Capítulo 23
Al no tener noticias de Jackson durante los días siguientes me dije que debería de estar contenta de que, finalmente, me hubiera concedido lo que le pedía. Después, los días se convirtieron en semanas hasta que una mañana me desperté sorprendida de que hubieran transcurrido dos meses desde la última vez que le viera. En la prensa rosa habían circulado rumores sobre nuestra ruptura, ya que hacía tiempo que no se nos veía juntos, pero fueron algo tímidos con los comentarios y los paparazzi no vinieron a acosarme. Craig había desaparecido el día en que Jackson se marchó de mi apartamento y ya no me hizo falta andar comprobando si me seguía o no.
La llegada del invierno supuso un cambio agradable, y recibí con los brazos abiertos el viento helado y el frío cortante que iba a tono con mi ánimo. En el trabajo estaba a pleno rendimiento y me refugié en él, si bien no encontré demasiada satisfacción en la franca aprobación de mi jefe cuando conseguí como cliente una enorme empresa textil.
Un frío día de noviembre por la noche, cuando caminaba hacia el metro después del trabajo, vi en un puesto de periódicos la foto de Jackson en la portada de una revista. Había estado evitando cualquier publicación o programa televisivo que pudiera hablar de él, pero no puede zafarme de aquella portada del Vanity Fair en la que se le veía triste y serio. Sabía que no debía, pero no me pude resistir a comprarla. La revista me quemaba en las manos mientras iba a casa a paso rápido sabiendo que estaba rompiendo la promesa que me había hecho de evitar cualquier cosa que mencionara a Jackson. Me sentía débil y deseaba devorar aquella información sobre él.
Llegué a casa; ni me molesté en quitarme el abrigo y me puse a pasar rápidamente las páginas en busca del artículo. Cuando vi sus fotos se me paró el corazón; posaba con un traje elegante, con un aire sofisticado, urbano y distante. En una de ellas se le veía increíblemente angustiado, lo que me afectó más de lo que quería admitir. Supuse que se había visto obligado a conceder esa entrevista a cambio de aquella en la que yo me había echado atrás, la que se suponía que debíamos hacer juntos.
Leí el artículo con ansiedad. En él se hablaba del meteórico ascenso a la fama de Jackson y de qué manera se veía reflejado en los papeles que interpretaba. La mayor parte del artículo versaba sobre su carrera y los papeles que deseaba conseguir en el futuro. Sin embargo, el autor del artículo comentaba que al actor se le veía sombrío y casi triste. Al leer la última parte se me hizo un nudo en la garganta.
Durante la mayor parte de la entrevista Jackson Reynard se muestra solemne y me arriesgo a formularle una pregunta que he sido reacio a hacerle porque sé que Reynard tiene fama de eludir las preguntas de carácter personal. Pero decido correr el riesgo.
Le pregunto sobre lo que ha salido en los medios acerca de su relación con Emma Mills, la mujer de quien supuestamente se había alejado y cuyo romance había reanudado. Reynard hace una pausa, se le ve incluso más sombrío de lo que ha estado durante la entrevista. Aunque mide sus palabras, noto un matiz de tristeza en su voz.
«Emma es el amor de mi vida. Siempre lo ha sido y siempre lo será. Pero todos sabemos que los finales felices se dan más en las películas que en la vida real.»
Cuando le pedí que me aclarara aquella afirmación tan críptica, él se negó cortésmente a responderme. «Es algo personal y prefiero no hablar de ello.»
Durante el resto de la entrevista, Reynard se muestra encantador, pero no puedo evitar fijarme en el vacío que veo en sus ojos. Reynard es hombre de pocas palabras en lo que respecta a su vida privada, pero la expresividad de su cara me hace pensar que su relación con Emma puede estar atravesando problemas. A todos nos encantó la historia de una estrella del cine que se enamora de una muchacha normal, por eso solo nos queda esperar que esa historia tenga un final feliz.
