ISABEL
El atronador rugido de Marduke retumba en la cámara de Arkarian y nos hace saber que la espera se ha acabado. Ese desquiciante sonido me provoca unos escalofríos que recorren todo mi cuerpo, y noto que a los demás les ocurre lo mismo. Nos miramos unos a otros y comprendemos que ya no podemos esperar más a Ethan y que debemos entrar en batalla en desventaja.
Arkarian nos entrega a cada uno una pequeña botella que contiene un líquido azul.
—Ha llegado el momento. Debéis regresar a vuestras camas antes de que alguien os eche de menos. Llevaos el frasco que acabo de daros; el contenido os hará dormir de inmediato. Ños reuniremos en la Ciudadela, donde nos proporcionarán identidades seguras antes de partir para encontrarnos con Marduke en las Ardenas de mil trescientos cuarenta y nueve. ¿Lo habéis entendido?
Los cuatro nos vamos mientras aún resuenan en nuestra cabeza las instrucciones de Arkarian. Me alegro de que Jimmy me acompañe mientras bajamos por la montaña helada, en dirección a nuestras respectivas camas. Gracias a él tengo la cabeza ocupada hasta que llego a la puerta de mi habitación, donde esboza una sonrisa de ánimo.
—Todo saldrá bien, Isabel.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque confío en la Guardia.
—Yo no los conozco tan bien como tú.
—Te entiendo, pero con el tiempo los conocerás.
—Lo que vamos a hacer esta noche será peligroso, ¿no?
Asiente con la cabeza.
—Sabes que lo es.
—Si nos sucede algo... —De repente se me forma un nudo en la garganta—. Si le sucede algo malo a Matt, a mí y a ti, ¿quién le quedará a mamá?
Mira el frasco que sujeto con fuerza con los dedos y pone su mano sobre la mía y me la aprieta.
—No pienses en eso, Isabel. Tómate el líquido y vamos a rescatar a Matt.
Cuando entro en mi habitación me bebo de un trago la pócima para dormir. Surte efecto al instante. Siento como si acabara de recostar la cabeza sobre la almohada cuando se apodera de mí una extraña sensación de ingravidez.
De pronto me despierto en una habitación de la Ciudadela que me deja sin habla debido a su estridente decoración rosa: se parece muchísimo a cualquier página de los libros de cuentos de hadas que mi madre y Matt me leían cuando era pequeña. Libros que no tenían nada que ver conmigo. Yo quería leer historias de aventuras en las que hubiera animales salvajes y rescates peligrosos y heroicos. Ésas son las cosas que habrían hecho que él se sintiese orgulloso de mí. Este último pensamiento me pilla por sorpresa porque no estaba pensando en mi padre. ¡No!
Una sensación de intensa tristeza se apodera de mí y hace que me entren ganas de tirarme al suelo de rodillas y ponerme a llorar. Arkarian aparece ante mí y me mira con gran compasión. Logra sacarme de mi repentino ataque de melancolía.
—¿Ya estamos todos? —Arkarian estira un dedo y señala un lugar detrás de mí. Me vuelvo y veo a Jimmy, Shaun y al señor Cárter esperando—. Entonces, vamonos.
Arkarian nos conduce a uno de los vestuarios sin decir una palabra, pero por la expresión de su cara sé que es consciente de lo que pienso, del estado de confusión en el que me encuentro. ¿Por qué estoy pensando en un padre que nunca ha formado parte real de mi vida? ¿Por qué ahora?
Acabamos todos vestidos con armaduras medievales, que nos protegen sobre todo el pecho y la espalda. Las piernas se libran del rígido metal, pero aun así están protegidas por unos leotardos de malla fina. Me miro en uno de los varios espejos y veo un reflejo de mí misma y de los demás. Esta vez soy pelirroja y tengo pecas. Los cuatro hombres han tomado sus espadas y las prueban para ver cuánto pesan y cómo se sienten con ellas. Me entra un escalofrío: ¿cuántos de nosotros volverán con vida?
Arkarian me mira a través del espejo y frunce el entrecejo. Obviamente, ha oído vibrar, o probablemente retumbar, mi pensamiento negativo en el aire. Niega levemente con la cabeza y me pregunta cómo me siento con la armadura; me doy cuenta de que intenta distraerme.
Me encojo de hombros e intento que mi pequeño cuerpo se acostumbre a cargar con una mole tan grande y pesada. Al cabo de unos minutos noto que es la armadura la que se amolda a mi forma.
—Estoy bien —le contesto, intentando agarrar mi arma, pero la vaina que cuelga en la cadera está vacía.
Arkarian se acerca hasta mí con una espada en la mano. La tomo y mis dedos se aferran a la empuñadura con facilidad. Es como si hubiera sido hecha a medida para mi mano. Siento una sensación de calor en la palma.
—No soy muy buena con la espalda —digo, y la alzo en el aire y finjo dar una estocada.
Arkarian retrocede y me mira seriamente.
—Esa espada perteneció a Gawain, uno de los caballeros favoritos del rey Arturo. Era bajito, como tú.
—He oído hablar de él. Según cuenta la Historia era muy valiente.
—Oh, sí. Tuve el placer de verlo en acción unas cuantas veces. Me regaló su espada en el lecho de muerte.
Contemplo el arma mientras me pregunto si las palabras de Arkarian serán un presagio.
—¿Murió mientras luchaba con esta espada?
Arkarian se ríe al ver que lo he malinterpretado.
—¡No creo! Falleció a los ochenta y dos años.
—Ah.
Mira la espada que empuño con gran comodidad.
—La empuñadura fue tallada por el mismísimo Merlín y bañada en oro a petición del rey Arturo.
