Popsy

STEPHEN KING

Stephen King es alto, naturalmente circunspecto aunque accesible, tiene cierta tendencia a entrecerrar los párpados, y resulta que es hombre de palabra. Eso no lo convierte en algo único entre los trabajadores de la palabra, quienes, en su mayoría, me parecen todos hombres y mujeres honorables. Hecho que lo coloca en una selecta compañía entre las personas de fama extraordinaria, creo.

Eso, su talento, y su laboriosidad.

Presentar a Steve es algo así como presentar a Abraham Lincoln. O a Muhammad Ali; o a Billie Jean King (con quien no tiene parentesco alguno). Mi suegra no ha leído una sola palabra escrita por él, pero eso no me molesta; tampoco ha leído nada de mi obra.

El mordaz e imaginativo Jim Kisner sugiere que «la mayoría de la gente no piensa en King como en un escritor de temas de terror», juicio que surge, según creo, no tanto de la forma en que es promocionado como de su versátil producción. Este nuevo relato es sencillo, un tanto irónico, y distinto de la mayor parte de las cosas que ha escrito. El sentido de la fatalidad de esta historia hará que usted vitoree… a «Popsy».