Capítulo 17

Después de aquello no volví al trabajo, estaba demasiado afectada por lo que había ocurrido entre Jackson y yo. Llamé a Marie para hacerle saber que estaría fuera el resto del día y que me llamara si surgía algo urgente. Deseaba con toda mi alma que fuera viernes para poder tener todo un fin de semana durante el que lamerme las heridas sola, pero como todavía era miércoles, tuve que recomponerme para poder ir a trabajar al día siguiente con la cabeza bien alta.

Nada más llegar a casa me duché con agua caliente, quería quitarme del cuerpo el olor de Jackson. No podía parar de evocar lo que había pasado entre nosotros y lo rememoraba una y otra vez. Tampoco podía olvidar la manera en que me había mirado. Eso no era amor ni ternura, ni siquiera pasión, era triunfo y arrogancia. La mirada de un cazador cobrando su presa.

Sin embargo, no podía culparle totalmente de aquello. Yo había participado de buen grado, dispuesta a degradarme y a regodearme en el puro placer físico. Al final, tuve que admitir que aún le quería. A pesar de que me fuera infiel con Claire, a pesar de la manera en que me trataba desde que nos habíamos reencontrado, todavía lo amaba. Por eso le había permitido que me tratara como a un juguete que se usa y se tira. Todo aquello era bastante patético, pero por encima de todo me ponía enferma pensar en mi debilidad.

Al día siguiente, entré en la empresa con la máscara de autocontrol puesta, caminaba con firmeza dando grandes pasos, decidida a no permitir que mi vida privada afectara a mi trabajo. Al principio noté que la gente me miraba, pero no hice caso, lo atribuí a mi paranoia. Me sentía vulnerable, así que pensé que ese era el motivo por el que me parecía que me observaban.

Marie se ruborizó cuando la saludé al entrar en la oficina y entonces empecé a sentir un picor en la nuca. ¿Me estaba perdiendo algo? ¿Pasaba algo en la oficina y yo no me había enterado?

Estaba encendiendo mi portátil cuando Celeste irrumpió en mi despacho como una tromba casi a punto de estallar.

—¡Tú sí que sabes guardar secretos! —exclamó con una amplia sonrisa.

—¿De qué me hablas? —pegunté a bocajarro. Aquella mañana no tenía mucha paciencia y me obligaba a esforzarme para que no se me notara en el tono de voz.

—¡De Jackson Reynard, por supuesto! —cacareó—. Hay fotos de los dos por todo Internet.

Tragué saliva, sintiendo que se me revolvía el estómago.

—No he visto las fotos.

La sonrisa de Celeste desapareció al verme allí, sentada en la silla ante mi escritorio palideciendo.

—Yo... yo pensaba que era algo bueno. Quiero decir, estas saliendo con una estrella de cine, ¿no?

Negué con la cabeza; me entró ansiedad. Me puse enseguida a buscar en Internet «Jackson Reynard» y casi me da una arcada cuando vi las fotos.

Aquellas imágenes difíciles de justificar de nuestro encuentro del día anterior en el restaurante me delataban. Habían tomado fotos mientras él me agarraba por la muñeca con una expresión feroz y yo le devolvía una mirada fulminante. Pero aún eran peores las que nos habían hecho mientras me arrastraba fuera del restaurante con cara asesina. Por desgracia, Drew también salía en algunas y la prensa rosa conjeturaba sobre un triángulo amoroso. Sentí como una patada en el estómago al ver que habían atado cabos y me identificaban como la mujer misteriosa de la otra vez, la que había sido fotografiada con Jackson en el Eleven Madison Park.

Pero lo más repugnante de todo es que afirmaban que yo era la responsable de la ruptura entre Jackson Reynard y Candace Stile. De hecho relacionaban mi fotografía con Jackson antes de su ruptura, y daban por supuesto que él había estado engañando a Candace conmigo.

Mi mano no paraba de deslizar la rueda del ratón para avanzar por las pantallas y leer aquellos artículos acusatorios, hasta que finalmente decidí cerrar el navegador.

—¿Va todo bien? —me preguntó Celeste con suavidad, ya sin la alegría de antes.

Negué con la cabeza, me sentía derrotada y desolada.

—Nada de eso es cierto. Jackson y yo... no es como dicen. El me ha dicho que no está saliendo con Candace.

—¿Entonces estáis enrollados? —preguntó Celeste con cautela.

—¡No! —exclamé sin querer dar explicaciones. Por más que Celeste me cayera bien, no quería que se filtrara ni el más mínimo detalle de lo que había entre aquel hombre y yo—. No... no puedo hablar de ello, Celeste. Tengo que pensar en cómo voy a manejar este asunto. Solo espero que no acabe afectando a mi trabajo. No sería bueno para la imagen de Forrester que una de sus empleadas saliera en todas las revistas del corazón. Sobre todo porque he metido a Drew en esto —vacilé antes de continuar—. Por cierto, ¿ha llegado ya?

—No, estará de viaje toda la semana. No volverá hasta el lunes. —Celeste me miraba como si quisiera avasallarme a preguntas, pero por una vez se contuvo. Quizá porque me veía a punto de desmayarme. Respiré hondo tratando de rodearme de una fachada de calma.

—Todo eso son cotilleos sin sentido. No sé por qué me estoy poniendo nerviosa con esto. Jackson solo es un viejo amigo y nos estábamos reencontrando. Las fotos engañan —sonreí a Celeste—. Tengo un montón de trabajo. ¿Te lo puedo contar luego?

La mujer asintió poco convencida, se levantó y salió de mi despacho. Fui detrás para hablar con Marie.

—Por favor, contesta todas mis llamadas —dije animadamente mientras Marie solo me miraba—. Tengo una montaña de cosas que hacer porque ayer me marché pronto.

Marie se limitó a asentir y yo regresé al despacho, cerrando con cuidado la puerta tras de mí. Me senté pesadamente en la silla, puse los codos sobre el escritorio y apoyé la frente contra las manos. Me quedé en esa posición durante un rato mientras mi mente trabajaba a toda velocidad tratando de averiguar qué hacer, si es que había algo que podía hacer.

Cuando me sonó el teléfono móvil di un respingo; era Trisha. En los últimos meses habíamos hablado bastante, pero no le había contado nada sobre Jackson. Me resultaba demasiado complicado de explicar, y me avergonzaba de mi debilidad por haberme entregado a él. Estaba segura de que había visto las fotos y me imaginé que tendría que explicárselo tarde o temprano, así que contesté a su llamada con cierta reticencia.

—¿Hola?

—¿Qué demonios está pasando? ¡Hay fotos tuyas y de Jackson por todas partes!

Tomé aire, cobrando ánimo para enfrentarme a su desaprobación.

—Evitarle ha sido más difícil de lo que pensaba. Nos hemos... visto un par de veces.

—¿Qué quiere decir eso? —preguntó Trisha en tono preocupado—. ¿Te has liado con él otra vez?

—No es eso. No salimos ni nada de eso.

—Entonces, ¿qué hacéis? —inquirió, aunque esta vez, su voz se tornó prudente—. ¿Te has acostado con él?

Mi silencio bastó para responder a aquella pregunta y cuando volvió a hablar, percibí su tono de preocupación.

—Emma, ¿no crees que es peligroso para ti enredarte con ese tipo de la manera que sea? Ya te rompió el corazón una vez, y ahora puede ponerte en evidencia delante de todo el mundo. ¿Es verdad que engañaba a Candace Stile contigo?