Esa información me deja de una pieza. Le doy vueltas a la empuñadura, maravillada de lo bien que se adapta a mi mano y de lo poco que pesa, aunque, curiosamente, el arma es tan larga como cualquiera de las que he usado para entrenarme.
Arkarian me contempla mientras observo la espada como si esperara descubrir algo.
—Está encantada para que se adapte a la mano de alguien que la empuñe con orgullo.
En ese momento casi se me cae.
—¡Guau! Eso es mucha presión, Arkarian.
—¿Eso te parece? Pues a la espada no. Le gusta tu mano, Isabel. Además, se ha cansado de su antiguo propietario. —Sonríe y caigo en la cuenta de que el antiguo propietario era él—. Casi seis siglos es mucho tiempo para cualquier relación, incluso la de un hombre con su espada —añade, y suelta una pequeña carcajada.
Tiene mucha razón, seiscientos años son muchos. Me sonríe y recuerdo de nuevo que posee la habilidad de saber lo que pienso. Tengo que acordarme de pedirle a Ethan que me enseñe a ocultar mis pensamientos. Si salimos vivos de ésta, claro.
—Ahora es tuya —me dice Arkarian en voz baja.
Me siento honrada e inclino la cabeza, y entonces se me llenan los ojos de lágrimas. ¿Por qué está haciendo esto Arkarian, por qué me entrega su espada? ¿Una espada encantada que ha tenido durante cientos de años y que le regaló un gran caballero muy respetado en su lecho de muerte? Arkarian me alza la cabeza con una mano; nuestros ojos tropiezan y se aguantan la mirada, castaño contra violeta. La habitación gira durante un instante y luego desaparece, como si en mi campo de visión no hubiera nada más que los ojos violeta intenso de Arkarian.
Lentamente nos damos cuenta de que Shaun está a nuestro lado.
—Marduke está cada vez más inquieto.
Arkarian asiente con la cabeza y rompe nuestro momento.
—Entonces debemos apresurarnos.
Sigo a los demás y me acerco a la puerta abierta. Uno detrás de otro, saltamos a un bosque oscuro y denso, cinco en lugar de seis, para luchar contra un guerrero amargado y traidor que ha vivido los últimos doce años con la única esperanza de que llegara este instante. Me pregunto si estamos lo bastante preparados, y también se lo pregunto a Arkarian en cuanto aterrizamos en tierra firme. Apenas me han contado algo del plan que han estado trazando, no sé si ha sido a propósito o no.
—Es un buen plan, Isabel. Tú debes llevar a cabo tu parte.
—Pero sólo me habéis contado la parte que me afecta. «Apartar a la mujer guerrera y ocuparme de ella.» Puedo hacer mucho más.
—Y lo harás, cuando te hayas ocupado de la mujer tal y como te he pedido...
—Debo desenmascararla.
—Sí. Es la principal espía de Marduke. Sospecho que sus ojos, su único rasgo identificable, están escondidos bajo una fina máscara facial que oculta la forma y quizá incluso el color. Quítale la máscara y huirá. Así tendremos que enfrentarnos a un enemigo menos. Tiene un puesto demasiado valioso como para que Marduke se arriesgue a revelar su identidad. Estoy seguro de que habrá recibido estas instrucciones. Sin embargo, no será fácil. Su máscara será fina como la piel y probablemente estará estirada de oreja a oreja.
—De acuerdo. Pero ¿qué pasa con Marduke? ¿Cómo lo venceremos sin hacer daño a Matt?
Duda un instante.
—No es que queramos ocultarte el plan, Isabel, es que queremos que te centres en tu parte.
—¿Por qué tenéis tan poca fe en mí?
—No es eso.
Me está dando largas a propósito.
—Ojalá pudiera leerte el pensamiento, Arkarian. ¿No merezco formar parte de este plan? La vida de Matt está en peligro. Podría estar muriéndose ahora mismo porque su cuerpo está fuera del tiempo que le corresponde. Es inocente. Y yo también lucharé; si no, ¿por qué me has entregado la espada?
Se detiene sin acabar de dar un paso, se vuelve y me mira. Está oscuro, pero la luna, aunque sólo se ve la mitad, ilumina la cuesta para mí.
—Aunque mi primer instinto es protegerte, Isabel, porque tienes poca experiencia, no es ése el motivo por el que no te he contado el plan.
—Continúa.
Se queda en silencio, como si estuviera meditando si soy capaz de enfrentarme a la realidad o no. De repente se me ocurre que a lo mejor no tienen un plan..., pero no, he oído cómo trazaban uno. Tienen algo en mente. Jimmy incluso ha desaparecido un rato para hacer un encargo urgente.
Creo que por fin entiendo lo que ocurre, lo cual me deja sin respiración y tengo que hacer grandes esfuerzos para no ahogarme.
—El éxito de vuestro plan depende de Ethan, ¿no?
No dice nada durante un rato. Su silencio me produce escalofríos.
—No del todo.
Me río en tono burlón.
—Estáis confiando en alguien que puede que ni aparezca. Mi hermano está perdido.
Seguimos avanzando por el espeso bosque sin hablar mientras intento convencerme a mí misma de que debo ser más positiva. Ethan aparecerá. ¡Tiene que aparecer! Pero no puedo quitarme de la cabeza los pensamientos negativos.
—Ethan no conoce el plan, así que ¿cómo va a ayudarnos aunque llegue aquí?
Arkarian suspira y responde:
—Isabel, ten fe. A Ethan no le va a costar nada. Es muy bueno en lo que hace.
—¿Adonde ha ido antes Jimmy?
—Tenía que encontrar a alguien, a una chica, y grabar una imagen de ella en su cabeza para pasársela luego a Ethan.
