Capítulo 8
Todos los miembros del equipo de televisión terminaron el día en la suite de Chris bailando la conga.
—¡Tres hurras por la campeona! —gritó Chris.
—Gracias a todos —comenzó a decir Cara, divertida, a modo de discurso—. Quiero que sepáis que destinaré mis doce dólares con quince centavos a una gran causa. El dinero no me va a hacer cambiar. Para mí seguiréis siendo tan insignificantes como siempre lo habéis sido —y riendo se dejó caer sobre el sofá—. Aunque ahora que lo pienso, doce dólares y quince centavos no es que sea una fortuna.
Adam, sentado a la mesa del comedor, contemplaba la escena alejado del bullicioso grupo.
—Eso es cierto —dijo Chris sonriente—. No creo que fuera suficiente para pagar el préstamo que pediste en la universidad.
—Eso está pagado —dijo Cara haciendo un gesto con la mano.
—¿De verdad? —preguntó Chris. Era evidente que el champán comenzaba a hacer efectos—. ¿Qué me dices del crédito del coche?
Aquello interesó a Adam.
—También está pagado.
—A ver déjame pensar. ¿Y la hipoteca de tu casa?
—Casi —respondió Cara y levantando la mano, acercó sus dedos índice y pulgar—. Me queda esto para terminar de pagarla —dijo y cambiando el tono de su voz, añadió—. ¿Sabéis una cosa? Mis padres nunca tuvieron un coche o una casa. Y yo, dentro de una semana cuando me paguen por este trabajo, tendré las dos cosas. No está mal, ¿verdad?
—Nada mal —repuso Chris—. Y todo eso, ¿con cuántos años?
—Estoy a punto de cumplir los veintisiete. Todavía no he creado mi propia compañía como otros, pero todo llegará. He aprendido que aunque doce dólares no sea mucho dinero, cada centavo cuenta.
—Estoy de acuerdo —dijo Chris, sacudiendo la cabeza.
Adam se pasó la mano por el pelo, incómodo. Había advertido que la expresión del rostro de Cara había cambiado al hablar de dinero. Estaba dispuesta a conseguir todo lo que quería sin la ayuda de nadie más. Y era precisamente eso lo que le fastidiaba. ¿Cuánto podría ganar con aquel trabajo? ¿Unos cuantos miles de dólares? Eso para él no era nada. Si aquella mujer jugaba bien sus cartas, podría sacar de él lo que quisiera. Pero, ¿por qué no mostraba interés por él? ¿Por qué lo ignoraba?
—De todas formas, no creo que sea yo la única ganadora que hay por aquí —dijo Cara. Se puso de pie, caminó hasta Chris y se sentó en su regazo.
Adam se enderezó en su asiento. Si el asunto del dinero lo había incomodado, el ver de pronto a Cara sentada sobre las piernas de su mejor amigo lo dejó helado. Apretó fuertemente las mandíbulas y trató de contenerse. Se levantó y comenzó a caminar por la habitación.
—Yo diría que nuestro amigo Christopher es el gran campeón —continuó Cara, pellizcando a Chris en ambas mejillas.
Jeff y el resto, que habían estado más preocupados en averiguar el contenido del minibar, volvieron con ellos.
—Aquí tenéis —dijo Jeff entregándoles unas copas, con algún licor de color oscuro.
—¿A qué te refieres? —preguntó Chris a Cara.
—Está claro. Si hay alguien que está consiguiendo lo que quiere, ése eres tú.
—¿Puedo hablar del programa aquí? —dijo Chris dirigiéndose a Jeff.
—No veo por qué no —dijo Jeff encogiéndose de hombros—. Al fin y al cabo, esto quedará entre nosotros.
—Yo sé quién le gusta a Chris —intervino Cara misteriosa.
Adam paró. Se giró y la miró. De pronto, lo único que le importaba era que aquella conversación terminara cuanto antes para que Cara se levantara del regazo de su amigo.
Cara se inclinó hacia Chris y le dijo algo al oído, haciéndolo sonrojarse. Él la miró con expresión de sorpresa a la vez que satisfecho.
Adam se quedó petrificado. Era evidente que Cara no sólo lo había adivinado sino que su amigo estaba completamente enamorado. Todo aquello lo fastidiaba, pero no había nada que pudiera hacer. Además, se sentía al margen de los demás.
El sonido de la música lo sacó de sus pensamientos. Alguien había encendido el equipo de música y todos comenzaron a cantar a gritos. Cara se puso de pie y arrastró a Chris al centro de la habitación, donde todos se pusieron a bailar.
Cara destacaba en el grupo, no sólo por ser la única mujer, sino por lo bien que bailaba. Su cuerpo se movía con la ligereza de una bailarina, llevando perfectamente el ritmo.
