Isabel

Echo a correr tan rápido como me lo permiten mis piernas. Pero ¿adonde puedo ir? Para mí la Ciudadela es un misterio. En cada una de mis visitas he visto pasillos y escaleras distintos. Una habitación nunca tiene el mismo aspecto dos veces. Es como si el lugar poseyera una fuerza vital propia y siempre cambiara. Ante mí aparecen puertas que se abren a cientos de salas; los pasillos me llevan a huecos de escaleras que desaparecen bajo mis pies. Pero después de cruzar unas cuantas de esas inquietantes puertas, me encuentro intentando mantener el equilibrio sobre una plataforma móvil, sobre el vacío, por lo que puedo ver. Estoy quieta por primera vez desde el secuestro de Arkarian y procuro que mi respiración recupere un ritmo lo más parecido al normal, a la vez que me aseguro de no inclinar la plataforma en ninguna dirección.

Delante de mí se abre una puerta atrayente y salto a un ancho pasillo que bien podría conducir a otro mundo. Aquí las paredes suelen ser blancas y están hechas de una especie de roca semejante al mármol. Y los huecos de la escalera no desaparecen, sino que descienden suavemente.

Voy a dar a una gran sala que está teñida por una extraña luz y coronada por el techo más asombroso que jamás he visto. Está compuesto por ocho paneles inclinados, tallados de forma muy elaborada y que convergen en un único punto. Cada uno está hecho de cristal grabado u otro material similar, y forman una miríada de colores increíbles.

Aparto la vista y cruzo la sala en dirección a la otra poderosa fuente de luz, una pared hecha por completo de cristal. Estoy muy lejos del suelo, como mínimo a cien pisos. Por un instante la altura me marea, pero entonces veo que ahí abajo, en un patio lleno de flores y arbustos exóticos, hay gente reunida. Me resultan extraños. Incluso su ropa. No se parecen en nada a la gente que se ve por la calle en Ángel Falls, eso seguro. Unos cuantos están de pie en pequeños grupos, algunos señalan en distintas direcciones, otros niegan con la cabeza, varios lloran claramente angustiados. Verlos es inquietante. ¿Quiénes son? ¿Por qué están tan afligidos? ¿Saben lo que le ha ocurrido a Arkarian?

Si pudiera encontrar una forma de bajar a ese patio, probablemente alguien podría ayudarme.

Me doy la vuelta con un movimiento frenético, ya que esta sensación apremiante se convierte en puro pánico. Echo a correr, abro puertas, me muevo en distintas direcciones. Me niego a admitir, incluso ante mí misma, que estoy completamente perdida.

Entonces choco con un hombre que me coge del antebrazo y me sacude.

—¡Quieta! —me grita en un tono de voz familiar.

Es el señor Carter. Es mi profesor de Historia, y también uno de los encargados de coordinar nuestras misiones. Pero, esta vez, en lugar de Arkarian era él quien se suponía que debía organizar nuestro regreso. Siempre había pensado que se hacía desde las salas de Arkarian, pero el señor Cárter está aquí, en la Ciudadela, justo delante de mí.

No me da ni un segundo para formular las preguntas que bullen en mi cabeza, ni siquiera para explicar lo que estoy haciendo en esta parte de la Ciudadela. Sólo me grita.

—¡No deberías estar aquí! Está pasando mucho tiempo. Quédate quieta para que pueda hacerte regresar.

—Pero señor Cárter...

Con sus fuertes manos me obliga a sentarme en el mismo lugar donde estoy.

—Lo sé, Isabel. Sé lo que le ha ocurrido a Arkarian.

Lo miro a la cara y de golpe me siento agotada.

—Dígame lo que puedo hacer para que regrese.

—Ahora mismo tengo que hacerte regresar a ti, a tu época, a tu cama y a tu cuerpo.

—Pero...