—No —dije, pero con poca convicción. Aunque Jackson me había dicho que él no estaba con Candace, no sabía si creerle. Después de todo, ya me había engañado antes—. Me dijo que nunca habían salido juntos. Yo no busco tener una relación con él otra vez. Fue solo un momento de debilidad.

—Emma, ¿todavía le quieres? —me preguntó con voz triste, como si ya supiera la respuesta. Las lágrimas me inundaron los ojos. El estrés de los últimos días y el ser consciente de que todavía lo amaba eran demasiado.

—No importa —le contesté en tono angustiado porque no quería admitirlo en voz alta, aunque mi falta de respuesta lo dejaba claro—. Me mantengo alejada de él. Espero que todo esto se acabe en cuanto la gente se dé cuenta de que Jackson y yo no estamos juntos.

—¿Quieres que vaya para allá? Todavía quedan muchos zapatos en Nueva York que llevan mi nombre. Así tendré una excusa para gastar dinero.

Solté una risa forzada haciendo que mi voz sonara más despreocupada.

—Estoy bien, Trisha. De verdad. Voy a hacer como que esto no ha pasado nunca hasta que todo el mundo se olvide de ello —dije sabiendo que yo nunca lo olvidaría.

Terminé la llamada prometiéndole a mi amiga que la llamaría si necesitaba hablar. Suspiré nada más colgar al ver que mi madre me llamaba para que le explicara todo lo que había sucedido. En lugar de estar horrorizada, parecía casi entusiasmada porque se me relacionara con Jackson; de repente, se había olvidado de que hacía tiempo él me había destrozado el corazón y nuestra relación se había terminado.

Dejé la puerta de mi despacho cerrada todo el día. Intenté trabajar al máximo y me obligué a no volver a mirar en Internet. Por suerte, Marie atendió todas las llamadas como le había pedido y varias veces la oí a través de la puerta responder a quien llamaba que no yo estaba disponible, sino fuera de la oficina en una reunión.

Hacía rato que había pasado la hora de comer cuando vi la luz del teléfono móvil parpadeando. Tenía varias llamadas a las que no había querido responder. Algunas eran de gente que hacía siglos que no veía y yo no estaba de humor para responder a sus preguntas. Otros eran números que no conocía. Cuando escuché uno de los mensajes de voz de uno de esos números desconocidos, sentí vergüenza ajena del periodista que me pedía alguna declaración. Me daba igual de dónde habían sacado mi número, pues ni siquiera aparecía en la guía telefónica, lo que no me podía creer es que consideraran este asunto de interés. Después de aquello no volví a escuchar ninguno de los mensajes y puse el teléfono móvil en silencio.

Pero en ese momento el que salía en la pantalla era el nombre de Jackson y me debatí entre contestarle o no. Sabiendo que podía ser muy insistente, le respondí antes de que saltara el buzón de voz con un suspiro de resignación.

—¿Hola?

—Emma, lo siento —dijo en una voz que denotaba tensión y enfado—. Mi agente me estaba llamando pero yo no quería responder al teléfono, así que no me he enterado hasta ahora de lo que está pasando. ¿Estás bien?

—Pues no me hace ninguna gracia verme en fotos por todas partes, y mucho menos cuando te etiquetan como «la otra».

El suspiró con fuerza.

—Estoy tan harto de esta mierda. Lo último que quería era meterte en líos. Pero estaba tan enfadado que solo podía pensar en estar contigo a solas —guardó silencio un instante antes de continuar—. Siento haberme comportado así ayer. Pierdo el control cuando te tengo cerca.

—Vamos a intentar olvidar lo que ha sucedido —le dije con tristeza y cansancio—. Al final, todo esto se evaporará solo.

—Desgraciadamente, no creo que eso vaya a pasar. —Jackson tomó una bocanada de aire—. Marcie, mi agente, me comentó que Candace está planeando hacerse la novia despechada. Su agente contactó con la mía para intentar que yo le siguiera el juego, porque creían que me vendría bien la publicidad ahora que nuestra película acaba de estrenarse, pero Marcie se negó. Resulta que Candace quiere incursionar en la industria musical y en unos días saca su primer disco. Así que van a tratar de exprimir la noticia todo lo que puedan. Pero te juro, Emma, que nunca hemos estado juntos.

Tardé un rato en entender el alcance de aquellas palabras, sintiéndome cada vez más horrorizada al comprender que todo aquello estaba lejos de acabarse.

—¡Pero yo pensaba que ella era tu amiga! ¿Cómo puede hacerte esto? ¿No había confesado antes a la prensa que no estabais saliendo?

Jackson se rió secamente.

—En Hollywood la palabra «amigo» es un término impreciso. Solo soy su amigo cuando le conviene. Ahora piensa decir que manteníamos la relación en secreto para no tener que aguantar a los paparazzi. Tener un novio que te engaña genera mucha más simpatías, y eso esperan que se traduzca en un récord de taquilla.

—¿Qué voy a hacer? —dije con el pánico agudizándome la voz—. Todo el mundo pensará que soy una especie de zorrón que se ha metido entre tú y Candace.

—Marcie tiene una idea para suavizar la situación —dijo lentamente—. Puede que te parezca una locura, pero solo escúchame hasta el final. Candace y su gente cuentan con que yo salga a desmentir que salíamos juntos y a decir que ella se lo está inventando todo, porque piensan que si yo no reconozco nuestra relación ella ganará más simpatías. Pero Marcie cree que podemos darle la vuelta a toda esta historia. Yo le conté que nosotros habíamos salido hacía tiempo y ella dice que debemos resaltar ese hecho, haciendo como que hemos vuelto a retomarlo. Cree que la gente se tragará la historia de que me he vuelto a enamorar de la chica que perdí antes de ser famoso y que con eso me perdonarán cualquier indiscreción que haya podido cometer por el camino.

—Es lo más ridículo que he oído —espeté, casi ahogándome al hablar—. Eso dará más importancia a la historia. No quiero que mi vida privada aparezca en las páginas de toda esa basura de prensa del corazón.

—Solo quiero que esta historia acabe para ti, no sabes lo despiadados que pueden llegar a ser en este negocio. Hacen cualquier cosa por promocionarse, aunque arrastren al desastre a gente inocente. No creo que sepas hasta dónde se puede descontrolar esto. Por lo menos, si somos proactivos podemos intentar mantenerlo dentro de unos límites.

—No sé, Jackson —susurré—. Simplemente no lo sé. Yo preferiría ignorarlo.

—Piensa en ello —dijo Jackson en un tono bajo y calmado—. Solo tendremos que fingir un poco, hasta que Candace se dé cuenta de que no me voy a rendir.

—Lo pensaré. Ahora tengo que irme. Esto está empezando a interferir en mi trabajo.

Después de colgar, intenté concentrarme en los informes de marketing, pero mi mente estaba hecha un caos. Me dije que era una cobarde por no hacer caso de la llamada de Drew cuando vi aparecer su número en la pantalla del teléfono móvil. Conseguí terminar algunas cosas pero, finalmente, me rendí a las siete de la tarde, porque no hacía sino torturarme mirando los resultados de la campaña con la mente en blanco.

Había permanecido atrincherada en mi despacho toda la mañana, me habían traído el almuerzo y por suerte no tuve reuniones en todo el día. Cuando salí de él, todavía había mucha gente trabajando y me di cuenta perfectamente de que algunas cabezas se volvían al verme salir.

