Isabel
Lathenia hace acto de presencia ante nosotros, acompañada por el viejo de la barba plateada que ayudó a secuestrar a Arkarian. Ve a Dillon de inmediato.
—¡Estás con ellos! —exclama, y Dillon se pone tenso.
—Quédate con nosotros —le susurro—. Somos tu única oportunidad de salir con vida de aquí y lo sabes.
Asiente con tanta fuerza que me da la sensación que se le va a caer la cabeza al suelo. Matt no advierte nada, ni siquiera que ya ha llegado Lathenia. Está distraído otra vez, de pie en el centro del octógono. Alza la vista un momento para mirar un punto central en lo alto de la sala, y luego vuelve a bajarla para seguir concentrándose en sus pies. Empieza a preocuparme que tal vez la presión sea demasiado fuerte para él y esté perdiendo el juicio. Tengo que atraer su atención.
—¿Qué haces? ¡Lathenia está aquí!
Matt sacude la cabeza.
—Siento que algo me atrae a este lugar. No puedo evitarlo —dice, y se pone a dar golpecitos con los pies en el suelo de mármol.
—¿Estamos a punto de morir y lo único que se te ocurre es ponerte a bailar claque?
Se arrodilla y pasa las manos por el suelo, clavando los dedos.
—Déjalo —tercia Ethan—. Tiene que haber algo que podamos hacer para salir de aquí. A lo mejor podría intentar crear otra ilusión.
Arkarian se sitúa delante de nosotros y toca a Ethan en el hombro al pasar a su lado.
—Siento que he recuperado mis poderes. Quedaos detrás de mí.
—¡No! —exclamo—. Nos quedaremos junto a ti.
Ethan se pone al otro lado de Arkarian, con Sera aferrada a su brazo. Dillon toma posición junto a Ethan. Hasta John se une a nosotros. Pero Matt está ahora a cuatro patas, con una oreja pegada al suelo.
Lathenia sonríe, aunque es una sonrisa impregnada de maldad.
—¿Acaso creíais que os dejaría marchar así como así? ¡Soy mucho más poderosa que todos vosotros juntos! —Mira fijamente a Dillon—. ¿Cómo has salido?
—Has olvidado que mi poder es la fuerza.
—¡No he olvidado nada, pero parece que tú sí! ¿Cómo puedes abandonarme después de lo que he hecho por ti? ¿Qué hay de nuestra causa? ¡También es la tuya! —Dillon permanece en silencio y a Lathenia le refulgen los ojos—. ¿No te he mostrado todas las riquezas que serán tuyas? ¡Puedo darte todo aquello con lo que siempre has soñado!
Dillon baja la voz a un mero susurro.
—Haga lo que haga ahora, me matarás. Aunque tan sólo sea para que sirva de ejemplo a tus soldados.
—¡No me das otra opción! —El cuerpo de Lathenia irradia una luz brillante. Hasta su ojos resplandecen. Resulta difícil no agachar la mirada y huir al verla—. ¡Tú mismo has provocado esto con tus estúpidas dudas y tu miedo a convertirte en él! —Señala a Marduke y luego silba como una serpiente. Marduke gruñe—. Has escogido tu muerte. Y morirás con ellos.
Lathenia levanta las manos. Los siete gran daneses gruñen ferozmente y empiezan a babear. Parece como si no hubieran comido en un año.
Arkarian se concentra en los perros, los mira fijamente a los ojos para atraer su atención. De pronto los animales sacuden la cabeza, dan un gañido y salen corriendo por la puerta del templo tan rápido como sus patas se lo permiten.
Lathenia empieza a rugir.
—¡Rápido, Keziah, ha recuperado sus poderes!
Creo que el viejo podría ser un mago. Así es como la Diosa debió de inutilizar los poderes de Arkarian. Es extraño que tenga tanta prisa, que parezca tan desesperada. Me pregunto por qué. Seguro que ha sentido en sus propias carnes la gran fuerza de Arkarian, pero mi sexto sentido me dice que existe otro motivo, mucho más relacionado con su propia existencia. Algo que tiene que ver con nuestras posibilidades de salir de este mundo.
Lathenia vuelve la cabeza en mi dirección y percibe mis pensamientos, que evidentemente no le gustan. Sus ojos emiten un destello. No tengo ni un instante para reaccionar. Alza una mano y me señala con sus largos dedos, y la fuerza de su golpe me lanza volando hacia atrás. Por un momento la sala y todo lo demás se vuelve blanco. Matt me arrastra al centro del octógono y se pone a hablar a toda prisa.