La revista se me cayó de las manos, las emociones se me agolpaban en la garganta. Me maldije por haber leído el artículo porque aquello consiguió que la desolación penetrara en mi alma, haciendo que me sintiera más sola que nunca. ¿Cómo podía Jackson decir que yo era el amor de su vida y aun así traicionarme? Dudé. Quizá había exagerado las cosas. Quizá Jackson estaba diciendo la verdad y solo quería que Claire le diera respuestas.
Sacudí la cabeza, como si así pudiera librarme de aquellos pensamientos que solo agudizaban mi dolor y lo aumentaban. Me prometí que a partir de ese momento evitaría cualquier noticia sobre aquel hombre.
Al día siguiente, me resultó difícil no pensar en él. Tenía una reunión con un cliente cuya oficina se encontraba cerca del apartamento de Jackson y tuve que contenerme para no pasar por allí después.
En lugar de eso decidí ir a Andrews antes de volver al trabajo, sin poderme quitármelo de la cabeza totalmente. Quien le había entrevistado de Vanity Fair mencionaba que se había encontrado con él en Los Ángeles, así que pensé que podía ir tranquila sin miedo a toparme con él.
Por eso al salir de Andrews me dio un brinco el corazón cuando le vi en la acera. En aquel momento me pareció más alto que nunca. Encontrármelo así me pilló con la guardia baja y estuve a punto de vomitar el queso a la plancha y la sopa de tomate que había devorado. Jackson parecía tan sorprendido como yo. Estaba espléndido con su traje gris y un abrigo negro largo. El pelo aún lo tenía un poco revuelto, lo que le hacía parecer menos inaccesible, pero solo por un instante.
—¡Emma! No esperaba verte por aquí —exclamó. Su aliento se convirtió en vaho al contacto con el frío y sus ojos se quedaron fijos en mí.
—Parece que es una sorpresa para los dos —contesté con una sonrisa incómoda—, He venido por aquí a una reunión y decidí pararme a comer en Andrews.
Parpadeé sorprendida pues un flash me cegó. Aunque era primera hora de la tarde, el cielo en invierno estaba oscuro como si se avecinara una tormenta y el flash hizo que se me nublara la vista.
—Vaya, lo siento. —Jackson se movió para impedir que el fotógrafo me fotografiara, pero fue inútil porque se le sumaron unos cuantos más que tomaban fotos frenéticamente. Había pasado tiempo desde que los paparazzi vinieran a hacerme fotos y supuse que aquello estaría relacionado con el artículo del Vanity Fair.
—Vamos —me dijo entonces, agarrándome de la mano y conduciéndome entre los fotógrafos. Le seguí sin pensar, el pánico de que me persiguieran los fotógrafos superaba cualquier reticencia a estar con él. Nos metimos en un edificio y me di cuenta demasiado tarde de que se trataba de donde se encontraba su apartamento.
—¿Qué hacemos aquí? —pregunté con cautela.
—Trato de despistar a los paparazzi. Ya saben que no pueden entrar aquí. —Jackson alzó las cejas y me miró—. A menos que quieras arriesgarte a salir afuera. Entonces, adelante.
Suspiré y divisé a Sam que nos miraba sonriente.
—¡Emma! ¡Me alegro de verla!
—Yo también me alegro de verle, Sam —le respondí con una sonrisa tímida. El portero se dirigió hacia los ascensores y presionó el botón de llamada. Cuando las puertas se abrieron, hizo un ademán con la mano para que pasáramos.
—No vamos a subir, Sam —le dije sacudiendo la cabeza—. Solo estamos esperando a que se vayan los fotógrafos.
—Eso no va a ser hasta dentro de un buen rato —interrumpió Jack son encogiendo los hombros—. Podemos esperar arriba.
No sé que se adueñó de mí para que le siguiera al ascensor, pero me maldije por volver a caer en lo mismo de siempre: permitir que él dictara nuestras acciones. Sin embargo, tenía razón. Los fotógrafos estaban como perros rabiosos frente a la entrada, esperando a que saliéramos. Quizá lo mejor era esperar hasta que se marcharan. Lo miré de refilón mientras subíamos hasta el piso dieciséis.