—Marie, me marcho por hoy. Hasta mañana.

Marie asintió de manera comprensiva, antes me había entregado un montón de mensajes, la mayoría de los cuales no tenían nada que ver con el trabajo. Los más exasperantes eran los de los periodistas que pedían desesperados una entrevista. Parecía que se habían empezado a airear los detalles de mi vida privada, incluido dónde trabajaba.

Salí sin pararme a saludar a ningún compañero de trabajo y fue un alivio conseguir un taxi nada poner un pie fuera del edificio. Pero el alivio desapareció cuando el taxi se detuvo frente al edificio donde yo vivía y vi a un grupo de paparazzi esperando en la puerta. Enseguida me vieron y se echaron a correr hacia el taxi blandiendo las cámaras como si fueran armas.

—Emma, ¿hace cuánto que sales con Jackson Reynard?

—¿Conoces a Candace Stile? ¿Qué sientes al quitarle a Jackson?

—¿Es verdad que Jackson estaba planeando dejarlo con Candace y contigo?

—Emma, ¿cómo te sientes cuando te llaman rompeparejas?

—¿Sales con Jackson por su dinero?

Sus gritos eran perfectamente audibles a través de la ventanilla del taxi. El taxista subió la suya, mientras les gritaba palabrotas y les decía lo que podían hacer con las cámaras. Luego abrió la ventana de separación trasera y se volvió hacia mí.

—¿Quiere bajarse en otro sitio? —preguntó. Agradecí que por lo menos el taxista no se interesara en los detalles personales de mi vida.

—No, en algún momento tendré que entrar en mi casa, pero gracias.

Le pagué y abrí la puerta del taxi intentando usarla para empujar y hacer retroceder a los fotógrafos. Entonces sentí una mano que me agarraba del brazo, levanté la vista y vi la cara sonriente de Harry. Él mismo se puso como escudo y se quitó la americana para cubrirme la cabeza, apartando a los paparazzi con el cuerpo hasta que nos metimos en el edificio.

—¡Ni se os ocurra entrar o llamaré a la policía! —vociferó llevándome hasta el fondo del vestíbulo. Aunque hicieron caso de su advertencia, siguieron disparando fotos poniendo las cámaras contra el cristal como animales rabiosos.

Harry llamó al ascensor y se quedó entre mí y la frontal del vestíbulo, ocultándome de las cámaras.

—¿Se encuentra bien, Emma?

Todavía estaba impactada por lo agresivos que habían sido. Parecía no importarles nada que no fuera conseguir su instantánea, me empujaban con fuerza y me ponían las cámaras en la cara. No me podía creer que hubiera personas que se comportaran de esa manera tan repugnante.

—Ahora, sí. Muchísimas gracias por sacarme de ahí, Harry —dije con voz tensa. Todavía me estaba intentando hacer a la idea de que me había convertido en un artículo codiciado.

Cuando se abrieron las puertas del ascensor, Harry me guió hasta dentro.

—No se preocupe, no dejaré que nadie ajeno al edificio pase. Llámeme si necesita algo.

Le di las gracias de nuevo, y respiré cuando las puertas del ascensor se cerraron haciéndome desaparecer rápidamente de la vista de aquellos fisgones. Ahora que ya era público dónde vivía, ¿dónde podría esconderme?

Estaba tan aturdida que me cambié la ropa de trabajo y me calenté un plato congelado mecánicamente. Intenté comerme un pollo a la parmesana que sabía a cartón hasta que ya no me apeteció más, así que lo dejé a un lado y encendí el portátil. Avanzaba por las pantallas de los sitios web leyendo las historias que se contaban sobre Candace y Jackson, sobre mí y Jackson, sobre cómo le había seducido de manera calculadora para irrumpir en la industria cinematográfica. Había historias de locos que afirmaban que yo me había hecho pasar por una muchacha del servicio de habitaciones de un hotel en el que él estaba alojado para poderme colar en su habitación y ofrecerme a él desnuda.

Los correos que enviaba la gente respondiendo a esos artículos me parecían igualmente terribles; eran desagradables y críticos. Correo tras correo hablaban de que era increíble que Jackson pudiera dejar a alguien tan maravilloso como Candace Stile por una desconocida normal y corriente como yo, que era una cazafortunas en busca de una vida de lujo. Yo era objeto del escarnio público por algo que no había hecho.

Cerré de golpe la tapa del ordenador portátil, con lágrimas en los ojos. Jackson me había dicho que nunca había salido con Candace y que no la había engañado conmigo. No quería ni pensar en si me hubiera acostado con él sabiendo que ellos dos tenían una relación. Mejor no saber la respuesta.

Apagué el teléfono móvil, aunque ya lo había puesto en modo de silencio, hastiada de ver una y otra vez la luz que indicaba una llamada entrante. Encendí la televisión, esperando distraerme. Me puse a cambiar de canales hasta que vi un programa de noticias sobre el mundo del espectáculo que anunciaba una entrevista en exclusiva con Candace Stile sobre su relación con Jackson Reynard en el siguiente segmento del programa.

Me quedé en ese canal porque tenía que oír lo que Candace diría; quizá llegara a admitir que nunca había tenido relación alguna con Jackson. Era una ingenuidad, pero es que deseaba desesperadamente que aquello se acabara. Esperé nerviosa a que se terminarán los anuncios y contuve el aliento mientras el programa emitía un resumen de las presuntas acusaciones de infidelidad que ilustraban con fotos de Jackson y mías mirándonos a los ojos. Finalmente, el presentador del programa se sentó frente a Candace, que había conseguido tener un aspecto maravilloso pero con aire completamente abatido.

—Candace, gracias por hablar conmigo en estos momentos. Sé que está siendo duro para ti después de la noticia de hoy sobre tu ruptura con Jackson.

Candace compuso una sonrisa de valentía, con la voz un poco temblorosa, se notaban sus tablas.

—Gracias por invitarme, Rob. No puedo mentirte, está siendo muy duro, de verdad. Pero he decidido que esconderse no es bueno. No he hecho nada malo y quiero que las mujeres sepan que no tienen por qué avergonzarse si las engañan. No es culpa suya.

El presentador asintió aprobando sus palabras.

—Es admirable por tu parte, Candace. ¿Puedes contarme qué pasó entre Jackson y tú?

—Aunque sé que la noticia de nuestra relación se hizo pública hace poco, ya llevábamos un año saliendo. Tratábamos de mantenerlo oculto para poder disfrutar de nuestra intimidad. Aunque seamos personajes públicos, deseábamos que quedara entre nosotros. Yo quería proteger mi amor por él de las miradas curiosas.

Me dieron ganas de vomitar cuando vi cómo asentía el presentador con aire comprensivo. Tenía que reconocer que Candace era una actriz asombrosa. Mientras contaba aquello parecía vulnerable y completamente indefensa.

—¿Cuándo descubriste que te era infiel?

Candace pareció desmoronarse y se mordió el labio como esforzándose por responder a la pregunta.

—Como todo el mundo. Vi por Internet las fotos de Jackson con otra mujer.

—¿Has hablado con él desde entonces?

—Sí, le llamé nada más ver las fotos. Esperaba que todo fuera un malentendido, que fueran unas fotos inocentes. Pero entonces me dijo que ya no me quería. Que todo se había acabado.

