Capítulo 11

—Así que sólo te gusta salir con hombres que te sigan la corriente, ¿eh? —preguntó Adam sacándola de su ensimismamiento.

Cara parpadeó y dejó de soñar para prestar atención al hombre que tenía junto a ella.

«¿Cómo había llegado a esa conclusión?», se preguntó Cara.

Su corazón se aceleró.

—A ti, lo que más te importa de las mujeres es su físico —dijo ella en respuesta.

—¿Y crees que nos ha ido bien?

Cara dejó caer el tenedor y mantuvo la mirada fija en él.

—Es evidente que no muy bien —admitió.

Adam asintió lentamente con la cabeza.

—Quizá va siendo hora de que probemos algo diferente y nos demos una oportunidad.

¿Le había entendido bien? Adam Tyler, el multimillonario soltero de oro, ¿quería tener algo con ella?

De repente sintió que una fuerte sensación de ahogo invadía su pecho. No podía respirar y tuvo que agarrarse a la mesa para no caerse de la silla. Adam la observaba con su habitual paciencia. Al fin y al cabo, aquella decisión requería tiempo ya que era una de las más importantes que iba a adoptar en su vida.

«Piensa Cara. Es muy guapo y emocionalmente inestable como tú. Es un soltero empedernido, él mismo lo ha reconocido, con lo cual nunca tratará de hacerte cambiar. Lo malo es que es multimillonario», pensaba ella.

Aquello era precisamente lo que la detenía. El dinero podía echar a perder cualquier cosa. Sus padres nunca habían tenido suficiente y por eso habían sufrido mucho. Pero había aprendido que tener mucho tampoco era garantía de felicidad.

«Tranquila. Tampoco me está pidiendo que me vaya a vivir con él al fin del mundo. Tan sólo me está proponiendo que dos personas adultas que se sienten atraídas pasen un tiempo juntos para conocerse mejor».

Pero, ¿a quién quería engañar? No era sólo atracción lo que sentía. Una aventura con aquel hombre sería inolvidable. Ningún otro hombre era comparable a Adam. Era atento, leal y encantador. Aunque vestía trajes caros, no le gustaba alardear del dinero que tenía.

Lo había dejado todo para dedicarse a estar junto a un amigo necesitado. Y a pesar de estar allí contra su voluntad, había sido amable con todos. No tenía ni idea de lo que había tenido que hacer para conseguir que saliera del hotel la noche anterior cuando Gracie la necesitaba. Además, prefería escuchar a hablar, escogiendo en todo momento las palabras que decía. No conocía a mucha gente que prefiriera escuchar en vez de hablar. Sus padres siempre habían discutido mucho, sin escucharse el uno al otro. Su respuesta tenía que ser negativa. A pesar del interés que mostraba por ella, no estaba segura de que Adam buscara una relación estable. Además, podría dejarla marcada y entonces sería incapaz de olvidarlo.

—Podemos tomárnoslo con calma y que sea el tiempo el que nos aclare lo que debemos hacer.

Adam parpadeó pensativo.

Cara suspiró y trató de controlar su desbocado corazón. Le gustaba la vida que llevaba y no estaba dispuesta a arriesgarlo todo. Pero no estaba siendo sincera consigo misma.

—Es una opción. Yo también he pensado mucho en ello —dijo Adam.

—¿De veras?

—Sí, para mí también es una decisión muy importante —respondió y se quedó a la espera de su respuesta. Sin embrago, Cara permaneció callada mordiéndose el labio—. ¿Sabes que haces mucho ese gesto? —añadió.

—¿Qué gesto?

Adam aproximó la mano y le acarició la mejilla.

—Te muerdes el labio de abajo.

—Es una costumbre que tengo desde niña.

—Me he dado cuenta de que lo hace cuando estás pensando algo. Deja de darle vueltas al asunto y dime lo que tengas que decirme.

—Eres tú el que tiene que hablar.

Adam soltó una carcajada y Cara sintió un pellizco en la boca del estómago.

—Tienes razón. En el fondo nos parecemos mucho. Los dos somos muy tercos y no estamos dispuestos a asumir riesgos.

—Entonces no tenemos esperanza, ¿verdad?