—Y cuando estés allí —continúa explicándome—, quiero que te reúnas con los demás. Nos encontraremos en las salas de Arkarian. Es un lugar seguro. E intentaremos solucionar el problema.

—Antes explíqueme una cosa: ¿quién es esa gente que he visto ahí abajo, en el patio? —Me clava la mirada y abre la boca, pero no llega a decir nada. No piensa responder. Hay algo que se lo impide. Tal vez deba guardar silencio mientras se encuentra en la Ciudadela. Da igual, tengo que saber más—. Por lo menos dígame por qué esa gente parecía tan angustiada.

Aparta la mirada un instante.

—Están angustiados por haber perdido a Arkarian. —Tengo la sensación de que existen más motivos y arqueo una ceja para darle a entender que quiero saber más—. También existe una posibilidad muy real de que haya un traidor entre nosotros. —Antes de que tenga tiempo de asimilar esas palabras y su inmensa repercusión, me acerca la mano a la cara y me obliga a cerrar los ojos—. Basta de preguntas, Isabel. Aquí no.

Cuando abro de nuevo los ojos me despierto en mi habitación. La brillante luz del sol me ciega un momento, y entonces algo se mueve cerca de mi cama, lo que hace que me incorpore y grite con fuerza. Pero sólo es Matt, que está sentado en mi sofá hinchable e intenta ponerse cómodo.

Oye que estoy despierta y me espeta:

—Menos mal que ya has vuelto. Tienes suerte de que hoy mamá haya tenido que irse a trabajar pronto.

Sus palabras me disparan el pulso. ¿Cómo podemos perder tiempo en asuntos tan triviales cuando Arkarian ha sido secuestrado? Bajo de la cama de un salto, agarro a Matt por los hombros y le rasgo el cuello de la camisa.

—¡Ha ocurrido algo espantoso!

Mi hermano se queda pálido como la nieve. Se quita mis manos de encima y examina el cuello de su camisa.

—¿Qué pasa?

Lo aparto de en medio, empiezo a rebuscar en mi armario y rápidamente me pongo unos vaqueros y una camiseta.

—Arkarian ha sido secuestrado.

—¿Qué?

—Avisa a los demás. Tenemos que trazar un plan de rescate. —Se queda mirándome, boquiabierto—. ¡Vamos!

—¿Qué quieres que haga?

Me detengo e intento poner mis pensamientos en orden

—A ver, ¿recuerdas que somos nueve?

Asiente y empieza a contar con los dedos.

—Tú, yo, Ethan, su padre, el señor Cárter y, por supuesto, Jimmy, a quien preferiría olvidar.

Intento pasar por alto la aversión que mi hermano siente por Jimmy. Durante estos doce meses no se ha esforzado lo más mínimo por conocerlo, al contrario que yo.

—Y no te olvides de Rochelle. Ahora también forma parte de la Guardia. —En cuanto pronuncio esas palabras me entran ganas de darme cabezazos contra la pared. Seguro que aún le disgusta oír el nombre de su exnovia—. Lo siento, Matt. Ya sé que no es fácil. —Me mira sin comprender y le digo—: Me refiero a olvidarla.

Alza levemente el hombro izquierdo e intenta fingir que ya no le duele pensar en Rochelle. Es mentira, por supuesto.

—Lo he superado. Lo único que sucede... es que es difícil olvidar, eso es todo. —Nos quedamos en silencio un momento y luego busco mis botas marrones. Sé que tienen que estar por aquí. Al final veo que una asoma por debajo de la cama—. Sólo he contado siete —dice Matt con desgana. Intento pasar por alto su tono cansino para que no logre empeorar mi estado de ánimo, bastante caótico ya de por sí en este momento

—Arkarian —le digo—. Y la chica.

Levanta la cabeza un instante y mira al vacío, sumido en una especie de ensoñación.

—Ahora la recuerdo. ¿No creó Ethan su imagen en la ilusión que utilizó para vencer a Marduke?