—Vas muy elegante.
Él hizo un mohín con la boca y me miró.
—Tenía una reunión.
Asentí con la cabeza y no le pregunté nada más. Aquella cortesía tirante era agobiante y no quería seguir una conversación forzada. Cuando llegamos, seguí a Jackson en silencio a su apartamento, y continué muda una vez dentro. La decoración había cambiado completamente. Los muebles funcionales habían sido sustituidos por otros más modernos y las paredes eran de color gris claro en lugar del blanco crudo. El espacio seguía resultando cómodo, pero ahora parecía mucho más moderno.
—Lo has redecorado —dije como si nada, pues no quería que se diera cuenta de lo mucho que me sorprendía aquel cambio.
—Esta era la sorpresa que te tenía reservada cuando te pedí en la carta que vinieras.
Asentí, sin saber qué decir y empecé a caminar por la sala de estar, recorriendo con los dedos la parte de atrás del sofá negro.
—Pues me hubieras sorprendido, desde luego.
—¿Te apetece tomar algo de beber? —me preguntó. Lo cierto era que se le veía tan incómodo como a mí. Me quedé de pie delante de la mesita de café, ahora de cristal y cromo en lugar de la de vieja mesa de madera llena de arañazos en la que habíamos comido juntos tantas veces.
—No. No voy a quedarme mucho rato —le respondí, y su cara pareció reflejar desilusión, aunque no protestó, sino que se quitó el abrigo, lo dejó en el respaldo de una silla y vino hacia mí. Contuve el impulso de echarme hacia atrás, aunque él solo se limitó a sentarse en el sofá, estirando las piernas y cruzándolas por los tobillos. Levantó la vista y me contempló de pie ante el sofá.
—Ponte cómoda.
Me senté en el sofá con tiento, dejando mucho espacio entre los dos, pero sin quitarme el abrigo. Eso pareció divertirle, pero no dijo nada. Después de unos instantes carraspeé, el silencio era tenso.
—¿Cómo te va?
—Sobrevivo. ¿Y tú?
Asentí con la cabeza.
—Yo también.
—¿Qué tal el trabajo?
—Me va bien. Acabo de conseguir un cliente nuevo —me parecía increíble que estuviéramos hablando de aquella manera tan banal, aunque era mejor que ponernos a gritar.
—Felicidades. Siempre supe que tendrías éxito en cualquier cosa que emprendieras.
—Gracias —dije jugueteado nerviosa con los botones del abrigo—. ¿Y tú?
—Acabo de volver de Los Ángeles esta mañana. Tengo unas cuantas reuniones y luego me iré otra vez.
—Eso está bien.
Entonces se levantó de repente de su asiento, con un movimiento tan brusco que casi grito del susto.
—¿Qué harás en Acción de Gracias?
—Me voy a casa, a Maryland. ¿Y tú?
—Lo mismo, me voy a Westchester.
—Saluda a tu madre de mi parte.
—Mi madre no está muy contenta contigo en este momento.
Al decir eso balbuceé.
—¿Qué quieres decir con que no está contenta conmigo?
Jackson me sonrió melancólico.
—Le dije que me habías roto el corazón, así que ahora te guarda rencor. Esta vez se ha puesto de mi lado.
Meneé la cabeza negando, pues no quería hablar del fracaso de nuestra relación. Estaba harta de discutir quién tenía o no tenía razón. Lo único que me importaba era que todo eso ya había pasado.
—Bueno, entonces no importa.
Nos sentamos en silencio otra vez, y los dos dimos un respingo cuando sonó el portero automático del apartamento.
Jackson se levantó con expresión de desconcierto y pulsó el botón en lugar de descolgar el auricular.
—Señor Reynard, Claire Ranson ha venido a verle —dijo la voz de Sam por el portero automático.
