Isabel
Arkarian no sabe qué papel desempeñará esta niña francesa de seis años en la Historia, ni de dónde vendrá el peligro. Y no sabe por qué la vida de esta niña es tan importante como para que el Inmortal le haya ordenado que forme parte de esta misión a última hora. Lo único que sabemos es que no vivirá más de dieciséis años, momento en que se queda embarazada y da a luz. Arkarian tampoco puede averiguar nada de su hijo. Es como si el bebé fuera criado por los elfos.
Bueno, yo nunca he llegado a creerme del todo algo que Ethan da por sentado: que Arkarian lo sabe todo. Y, por suerte, he aprendido a ocultarle mis pensamientos, aunque a veces me cuesta una barbaridad. Si no lo hiciera me encontraría en un buen lío. Mis pensamientos han sido de todo menos decentes. Y cuando nuestras miradas se cruzan, para mí es como si la habitación se quedara sin oxígeno. Pero además ocurre otra cosa que no logro entender. Es muy extraño. Una semilla ha arraigado en mi estómago. Una semilla de miedo. Es como si hubiera un reloj contando el tiempo que pasamos juntos.
Dejo estos pensamientos a un lado mientras me concentro en decidir la mejor forma de proteger a esta niña. Se llama Charlotte y es la única hija (la única descendiente, de hecho) de un duque y una duquesa. Por desgracia, el año pasado la duquesa falleció a causa de una enfermedad degenerativa, y ahora la niña se siente muy sola y deprimida. Tiene una tía, la hermana de su madre, lady Eleanor, que me saluda en la entrada de la torre del homenaje. Me mira de pies a cabeza y luego a Arkarian, que se queda detrás de mi. Con un gesto seco de la cabeza, me invita a entrar y cierra la puerta en las narices de Arkarian.
—¿Qué le ha ocurrido a tu carruaje? ¿Por qué has llegado a pie con la única compañía de ese mozo de cuadra? —me espeta.
Detrás de nosotros aparece el duque, que suelta una sarcástica risa de mofa. Por lo que he aprendido antes, el duque pasa mucho tiempo en la corte, en compañía del rey, o en el campo de batalla, comandando las tropas reales. Y por la mirada que le lanza lady Eleanor, la hija del duque no es la única persona a quien sus ausencias le parecen largas y prolongadas.
—¿Por qué tienes que desconfiar de todo el que lleva falda en mi presencia?
Debo ir con cuidado y no reírme abiertamente de la pregunta del duque. Por lo visto no soy la única consciente de los deseos de lady Eleanor.
—Unos ladrones han asaltado el carruaje en el que viajaba —le explico—. Han destruido y robado todo, excepto la ropa que llevo puesta. El mozo de cuadra me ha ayudado a encontrar el camino. Se llama Gascón.
El duque me señala con una mano.
—Ahí lo tienes, Eleanor. ¿Estás satisfecha?
Es un hombre resentido, pero su actitud no me inquieta demasiado. He venido aquí para ocuparme de la niña.
—¿Cuándo conoceré a la joven dama? —pregunto.
El duque arquea las cejas y mira a lady Eleanor, que se va y sube por una escalera. Su marcha llena la amplia sala de un incomodísimo silencio, mientras el duque mira al patio que hay abajo sin decir nada.
—Disculpad, señor, ¿puedo preguntaros dónde voy a alojarme?
Tamborilea con los dedos en el alféizar de piedra que hay ante él. No sé si va a tomarse la molestia de responder.
—Sin duda alguna, Eleanor habrá dispuesto una cámara para ti. —Señala con desdén hacia fuera y añade—: El chico puede quedarse en los establos. El viejo Francois le mostrará dónde puede dormir.
Vuelve la mirada hacia otro lado, lo que pone fin a cualquier intento de seguir la conversación. Lady Eleanor regresa con la hija del duque y centro toda mi atención en ella.
