la hipoteca de su casa, tenía otros gastos a los que hacer frente. Aquel hombre lo único que estaba haciendo era tratar de seducirla.

—Está bien. Eso era todo lo que necesitaba saber —dijo enfadada, dejando su servilleta a un lado del plato dispuesta para irse—. Ahora ya sé que no se parece a ti, que su trabajo consiste en inventar cosas y que una vez fue al colegio y allí fue donde os conocisteis. Con toda esa información ya tengo suficiente y puedo lograr que tu amigo no parezca un tonto ante millones de personas que lo verán cada semana.

—Espera —dijo Adam poniendo su mano sobre la de ella para detenerla.

Cara dejó escapar un suspiro, alegrándose en el fondo de que su pequeña representación hubiera dado el resultado esperado. Se volvió a sentar lentamente y esta vez fue ella la que se quedó a la espera de que fuera él el que hablara. Estaba ante un maestro y tenía que aprender de él. Tras unos segundos en silencio, Cara advirtió que su mano seguía sobre la suya.

Bajó la miraba y la fijó en su mano. Era fuerte y bronceada, en comparación con la suya que era pequeña y pálida. El silencio se hizo tenso.

Lentamente, Cara quitó la mano y él no se lo impidió. Volvió a morderse el labio y lo miró.

—Adam, por favor, háblame de tu amigo. Necesito conocer sus gustos.

Estaba decidido a hacer cualquier cosa para impedir que su amigo participara en aquel programa, pero al ver a aquella mujer mirándolo en actitud suplicante decidió dar su brazo a torcer. Pero sólo porque no estaba dispuesto a permitir que Chris quedara como un idiota ante los espectadores. No había podido darle una respuesta cuando ella le había preguntado lo que hacía Chris para divertirse porque lo único que le gustaba era trabajar. Era lo único que había hecho durante años y ahora reclamaba un poco de tiempo para él. Era lo menos que se merecía.

—¿De verdad no lo conoces? —preguntó Adam.

Ella negó con la cabeza lentamente.

—No. No sé si es viejo, joven, gordo, delgado o calvo.

Adam se quedó unos segundos mirándola. Estaba a la espera de que le diera una respuesta. Era una mujer inteligente, además de guapa. Se movió incómodo en su asiento. Ella se había quedado a la espera de una respuesta y lo miraba fijamente. No estaba acostumbrado a ser víctima de sus propias tácticas. Aquella mujer aprendía rápido y era evidente que tenía que contestar.

—Está bien —empezó Adam—. Vayamos por partes.

Cara se inclinó hacia delante y apoyó los codos sobre la mesa, descansando la barbilla sobre las manos mientras él le hablaba sobre Chris. Historias de su infancia, de sus citas, de su educación y de su amistad de más de veinte años. Parecía una buena persona y cada vez sentía más ganas de conocerlo. Pero a la vez no dejaba de fijarse detenidamente en el hombre que tenía en frente. Era un magnífico narrador y apenas podía quitar los ojos de él. Estaba tratando con el hombre que había dirigido una de las campañas de marketing más importantes del país.

—¿Por qué no tomas notas? —preguntó de pronto Adam. Cara regresó bruscamente de sus pensamientos—. ¿Estás bien? —añadió poniéndose de pie.

Había dejado volar su mente despreocupándose de la información que le estaba facilitando sobre el hombre del que se tenía que ocupar en las dos próximas semanas y que sería el trabajo más interesante que había tenido en su vida.

—Sí, estoy bien. Y no necesito tomar notas. Todo lo guardo aquí —dijo señalándose la cabeza.

—Así que dime, ¿te gusta Cary Grant? —preguntó Adam mientras le servía más vino.

Cara trató de recordar lo que Adam había dicho unos segundos antes sin lograrlo.

—¿Cómo dices?

Adam la miró con los ojos entrecerrados.

—Cary Grant. El actor favorito de Chris.

Cara sacudió la cabeza, tratando de despejar su mente.

—Claro que me gusta. Me parece un actor maravilloso —dijo Cara—. Así que resumiendo, Chris es un gran tipo al que le gusta Cary Grant y que le gusta coleccionar cadenas.

—Monedas —la corrigió mientras se servía vino.

—Eso, monedas.

—Creo que se merece un brindis por ser el motivo que nos ha reunido hoy en esta agradable comida.

—¿Quién? ¿Cary Grant?

Adam rió sacudiendo la cabeza.

—¿Por qué no? Por Cary Grant.

Cara decidió que ya había tenido bastante. Otro segundo más de aquella conversación y acabaría olvidando su propio nombre. Así antes de seguir metiendo la pata, se puso de pie y dejó la servilleta sobre la silla.

—Has sido una ayuda fantástica, pero tengo que irme. Muchas gracias por la comida y ya nos veremos.

Salió del restaurante en dirección a los estudios de televisión, pensando en conocer a Chris. Tenía que hacer un buen trabajo. Aquello suponía pagar su casa y olvidarse de la hipoteca. Debía olvidarse de Adam Tyler y sus intensos ojos azules. Cuanto más lejos se mantuviera de él, mejor.

Adam se quedó allí sentado observándola. No sabía qué le había gustado más: si el contoneo de sus caderas mientras se alejaba o disfrutar de la alegría de su bonito rostro y de los movimientos enérgicos de sus manos.

Dejó aquellos pensamientos y se concentró en lo que tenía que ser su prioridad. Todo parecía indicar que finalmente Chris iba a participar en aquel concurso. Iba a tener que acompañarlo durante las dos semanas que iba a durar.

—El sexo vende —había dicho Cara y no se equivocaba lo más mínimo. Tenía el presentimiento de que iban a saltar chispas en el programa y eso haría que los beneficios de Revolution Wireless fueran en aumento.