Pensaba que «ponerse rojo de ira» era solo una forma de hablar, pero en aquel momento advertí que era algo que podía suceder tal cual. Salí disparada del sofá y vi una neblina roja al mirar a Jackson sintiéndome incapaz de hablar por la rabia. Él me miró con cautela mientras hablaba con Sam.
—Sam, espera —dijo Jackson, presionando el botón antes de volverse hacia mí con una expresión enigmática—. ¿Sabes de qué va esto?
Por fin me salió la voz, aunque me costaba hablar porque tenía un nudo en la garganta.
—¿Qué demonios quieres decir? ¡Tú eres el que me ha engatusado para traerme hasta aquí! ¿Qué es esto, una maquinación para humillarme?
Jackson negó con la cabeza. Parecía triste.
—Emma, no tenía ni idea de que me iba a topar contigo en Andrews. Y no tengo ni idea de qué está haciendo Claire aquí. ¿Le digo que se vaya?
—Invítala, por supuesto —contesté mordaz—. Vamos a ver qué quiere esa puta.
Él lanzó un suspiro profundo, sin despegarse del botón que mantenía a Sam a la espera.
—No quiero hacer nada que pueda herirte. Si quieres le digo a Sam que no la deje subir.
Me reí sin importarme el tono histérico de mi risa.
—Es demasiado tarde para eso. Será interesante veros juntos a los dos. Vamos a tener una reunión de lo más entretenida los tres.
Jackson me miró unos segundos y luego contestó a Sam.
—Dile que suba —dijo presionando el botón para desconectar la llamada. Luego se acercó a mí. A pesar de lo enfadada que estaba, tenía que contener el impulso de echarme hacia atrás. Sentía que todo el dolor que había sufrido en los últimos meses no era nada comparado con el sentiría dentro de unos minutos. Era masoquista, pero tenía la imperiosa necesidad de verles juntos, así confirmaría la traición con mis propios ojos.
—Emma —dijo él con calma—. No sé por qué está aquí Claire. Después de que nos peleáramos le mandé un mensaje diciéndole que no pensaba quedar con ella y que no volviera a llamarme nunca más. Te lo juro.
Me quedé mirándole seriamente, llamándome un millón de veces tonta por desear creerle. Presioné los labios sin responder. El suspiró y se pasó la mano por el pelo. Hizo un mohín cuando se oyó llamar a la puerta y fue dando grandes pasos hacia ella. Desde allí a mí no se me veía en la sala de estar, aunque yo podía escuchar la conversación perfectamente.
—Claire, ¿qué estás haciendo aquí?
—Jackson, siento molestarte pero tengo que hablarte —dijo Claire, cuya voz me dio dentera. Cerré los puños. Con solo oírle pronunciar el nombre de Jackson me entraban ganas de tirarle de los pelos.
—¿Cómo sabías que estaba en Nueva York?
—Mia me lo dijo. No te enfades con ella. Le hice creer que tenía que decirte algo importante en persona.
—Bueno, pues habla de una vez. —Me sorprendió la frialdad de la voz de Jackson. Tenía la inquietante sensación de que él me había estado diciendo la verdad y que hacía años que no veía a Claire. Por su conversación se notaba que no se habían visto desde hacía tiempo
—¿Puedo entrar? —preguntó ella, vacilante. Hubo una pausa y me puse tensa cuando oí que se cerraba la puerta y que unos pasos se acercaban a la sala. Me quedé parada y erguí la cabeza al ver aparecer a Jackson con Claire siguiéndole. Estaba tan espléndida como siempre, con una melena rubia más corta que le llegaba justo por debajo de los hombros. Llevaba unos pantalones grises con un cinturón negro estrecho y una blusa negra. Con un abrigo largo del mismo color y tacones parecía ir a la par con el estilo atractivo que él lucía en su traje hecho a medida. Y eso todavía me ponía más enferma.