—¿Quién es? ¿Qué tiene que ver con todo esto?
Levanta la mano para hacerme callar cuando de repente nos encontramos en un pequeño claro. Yo me aferró a mi pregunta. Tengo la sensación de que lo averiguaré dentro de poco, si consigo sobrevivir a esta batalla. No me resulta fácil olvidarme de las amenazas y los suplicios a los que nos ha sometido Marduke. Sea por el motivo que sea, también me quiere matar a mí.
Levanto la mirada y gruño porque con la ayuda de mi don de la vista puedo ver claramente a Matt, un poco más hacia delante. Está de pie sobre una plataforma improvisada, atado a un árbol enorme, con la cabeza inclinada hacia un lado, inconsciente o sumido en un sueño profundo, y tiene una parte de la cara hinchada y manchada de sangre, y la piel muy pálida con un tono verde estremecedor. Lo más raro de todo son los varios círculos oscuros que tiene en la piel que queda a la vista, como si se le hubieran formado pequeños coágulos. Pero lo peor de todo es que bajo la pequeña plataforma hay un montón de madera, puesta de cualquier manera, de casi un metro de alto, listo para arder.
Me estremezco al verlo, ya que junto a él hay cuatro guerreros de Marduke, dos a cada lado, con la mano en la empuñadura de sus espadas y las piernas ligeramente dobladas, escrutando los alrededores. Compruebo que aún no pueden divisarnos. Pero hay alguien que sí.
—¡Ah, por fin! ¿Por qué habéis tardado tanto? —Marduke aparece ante nosotros con la mujer guerrera a su lado—. ¿Esperabais a alguien? —dice en tono burlón con su voz áspera y ronca.
No le presto atención y me concentro en la guerrera enmascarada, a la que se supone que debo acorralar. Mientras la miro me invade una extraña sensación de familiaridad, pues en ella reconozco a la mujer que intentó envenenar a Abigail Smith, y a la sirvienta que intentó envenenarme a mí en la mesa del rey Ricardo. El veneno debe de ser su especialidad.
Cuanto más la miro, más evita ella el contacto visual. Eso me extraña, pues al fin y al cabo lleva una máscara que le oculta los ojos. Luego noto algo más: la mujer está nerviosa y parece que tiene miedo. Pero ¿de qué? ¿Cree que la reconoceré si la miro a los ojos? No son sus ojos lo que la delata, sino su sutil perfume de flores. Ya lo huelo. Sin embargo, no puedo precipitarme a sacar conclusiones. ¿Y si me equivoco? Esta noche, un error de juicio podría costar una vida. Pero si mis sospechas son ciertas, ¿cómo puede estar esta mujer aquí, dispuesta a defender a su maestro, cuando el chico al que afirma amar está listo para ser ejecutado?
De repente Marduke ruge y casi me destroza los tímpanos; pero lo único que se me ocurre es: «Bueno, a lo mejor Ethan lo oye y viene corriendo.» ¿Por qué tardará tanto? Tras el bramido detecto movimiento en los árboles. Miro hacia arriba y a mi alrededor. De los árboles han surgido más guerreros, doce como mínimo. Saltan al suelo y nos rodean rápidamente, mientras los cuatro que vigilan a Matt se quedan donde están.
Me enfado conmigo misma; ¿por qué no me he dado cuenta? Con mi don de la vista podría haber advertido fácilmente el ejército que Marduke tenía en los árboles si se me hubiera ocurrido mirar. Pero estaba tan preocupada por Matt, y tan centrada en la espía de Marduke, que he permitido que ese Monstruo nos engañe y que caigamos en su trampa.
Marduke sonríe con su media boca y su ojo amarillo brilla de regocijo.
—Nunca has jugado limpio —le espeta Shaun. Me asombra que sea capaz de mantener tan bien la calma.
Resulta obvio que nuestro plan está condenado al fracaso. Los guerreros desenvainan sus espadas y forman una especie de rueda de Santa Catalina a nuestro alrededor, listos para atacar. No tenemos ni una oportunidad de vencer. Todos vamos a morir a manos de este loco que ha tenido tiempo de sobra de planear esto: ¡doce años enteros!
Bueno, si voy a morir aquí, prometo hacer una cosa antes: desenmascarar a esa traidora, aunque sea con mi último aliento de vida. Con ese único pensamiento en la cabeza, yo también desenvaino la espada. La espía se vuelve, con su arma en la mano, y empieza la pelea.
Marduke lanza una larga mirada a la mujer, que sale del círculo para asegurarse una salida rápida en caso de necesidad. Ahora nos encontramos entre los guerreros que han saltado de los árboles y los cuatro que vigilan a Matt. Por el rabillo del ojo veo que mi hermano comienza a moverse.
—No te despiertes —murmuro para mí.
Sería mucho mejor que muriese tranquilo, sin tener que presenciar cómo matan a su hermana. Entonces gruñe algo y me doy cuenta de que padece tanto dolor que lo siente a pesar de estar inconsciente. No puede seguir fuera de su propio tiempo durante mucho más; si no, se morirá igualmente.
—¿Cómo quieres que te llame, enmascarada? —le pregunto a la espía mientras la obligo a retroceder.
Sus estocadas son largas y es muy hábil con la espada, pero su respuesta me pilla por sorpresa.
—Eres tan inocente, Isabel...
Sabe quién soy. Intento no parecer muy asombrada; por lo menos ahora estoy segura de que es Rochelle.
—¿Cómo me conoces?
—Vi que Ethan usaba sus poderes en clase para impresionarte. A partir de ahí, no me costó demasiado deducir que eras uno de ellos, sobre todo cuando empezaste a pasar tanto tiempo con él. Matt no me hablaba de otra cosa.