El presentador le pasó un pañuelo de papel y Candace se secó las lágrimas aunque yo noté que no tenía ninguna.

—¿Así que tú y Jackson habéis estado juntos hasta hoy? Se ha rumoreado que ya habíais roto hacía dos semanas.

Candace negó con la cabeza con aire abatido.

—Eso solo eran rumores. Hasta hoy mismo yo pensaba que estábamos enamorados.

—¿Qué sabes sobre la mujer con la que te ha engañado? Nuestras fuentes dicen que se llama Emma Mills y que trabaja en una agencia de publicidad de Nueva York.

—Eso es más o menos lo que yo sé —replicó Candace con aire triste—. No la conozco, nunca la he visto y no la quiero conocer. Solo deseo seguir con mi vida.

Me quedé sentada, estupefacta, escuchando cómo aquella mujer usaba esta última declaración para llevarla al terreno del disco que estaba a punto de sacar. Deseaba meterme en el televisor y sacarle los ojos. No entendía cómo podía mentir con tanta facilidad y destruir la reputación de alguien solo por alcanzar su propio éxito, ni cómo era posible que la gente del mundo del espectáculo fuera tan egoísta. Ya era rica y famosa, pero codiciaba más.

Encendí el teléfono móvil sin hacer caso de los mensajes del buzón y llamé a Jackson. Respondió al primer timbre.

—¿Lo has visto? —me preguntó en tono grave sin molestarse en saludarme.

—Lo he visto. Quiero ir a por ella y arrancarle el pelo.

Jackson soltó una risita a pesar de las circunstancias.

—No te culpo. Si sirve de algo para que te sientas mejor, te diré que casi todo su pelo son extensiones.

No pude reprimir una sonrisita al oír la revelación de Jackson, porque, a pesar de que mi mundo se estaba derrumbando a mi alrededor, me hizo gracia.

—¿Crees que es necesario salir ahora con una mentira elaborada para hacer que se difumine esta situación? ¿No podemos esperar sin más a que todo este asunto se olvide?

—Esto es solo el principio, Emma. Marcie cree que tienen todo un montaje de prensa preparado. Esto puede ponerse mucho peor antes de acabarse. Y tener al público en contra puede resultar bastante desagradable. Desgraciadamente lo he visto demasiadas veces. No me preocupa que me pase a mí. La gente tiende a perdonar a los famosos con mucha facilidad y lo cierto es que me importa un bledo lo que digan, pero lo peor de esas críticas lo vas a recibir tú.

—¿No podemos decir que todo es una mentira? —grité—. ¿Cómo puede salirse con la suya?

—Todo esto es una ilusión —dijo amargamente—. A la gente no le interesa la verdad. Solo quieren una buena historia y sacarle el mayor provecho. No les importa si es mentira, siempre y cuando la gente se lo crea.

Me sentía desanimada e insegura de la manera en que había que combatir a este animal amorfo al que no comprendía. No estaba preparada para luchar con este tipo de situación, así que decidí dejarlo en manos de profesionales.

—De acuerdo, hagamos lo que haya que hacer para terminar de una vez con esto.

—Sabía que tomarías la decisión correcta —dijo Jackson con aprobación—. Todavía no tienes que hacer nada. Marcie está concertando algunas entrevistas para que yo pueda contar mi parte de la historia. Mañana tengo la primera. Mientras tanto, no le digas nada a nadie, y mucho menos a la prensa.

—No te preocupes, lo último que quiero es tratar con periodistas. Ya tengo bastante con tenerlos merodeando por mi apartamento.

—Caramba, no esperaba que hubieran descubierto tan pronto dónde vives. —La voz de Jackson sonaba dura y apagada—. Esos cabrones son como una plaga. Me gustaría pasarme, pero eso tendrá que esperar hasta después de mi entrevista. Te mandaré a alguien.

—No. Estoy bien, Jackson. Mi conserje me rescató de los paparazzi, y eso que se habían apostado como perros rabiosos esperándome para que hiciera alguna declaración. Yo pensaba que habías dicho que los canes de Nueva York estaban domesticados.

—No cuando tienen una historia jugosa. Y por desgracia esto es carnaza de primera para ellos —añadió en un tono más calmado—. No sabes cuánto lo siento. Pero lo solucionaré, te lo prometo. No dejaré que te hagan daño.

—No es culpa tuya —murmuré.

—Sí que lo es. Fui un imprudente. —Jackson suspiró antes de seguir—. Mañana te llamaré para decirte cuáles son los siguientes pasos que vamos a dar.

Cuando terminé de hablar con él me obligué a mirar todos los mensajes del teléfono móvil y borré la mayoría de ellos sin siquiera escucharlos. Tenía varias llamadas perdidas de mi madre y de Trisha y les llamé con pocas ganas para tranquilizarles diciéndoles que estaba bien, pero negándome a darles mas detalles sobre lo que estaba sucediendo.

Al día siguiente, me daba pavor ir a trabajar y hasta contemplé la posibilidad de llamar diciendo que estaba enferma, pero decidí que no iba a dejarme intimidar escondiéndome. Mientras bajaba por el ascensor intenté prepararme para lo que me esperaba fuera del edificio, dando gracias de que al menos tenía un conserje dispuesto a ponérselo difícil.

—¡Emma! —exclamó Harry cuando me vio salir del ascensor—. ¿Cómo te encuentras?

—He tenido días mejores, pero sobreviviré —le contesté sonriendo ante su cara de preocupación.

—Bueno, ha sido muy inteligente por tu parte contratar a un guardaespaldas. Creo que él será más efectivo que yo espantando a esos cabronazos. ¡Sus brazos son del tamaño de mis muslos!

—¿Un guardaespaldas? —arrugué la frente confundida—. No he contratado a ningún guardaespaldas.

—Entonces, ¿quién es ese? —Harry señaló a un hombre que era como una montaña de grande y que estaba de pie frente al vestíbulo, justo en la puerta. Mediría su buen metro ochenta y tenía unos músculos que parecían estar esculpidos en piedra. Su figura resultaba intimidante con aquella camiseta negra ajustada y pantalones del mismo color.

Al ver que le mirábamos, vino hacia nosotros y me extendió la mano.

—Señorita Mills, me llamo Craig. Estoy aquí para asegurarme de que llega sin problemas a su trabajo. El señor Reynard me dijo que la esperara aquí esta mañana. Debo escoltarla hasta su oficina o a cualquier sitio al que tenga que ir.

No pude sofocar un repentino calor que me invadió al ser consciente de que Jackson me había enviado a alguien para protegerme, a pesar de que la noche anterior yo había rechazado su oferta.

Así que decidí aceptarlo porque no sabía a qué me iba a enfrentar. Acabé por estarle sumamente agradecida a Craig. Él me protegió contra los cuerpos que trataban de pegarse a mí en cuanto salí del edificio, si bien llegué a oír las preguntas que me gritaban. Eran mucho más duras que el día anterior y de una virulencia repugnante. Sentí como si me apedrearan con palabras.

Craig me metió en un Mercedes todoterreno negro con las ventanillas tintadas que más bien parecía propio de un safari que para circular por las calles de Nueva York. Luego se deslizó en el asiento del conductor después de asegurarse de que yo estaba bien instalada en el asiento de atrás y arrancó a tanta velocidad que las ruedas rechinaron. Me miró por el retrovisor.

—¿Se encuentra bien, señorita Mills?