Charlotte parece pequeña para su edad, y delgada; tiene la piel pálida, unos ojos azules inmensos y una melena de rizos rubios. Me encanta nada más verla, me siento atraída por esta preciosa niña de mirada triste y expresión melancólica. Me arrodillo para ponerme a su altura.
—Hola, señorita Charlotte. —Me responde con la cabeza gacha y silencio, el pulgar metido en la boca. Se mece sobre los talones y mira la escalera. Tómatelo con calma, me digo a mí misma, y lo intento de nuevo—: Me llamo Phillipa y voy a ser vuestra...
No acabo la frase ya que oigo un estrépito por detrás de ella. Alzo la vista y me encuentro mirando directamente a los ojos de un perro enorme, un gran danés, con mucho el más grande que he visto jamás.
Me pongo en pie y mi reacción instintiva es echar a correr, pero Charlotte lo llama completamente emocionada y el animal se le acerca meneando la cola. Entonces la niña se abalanza sobre el inmenso lomo del perro, le da un gran abrazo y susurra palabras de cariño a una de sus tiesas orejas. El animal vuelve su enorme cabeza y se pone a lamer a Charlotte en la cara y el brazo con afán.
—Por el amor de Dios, haz algo, Adrián —se queja lady Eleanor.
El duque se aparta de la ventana, echa un vistazo al perro y a su hija y extiende los brazos.
—El animal la hace feliz. Bien sabe Dios que es el único que lo logra. —El duque me sonríe con tristeza—. La bestia acompaña a mi hija allí donde vaya. Tendrás que ganártelo a él antes de acercarte a Charlotte.
Al cabo de unos minutos, lady Eleanor me muestra mi habitación, que está en el piso de arriba; Charlotte y el perro nos siguen.
—Estoy segura de que estarás cómoda aquí, dudo que hayas visto nunca una cámara como ésta.
Echo un vistazo al dormitorio. Sin lugar a dudas, es espacioso y está decorado de un modo elegante, revestido con unos preciosos paneles de madera de roble. Dos ventanas con parteluz, separadas por un escritorio tallado a mano exquisitamente, dan al patio de abajo. Una puerta lleva a la cámara de Charlotte y un banco pintado adorna la pared de la derecha. En la pared de enfrente, sobre una plataforma elevada, hay una enorme cama de matrimonio con dosel. Encima, un precioso tapiz colgado. Me aproximo para mirarlo de cerca.
—Lo hizo mi madre —me informa una suave voz por
detrás—. Le encantaba bordar.
Cuando me vuelvo, lady Eleanor está saliendo por la puerta y me deja a solas con Charlotte. Señalo al perro.
—¿Cómo se llama?
—Papá dice que debería llamarse Caballo.
—Humm, me pregunto por qué... —murmuro entre
dientes.
Charlotte se arrodilla y le da al perro otro de sus abrazos, dejando la cabeza sobre su inmenso pecho.
—Pero yo lo llamo Rey Carlos, en honor de nuestro rey. ¿No crees que parece un monarca?
—Sin duda.
Pero el rey Carlos se esfuma de mi cabeza cuando Arkarian, o debería decir Gascón, aparece y se queda junto a la puerta. Se dirige a nosotras educadamente.
—Disculpad, señora. Lady Eleanor dice que ha llegado la hora de vuestro paseo a caballo.
Charlotte asiente feliz y empieza a buscar sus guantes y la fusta. El perro la sigue como una sombra.
—¿Qué crees que deberíamos hacer con él? —le susurro.
—Bueno, sus instintos deberían llevarlo a proteger a la niña, lo cual no puede ser malo. —Arkarian se acerca al perro, se agacha y lo acaricia por detrás de una oreja—. Parece bastante simpático.
—El duque dice que necesitaré permiso del perro para
acercarme a Charlotte.
Charlotte me oye y se ríe, mirando de reojo a Arkarian. Se lo presento como Gascón. De repente, el perro se mueve y yo retrocedo instintivamente.