—Entonces no fue Marduke quien te lo dijo.
Ella pone los ojos en blanco.
—Marduke habla muy poco. Casi nunca dice nada. Centra todos sus esfuerzos en la venganza y en complacer a la Diosa.
—¿Por qué trabajas para Marduke?
—Lo dices como si fuera un trabajo al que envié mi curriculum. ¿Crees que fue idea mía ser su espía?
Aflojo un poco la mano con la que agarro la espada, pero ésta se me queda pegada a la palma como por arte de magia. Rochelle tira una estocada de nuevo y me obliga a retroceder tres pasos. Noto que quiere que entienda sus motivos, o a lo mejor sólo es una táctica para que no me concentre totalmente. Un pequeño fallo y podría clavarme el arma.
—Primero me tentó, me hizo creer que había nacido para ser como él.
Intento mantener la concentración a la vez que la hago hablar.
—¿Y no ves que ya no es así?
—No soy tonta, Isabel. Mira a Matt. ¿Crees que quiero esto? Está agonizando, se está muriendo ante nuestros ojos.
La emoción con la que se expresa parece real.
—Entonces deja a Marduke. Arkarian te protegerá.
Se ríe al oír mi sugerencia.
—Marduke me matará.
—No si lo matamos antes.
—Tiene otros jefes. Nunca estaría a salvo.
—Arkarian lo solucionaría de alguna manera.
Me mira fijamente a la cara.
—¿Estás loca? Hablas como si pudierais ganar esta batalla. No podéis, Isabel. Marduke es muy astuto, y sus superiores aún más. La Diosa está encantada con él.
—Pero es tan...
—¿Feo? ¿De dónde crees que saca sus fuerzas? De lo desagradable, de la guerra, del horror... Lo hacen más fuerte, más rico, más feliz. Y dentro de poco apenas quedarán miembros de la Guardia para defender el pasado. Todo cambiará. El mal en forma de plagas, guerra y odio asolará el mundo. La Orden reinará sobre todos. ¿Qué puede hacer una persona? —Se responde ella misma—. Nada, Isabel. Nada.
Sin embargo, Rochelle está equivocada. ¿No comprende que importan todas las personas? ¿Que mientras ella trabaje para la Orden, sus miembros serán más fuertes?
—Tú eres la que se equivoca, Isabel —añade entonces.
—¿Qué? Yo no he dicho nada.
—No, pero aun así te he oído. Soy una Vidente.
—¡Oh, no! ¿Siempre que hemos hablado has oído mis pensamientos?
—No sólo los tuyos.
Sé de quién habla. De Ethan, por supuesto. Así debieron de empezar los problemas entre él y mi hermano, lo que al final acabó con su amistad.
—Exacto —confirma ella—. Ethan siente algo por mí, aunque ahora no es más que odio y asco. Pero hace un tiempo, incluso cuando ya era novia de Matt, siempre que nos veíamos, sabía que Ethan me quería.
—Nunca habría hecho daño a propósito a Matt.
—No lo hizo. Mantuvo sus pensamientos bajo control. Pero no podía quitárselos de la cabeza. Cómo me habría gustado... —Niega con la cabeza y deja de mirarme, lo que le provoca una pérdida de concentración. Es una oportunidad que no puedo dejar escapar. Arremeto con fuerza contra ella y la obligo a meterse en el bosque. Choca de espaldas contra un árbol y la desarmo de un fuerte golpe. Su espada sale volando por los aires. Yo la apunto a la garganta con la mía—. Fue un plan —susurra, y por primera vez se muestra asustada.
—¿Qué plan?
—De Marduke. Romper su amistad. Hacer que Matt se enamorara de mí.
—Por tu vida, dime por qué.
—A Marduke le gusta hacerle daño a la gente, hacer cualquier cosa con tal de que sufra, sobre todo a Ethan, a su padre o quien sea si está relacionado con ellos. Es su venganza. Le nubla el juicio. —Lo entiendo, pero ¿cómo puedo confiar en ella cuando ha admitido que se ha convertido en una traidora a causa de su debilidad de espíritu? Se pone de puntillas para poder respirar cuando mi espada le toca el cuello—. ¡No me mates! Aún puedo ser útil esta noche.
—Tu misión ha acabado. No desafíes a la suerte.
—Escucha, yo estaba confusa cuando Marduke apareció por primera vez. Me enseñó cosas, por ejemplo, cómo mi padre pegó a mi madre hasta matarla. Me dijo que como la mitad de mis genes eran heredados de mi padre, había nacido para formar parte de la orden del Caos, que era mi destino. Al principio no lo creí. No quería. Intenté no hacerlo. Pero era vulnerable, y el poder es el alimento de los débiles. —Recuerdo lo trágica y dura que fue la infancia de Rochelle al tener que vivir con un padre violento. Pero, aun así, si permito que se vaya, ¿cómo sé que no se volverá e intentará matarme con un arma que puede llevar escondida en algún lugar?—. No puedo demostrarte que no te haré daño. Tampoco me creerías. Sin embargo, si logras confiar en mí, de alguna forma..., de alguna forma te demostraré que tu fe ha valido la pena.
Lo pienso con sumo cuidado, aunque empiezan a dolerme los brazos de tener que aguantar la espada durante tanto tiempo a esta altura. Le rasgo la piel del cuello con la punta y le sale un hilo de sangre. Me está pidiendo que la deje ir, pero ¿cómo puedo hacer eso? Para empezar, si está diciendo la verdad, Marduke se dará cuenta de que se ha vuelto contra él y probablemente la matará de inmediato. Entonces se me ocurre una solución. Una solución que le permitirá elegir. De ella dependerá la decisión de qué hacer con su vida. Todo el mundo merece una segunda oportunidad, ¿no?