Claire abrió los ojos cómicamente cuando me vio y titubeó al entrar. Jackson siguió adelante y se quedó de pie junto a mí. Sin poder evitarlo, sentí cierta satisfacción al ver que él se ponía a mi lado y no al suyo.
Ella abrió la boca y luego la cerró sin hablar. Su mirada iba de Jackson a mí.
—¿Sorprendida? —le pregunté en tono de mofa.
—Yo... yo no esperaba verte aquí —dijo. Parecía tensa y volvió a mirar a Jackson—. Deberías haberme dicho que Emma estaba aquí.
—¿Por qué habría de hacerlo? No tengo nada que esconder. —Jackson miraba a Claire evaluándola.
Ella dio un paso hacia atrás, como si fuera un animal acorralado.
—Quizá sea mejor que vuelva en otro momento.
—No —le espeté. Ambos me miraron entonces, sorprendidos—. ¿Por qué marcharte ahora cuando las cosas empiezan a ponerse interesantes? —sonreí y ladeé la cabeza sabiendo que parecería más una mueca. Mi tono burlón le hizo perder los estribos y entrecerró los ojos.
—No me culpes a mí por no haber sido capaz de mantener el interés de Jackson por ti —saltó, y lo cierto era que hubiera querido abofetear la estúpida sonrisa de suficiencia que se dibujó en su cara, pero Jackson me detuvo.
—No me cabrees, Claire. Dime de una vez qué es tan importante como para que hayas enredado a Mia y te hayas enterado de donde estaba para venir a verme —apostilló Jackson.
Claire respiró profundamente y dio unos pasos hacia él, como desdeñándome.
—Está bien. Llevo mucho tiempo esperando para decir esto, y no pienso callarme aunque ella esté aquí —contraatacó Claire para, acto seguido, hacer una pausa y cerrar los puños antes de continuar—. Jackson, te quiero. Siempre te he querido. He estado esperando pacientemente a que sintieras lo mismo por mí y hace cinco años pensé que así era, pero entonces me apartaste de tu lado. Dame otra oportunidad, por favor. Sé que puedo hacerte feliz.
El frunció el ceño mientras la escuchaba hacer aquella confesión.
—Claire —dijo con suavidad, dejando atrás su mirada de sorna—. Éramos amigos, nada más. Lamento que desearas algo más, porque no podía dártelo. No congeniábamos.
—Pero ¿qué demonios pasa? —Jackson y Claire se volvieron hacia mí ante mi reacción. No podía creerme lo que estaba oyendo—. Siento interrumpir vuestra escenita, pero no pienso quedarme aquí como una idiota mientras vosotros representáis esa mierda de amor no correspondido delante de mí.
Recogí el bolso que había dejado caer en el sofá y me fui deprisa hacia el vestíbulo en dirección a la puerta, decidida a olvidarme de una situación tan anormal. Sin embargo, no pude contenerme y me detuve frente a Claire antes de salir hecha una furia por la puerta. No se me escapó el parpadeo de temor que vi en sus ojos mientras me miraba.
—Nunca te di las gracias por follarte a Jackson a mis espaldas. Confiaba en ti, te dije cuánto le quería y todo ese tiempo te lo estuviste tirando —sonreí con amargura—. Espero que un día se lo haga a otra mientras está contigo, así sabrás exactamente lo que se siente.
Seguí adelante con paso rápido, intentando que mi dignidad quedara intacta, cuando la voz de Jackson me detuvo.
—No des un paso más —dijo sin alzar la voz, aunque su tono me indicó que sería una tonta si no le hacía caso. Sonaba como si estuviera tratando de controlar su furia, lo que aún le hacía más aterrador.
Entonces me agarró del brazo y tiró de mí hacia atrás para que me volviese hacia él. Le miré con cara de rebeldía, a pesar de que la ferocidad de su expresión me asustaba un poco. Luego vi a Claire detrás de él. Parecía pálida y tenía los ojos como temblando de miedo. No tenía ni idea de por qué Jackson se había enfadado tanto y eso hizo que me pusiera nerviosa. En cambio, Claire estaba aterrorizada.