Al rato, la música cambió y comenzó a sonar una canción lenta. Todos se fueron apartando del centro de la habitación, a excepción de Cara y Jeff, que comenzaron a hacer toda una exhibición de baile.
Aquello era más de lo que Adam estaba dispuesto a soportar. Se acercó hasta donde estaban bailando y puso la mano sobre el hombro de Jeff. Éste se giró y tras unos instantes, hizo una leve inclinación con la cabeza y se retiró. Adam tomó a Cara entre sus brazos y comenzaron a bailar.
Sin decir una palabra, ella apoyó el rostro sobre su hombro. Él sentía la vibración de la música en su pecho.
Adam trató de controlarse para no estrecharla contra su cuerpo. Deseaba que no hubiera nadie más en la habitación.
—¿Qué le dijiste a Chris en el oído? —le preguntó.
Cara levantó la cabeza y lo miró.
Estaba preciosa, con aquellas pecas que salpicaban su nariz, sus largas pestañas enmarcando sus preciosos ojos verdes y aquellos sensuales labios que tanto deseaba besar.
—¿Cómo? —dijo con una sonrisa traviesa.
Adam tardó unos segundos en salir de su ensimismamiento.
—Quiero saber qué es lo que le dijiste a Chris.
—¡Ah, eso! —dijo acercándose todavía más a él—. Lo único que le dije fue que me parecía una chica encantadora.
—¿Quién?
—La chica que le hace reír.
—¿Y quién es esa chica?
—No puedo decirlo —dijo Cara separándose y llevándose un dedo a los labios—. Estoy segura de saber de quién se trata, pero no quiero que mi opinión pueda influir sobre Chris. No sería justo. Es él el que tiene que escoger a la chica que le guste.
—Entonces, ¿cómo estás tan segura de que sabes quién le gusta?
Cara enarcó una ceja y sonrió.
—¿De verdad no te has dado cuenta todavía?
—¿Darme cuenta de qué?
—De que ya no está nervioso, de que se le ve relajado y feliz. Si hasta camina más erguido.
Era cierto, pensó Adam, pero había estado más ocupado pensando en otras cosas y no lo había advertido.
—Está bien, tienes razón. ¿Quién es ella? ¿La pelirroja? ¿La rubia que se ríe a carcajadas?
Cara lo golpeó en el pecho y dejó su mano apoyada justo encima de su corazón. Adam tragó saliva.
—¿Y qué si fuera una de ellas? —preguntó—. Si le hace sonreír y sentirse feliz, ¿qué importa todo lo demás?
—Mientras lo traten bien... —dijo y se sorprendió al oírse decir aquello.
—Exacto. Y estoy segura de que ella siente lo mismo por él.
—¿Cómo lo sabes?
Cara lo miró intensamente a los ojos y deslizó la mano hasta tomarlo por la barbilla para acaparar toda su atención.
—Porque es evidente, tonto.
La música había dejado de sonar, la habitación se había quedado vacía y ellos estaban solos. Había estado tan pendiente de ella que no se había dado cuenta de que todos se habían marchado. Incluso Chris había desaparecido y eso que aquélla era su habitación.
—¿Dónde está todo el mundo? —preguntó Cara, dejando caer su mano y soltando la barbilla de Adam.
—Se han ido —contestó él y dejaron de bailar.
—Pero, ¿por qué?
«A lo mejor han pensado que queríamos estar solos», pensó Adam. Deseaba decírselo, pero a lo mejor eso sólo empeoraría las cosas entre ellos.
—No lo sé —acertó a contestar él.
Cara dio un paso atrás, alejándose de Adam. No sabía hacia dónde dirigir la mirada.
—¿Quieres beber algo? —preguntó, aunque sabía cuál sería la respuesta.
Cara negó con la cabeza.
—Será mejor que me vaya —respondió y se llevó una mano al estómago—. Creo que he comido y bebido demasiado. Será mejor que me vaya a dormir.
Se estaba poniendo pálida por momentos.
—Está bien, Cara. Llamaré al servicio de habitaciones para que te suban algo.
—Espero no haberte estropeado la diversión —dijo mirándolo con sus suplicantes ojos verdes.
Adam miró el desorden que había en la habitación y suspiró.
—Buenas noches —dijo acompañándola hasta la puerta—. Que tengas dulces sueños.
Por el modo en que lo miró, Adam supo que él iba a ser el protagonista de sus sueños. Sus brillantes ojos lo miraron con deseo, pero la mano que tenía en el estómago lo detuvo de tomarla entre sus brazos y hacer realidad sus sueños en aquel instante.