De repente me acuerdo de que Rochelle intentó envenenarme en el pasado, cuando estaba con Ricardo II. Sabía quién era yo y aun así...
—Era mi trabajo. Si no lo hubiese hecho me habrían denunciado. En esa misión no estaba sola. Pero en la copa no había suficiente veneno para matarte, Isabel. Sólo el justo para que te sintieras mal durante un rato.
Asumo el riesgo de creerla. Clavo un poco la punta de la espada bajo su oreja izquierda y rasgo la fina máscara que lleva puesta, que se levanta y cae, incluidas las lentillas de color, y deja al descubierto los brillantes ojos verdes de Rochelle. Tiene la cara roja y algo irritada.
Como ahora no hay nada que proteja su identidad, Rochelle tiene la bendición de Marduke para huir. Da un paso atrás y hace un gesto con la cabeza apenas perceptible antes de desaparecer en el bosque.
No tengo ni un segundo para analizar si he hecho lo adecuado o no. Arkarian me llama:
—¡Apresúrate, te necesitamos aquí!
Vuelvo al claro rápidamente y lo que veo me deja asombrada y sin aliento. Muchos de los guerreros están muertos o heridos en el suelo. El propio Marduke se encuentra junto a Matt con una antorcha encendida en la mano, listo para prender la madera que hay a los pies de mi hermano. Los guardias que había a ambos lados de la pira están luchando ahora contra Arkarian, el señor Cárter y Shaun. Entonces descubro por qué me ha llamado Arkarian. Es Jimmy, que está en el suelo muy quieto, medio apoyado en un tronco. Tiene una herida muy profunda en un muslo, que le sangra a raudales.
Me acerco hasta él, le aparto los dedos del corte y le paso una mano por la cara empapada en sudor. Se nos acerca un guerrero con la espada en alto, pero Shaun atrae su atención en el acto y se enfrenta a dos a la vez. Me pongo manos a la obra de inmediato para curar a Jimmy. Ha perdido mucha sangre y tardo unos minutos en empezar. Justo cuando pienso que es una tarea imposible, que las células no se curarán, empiezan a moverse a mi voluntad. Primero sello la herida para que no pierda la poca sangre que le queda, y luego le reparo los tejidos dañados, los músculos, los tendones y los vasos sanguíneos.
—Buen trabajo —me dice, y recupera las fuerzas con una velocidad increíble. Se levanta apoyado en mí y comprueba qué siente en la pierna recién sanada. Como puede aguantar su peso, sonríe y asiente aliviado—. ¡Te debo una, tesoro mío! —exclama.
A continuación desenvaina la espada y regresa a la batalla. A pesar de todo, aún nos superan en número. Los duelos son de dos y hasta de tres contra uno.
De repente Shaun acaba con los dos a los que se estaba enfrentando y se vuelve hacia Marduke, que sigue sosteniendo la antorcha a los pies de Matt en pose amenazadora.
—Como esa llama entre en contacto con la madera, te cortaré la cabeza, tal y como debería haber hecho hace doce años.
Marduke se ríe y le lanza la antorcha a uno de sus guerreros. Creo que aún se parece a lord Whitby.
—Aguanta esto —le ordena—. Vendré a encender la hoguera dentro de poco. —Y a Shaun le dice—: Ya es hora de que ajustemos cuentas, amigo.
Empieza el duelo, pero es injusto desde el principio porque Marduke está fresco: él todavía no se ha enfrentado a nadie, mientras que Shaun ya ha peleado con muchos guerreros. Eso también formaba parte de los planes de Marduke.
De pronto Matt murmura algo y mueve la cabeza como si se estuviera despertando. ¿Qué más puede salir mal? Me giro desesperada y me pregunto por qué Ethan tarda tanto. Sigo con gran interés el duelo que mantienen Shaun y Marduke. El padre de Ethan abandonó la Guardia para evitar esta pelea. Los demás también se han detenido para observar y han formado un círculo para no perder de vista a sus respectivos contrincantes.
Marduke domina la situación desde el principio. Shaun se defiende tan bien como puede, pero es evidente que está cansado. El combate parece eterno, pero entonces Shaun hiere al monstruo en el hombro derecho, que empieza a sangrar.
Marduke sacude la cabeza, profiere un fuerte gruñido y contraataca con unas ansias de venganza que nos dejan a todos asombrados. Las espadas entrechocan ferozmente. Shaun se ve obligado a retroceder. Está claro que está perdiendo, pero cuando llega el ataque final, ocurre tan rápido que nos sorprende a todos. Shaun se apoya en una rodilla. A pesar de que está maltrecho, intenta ponerse en pie de nuevo, pero Marduke se abalanza sobre él y le apunta con la espada al pecho. Atraviesa la armadura de Shaun con un movimiento rápido y se la clava hasta el fondo.
Shaun da un grito ahogado y su espada resuena al caer al suelo. Voy corriendo hacia él, y con la ayuda de Jimmy le extraigo la espada y le quitamos la abollada armadura. Le pongo las manos en el pecho para intentar detener la grave hemorragia mientras empiezan a funcionar mis habilidades curativas. Pero como aún estoy débil después de haber curado a Jimmy, Shaun empeora a pasos agigantados.
Marduke nos mira con su media sonrisa de satisfacción.
—Por fin —murmura.
Intento no hacer caso del odio y la amargura que emanan de ese hombre despiadado que me mira desde detrás, le aprieto el pecho con fuerza a Shaun y empiezo a ver la enorme cantidad de trabajo que tengo que hacer para sellar la herida primero y curarle el corazón y toda la zona dañada después.