Cuando habló, la voz de Jackson era tranquila a pesar de su intensidad.
—¿De qué estás hablando?
Mi ansiedad unida a su enfado disiparon mi propia furia.
—Déjame, no me apetece perder más el tiempo —forcejeé con el brazo, pero fue en vano, pues me lo asía con su mano de hierro. Había entrecerrado los ojos y su mandíbula se veía tensa, dura como una piedra.
—Permíteme —vociferó y yo puse los ojos en blanco ante su tono dominante—. Repite lo que acabas de decir.
—¿Por qué? ¿Quieres que vuelva a revivir aquella humillación otra vez? ¿Es que no fue bastante que me engañaras con ella cuando estábamos juntos? ¿Quieres que hablemos de ello con detalle?
Me estaba apretando el brazo con tanta fuerza que empezó a dolerme. Me miraba furioso.
—¡Emma, solo me acosté con ella una vez! Fue una semana después de que tú rompieras conmigo. Me desmadré y me emborraché para ahogar mis penas en el alcohol y entonces ella apareció de la nada. No tenía ni idea de qué estaba haciendo en Los Angeles, pero era una amiga y confié en ella para que me llevara a casa. No estaba en condiciones de conducir. El resto no lo recuerdo. Solo me acuerdo de que me desperté a la mañana siguiente en la cama con ella y sabía que lo habíamos hecho aunque no lo recordara. Me quedé mal. Sentía que te había traicionado, a pesar de ser tú quien había roto conmigo.
Empecé a temblar al oír sus palabras, sin quererle creer aún, pero al mismo tiempo deseándolo. No podía creerme lo que estaba oyendo; no podía ser cierto que solo se hubiera acostado una vez con aquella desgraciada y que lo hubiera hecho cuando estaba completamente borracho. Me resultaba demasiado duro pensar que nos habíamos mantenido lejos el uno del otro durante todos aquellos años por un estúpido malentendido.
Sacudí la cabeza diciéndome a mí misma que eso no era posible. Miré a Claire y vi la verdad escrita en su cara. Parecía paralizada por el miedo, pues la montaña de mentiras que había contado se estaba viniendo abajo.
—Claire me dijo que os habíais estado acostando mientras tú y yo salíamos. Te llamé para decirte que había cometido un gran error, para rogarte que me aceptaras de nuevo. Pero ella respondió al teléfono y me contó que habíais mantenido una relación mientras nosotros estábamos saliendo y que cuando desaparecí de la escena os disteis cuenta que estabais enamorados —me detuve, la voz me temblaba—. No la creí y le dije que quería hablar contigo. Oí tu voz al fondo. Eras tú, habría reconocido tu voz en cualquier parte. Y me dijo que no querías hablar conmigo, que ya nos lo habíamos dicho todo. —Me puse a temblar recordando que, de hecho, no había entendido bien lo que él dijo, pues su voz llegaba de lejos y casi no pude oírla. Pero lo cierto era que no podía afirmar que él hubiera dicho que no quería hablar conmigo.
Mientras daba mi versión de los hechos, Jackson cerró los ojos. Al abrirlos de nuevo, vi en ellos un dolor profundo.
—Mi amor, eso debió de ser la noche que estaba bebido e inconsciente, cuando cometí ese error estúpido con Claire. Te juro que no recuerdo tu llamada. Si lo hubiera sabido... —empezó a decir, pero la voz se le quebró y empezó a temblar—. Si hubiera sabido que tú querías hablar conmigo, que querías que volviera... nada me hubiera detenido.
Poco a poco, la cólera invadió sus rasgos. Se dio la vuelta, me soldó del brazo y se dirigió hacia Claire a grandes pasos. Tenía los puños cerrados y, cuando ya estaba cerca de ella, los echó hacia atrás y empezó a golpear la pared.
—Jackson —gritó ella aterrorizada—. Puedo explicarlo...