Cara sabía que había dos formas de entender sus palabras. O bien que no había esperanza para que ninguno de los dos cambiara su forma de ser o bien que no tenía sentido estar juntos. Lo entendiera como lo entendiera, había algo de razón en los dos significados.

Le había pedido que le dijera lo que tuviera que decirle y eso era lo único que había podido decirle sin hacerle daño.

Cara continuó en silencio a la espera de que le respondiera. Quizá él le dijera que tenía razón, pero que estaba dispuesto a demostrarle lo equivocada que estaba. Cuanto más tardaba en contestar, más difícil le era respirar. Adam, con sus intensos ojos azules, la miraba preocupado. De pronto, una amable sonrisa se dibujó en sus labios.

—La esperanza es lo último que se pierde —dijo él por fin.

Adam se levantó y comenzó a recoger la mesa. Cuando llegó junto a Cara se inclinó y la besó en el pelo. Cara se mordió el labio con tanta fuerza que pensó que se había hecho sangre. Pero la única opción que tenía era rechazarlo, a pesar de que lo único que deseaba era arrojarse en sus brazos y compartir con él sus secretas esperanzas.

 

Más tarde, aquella misma mañana, Adam volvió con ella al hotel. El recinto parecía más que nunca una fortaleza.

—¿Estás segura de que quieres hacerlo sola? —preguntó Adam al cruzar las puertas giratorias.

—Completamente —dijo ella dejando escapar un suspiro.

—Tendrás que enfrentarte a Jeff. Bajo ese aspecto desenfadado se esconde todo un ejecutivo agresivo.

—No importa.

Entraron en el ascensor juntos y Cara se dio cuenta de que aquel empleo había dejado de tener la importancia que le había dado al principio. Había cosas mucho más importantes en la vida que un trabajo, cosas a las que nunca había sabido darle su valor justo hasta la noche anterior. Y una de ellas era la amistad.

Tener amigos era la cosa más valiosa del mundo. Si por alguna razón se quedaba sin casa, Kelly, Gracie o incluso Adam podrían darle cobijo.

Sus padres siempre habían discutido. Su madre siempre le echaba en cara a su padre que no ganaba suficiente dinero y su padre la acusaba de gastarlo fácilmente, pero se tenían el uno al otro y por eso habían permanecido juntos a lo largo de tantos años. Para ellos lo más importante era estar unidos y quererse.

—Muchas gracias por lo de anoche —dijo Cara cuando estaban a punto de separarse.

—No hay de qué.

Cara se acercó y le dio un beso de agradecimiento en la mejilla. Era muy diferente al beso apasionado que se habían dado la noche anterior, pero aun así, Cara disfrutó la sensación de calidez de su piel.

Adam aspiró hondo y se alejó de ella, dejándola sola. Cara caminó hasta la puerta de la habitación de Jeff y llamó con los nudillos.

—Podría despedirte ahora mismo —dijo Jeff nada más verla. Llevaba el pelo alborotado y estaba más desaliñado que de costumbre. Parecía una caricatura de sí mismo. Cara estaba a punto de estallar en carcajadas—. No le veo la gracia, Cara. Has incumplido una cláusula del contrato y por ello podría despedirte sin tenerte que pagar un solo dólar.

Por primera vez en su vida, Cara no sintió miedo de las consecuencias que su actitud pudiera acarrear.

Se sentía libre y en paz consigo misma. Algún día acabaría de pagar su casa. No tenía por qué ser este mes ni este año.

—Pues despídeme —dijo Cara, mirándolo tranquilamente y disfrutando de la expresión de sorpresa en el rostro de Jeff, que empezó a balbucear sin sentido—. Espera un momento, Jeff. Sabes lo mucho que deseaba este trabajo. Quiero ver mi nombre en los créditos. Quiero el dinero. Soy la mejor estilista del país. Así que decide si quieres que me quede o que me vaya. Te aseguro que si me quedo hasta el final, nuestro soltero, que tanto me aprecia, estará más guapo que nunca. O despídeme y verás en lo que se convierte tu querido programa sin mí.

Jeff se quedó desconcertado mirándola.

—Acabo de hablar con el director y hemos decidido que tu salida del hotel anoche era justificada, así que no hay motivos para despedirte.