Pero Marduke intenta distraerme. Vuelve a agarrar la antorcha, me llama, me provoca para que vea cómo prende la madera que hay a los pies de mi hermano.
Un alboroto repentino atrae mi atención. Los guerreros se mueven en el claro. Hay una nueva figura entre ellos. ¡Ethan! Por fin aparece. ¿Dónde ha estado? No da la impresión de tener mucha prisa. Se acerca a Marduke con paso seguro sin hacer caso de nadie, aunque cuando pasa cerca de mí lanza una mirada a su padre, que está tumbado en el suelo boca arriba y sigue sangrando por la grave herida que yo intento tapar con mis manos. Sus ojos revelan con un destello el dolor y el sufrimiento de un niño que sabe que en cualquier momento podría perder a uno de sus seres más queridos: a su propio padre.
—Llegas demasiado tarde, esto ya casi ha acabado —le dice Marduke en tono sarcástico mientras sostiene la antorcha a unos centímetros de los troncos.
—Ya, pero no demasiado tarde para enseñarte esto.
Con la vista fija en Marduke, Ethan levanta una mano y traza un semicírculo en el aire de manera espectacular. Ante nuestros ojos aparece una brillante cúpula de luz, y dentro se genera la imagen de una chica muy guapa. Ella mira hacia arriba y a los lados de la cúpula. Su cara muestra el estado de confusión en que está sumida.
—¿A qué juegas? —le pregunta Marduke a Ethan.
—¿No te suena de nada? —replica él en tono burlón.
Marduke acepta el reto y observa con detenimiento a la chica. Entonces mueve la cabeza hacia atrás bruscamente.
—¡No puede ser! —susurra.
—Es tu hija —anuncia Ethan con grandilocuencia a la vez que se inclina—. Neriah.
«¡Cura!», me ordeno a mí misma para concentrarme en sanar las células dañadas del pecho de Shaun, en visualizar cómo se sellan las venas, cómo regresa la sangre a los tejidos dañados. A medida que el proceso avanza, me pregunto si mis esfuerzos llegan demasiado tarde, ya que el padre de Ethan ha perdido muchísima sangre. Trato de concentrarme con todas mis fuerzas, pero la antorcha que hay a los pies de Matt, su piel cada vez más oscura, y esa inesperada aparición de aspecto tímido me tienen hipnotizada. Me obligo a centrarme en dos cosas: en curar a Shaun, algo que estoy haciendo con una fuente interior de energía que no había detectado hasta ahora; y en observar lo que ocurre a mi alrededor.
Ethan saca mentalmente el puñal que tiene escondido en la bota, hace que vaya a parar a su mano, y con un rápido movimiento atrapa a la chica que hay dentro de la cúpula. La saca, la aprieta con fuerza contra su pecho y le pone el puñal en la garganta.
Fuera de la cúpula, la chica parece muy real. Trata de escapar y tiene los ojos muy abiertos a causa de la confusión y el pánico. Ethan la sujeta con más fuerza. Aparece un hilillo de sangre en el cuello, donde le ha clavado demasiado el puñal. La chica grita.
—¡No! —chilla Marduke, que sorprendentemente se toca el cuello—. ¡Suéltala!
—No lo haré hasta que tires la antorcha —responde Ethan sin vacilar. Nunca lo había visto tan seguro. ¿Qué le ha pasado? ¿Dónde está el chico que acostumbra a actuar a lo loco? Tiene un aire de gran serenidad—. Si no obedeces, no volverás a ver a los de tu sangre.
Marduke baja la antorcha un poco.
—¿Dónde la has encontrado? Yo la he buscado por todas partes desde aquel día, hace doce años, cuando su madre me la arrancó de los brazos.
—La han cuidado bien. Sólo tenías que esperar. Es evidente que acabaría en Verdemar; era cuestión de tiempo.
—¿Es una elegida? —pregunta Marduke con incredulidad y cara de asco—. ¿Por la Guardia?
—Entrará en la Guardia dentro de poco —afirma Arkarian.
De pronto Marduke se echa a reír con gran desprecio.
—¿Creéis que lo permitiré?
Arkarian se encoge de hombros.
—No tienes otra opción.
—Durante estos últimos doce años he visto otro mundo y he aprendido muchas cosas, viejo amigo. Esta vez tengo muy claro a quién debo lealtad. Tan sólo le soy fiel a la Diosa. Me ha hecho muy feliz.
Ethan tensa los brazos, como si fuera incapaz de creer lo despiadado que es el hombre que tiene ante él.
—¿Qué estás diciendo?
Marduke mira a Ethan.
—Lo que digo es que no dudaría en matar a mi propia hija con tal de alejarla de vuestras manos.
Ethan respira profundamente.
—Durante todos estos años, nunca te he considerado un hombre. Y tenía razón.
—¿Entonces que soy?
—En mis sueños eras un monstruo. Pero en realidad eres algo mucho peor.
Marduke me observa mientras me esfuerzo por salvarle la vida a Shaun.
—Malgastas tus fuerzas con él, chica. Quizá algún día llegues a tener la habilidad, pero hoy eres demasiado inexperta. Se va a morir, tal y como debería haber muerto antes de hacerme esto —afirma levantando una de sus gruesas manos para tocarse el lado dañado de la cara, surcado por unas zigzagueantes cicatrices que van desde la parte superior de la frente hasta el profundo abismo de su mandíbula.
Y tras pronunciar esas furiosas palabras, Marduke lanza la antorcha al centro de la pira que hay bajo los pies de Matt y se arroja hacia la chica que Ethan aún agarra con los brazos.
Sorprendido por el repentino movimiento de distracción, Ethan suelta un poco a la chica, de forma que Marduke la atrapa y la abraza con fuerza.