Le devolví una débil sonrisa, porque no quería que notara lo nerviosa que estaba.

—Sí, aunque me pregunto por qué la gente quiere ser famosa. No me había dado cuenta de lo feliz que era siendo una completa desconocida.

El resto del trayecto hasta mi trabajo fuimos callados y yo rezaba para que no hubiera prensa fuera de la oficina. Me tranquilicé al ver que no había nadie deambulando frente al edificio, aunque todavía tenía que convencer a Craig de que no era necesario que me escoltara hasta dentro.

—Pero el señor Reynard dijo...

—Craig te agradezco mucho tu ayuda, pero como puedes ver no hay nadie por aquí. Quiero que todo siga lo más normal posible.

El guardaespaldas cedió cuando vio que no dejaría que me persuadiera, pero me avisó de que se quedaría fuera esperándome y luego se aseguró de que me grababa su número en el teléfono móvil.

Intenté no hacer caso de todas las miradas que se dirigían a mí mientras subía por el ascensor hasta mi piso. Oí algunos murmullos al pasar pero no quise prestarles atención. Al verme llegar Marie saltó de su asiento con cara de agobio. Parecía muy estresada.

—Emma, el teléfono no ha parado de sonar. Cualquier revistilla de tres al cuarto llama solicitando una entrevista o alguna declaración. Incluso tengo llamadas de unos cuantos canales de noticias serios. ¿Qué hago?

—Solo diles que no voy a hacer declaraciones. —No me podía creer lo rápido que mi vida se había puesto patas arriba.

—El señor Carver quiere verte enseguida.

Tragué saliva y sentí el temor atravesándome como una punzada. Larry Carver era mi superior directo y el vicepresidente de departamento de cuentas. Rara vez hablaba con él y no me cabía duda de que requería mi presencia para tratar el asunto de Jackson.

Me encaminé hacia el despacho de Larry después de dejar mis cosas en el mío y, según me acercaba, mi inquietud iba en aumento.

—Hola, Sandy —saludé a la asistente de Larry Carver—. Marie me ha dicho que Larry quiere verme lo antes posible.

Sandy, una mujer mayor con el pelo negro como el azabache, asintió y descolgó el auricular.

—Señor Carver, Emma Mills ha venido a verle.

Sandy me indicó con la mano que pasara y entré tratando de templar mis nervios. La ansiedad casi me ahoga cuando Larry se levantó mirándome de pies a cabeza mientras me dirigía hacia él.

—Gracias por venir, Emma. Siéntate.

Me senté en el borde de la silla que estaba frente al escritorio de nogal macizo; tenía las manos dobladas sobre el regazo mientras le observaba volver a su asiento.

—No te preocupes, Larry. ¿De qué querías hablarme?

—No me ha pasado inadvertido que se ha levantado cierta polvareda sobre ti en los medios. Esta mañana hemos tenido que poner más guardias de seguridad en la entrada y amenazar a la prensa con llamar a la policía para que se fueran.

El estómago se me encogió, ahora entendía por qué por la mañana, cuando llegué, no había nadie acosándome.

—Lo siento, Larry. Han hecho una montaña de un grano de arena con esto. Pero te prometo que no está afectando a mi trabajo.

Larry apoyó los codos en el escritorio, cruzando los dedos y con los índices juntos apoyados en el mentón.

—No tengo la costumbre de hablar con mis empleados de su vida privada. Y no pienso empezar ahora, pero esto está empezando a distraer a la gente.

—Estoy buscando una solución para suavizar la situación dije. —No le expliqué que la solución pasaba por contarle al mundo que Jackson y yo habíamos sido pareja antes—. Intentare ocuparme de ello lo más rápidamente posible.

Larry asintió y se reclinó sobre la silla.

—Eso es todo lo que quería oír. Has sido un gran activo desde que empezaste a trabajar en la empresa, Emma. No me gustaría que algo tan trivial afectara tu futuro aquí, en Forrester.

Asentí rápidamente, entendiendo que me estaba dando un aviso.

—Yo también estoy muy contenta de trabajar aquí. Prometo mantenerlo todo bajo control.

Cuando salí de la oficina de Larry, el resentimiento me hacía hervir la sangre. No podía creerme que mi carrera estuviera en peligro porque una puta estúpida quisiera vender más discos. El enfado me duró todo el día y levanté una armadura invisible a mi alrededor para protegerme de las miradas y murmuraciones. El único resquicio de esta armadura fue cuando tuve que cruzar la ciudad para ir a visitar a un cliente, adonde Craig me llevó. Mi cliente fue lo bastante cortés como para fingir que mi cara no estaba en todas las revistas de cotilleos. Sin embargo, al abandonar su despacho, oí cómo todos murmuraban.

—Pero ¿qué ve en ella? No es nada especial.

—Menudo zorrón. Es increíble que alguien pueda ser tan malo como para arruinar la relación de Candace y Jackson.

—He oído que se había acostado con él en la misma cama que compartía con Candace.

Hubiera deseado taparme los oídos con los dedos y huir de las miradas de censura, pero me forcé a caminar con la cabeza erguida, haciendo como que nada de eso me afectaba.

Por lo menos en mi oficina nadie hablaba de mí de manera que pudiera oírles. Celeste había pasado por mi despacho varias veces pare ver qué tal estaba, pues después de ver los artículos tan despiadados que se escribían sobre mí se había dado cuenta de que el hecho de que me relacionaran con Jackson no era lo mejor que me podía pasar, como ella había creído.

A lo largo del día recibí varios mensajes de texto de Jackson para comprobar cómo me encontraba y asegurarse de que Craig seguía siendo mi sombra. Le di las gracias por habérmelo enviado, aunque dudé de si preguntarle cuánto costaban sus servicios, porque no quería contraer ninguna deuda económica con él. Cuando me llamó esa noche, nada más llegar del trabajo, se lo pregunté y se enfadó.

—Emma, no tienes que pagarme nada. Todo esto es por mi culpa. No tenía que haberme descuidado tanto.

—Aun así —dije evadiendo su respuesta—. No me siento cómoda con que tú lo pagues. No es culpa tuya que Candace se haya inventado todas esas mentiras.

—Esta noche lo hablamos. Me pasaré por allí sobre las nueve.

—¿Crees que es una buena idea? ¿Y si te ven los periodistas? Todavía andan merodeando por ahí afuera, a pesar de Craig.

—Ya lo entenderás. A las siete pon el programa Periodista de Espectáculos, voy a conceder la primera entrevista.

Jackson terminó la llamada sin explicarme nada más y vi en el reloj que aún faltaba una hora para que el programa fuera retransmitido. Me obligué a hacerme un sándwich y a comérmelo, aunque tenía un nudo en la garganta que me hacía difícil tragar. Era la primera vez en mucho tiempo que perdía el apetito.

Fue una tortura esperar hasta las siete, de manera que cuando comenzó la introducción del programa yo ya estaba pegada a la pantalla del televisor.

—Hoy tenemos una entrevista exclusiva con Jackson Reynard sobre su ruptura con Candace Stile —anunció el presentador—. He hablado con él y lo que están a punto de escuchar les hará cambiar de opinión sobre el asunto.

Se produjo un corte para presentar el vídeo pregrabado del presentador entrevistando a Jackson. Tragué saliva cuando le vi en la pantalla, tan guapo como solemne. Un primer plano de sus ojos verdes reflejaba seriedad, pero el pelo revuelto de daba un aire juvenil.