—Me alegro. Por cierto que necesito salir también el martes por la tarde para asistir al funeral por la madre de una amiga. ¿De acuerdo?

Jeff apretó los dientes y asintió.

—Está bien.

—Bien, pues ahora será mejor que vuelva al trabajo. Chris debe de estar preocupado, preguntándose dónde estoy.

Cara estrechó su mano y se marchó caminando airosa.

 

Los días siguientes pasaron a gran velocidad. Cara estuvo ocupada preparando a Chris para el gran día, sin dejar de llamar a Gracie cada vez que podía.

Adam parecía haber desaparecido. Cara no sabía si seguía en el hotel o si ya se había marchado. A pesar de todo lo que tenía que hacer, no lograba dejar de pensar en él ni un minuto. Lo echaba de menos.

Si se había marchado su decisión no la sorprendía. Era un hombre libre al que no debían de gustarle los problemas cotidianos de una chica como ella. Había sido muy atento y amable con ella y con Gracie y eso siempre se lo agradecería.

El martes por al tarde Cara dejó el hotel unas horas para asistir al funeral por la madre de Gracie. Se sorprendió al comprobar que su alocada amiga había madurado de la noche a la mañana. Su padrastro lloraba sin consuelo, así como sus dos hermanos pequeños. Sin embargo ella se mantenía serena.

Había confiado en encontrarse con Adam en la ceremonia, pero comprobó que no había asistido. Sin embargo, se había molestado en enviar un ramo de gardenias, las flores favoritas de Gracie. No tenía ni idea de cómo se había enterado de los gustos de su amiga, pero así había sido. Cada día que pasaba estaba más desesperada por saber dónde estaba.

Después del funeral, Maya Rampling, la editora de la revista Fresh, insistió en llevar a Cara en su coche.

—¿Cómo va la grabación del programa? El mundo de la televisión, ¿era como te lo imaginabas?

—Es mejor —bromeó Cara.

—¿Cómo es Chris Geyer?

—¿Quién?

—Venga, Cara —dijo Maya levantando una ceja—. Jeff me ha estado informando de todos los detalles con la condición de que sea discreta y no cuente nada ahora. Pero he conseguido la exclusiva para hacerlo dentro de dos semanas. Es un tipo muy astuto. Me cae bien.

—A mí también —dijo Cara sonriendo para sí misma.

—Por lo que he oído, Chris se lleva muy bien contigo. ¿Acaso no le ha gustado ninguna de las concursantes?

—Claro que sí. Hay una por la que muestra un interés muy especial.

Maya suspiró.

—Así que al final, el soltero del concurso ha encontrado el amor.

Cara se mordió el labio y asintió.

—Eso parece.

—¿Y qué me dices de ti? Tú también te has enamorado, ¿verdad? —preguntó Maya con mirada escrutadora—. Soy demasiado vieja para que me engañes. Ese mal aspecto que tienes no es por la muerte de la madre de Gracie.

Cara se quedó pensativa escogiendo las palabras cuidadosamente.

—Estarás de acuerdo conmigo en que el ambiente en el que me he movido las dos últimas semanas favorecía que dos personas se enamorasen.

—No digas tonterías, Cara. La gente se enamora en cualquier sitio, con independencia del lugar donde esté.

Cara se encogió de hombros, indiferente.

—Es posible —dijo—. Pero no hay nada que contar. Estoy trabajando y ya me conoces: lo primero es el trabajo.

—Pues ya va siendo hora de que te preocupes de ti misma. Llevas más de diez años trabajando y tienes que tomarte un respiro. Sé sincera contigo y escucha tu corazón.

Cara no supo qué contestar. Se quedó mirando el paisaje por la ventanilla. El aire sacudía la copa de los árboles. Aquélla era una señal de que los aires estaban cambiando.

 

Aquella noche, Cara prestó especial interés a Chris. Era la última grabación del programa y quería disfrutar de su último día de trabajo.

—¿Estás listo? —le preguntó por última vez.

—Más de lo que nunca pensé que estaría —dijo Chris con voz tranquila y tomando las manos de Cara entre las suyas, añadió—. Y todo esto te lo debo en parte a ti. Sin tu apoyo, podía haberme visto arrastrado por el pesimismo de mi amigo.