—¡Neriah! —le susurra al oído.
La madera empieza a arder, provoca el caos en el claro y que mi corazón lata desbocado.
—¡Noooo! —grito.
Pierdo la concentración y me levanto para correr en dirección a Matt. Arkarian me obliga a agacharme de nuevo, me toma las manos y me las pone sobre el pecho de Shaun.
—¡Cura! Ya casi has acabado y eres sanadora, Isabel.
—Pero ¿y Matt?
—Ethan y Jimmy lo salvarán.
Levanto la cabeza y veo que Ethan y Jimmy corren hacia el fuego. Miro brevemente a Shaun, que tiene el corazón herido bajo mis manos, y me pregunto si de verdad estoy a punto de curarlo.
—Marduke dice que no soy lo bastante fuerte para salvarlo.
—No hagas caso del veneno que sale de la boca de Marduke. Sigue con tu trabajo, Isabel. A ese monstruo se le ha olvidado mencionar qué más ha aprendido en la Orden: a mentir, engañar y embaucar. Si crees en ti misma podrás curar a este hombre. Sin ti, seguro que se muere.
Sin embargo, pierdo rápidamente toda la concentración para curar cuando, de pronto, Ethan da media vuelta sin tan siquiera intentar salvar a Matt. Me entran escalofríos cuando veo que saca su puñal, lo agarra con firmeza y se abalanza sobre Marduke, como si estuviera poseído por un poder y una fuerza que intimidarían al propio monstruo. Arremete contra el gigante, al parecer sin preocuparse por su propia seguridad, y a causa del golpe Marduke suelta a Neriah. En ese mismo instante, Ethan la agarra y la lanza a la cúpula de luz. La chica cae al suelo y desaparece.
Marduke mira el lugar donde estaba su hija y ruge, pega zarpazos al aire, furioso, como si su hija fuera a regresar gracias a eso. Atónita, no puedo dejar de mirar cómo ese hombre se pone a cuatro patas y empieza a cavar en la tierra, en el lugar donde desaparecen los últimos rayos de la cúpula de luz de Ethan.
Lentamente, Marduke admite la desaparición de su hija. Se pone en pie tambaleándose, abre los brazos y su cara deforme se crispa. Busca a Ethan con la mirada, y cuando lo encuentra profiere un rugido que hace temblar la tierra. Para sorpresa de todos, abre los brazos tanto como puede y sus dedos empiezan a brillar con vetas de intensa luz azul, como si las venas se hubieran vuelto luminosas. Y como si fueran relámpagos, unos rayos luminosos destellan en las puntas de los dedos a la vez que provocan unos sonidos estridentes.
Arkarian grita a Ethan para avisarlo, pero éste se le ha adelantado, pues ya se abalanza sobre Marduke y le clava el puñal en lo profundo de la garganta. Marduke grita y agarra a Ethan con fuerza, pero él aguanta y lo apuñala una y otra vez.
Y mientras a Marduke se le escapa la vida, Jimmy y el señor Cárter se esfuerzan al máximo por deshacer la pira que arde y llegar hasta Matt. Yo intento concentrarme en las heridas que hay bajo mis manos y noto en un nivel superior que estoy cerca, mientras intento ver a través de las llamas, cada vez más grandes e intensas. Pero el fuego es demasiado fuerte. Deben de haberle echado algo a la madera para que arda tan ferozmente. Las llamas siguen creciendo e impiden que alguien se acerque a Matt.
—¡Ayudadlo! —grito mientras sigo tratando de curar a Shaun.
De repente unas manos toman las mías. Miro y descubro que son las de Shaun, que me aparta lentamente.
—Eres una superdotada —me susurra, al parecer completamente curado—. Siempre estaré en deuda contigo.
Arkarian lo ayuda a levantarse, así que ahora ya puedo correr hacia el fuego, pero cuando llego a él todo el mundo está quieto observando el lugar donde debería estar el cuerpo calcinado de mi hermano. Se limitan a mirar, y ahora entiendo el motivo. Matt no está. En el árbol no hay nada, salvo las llamas que saltan y bailan alrededor del enorme tronco.
Arkarian se me acerca por detrás.
—¿Quién lo ha hecho?
Ethan se acerca hasta nosotros, tan confundido como los demás.
—No lo sé, pero Marduke está muerto.
—¿Estás seguro? —le pregunta Arkarian.
Al oír esa pregunta, todo el mundo se vuelve hacia el cadáver que está tirado en medio de un charco cada vez más grande de su propia sangre. Mientras lo observamos, el cuerpo de Marduke empieza a desaparecer.
—Ha muerto fuera de su tiempo. ¿Qué significa eso? No puede regresar, ¿no? —pregunto.
Ethan y Arkarian se miran de una forma muy extraña y no dicen nada. Los guerreros de Marduke que siguen con vida se acercan, pero en el lugar donde se encontraba el cuerpo de su jefe hace unos segundos sólo queda hierba manchada de sangre. Entonces se dan cuenta de que está muerto y ha desaparecido. De modo que se retiran lentamente, buscan a sus muertos y sus heridos, y desaparecen por el bosque.
Shaun se detiene en el sitio donde se ha desvanecido el cadáver de Marduke y me responde.
—Lo que eso significa, simplemente, es que se han acabado nuestros problemas con Marduke. Nadie puede volver de entre los muertos, Isabel.
Ethan aparta la mirada de Arkarian, me toma de la mano y señala las llamas que hay ante nosotros.
—Tienes que aprender a confiar más, Isabel.
Creo que ahora mismo sus palabras son insensatas.
—¿De qué estás hablando? ¿Dónde está Matt? ¿Dónde está por lo menos su cadáver?