Arkarian se ríe.
—No se te ve muy cómoda. ¿Está diciéndote algo tu sexto sentido? —añade con un susurro—. ¿O es que no te llevas bien con los animales?
Pienso en ello durante un instante. El año pasado, en mi Iniciación, los señores y las señoras de las distintas casas me concedieron varios dones. Pero fue el jefe del Tribunal, Lorian, quien me concedió el don del sexto sentido. Me encojo de hombros porque a veces no acabo de tener claro si se trata de mi sexto sentido o, simplemente, de miedo.
—Lo único de lo que estoy segura es de que no se me dan bien los animales que tienen dientes afilados.
Arkarian echa un vistazo a la sala.
—¿Aquella de allí es su habitación?
Asiento con la cabeza y Arkarian frunce el entrecejo pensativamente.
—Vamos a tener que hacer turnos para vigilarla —me dice, pero desvía su atención de inmediato hacia Rey Carlos, que está sentado sobre las patas traseras con Charlotte a lomos. La niña se agarra al cuello del animal y empieza a inclinarse hacia delante y hacia atrás. De pronto se baja, se pone frente al perro y le da un beso en la frente, pero le mete sin querer un dedo en un ojo.
—Oh, lo siento, Carlitos -se disculpa la niña cariñosamente. Luego le acaricia las orejas y se echa a reír. Cuando ha acabado de jugar con el perro, se acerca a Arkarian y, sorprendentemente, le coge de la mano sin mostrar timidez alguna—. ¿Quieres guiar a mi poni, Gascón?
Bajamos al establo, donde Francois ya tiene al poni ensillado. Nos dan instrucciones de que llevemos a Charlotte a su lugar favorito: la cascada que hay en un recodo del río que cruza las tierras del duque. Durante el recorrido nos mantenemos alerta ante cualquier cosa que parezca sospechosa.
—Vamos a tener que ir con mucho cuidado —dice Arkarian en voz baja—. He hablado con algunos sirvientes. Al parecer no ha habido incorporación de nuevos miembros al personal de la casa recientemente, ni durante los últimos meses, por lo que la Orden aún no ha hecho acto de presencia. Y empiezo a tener la sensación de que están esperando algún motivo concreto para dejarse ver; como, por ejemplo, nuestra llegada.
—¿Crees que nos quieren a nosotros y no a la niña?
—Si no les interesa la niña, ya sabes lo que es esto, ¿no?
Lo entiendo al instante, y un escalofrío recorre mi cuerpo de pies a cabeza.
—¿Una trampa?
—Es posible.
—¡Oh, genial! —Por un instante me quedo sin palabras, con lo cual mi cerebro tiene más tiempo para pensar. Bajo la voz y le pregunto en un susurro—: Te han puesto en el lugar de Ethan en el último momento. Así que si al final la Orden ha descubierto quién es Ethan, deben de esperar que esté en esta misión.
—Bueno...
—¡Esto es una trampa para matar a Ethan!
—Mira, aún no podemos sacar conclusiones. Lorian podría tener otros motivos para haber sustituido a Ethan en el último momento. Pero me pregunto por qué no habrá elegido a Shaun o a Marcus.
Para mí la respuesta es muy sencilla: Lorian confía mucho en la capacidad de Arkarian. Pero no expreso mis pensamientos, pues Arkarian los negaría. A pesar de que es el miembro de la Guardia con mayor talento y el más poderoso, nunca lo reconocería.
—Entonces, ¿crees que, después de todo, Charlotte está a salvo?
—No podemos dar nada por sentado. ¿Quién sabe cómo piensa un inmortal?
—Bueno, hace un año del asesinato de Marduke. A la Diosa se le debe de haber acabado la paciencia.
—Sí, lo que significa que puede actuar por impulsos. Por eso debemos estar preparados para cualquier cosa.