—Jackson, la prensa está siendo bastante implacable con tu ruptura con Candace Stile. Me alegro de que, finalmente, cuentes tu parte de la historia, pero ¿qué es lo que te ha animado a conceder esta entrevista? No es un secreto para nadie que sueles ser reacio a hablar de tu vida privada.

Él se inclinó hacia delante, mirando al presentador e irradiando sinceridad en la mirada.

—Andy, lo he hecho porque necesito defender a la única persona que está siendo vilipendiada injustamente en esta situación. Soy el único culpable de todo este embrollo. Es verdad que Candace y yo salimos de una manera informal. Es una colega a quien aprecio y a la que admiro, pero en realidad era más una amistad que otra cosa. El problema es que yo no podía enamorarme de nadie, no dejaba que nadie entrara en mi vida.

—¿Por qué Jackson? —preguntó el presentador, visiblemente entusiasmado ante las confidencias que le hacía el entrevistado. Se veía que esperaba con ansiedad a que le revelara su secreto.

—Porque mi corazón pertenece ya a otra persona. Hace tiempo, antes de que nadie supiera quién soy, me enamoré de una mujer que dio sentido a mi vida. Ella era la razón por la que me levantaba cada mañana; la razón por la que decidí triunfar, porque quería ser digno de ella. Ya sé que sonará sensiblero, pero esa mujer era realmente mi alma gemela. Yo quería pasar el resto de mi vida con ella, pero un estúpido malentendido se interpuso entre nosotros y rompimos. Sin embargo, nunca dejé de amarla. Todavía pienso en ella cada mañana cuando me levanto. Todavía es en lo último que pienso antes de dormirme.

Incluso sabiendo que estaba actuando, el corazón estaba a punto de salírseme del pecho. Todos esos sentimientos que estaba describiendo eran lo que yo pensaba de nuestra relación. Yo sentía lo mismo por él. Me resultaba increíblemente doloroso oír aquellas palabras saliendo de su boca y saber que estaba actuando.

El presentador se inclinó acercándose a él.

—¿Y qué pasó?

Jackson sonrió como disculpándose.

—No suelo ser de los que cree en el destino y, sin embargo, no creo que fuera una casualidad que nos volviéramos a encontrar. Estaba en una cena de negocios, miré hacia otra mesa en el restaurante y la vi. Mi mundo se detuvo. Creo que hasta dejé de respirar. Y entonces supe que no podía perderla otra vez.

—¿Y esa mujer era Emma Mills? ¿La mujer con la que te han fotografiado?

Jackson asintió y juntó los labios presionándolos antes de seguir.

—La perseguí, pero ella no quiso saber nada de mi hasta que no rompiera con Candace. Emma fue la honesta, no yo. Yo solo podía pensar en estar con ella. Estaba impaciente y no quería esperar porque Candace se encontraba fuera del país grabando el disco que va a lanzar. Pero ante la insistencia de Emma, esperé hasta que regresó a Estados Unidos y entonces le dije que habíamos acabado. Yo creo que el problema surgió porque fui muy poco delicado explicándoselo. Y me parece que no entendió que lo que yo quería era romper, sino que pensó que le estaba pidiendo que fuésemos más despacio. La culpa fue mía por no haber sido más claro, pero lo cierto era que no quería lastimarla.

El presentador se echó hacia atrás en su asiento con un suspiro, cautivado por la historia.

—Por eso ella pensaba que la estabas engañando.

—Sí. Como te he dicho, yo tuve la culpa del malentendido por no haber sido lo bastante claro, pero en cuanto me di cuenta de lo que la gente estaba pensando, me hice cargo de que no podía permanecer ni un minuto mas en silencio. No podía soportar todas las cosas que estaban diciendo de Emma. Ella es preciosa y amable, dulce e indulgente, y me pasaré el resto de mi vida si hace falta tratando de ser alguien digno de ella.

—Entonces, ¿ahora estáis juntos?

Jackson sonrió con ironía.

—Estoy tratando de convencerla de que me dé otra oportunidad. Creo que toda esta publicidad le asusta. Es una persona a la que le gusta la intimidad y no está acostumbrada a ser el foco de atención.

Su sonrisa se desvaneció y en su lugar apareció una mirada de determinación.

—Dejaré mi carrera si es preciso para estar con ella. Para mí no hay nada más importante que tenerla a mi lado.

La entrevista finalizó con el presentador cambiando de asunto y hablando de la nueva película de Jackson y lo bien que iba en taquilla. Me quedé sentada en silencio como aturdida, con un peligroso pensamiento aflorando en mi mente. Sonaba tan sincero. ¿Sentía de verdad todo lo que había dicho? ¿Todavía estaba enamorado de mí? Sacudí la cabeza para librarme de aquella idea tan ridícula. Había dicho que nos habíamos separado por un malentendido. Pero el que se estuviera acostando con Claire era más que un malentendido. Tenía que tener cuidado y no tomarme al pie de la letra las cosas que había dicho. Había hecho aquellas declaraciones para suavizar la situación.

A pesar de mis razonamientos, le esperé con un hormigueo en el estómago, mirando la hora obsesivamente, deseando que el tiempo corriera más deprisa.

Cuando oí el teléfono salté, el ritmo del timbre me indicó que era Harry que llamaba desde abajo.

—Hola, Harry.

—Emma, Jackson Reynard ha venido a verte. —Harry no podía disimular cierta emoción en la voz.

—Dile que suba.

Me miré otra vez en el espejo, me alisé el pelo y me apliqué otra capa de brillo de labios. Al ritmo que llevaba, Jackson tendría que entrecerrar los ojos al mirarme para no verse deslumbrado por la cantidad de brillo que me había puesto.

Llamó a la puerta con los nudillos y esperé un instante antes de abrir. Estaba irresistible ahí, de pie ante mi puerta, vestido de manera informal con unos jeans y una camisa gris por fuera y los puños arremangados. El pelo le estaba creciendo, parecido a como lo tenía cuando salíamos hacía cinco años. Se le veía cansado pero contento de verme.

—Adelante —le dije dando unos pasos hacia atrás para que pudiera entrar. Me quedé mirándole con nerviosismo, su presencia llenaba el pequeño espacio de mi apartamento—. ¿Quieres algo de beber?

Hizo una mueca y me miró.

—Recuerdo que la última vez que estuve aquí te lo pedí yo.

Sonreí tímidamente.

—He decidido que, ya que estamos en este lío juntos, es mejor la cortesía. Entonces, ¿te apetece beber algo? Tengo que advertirte que todo lo que te puedo ofrecer es agua o vino.

—Suena bíblico —dijo Jackson balanceándose en los talones y con aspecto nervioso—. Tomaré vino.

—Siéntate en la sala. Enseguida lo traigo.

Agradecí que me hiciera caso y desapareciera en la sala de estar. Necesitaba poner espacio entre los dos para no perder la cabeza. El parecía tener los nervios de punta igual que yo y era bastante cansado mantenerse siempre así, en estado de máxima alerta.

Cuando entré, levantó la vista desde el sofá. En silencio le di la copa de vino que le había ofrecido. Me senté también en el sofá con cuidado de no ponerme demasiado cerca.

—¿Lo has visto?

Asentí con la cabeza, tomando un largo sorbo de mi copa. Necesitaba todo el valor que el vino pudiera darme.

—¿Y cuál es el siguiente plan de ataque de Marcie?