—Frena un poco —le pido—. Estoy aturdida y no puedo entenderte.
Respira hondo y susurra:
—Creo que podemos salir por el templo.
—¡Qué! ¿Cómo?
—Bueno, no estoy seguro del todo, pero ¿ves esto? —Mira a sus pies. Ha encontrado una losa de mármol suelta. Aprieta un lugar en concreto y la losa se levanta y deja al descubierto un cristal del tamaño de una mano pequeña y con forma de octógono. Quiero tocarlo, pero cuando acerco la mano empieza a brillar. Me asusto y aparto la mano—. Creo que es un dial o algo parecido —dice Matt alzando la vista—. Estoy seguro de que el techo fue construido de este modo por algún motivo. Tiene que conducir a alguna parte. ¿No dijo John que la gente que vivía aquí desapareció?
—¿Crees que no desapareció, sino que escapó?
Ethan se acerca corriendo.
—¿Qué estáis haciendo aquí? Arkarian no podrá aguantar mucho más. Necesita toda nuestra ayuda.
—¡Ahora, Keziah! —grita Lathenia—.¡Date prisa! Marduke, aguántalo para que Keziah pueda hacer su trabajo.
Arrastro a Arkarian al centro en el momento en que Marduke alza las manos. Una luz verde, como una ola, se dirige hacia nosotros. Nos damos un fuerte golpe contra el suelo y la luz sigue su curso y hace estallar dos pilares de mármol. Le clavo los dedos en el brazo a Arkarian y se lo cuento todo rápidamente antes de que Lathenia y Marduke descubran lo que estamos haciendo.
—Escucha, puedes sacarnos de aquí.
Niega con la cabeza.
—Sólo un Inmortal puede abrir una brecha, pero creo que podré distraerlos mientras tú sacas a los demás. Dillon está ayudándome.
Sacudo la cabeza con fuerza.
—Escúchame: Inmortal o no, Lathenia cree que puedes hacerlo.
—Pero ¿cómo?
Al parecer, Dillon está de acuerdo.
—Es cierto, por eso está tan obsesionada con inutilizar tus poderes.
—Ella sabe algo que tú ignoras —le digo a Arkarian—. Ha llegado el momento de que creas en ti mismo. Fíjate en el poder que desprenden tus manos.
Lathenia profiere un grito de frustración. La miro y veo que sus ojos refulgen y tiene las manos estiradas.
—¡Cuidado! —exclamo. La Diosa dispara unos rayos de energía vibrante con la punta de los dedos, y nos da de lleno y nos dispersa por la habitación. Aturdida, me arrastro hasta Arkarian. Tengo que hacérselo entender—. Posees el poder que necesitamos...
Le cuesta recuperar la respiración.
—Pero Isabel, yo no fui preparado para crear la energía de la que tú hablas. No era una de mis habilidades.
—Me da igual lo que digas, Arkarian, creo que puedes sacarnos de aquí. Y creo que Lathenia también lo sabe.
La Diosa alza las manos y se prepara para lanzar otra descarga de energía. Pero justo cuando empieza a generarla, Ethan la embiste, la tira al suelo y golpea a Marduke, que se dobla en dos y gruñe a causa del dolor.
Entonces arrastro a Arkarian hasta el centro del octógono, donde Matt sigue jugueteando con el cristal que ha descubierto.
—Confiar y creer —le susurro—. ¿No nos hemos preparado para eso?
—Sí, pero aquí no hay ninguna brecha, Isabel.
Marduke se ha puesto en pie de nuevo con una mirada muy furiosa. Se abalanza sobre Dillon mientras Ethan intenta evitar que Lathenia se levante. La Diosa grita y, de pronto, Ethan sale disparado hacia atrás. Lo llamo y miro desesperadamente a Arkarian.
—Sólo concéntrate en crear esa energía.
Tengo que darme prisa antes de que Marduke y Lathenia ataquen de nuevo, así que tiro a Dillon del brazo y ordeno a todo el mundo que forme un círculo alrededor de Arkarian y Matt.
—¿Qué estás haciendo? —me pregunta Ethan.
—Tenemos que proteger a Arkarian de la magia de Keziah. A mi hermano se le ha ocurrido una idea para sacarnos de aquí, así que también tenemos que protegerlo a él.
—¿A Matt?