—Pues sí, será mejor que te expliques de una puñetera vez —exigió él furioso, aunque sin levantar la voz. Jadeaba y era evidente que trataba de controlarse.
—¡Lo hice por ti! —gritó Claire, que hablaba de manera atropellada, sin saber cómo salir de aquel embrollo—. Emma no te convenía. Creía que nosotros dos podíamos estar juntos. Cuando nos conocimos, supe que eras lo mejor para mí. Pero tú insistías en que era mejor que solo fuéramos amigos. Lo acepté porque quería estar cerca de ti. Sabía que algún día te darías cuenta de que estábamos hechos el uno para el otro, que éramos almas gemelas, que por eso nunca ibas en serio con ninguna de las mujeres con las que salías. —Acto seguido, la expresión de Claire se ensombreció y me miró con despecho por encima del hombro de Jackson. Su tono cambió de implorante a mordaz mientras sus ojos me miraban con hastío—. Hasta que apareció Emma. La dulce y pequeña Emma, con sus enormes ojos castaños y su inocencia. Me ponía enferma ver lo servil que eras con ella. Tenía que escuchar sus gemidos mientras te la follabas, ¡sabiendo que tenía que ser a mí a quien deberías estar haciendo el amor! ¡Ella lo tenía todo y yo no tenía nada! Incluso echar a perder su presentación y conseguir que la despidieran de su estúpido trabajo actuó en su favor porque se quedó libre para irse a Los Angeles contigo. No te merece, no es para ti.
Estaba atónita ante la revelación de que había sido Claire quien había saboteado mi trabajo, pero eso no era nada comparado con cómo me quedé al darme cuenta que se había inventado lo de su aventura con Jackson.
Él golpeó la pared con el puño, que quedó a centímetros de donde estaba ella. Con el susto, mi antigua compañera de apartamento volvió a prestarle atención.
—¡Cállate! No puedes compararte con Emma. Confié en ti y me la jugaste. ¿Por qué me dijiste que se había casado con Sean?
No lo creía posible, pero Claire palideció aún más al oír aquella pregunta.
—Yo... yo quería que la olvidaras. Te rechazó y aun así te morías por ella. Sabía que necesitabas cerrar ese capítulo. Por eso te dije que se había casado con Sean. —Según hablaba, la voz de la que en un tiempo había sido mi amiga se volvía cada vez más desesperada—. ¡Lo hice todo por ti! Te quiero. Por favor, dame una oportunidad.
—Tú no hiciste nada por mí, sino por ti. ¿Qué pasó exactamente la noche en que Emma llamó? —le urgió. Sus ojos brillaban de tal modo que casi daba miedo.
—Ella quería hablar contigo. Y yo necesitaba convencerla de que te dejara en paz, de que te dejara marchar. Así que le dije que habíamos tenido una aventura, que nos queríamos —argumentó, teniendo el descaro de hacer una mueca de irritación—. Pero no me creyó y me pidió hablar contigo. Te dije que Emma estaba al teléfono, pero tú solo decías tonterías. Así que le dije que no querías hablar con ella. —Claire acabó la frase encogiéndose de hombros, como si no le importara haber arruinado dos vidas con sus mentiras.
—¡Estaba fuera de mí! —gritó Jackson, con la furia marcada en cada línea de su rostro—. ¡Dudo que en ese momento ni siquiera estuviera consciente del todo!
—Jackson —imploró Claire levantando la mano para tocarle la cara.
—Sal de aquí —exclamó él, apretando los dientes—. Sal de que aquí porque, si no lo haces, puede que cometa alguna tontería de la que luego tenga que arrepentirme.
Claire dejó caer la mano y se movió lentamente hacia la pared alejándose de él, con los ojos muy abiertos por el miedo apresurándose a escapar. Antes de pasar por el umbral de la puerta se volvió hacia mí para dedicarme una última mirada llena de odio, pues no podía hablar por el miedo. Dio un portazo al salir y Jackson y yo nos miramos conmocionados. De algún modo, me había quedado contemplando la escena como si fuera una representación teatral en la que yo fuera un simple espectador mientras ellos representaban un papel.