—Aquí... Aquí estoy. Pero ¿quiénes sois vosotros?
Me giro, ya que la voz cansada de mi hermano surge por detrás de mí. Parece estar exhausto, maltrecho, amoratado y verde, todo en uno, aunque afortunadamente respira. Jimmy y el señor Cárter lo ayudan a andar y sujetan casi todo su peso.
—¿Cómo has escapado? —le pregunto, y entonces me acuerdo de que aún estamos en el pasado y de que Matt nos está viendo como los extraños que la Ciudadela ha creado para mantener en secreto nuestras identidades.
—Me ha liberado Rochelle. Ahora se ha ido, ha dicho que tenía que desaparecer durante una temporada. No entiendo lo que está ocurriendo. ¿Podría explicármelo alguien, por favor?
No puedo aguantar más y empiezo a gritar y a saltar de alivio. Mi hermano está sano y salvo, aunque parece más bien un cadáver al que acaban de desenterrar. Recorro la corta distancia que hay entre los dos, me lanzo sobre él y le doy un fuerte abrazo. Jimmy y el señor Cárter tienen que sujetarlo con más fuerza para que no se caiga al suelo.
Matt intenta respirar profundamente y luego me aparta un poco.
—¿Te conozco?
Lo miro a los ojos, que son castaños como los míos, y él me observa asombrado.
—¿Isabel? —Asiento con la cabeza y sonrío porque me cuesta demasiado hablar. El toca mis largos rizos—. ¿De dónde sale esta melena pelirroja? —Me observa la cara atentamente—. ¿Y qué es esto? ¿Pecas?
—Es una historia muy larga y no estoy muy segura de si puedes oírla —dice Ethan, que mira a Arkarian.
—Yo no me preocuparía mucho por eso —responde Arkarian enigmáticamente—. Nuestra prioridad es que Matt recupere la salud.
Matt contempla a Arkarian y frunce el entrecejo.
—Yo te conozco. Eres el que se llama Arkarian, ¿no?
—Sí. ¿Cómo lo sabes?
—Tus ojos son tal y como los describió mi hermana en un sueño.
Arkarian me mira, pero yo me estoy sonrojando tanto que es como si todas mis pecas se hubieran juntado. Bajo la mirada rápidamente.
—¿De verdad? —pregunta Arkarian con curiosidad—. ¿Y qué dijo exactamente?
—Perdón —los interrumpo—. No creo que esto sea necesario. Matt está herido. ¿No deberías hacer algo?
Por una vez mi hermano no se queja.
—Haz lo que tengas que hacer, Arkarian, pero antes dime lo que está ocurriendo —exige, y luego mira a Ethan—. Creo que a ti también te conozco.
Ethan esboza una sonrisa.
—Así es, amigo, pero seguramente desearías no conocerme.
—¿Ethan? Bueno, debería habérmelo imaginado. —Matt se fija en la ropa de época de Ethan, y hasta en sus ajustadas mallas—. Te quedan muy bien. Deberías ponértelas más a menudo.
Esta conversación me está volviendo loca.
—¿Cuánto has visto? ¿Cuándo has recuperado la consciencia?
Matt me mira divertido.
—Para que no siguieras torturándote, podría decirte que he recuperado el conocimiento cuando las llamas empezaron a llegarme a los pies, pero eso sería una mentira.
—¡Ah! —exclamo con un chillido.
—Me he despertado cuando Rochelle empezó a aflojarme las cuerdas. Me dijo que no llamara la atención, así que me quedé callado, lo que resultó más difícil cuando apareció Ethan. Por cierto —dice bruscamente mirando a Ethan—. ¿Dónde está esa chica de la luz? Hace un rato estaba aquí, pero luego ha desaparecido.
—Está a salvo. ¿Por qué?
Matt frunce el entrecejo.
—Por nada. Siento como si la hubiese visto antes, o... —Se encoge de hombros, gruñe y se inclina a causa de una repentina punzada de dolor—. No sé. Tengo esa sensación, ya está, es como si todos nos conociéramos. —Se vuelve hacia Jimmy y luego hacia el señor Cárter—. ¿También debería conoceros a vosotros dos?
Arkarian les quita a Matt de las manos, aguantando casi todo el peso de mi hermano con un hombro.
—No nos queda tiempo para jugar a las adivinanzas. Deben curarte.
Antes de que Arkarian se lleve a Matt a algún lugar, le pregunto:
—¿Qué le va a pasar? Nos ha visto hacer ciertas cosas.
Arkarian responde tranquilamente:
—A lo mejor tenemos que matarlo.
—¡Qué! —Pero entonces se ríe y sacude la cabeza—. Tienes que mejorar tu sentido del humor, Arkarian —le espeto, aunque sé que tan sólo intentaba aliviar la tensión que aún siento.
Entonces me explica en un tono amable:
—Debo llevar a Matt a una sala especial de la Ciudadela para curar su cuerpo mortal. Me costará bastante tiempo, por lo que tendrás que inventarte alguna excusa para tu madre. Matt podría tardar varias semanas en volver, según la medición del tiempo mortal.
—De acuerdo. Pero ¿qué le va a ocurrir cuando esté curado?
—La verdad es, Isabel, que después de tu increíble demostración de poderes curativos, te garantizo que ya no serás la aprendiza de nadie. Y cuando Matt esté bien, será iniciado como el nuevo aprendiz de Ethan, ya que tu hermano también es un elegido.
—¡Sí! —exclama Ethan, y lanza un puñetazo al aire. Pero entonces, al recordar lo que ha hecho para disgustar al Tribunal, pone cara larga y mirada triste—. Eso si entonces aún pertenezco a la Guardia.