—Sí, a Matt. —Cruzo los dedos detrás de la espalda—. Espero que tenga razón.
De pronto una explosión nos sacude a todos. El suelo vibra bajo nuestros pies y el mármol se resquebraja por varios lugares. Nos tambaleamos y caemos unos encima de otros. Cuando consigo levantarme, me doy cuenta de que ha sido obra de Marduke y me pregunto de manera fugaz hasta dónde alcanza la magnitud de su poder, un poder del que no quiero saber nada. Entonces alza las manos e intenta atacarnos de nuevo.
—¡Están protegiéndolo! —grita Lathenia.
Nuestras miradas se cruzan y veo que sus ojos desprenden un increíble brillo azul que se vuelve más intenso; con los dedos lanza unos rayos de electricidad chispeantes que explotan sobre nosotros y a nuestro alrededor. Intentamos no perder la posición, ya que proteger a Matt y Arkarian es nuestra principal prioridad.
—No ocurre nada —dice Matt detrás de mí.
—¡Sigue intentándolo, Keziah! —grita Lathenia, y a Marduke le dice—: ¡Acabemos con esto ahora!
Vuelvo la cabeza un poco y veo que Marduke y Lathenia se separan y se sitúan cada uno a un lado del círculo que hemos formado. Los dos empiezan a brillar. Están creando una gran energía entre ambos, y tengo la sensación de que va a ser algo especial. Mis sospechas quedan confirmadas cuando estiran las manos en dirección del otro. Una corriente eléctrica crepita y chisporrotea a medida que su energía cruza el espacio que hay entre ellos y se encuentra en el aire, donde empieza a crearse una bola luminosa de color azul, rojo y morado. Me doy cuenta rápidamente de lo que está a punto de ocurrir. La Diosa y Marduke están creando algo inmenso, una explosión de energía fortísima que derrumbará el templo.
Así es como piensa sepultarnos.
—Va a ser algo grande, Isabel —me susurra Ethan, sobrecogido, mientras sus cuerpos brillan cada vez más. Echa un vistazo por encima del hombro y Dillon lo imita. Matt sigue de rodillas en el suelo. Arkarian ve el cristal y se queda de una pieza, lo que le hace perder la concentración—. ¡Lo has encontrado!
—¡Date prisa, Arkarian! —murmuro.
—Pero no lo entiendes, Isabel...
—¡Se nos acaba el tiempo! ¡Sigue intentándolo!
Asiente con la cabeza y cierra los ojos de nuevo.
—¡Sea lo que sea lo que están haciendo, me temo que es demasiado tarde! —exclama Dillon.
En ese momento la desesperación se apodera de mi alma. Protegido por nuestros brazos y nuestros cuerpos, Matt sigue intentando averiguar qué hacer con el cristal mientras Arkarian continúa buscando en su interior la energía que necesita.
Ethan contempla los cuerpos resplandecientes de Lathenia y Marduke, que ahora inundan el templo de una luz cegadora.
—Lorian sabía que ocurriría esto, sabía que no había forma de que la Diosa nos dejara escapar.
El templo entero empieza a vibrar. Sin necesidad de que nadie diga nada, todos nos percatamos de que, en cuestión de segundos, desapareceremos para siempre.
La cara de mi madre aparece brevemente ante mí y se me llenan los ojos de lágrimas.
Las vibraciones hacen temblar el suelo de mármol. Los poderes combinados de Marduke y la Diosa aumentan hasta alcanzar una temperatura infernal y el mármol se hace añicos. Han logrado crear una reluciente esfera de energía. Entonces se produce un fogonazo y todo el templo es anegado por una intensa luz blanca. Tenemos que cerrar los ojos y agachar la cabeza para que no nos ciegue.
En este preciso instante Matt grita:
—¡Sí! ¡La tengo!
Y Arkarian le dice:
—¡Tráela contigo!
—No puedo, no se mueve.
—¡Tienes que hacerlo! —dice Arkarian con una voz preñada de pánico—. Si la dejamos aquí, Lathenia averiguará... —Deja la frase en el aire cuando la sala, y todo lo que hay en ella, empieza a arder—. ¡Demasiado tarde! —exclama, y alza las manos—. ¡Ahora!
El techo de paneles adquiere vida propia y empieza a dar vueltas cada vez más rápido. La luz se atenúa y los siete somos lanzados hacia la elevada cúspide central, girando sin parar. Luego no hay nada, sólo oscuridad.