Durante los días siguientes, Cara se mantuvo alejada de Adam. No podía dejar de recordar una y otra vez la cálida sensación de la que había disfrutado con la proximidad de sus cuerpos. Se había enterado de que había circulado todo tipo de rumores acerca de lo que habría pasado entre ellos después de que todos abandonaran la habitación de Chris. Pero por suerte él parecía estar muy ocupado con el patrocinio del concurso y apenas acudía a las grabaciones.
Seguramente ya se habría dado cuenta de lo que sentía por él. No podía ni siquiera tratarlo como a un amigo más y menos aún después del modo en que habían bailado. Era mejor mantener la distancia. Eso la ayudaría a calmar sus sentimientos.
El sábado por la noche fueron a visitarla Gracie y Kelly, lo que le produjo una enorme alegría.
—No puedo creer todos los controles de seguridad que hay en este sitio. Creí que incluso iban a hacerme quitar la ropa. No sé qué hubiera sido de nosotras si no llegamos a tener estos pases que nos mandaste —dijo Gracie entrando en la habitación.
—Ni que lo digas —dijo Cara, feliz de volver a ver a sus amigas.
Gracie dio unos pasos por la habitación y volvió junto a la puerta mientras Kelly esperaba junto al umbral.
—Aquí está Kelly recién llegada de su viaje a Fremantle con Simon —anunció Gracie.
—Estás estupenda —dijo Cara después de saludarla con un abrazo.
—Y tú, ¿cómo estás? —preguntó Kelly sonriendo.
—Primero, háblame de tu viaje —dijo Cara tratando de ganar tiempo. No sabía cómo iba a contarles a sus amigas lo que le había ocurrido en los últimos días—. ¿Qué tal lo has pasado en Fremantle?
—Muy bien. Simon tenía que ir por asuntos de trabajo y decidí acompañarlo y así conocer a todos los amigos que hizo cuando vivió allí. Nos hizo un tiempo estupendo y el hotel era fantástico. Ha sido maravilloso.
Gracie levantó las cejas.
—¡La esposa enamorada! Me alegro de que todo vaya tan bien entre vosotros.
—Pero que muy bien —puntualizó Kelly con un suspiro.
—No nos sigas contando las maravillas del matrimonio. Cara, ¿puedes contarnos algo del concurso o sigue siendo secreto?
—Me temo que no puedo decir nada —respondió Cara—. Pero os aseguro que la experiencia está siendo mejor de lo que me esperaba.
—Estoy muy orgullosa de ti —dijo Kelly mientras Gracie abría el minibar—. Dentro de poco no te acordarás de nosotras. Te saludaremos a tu paso por la alfombra roja y tú nos mirarás, tratando de recordar nuestros nombres, dudando incluso de habernos conocido alguna vez.
Cara hizo callar a Kelly poniendo una mano sobre su boca.
—¡Para ya! —rió Cara—. El trabajo es el mismo que siempre he hecho, lo único que cambia es que las cámaras son las de televisión.
—Y que el sueldo es mejor, no lo olvides.
—Por supuesto —convino Cara, ante la perspectiva de que en unos días acabaría de pagar su apartamento. Eso si antes no la despedían por bailar en público con el responsable del patrocinio del programa.
—No hay mucho donde elegir en el minibar. ¿Por qué no pedimos algo al servicio de habitaciones?
—Había pensado que podíamos bajar al bar del hotel. Estoy cansada de estar en la habitación. Además mis compañeros estarán allí también y podemos pasarlo bien.
—Buena idea —dijo Kelly.
—Pero por favor, sed buenas y no me dejéis en ridículo. Esto es muy importante para mí. Si oís algo del programa, tenéis que mantenerlo en secreto y...
—Vale, te hemos entendido —la interrumpió Kelly—. Nuestros labios están sellados. Además, tengo algo mucho más importante que deciros. Esta noche tenemos algo que celebrar.
—¿El qué? —preguntó Cara.
—Simon y yo vamos a tener un bebé.
Gracie y Cara se abalanzaron sobre Kelly para abrazarla.
—¡Es maravilloso! —exclamó Gracie.
—Me alegro de que hayamos podido reunirnos esta noche. Habría sido capaz de escalar por la fachada si no nos hubieran dejado entrar al hotel. Y no creo que eso hubiera impresionado a Simon.
—A mí tampoco —dijo Cara—. Pero creo que tendrás que olvidarte de eso durante una temporada.
—Y de las bebidas con alcohol —añadió Gracie.
—Pero aun así, tenemos que celebrarlo, chicas —dijo Kelly—. Bajemos al bar. La primera ronda de zumos la pago yo.
—¿Está todo bien? —preguntó Chris apoyándose en el respaldo de su silla mientras cenaban en el restaurante del hotel.