Jackson parecía decepcionado porque yo no le comentaba nada de su entrevista de aquella noche, pero lo cierto era que yo no estaba segura de si podría hablar de ello sin echarme a llorar.

—Tienen que vernos juntos. Ahora la prensa pide a gritos una historia de amor entre nosotros.

—¿Eso es una buena idea? —pregunté, vacilante—. ¿No avivará las llamas?

—Solo quieren un final feliz. A los periodistas les gustan los finales felices casi tanto como las rupturas más dolorosas. Se lo daré y entonces empezarán a dejarnos en paz.

Fruncí el ceño porque no sabía si estaba de acuerdo con aquel plan ideado entre su agente y él, pero lo cierto era que a mí no se me había ocurrido nada mejor.

—Está bien, supongo que sabéis lo que hacéis.

—Cena conmigo mañana por la noche. Podemos ir a Romero.

Asentí, nerviosa, pues solo la idea de ir a cenar allí me ponía tensa. Cuando salíamos juntos íbamos con cierta frecuencia a aquel restaurante y volver allí me traería multitud de recuerdos.

Jackson alzó la mano y me la puso en la mejilla.

—¿Te acuerdas de la primera vez que cenamos allí? —me preguntó suavemente, con los ojos radiantes por el recuerdo—. Tú pediste pasta con tinta de calamar, sin pensar que sería negra de verdad. Te sorprendió tanto el color que no probaste bocado. Los espaguetis te parecían gusanos. Terminamos por intercambiar nuestros platos y yo me los tuve que tragar mientras tú te comías mis raviolis.

—Te propuse compartir los raviolis —le contesté con una sonrisa tímida—. Yo no tengo la culpa de que insistieras en sacrificar tu cena y comerte la pasta con tinta de calamar. Pensaba que habías dicho que te gustaba.

—Estaban horribles —admitió con una sonrisa socarrona, que se desvaneció al recorrerme el rostro con la mirada, como si quisiera recordar mis rasgos. Mientras me rozaba el labio inferior con el pulgar, me di cuenta de que su aspecto era sombrío.

—Sacrificaría cualquier cosa por ti. ¿Es que a estas alturas todavía no lo sabes?

Cerré los puños sobre el regazo, sin comprender por qué me decía estas cosas.

—Creo que tienes que tener cuidado —le dije con una sonrisa compungida para subir el ánimo—. Vas a empezar a creerte todo lo que has dicho esta noche en la entrevista.

El rostro de Jackson se endureció y dejó caer la mano.

—No he dicho nada que no fuera cierto, excepto lo de Candace.

Me quedé sin aliento, no quería creerle.

—Pero... dijiste que todavía me querías.

—Y es cierto —afirmó apenas en un susurro, pero mi corazón gritaba. Me daba miedo creerle.

—La cuestión importante es: ¿me quieres tú todavía? —Jackson torció la boca como preparándose para lo peor—. ¿Me quisiste alguna vez?

—¿Cómo puedes preguntarme eso? —dije con la voz ahogada tratando de controlar un sollozo—. Tú eras mi vida. Pensé que me moría cuando rompimos. ¿Sabes cuánto tiempo tardé en recomponer todos los pedazos en que se me rompió el corazón?

Jackson me agarró por los brazos con suavidad.

—Entonces, ¿por qué lo hiciste? ¿por qué me echaste de tu vida? —Dejé caer la cabeza, el dolor en sus ojos me estaba matando.

—Pensé que estaba haciendo lo correcto y cuando me di cuenta de que había cometido un gran error, era demasiado tarde. Me enteré de lo de Claire.

Jackson me levantó la barbilla con una mano de manera que me quedé mirándole directamente a los ojos.

—Emma, Claire fue un error. No sé en qué demonios estaba pensando. No estaba pensando. Lo lamenté tanto después. A pesar de que fuiste tú quien me dejó, me odié por ello. Lo único que me impidió ir a rogarte que volvieras conmigo fue que pensé que estabas con Sean. Claire me dijo que os habíais prometido esa semana y que os habíais casado a los tres meses.

—¿Te creíste todo lo que te dijo? Durante todo el tiempo pensé que era mi amiga, pero creo que me odiaba en secreto. Porque te quería.

Jackson me tomó una mano y la puso contra su pecho.

—Pero ella nunca tuvo esto. Nunca tuvo mi corazón. Solo te pertenece a ti —dijo, estremeciéndose antes de seguir—. Todavía podemos arreglarlo. He sido sincero en todo lo que he dicho en la entrevista. Te quiero, Emma. Lo dejaré todo si eso significa estar juntos. Solo dame otra oportunidad.

La cabeza me daba vueltas con todo lo que me estaba confesando. Lo sentía en el alma por él, pero no estaba segura de si podría confiar en él otra vez. ¿Cómo podía decirme que me quería tanto si mientras salíamos se había estado acostando con Claire? Sin embargo, por mucho que deseara echarle sus disculpas a la cara y salvar con ello mi amor propio, yo sabía que era una causa perdida. Porque lo anhelaba, deseaba su cuerpo y su alma, y nunca encontraría la paz sin él. Solo debía tomarme las cosas despacio. No podía precipitarme a una relación en toda regla como la primera vez.

—Podemos intentarlo —dije con indecisión—. Podemos empezar a conocernos otra vez. Ahora somos personas diferentes, podríamos no sentir lo mismo cuando volvamos a estar juntos.

Jackson me atrajo hacia sí metiendo la cabeza entre mi pelo.

—Gracias, Dios. Te compensaré, amor mío. Todo volverá a ser como antes.

Levantó la cabeza mirándome con veneración. Se inclinó sobre mí y me besó delicadamente.

—Necesito estar contigo esta noche, amor mío.

Respondí asintiendo con la cabeza, sin importarme en ese momento lo que me depararía el futuro.

Jackson me tomó en sus brazos y me llevó al dormitorio dejándome con delicadeza sobre la cama. Se tomó su tiempo mientras me besaba el cuello, desabotonaba mi blusa y me salpicaba de besos desde el pecho al estómago. Me contraje anticipando sus caricias, pero él iba mucho más que despacio y mi deseo anhelaba más.

—No soy de piedra, Jackson —le susurré—. No me voy a romper.

Entonces levantó la vista para mirarme, parecía avergonzado.

—Después de la última vez que estuvimos juntos... actué como un animal. Solo podía pensar en marcarte como si fueras mía. No pude soportar verte con otro hombre.

Le así la mano atrayéndole hacia mí de manera que nuestros rostros quedaron pegados y nuestro aliento se mezclaba.

—Estaba enfada pero conmigo misma, no contigo. Estaba furiosa porque no quería perder otra vez la cabeza por ti, no quería desearte tanto que no me importara nada más —dije ladeando mis caderas hacia arriba, frotando mi centro sensible contra la cresta de su pene erecto—. Pero no te preocupes más. También soy un animal cuando estoy contigo. Solo puedo pensar en que quiero que me poseas. Déjame tu marca, Jackson. Soy tuya.

Él gimió, inclinando sus labios sobre los míos en cuanto su control se esfumó. Me deleité con la fuerte presión de su boca, enredando mi lengua con la suya y atenazando mis piernas en su cintura.

—Iremos despacio después, nena. Ahora me es imposible.