Tenía que digerir todo lo que había sucedido, lo intentaba, pero mi mente se rebelaba contra la idea de que todo lo que había creído durante estos años era mentira y que él nunca me había traicionado. Dolía demasiado pensar que todo había sido debido a una maldita mentira elaborada por una perturbada que lo único que quería era quedarse con Jackson.
—Emma —susurró él viniendo hacia mí con los ojos llenos de arrepentimiento y melancolía—. Nunca te engañé. Tú eras mi vida y nunca hubiera podido hacerte algo así.
—No sé qué decir. Me he pasado todos estos años creyendo que me habías sido infiel. Y ahora que sé la verdad... —No pude seguir hablando, así que sacudí la cabeza, incapaz de continuar.
—Dios —exclamó angustiado. Alcé la mano para acariciarle la mejilla—. Todos estos años separados. Todos estos malditos años separados cuando podíamos haber estado juntos. Y pensar que me llamaste para que volviéramos y que Claire te dijo todas esas mentiras... Todo esto es demasiado para soportarlo —dijo rozándome la frente con los labios, y yo cerré los ojos para frenar el dolor.
Resultaba trágico: habíamos permanecido separados por algo que nunca había sucedido. Era injusto.
Él me acarició los párpados, que yo mantenía cerrados, con los labios. Podía sentir su respiración suave contra mi piel mientras me hablaba en susurros.
—Has debido de odiarme.
Abrí los ojos y le miré con un amor desinhibido.
—Nunca podría hacer algo así —admití suavemente—. Incluso pensando que me habías engañado, nunca dejé de quererte. Me culpaba por ser tan débil, por quererte aun cuando me habías rechazado.
Jackson me sujetó a cabeza con las manos, con los ojos vidriosos por la emoción.
—Mi amor, tú eres mi vida. Nunca pienses otra cosa. Haría lo que fuera por ti. Sería lo que fuera por ti.
—Solo te quiero a ti. Los demás que se queden con la imagen, yo quiero al hombre —dije entonces, y luego hice una pausa con una expresión sombría—. Siento haber creído a una mentirosa durante todos estos años. Al oír tu voz al fondo... pensé que todo era cierto. Debería haber sabido que tú nunca me harías una cosa así. Debería haber intentado llamarte otra vez, pero estaba muy dolida.
—Calla, mi amor, no digas nada —me tranquilizó secándome las lágrimas que sin darme cuenta me caían por el rostro—. Todo esto no es culpa tuya. No te culpes. Yo tampoco debería haber creído a Claire cuando me dijo que te habías casado con Sean. Nunca me imaginé que estuviera tan enferma y perturbada —añadió, haciendo un gesto de dolor con la boca.
Me incliné hacia él, besándole suavemente los labios con el corazón henchido de amor. Tanto amor como para borrar el arrepentimiento.
—No nos obsesionemos con el pasado. Ya hemos perdido bastante tiempo. Ahora estamos juntos y eso es lo que importa.
—¿Me perdonas por haber llamado a Claire? —me preguntó con voz insegura. Casi parecía vulnerable, algo raro de ver en ese rostro a menudo tan duro—. Fue una estupidez por mi parte, aunque la verdad es que no tenía ni idea de que ella te había contado tantas mentiras.
Le sonreí ligeramente.
—Te lo perdono todo si tú me perdonas a mí por haberte apartado de mi camino todos estos años. Nunca debería haber roto contigo.
Jackson me hizo callar con un beso, poniendo sus labios sobre los míos con veneración.
—Como has dicho, no nos obsesionemos con el pasado. Te quiero Emma Mills. Voy a pasar el resto de mi vida demostrándotelo.
Me acerqué más a él y la respiración se me aceleró mientras el beso se hacía más intenso.
—Te tomo la palabra.