—Así es —dijo Dean asintiendo con la cabeza—. Cualquier información sobre el programa tiene que ser un secreto, nada debe filtrarse antes de tiempo. El precio de las acciones de nuestra compañía está en juego.
Adam se sentía aliviado al volver a hablar de negocios.
—Ya veremos lo qué pasa cuando se emita el concurso. Estoy seguro de que el valor de las acciones subirá.
—¿De verdad creéis que los demás socios no creerán que me he vuelto loco? —preguntó Chris.
—El patrocinio del programa, además de tu locura, nos va a hacer ganar mucho dinero.
De pronto, el sonido de unas risas femeninas llamó la atención de los tres. Provenían de tres jóvenes que en aquel momento salían del ascensor en dirección al bar del hotel.
Adam se quedó petrificado al ver que una de ellas era Cara. Estaba muy atractiva con una camisa blanca sin mangas y una estrecha falda negra que resaltaba cada curva de su cuerpo. Además, llevaba los zapatos rojos que le hacían caminar de aquella manera tan seductora. Llevaba el pelo liso y recogido en una coleta. Adam sintió que la tranquilidad de la que había disfrutado hasta hacía escasos segundos desaparecía.
—Dime que son algunas de las concursantes y te apoyaré diga Adam lo que diga —dijo Dean.
Chris rió.
—Lo siento, Dean. Mira, la más alta es mi estilista en el programa y a las otras dos no las conozco. ¿Quieres que las llame?
—No, déjalas —empezó a decir Adam, pero ya era demasiado tarde. Chris se había puesto de pie y agitaba su mano llamando su atención.
—¡Cara!
Ella miró y sonrió. Adam sintió que el corazón se le detenía y se puso de pie al ver que se acercaba con sus amigas.
—¿Queréis sentaros con nosotros? —preguntó Chris.
—Tres chicas y tres chicos. Esto podría llamar a problemas —dijo una de las amigas de Cara, una llamativa morena vestida con un estrecho vestido rojo. La otra le dio un codazo sin dejar de sonreír.
—Buenas noches, Chris —dijo Cara, dándole un cariñoso abrazo—. Y tú debes ser Dean —añadió alargando la mano para estrechársela.
Adam miró como su amigo la saludaba ensimismado.
—Hola Adam —dijo Cara inclinándose para darle un rápido beso en la mejilla.
Cerró los ojos disfrutando del suave roce de su mejilla contra la suya, de su dulce perfume y de la calidez de su mano apoyada en su hombro. Cuando volvió a abrirlos, vio que ella también los tenía cerrados. De repente los abrió y parpadeó rápidamente tratando de acostumbrarse de nuevo a la luz. Sus verdes ojos brillaban de un modo especial. Se separó de él y fue a refugiarse junto a sus amigas a las que presentó a continuación.
—Ella es Gracie Lane —dijo—. Trabaja como crupier en el casino.
Adam se sorprendió al ver como Dean se mostraba presuroso para estrechar su mano.
—Hola a todos —dijo Gracie y girándose hacia Adam, añadió—. ¿Eres Adam Tyler, verdad?
Adam afirmó con la cabeza.
—El mismo.
—¡Mira! —dijo Gracie agarrando fuertemente el brazo de la otra amiga—. Este hombre ha aparecido cientos de veces en las páginas de la revista Fresh. Cambia de chica más que de corbata.
Gracie miró fijamente a Adam y se quedó a la espera de una respuesta a su comentario. Pero Adam no dijo nada.
—Gracie, si has acabado... —intervino Cara.
—Creo que de momento sí he acabado. Va a ser una noche muy interesante.
Adam advirtió que Cara se había ruborizado. Aquellas amigas eran más extrovertidas que ella y hablaban más de lo necesario. Estaba de acuerdo con Gracie en que iba a ser una noche muy interesante.
—Ella es Kelly Coleman —dijo Cara—. Desde que volvió de su luna de miel hace unos meses, se ocupa de escribir la columna más leída de Fresh.
—Y no sólo está casada. También está embarazada —añadió Gracie.
Cara y Kelly le dirigieron una seria mirada para hacerla callar.
—Chicas, tan sólo quería compartir nuestra alegría y poder festejarlo abiertamente.
—Eres incapaz de guardar un secreto, Gracie —dijo Kelly.
—Dean, ¿por qué no consigues una mesa para todos? —propuso Adam una vez hechas las presentaciones—. Y tú, Chris, consíguenos unas bebidas.
—Zumo de manzana —dijo Cara.
—Muy bien —dijo Dean con una sonrisa—. Pediremos todos lo mismo.
Una vez les prepararon la mesa, tomaron asiento. Cara se las arregló para sentarse lo más lejos posible de Adam y él se dio cuenta de que no había sido una casualidad sino que lo había hecho a propósito. Estaba tratando de evitarlo.