—No quiero que vayas despacio —jadeé mientras él me bajaba el sujetador sin molestarse en desabrocharlo por la espalda. Cerró los labios entorno a un pezón, raspando con los dientes el extremo erecto y grité al sentir el calor de su boca disparando mi deseo por todo el cuerpo hasta que fue a concentrarse en mi núcleo central. Entonces le quité la camisa, le quería con la menor cantidad de ropa posible. Él se incorporó para deshacerse de ella antes de prenderse otra vez a mi dolorido pezón. Sentí sus manos desabrochando mis pantalones y bajándomelos junto a la ropa interior. No se molestó en bajármelos hasta el final, pues estaba demasiado concentrado en su meta. Recorrió mi cuerpo y dirigió la cara a mi vulva, succionando el clítoris sin piedad mientras introducía primero uno y luego dos dedos dentro de mí, metiéndolos y sacándolos enérgicamente.

Arqueé las caderas desesperada por liberarme, empujando contra su boca mientras hacía círculos sin parar. Grité con sorpresa y placer al sentir su dedo en el ano, que presionaba contra los pliegues de la abertura con suavidad hasta que sentí la punta de su dedo deslizándose adentro. La humedad provocada por mi excitación le había lubricado el dedo facilitándole el paso. Nadie me había tocado de esa manera, ni siquiera él, y la idea de estar haciendo algo prohibido hizo que mi excitación rebasara los límites.

—Jackson —gimoteé sintiendo que no podía aguantar la sensación de su boca sobre mi vulva hinchada mientras su dedo entraba más profundamente dentro de aquel territorio prohibido y mi cuerpo trataba de aferrarse a él.

—Vamos, nena, vamos —murmuró alentándome mientras continuaba con su asalto—. Córrete por mí, mi amor.

Cuando introdujo todo el dedo humedecido en el ano, metiéndolo y sacándolo con suavidad, haciéndome el amor con él, no pude aguantar más y chillé; los temblores me sacudían mientras la pelvis se convulsionaba una y otra vez.

Después de la última sacudida, Jackson se deslizó apoyándose en mi cuerpo y me besó suavemente.

—No hay nada mejor que escucharte cuando te corres, sentir tus convulsiones contra mi boca.

En cuanto recuperé el aliento, le sonreí con picardía y metí las manos entre nuestros cuerpos bajándolas hasta meterlas en sus jeans. Acaricié su erección por encima del algodón de su ropa interior, disfrutando de sentirle listo para mí.

—Ah, se me ocurre algo mejor todavía.

Él sonrió abiertamente mientras me dejaba que le desabrochara los pantalones y se los bajara con el pie, arrastrando con ellos también su ropa interior; luego di una patada al aire para librarme de los míos. El sentir su falo duro entre mis piernas fue espléndido y aún lo sentía incluso más erótico al notarlo entre mi propia humedad.

—¿Cómo me lo quieres hacer? —le susurré, sintiéndome impúdica y osada—. Nunca me lo han hecho por detrás, excepto tu dedo ahora mismo. Me pregunto cómo me sentiré si me embistes con tu polla por el trasero.

La sonrisa de Jackson desapareció, dando lugar a una expresión voraz que se reflejó en su rostro, lleno de excitación.

—Vamos a descubrirlo —dijo con una voz gutural grave y me dio la vuelta agarrándome por el estómago, levantándome hasta que estuve a gatas—. Primero necesito lubricarme dentro de ti.

Entonces se deslizó en toda su extensión dentro de mi cálida humedad y jadeé al tiempo que la apretaba con mis músculos. Él gimió cuando yo aceleré el ritmo haciendo que su pene se saliera casi completamente y después penetrara de nuevo. Puso la mano abajo, me frotó la vulva, que ya estaba hinchada y sensible del anterior orgasmo, haciéndome retroceder desesperadamente por sus embestidas gozando de aquellas sensaciones. Cuando oí su voz, que se esforzaba en hablar entre gruñidos, con los dientes apretados, ni siquiera recordaba lo que le había pedido antes.

—Mi amor, esto es demasiado bueno. Yo... no sé... si podré dejar tu conejito.

Antes de que acabara la frase, sentí que la sacaba completamente. Gimoteé al notar que perdía todo su miembro y volví a ponerle mi pelvis, desesperada para que la volviera a llenar con ella. Cuando sentí la cabeza de su pene presionando contra la abertura del ano grité. Me relajé de manera automática porque deseaba tenerlo dentro.

—Maldita sea. Está tan tenso. Tan... endiabladamente... tenso. —Jackson gruñía como un animal tras de mí, y mi deseo se encendió—. Nena, dime si te hago daño.

Me eché hacia atrás, jadeando despacio mientras metía la punta del pene dentro de mí. La sensación era extraña aunque de una excitación salvaje, totalmente diferente a cuando él me había metido el dedo en el ano. Encajarla dentro fue difícil, casi me dolió, pero la idea de estar cometiendo aquel acto prohibido con él me enloqueció de deseo.

—¿Estás bien? —me preguntó apretando los dientes.

—Estoy bien. Solo, ve despacio.

Era un proceso tortuoso que oscilaba entre el dolor y el placer, pero ansiaba desesperadamente que Jackson fuera parte de mí. Yo ya estaba sin resuello cuando consiguió meterla del todo enfundada en el condón.

—Mierda —dijo, y me sujetó por las caderas para que no se movieran—. No te muevas o me voy a correr.

No le hice caso y empujé las caderas adelante y atrás despacio haciendo deslizarse en mi ano su miembro erecto. Traté de relajarme completamente, quería que él me tuviera de esa manera, como ningún otro hombre me había tenido. Resultaba tan erótico y emocionante tenerle dentro de mi zona oscura, sentir como si estuviéramos haciendo algo prohibido.

—Quiero que te corras, Jackson. Córrete dentro.

Perdió el control y soltó un grito entrecortado, empujando más adentro y aumentando el ritmo mientras mi cuerpo se acostumbraba. Yo oía el sonido de los cachetes contra mis nalgas cada vez que golpeaba para meterla, mientras sus dedos me seguían frotando enfebrecidamente el clítoris. La presión creció hasta un punto intolerable y al llegar al orgasmo grité, jadeando enloquecida mientras las convulsiones se extendían a mi pelvis. Al embestir por última vez Jackson gritó, su pene se convulsionaba mientras eyaculaba en mi interior.

Me desplomé en la cama sobre el estómago, sintiendo al hacerlo que él salía de mí y caía tendido a mi lado. Entonces me arrimó a él, acariciándome el pelo, con cara de preocupación.

—¿Estás bien? No te he hecho daño, ¿verdad?

Negué con la cabeza, inclinándome sobre él para besarle suavemente.

—No. Me ha gustado. Nunca se me había ocurrido desear hacer esto, pero me parece que contigo quiero hacerlo todo.

Sus ojos se iluminaron intensamente.

—Yo siento lo mismo contigo. Nunca había hecho antes esto con nadie. Ni tampoco lo deseaba. Pero nunca tengo suficiente de ti, quiero tener cada parte de tu cuerpo —dijo, y se detuvo un instante antes de seguir—. Emma, te quiero. Nunca he dejado de quererte.

Le acaricié la mejilla, la barba me raspaba las yemas de los dedos.

—Yo también te quiero, Jackson. Siempre te he querido —dije besándole suavemente—. Y siempre te querré.

Él gimió mientras me apretaba entre sus brazos. Nos quedamos en silencio, enlazados el uno con el otro durante horas, sin querer decir nada que rompiera el embrujo de aquellas confesiones.