Cara advirtió que no había pronunciado el nombre de Adam. Estaba segura de que Chris se había dado cuenta de cuáles eran sus sentimientos. Hizo un esfuerzo y esbozó una sonrisa, contenta por haber encontrado un buen amigo en aquellas extrañas circunstancias.

—¿Crees que has conseguido tu objetivo?

Chris se tomó unos segundos antes de contestar.

—Sí, más de lo que imaginé.

—Te has enamorado, ¿verdad?

—Sí —reconoció y se fundieron en un tierno abrazo.

—Es evidente. Se te ve muy feliz.

—Es el amor.

Cara sacudió la cabeza.

—Te sienta muy bien.

Chris se apartó de ella dando un paso atrás y la observó.

—¿Qué me dices de ti? Últimamente parece cansada.

Cara se separó de él y se acercó a la ropa que colgaba de una barra.

—Creo que me estoy poniendo enferma. Me duele todo el cuerpo y no consigo dormir por la noche.

—Es el amor.

Cara hizo como si no lo hubiera escuchado. Eligió una corbata y volvió junto a él.

—¿Crees que esta corbata te quedará mejor?

Chris la agarró por el brazo para captar su atención.

—Deberías decírselo.

—No puedo —reconoció tras unos segundos.

—Los dos sois igual de cabezotas. Y aquí estoy yo, disfrutando de lo más excitante que he hecho en mi vida y a la vez, viendo como los dos estáis sufriendo.

—No estoy sufriendo —dijo Cara, aunque en el fondo de su corazón sabía que así era. Chris la miraba con una sonrisa de complicidad—. Lo siento. Debería ser yo la que te estuviera animando.

—Yo no lo necesito. Sé lo que quiero y voy a salir ahí fuera a lograrlo. ¿Puedes tú decir lo mismo? —preguntó y miró a Cara en espera de su respuesta, pero ella decidió permanecer en silencio—. Trata de averiguarlo antes de que sea demasiado tarde —añadió a modo de despedida.

Y caminando con seguridad, salió de la habitación dispuesto a confesar sus sentimientos a la mujer que amaba. Nada más salir al pasillo, se encontró con Adam que lo estaba esperando en mitad del pasillo.

—¿Dónde has estado estos dos últimos días?

—Trabajando.

—Yo diría que has estado escondiéndote. Te pido que lo que tengas que decir lo hagas después de la grabación.

Adam siguió a su amigo, caminando unos pasos tras él. Nunca antes había visto a Chris tan seguro de sí mismo. Caminaba con determinación, incluso parecía más alto y Adam se lo dijo.

—Es cierto.

—Te he pedido que no me hables hasta que termine la grabación.

Chris se detuvo y apretó el botón de llamada del ascensor.

—He venido a desearte buena suerte y te lo digo de corazón —dijo Adam llevándose la mano al pecho—. Esta experiencia te ha hecho cambiar y se te ve muy feliz.

—¿Me tomas el pelo?

—No, soy sincero. Quiero desearte lo mejor —dijo y Chris lo miró dubitativo. No estaba del todo convencido—. No puedo negar que eres un romántico empedernido.

Adam extendió su mano en señal de reconciliación, Chris la estrechó y lo atrajo hacia sí para darle un fraternal abrazo.

—Creo que debería darte un consejo —dijo Chris con una sonrisa pícara en los labios.

Adam parpadeó.

—Aunque trates de convencerme para que haga lo mismo que tú, no conseguirás nada.

El ascensor llegó y las puertas se abrieron.

—Salvado por la campana —dijo Chris entrando en el interior.

—¡A por ella! —lo animó Adam—. Y asegúrate de que le das un beso de mi parte.

Adam sacudió la cabeza. Al cerrarse las puertas, volvió a su mente la mujer con la que estaba decidido a hablar. Desde el pasillo comprobó que la puerta de la suite de Chris estaba cerrada. Sabía que Cara estaría allí dentro, sola, pensando lo mismo que él.

Se habían encontrado en circunstancias extrañas y ninguno de los dos sabía con seguridad si lo suyo tendría futuro, pero tenían que darse una oportunidad. Había pasado esos días en su casa reflexionando y se había dado cuenta de que no podía vivir sin ella. Lo único que podía hacer era esperar y confiar en que ella sintiera lo mismo.