—Sí, pero fue real durante el tiempo en que formó parte de la ilusión. Se llama Neriah. Es la hija de Marduke, y cuando él se convirtió en un traidor, ella tuvo que esconderse. Estas cosas son importantes. Deberías intentar recordarlas.

—Vale —dice, y se lleva una mano a la barbilla en un gesto de vergüenza. Yo le sonrío para darle ánimos. Ma entenderá todo este asunto de la Guardia algún día— No queda otro remedio. Arkarian cree en él—. A ver si lo entiendo —añade—. ¿Quieres que reúna a toda esa gente.

Intento reprimir mi frustración.

—Obviamente, no podrás encontrar a Rochelle porque la han trasladado a algún lugar seguro. —Mi hermano asiente y sigo mientras la sensación de apremio es cada vez más fuerte—. Neriah aún no forma parte de la Guardia. Ya le llegará el momento. Así que tampoco podrás encontrarla. Quizás deberíamos separarnos para organizar a los demás. Seguramente Ethan ya está en el colegio.

—Hace días que no veo a Jimmy. Aunque tampoco es lo haya buscado —comenta con sarcasmo.

—Eso es porque está trabajando en Verdemar, para que la ciudad sea más segura. Pero deberías poder encontrar a Shaun.

Al cabo de menos de una hora, aunque a mi me parece una eternidad, Ethan y Shaun llegan a la sala de Arkarian y nos encuentran esperándolos con impaciencia.

En cuanto veo a Ethan no puedo evitar abalanzarme sobre él. Me abraza y luego se aparta un poco para mirarme a la cara.

—Ha ocurrido algo terrible, ¿verdad? ¿Qué ha pasado?

—Ha sido secuestrado.

—¿Quién? —me pregunta Shaun tirándome un poco del brazo. Las arrugas de los ojos se le hacen más profundas cuando repara en el horror que hay en los míos.

Al final mi voz se convierte en un susurro.

—Arkarian.

Shaun se queda paralizado y me mira fijamente a los ojos sin comprender. Ethan me clava los dedos en los brazos.

—¿Cómo ha sucedido?

Tengo que zafarme de él.

—Estábamos en la Ciudadela, tras el viaje de regreso una misión en Francia, cuando dos hombres, uno viejo y otro inmenso, nos tendieron una emboscada. Y también había cuatro criaturas a las que me resultaría muy difícil describir. Eran espantosas.

—¿Dijeron adónde se lo llevaban? —me pregunta Shaun

—El hombre grande dijo...

Dejo la frase en el aire. De proto recuerdo dónde he oido esas palabras antes: las pronunció el propio Marduke. Se trata de lo mismo que Ethan oye a veces en sus pesadillas cuando revive el asesinato de su hermana.

Cuando acabo de contárselo todo, Matt tiene que traerle una silla a Ethan.

—¿Dónde está ese lugar donde las flores crecen bajo una luna..., cómo era?

Ethan mira a Matt con los ojos rojos.

—El lugar adonde Marduke dijo que llevaba a mi hermana momentos antes de ponerle su inmensa mano en la cabeza y usar toda su fuerza para matarla.

—¡Mierda! —exclama Matt, y lanza una mirada nerviosa a Shaun—. ¿Qué significa esto? ¿Que Arkarian está... muerto?

Shaun intenta recobrar la calma, mueve los hombros y se frota los brazos.

—No des por sentado lo peor. ¿Quién sabe qué tiene en mente la Diosa? Al fin y al cabo es una mujer que se guía por el caos.

—La misión de esta noche era una trampa.

Eso llama su atención.

—¿A qué te refieres? —me pregunta Ethan.

—Apareció Lathenia, que esperaba encontrarte a ti. —Se produce un silencio, y luego todos se ponen a hablar a la vez. Pero semejante barullo es lo último que necesito en este momento—. Voy a rescatarlo —afirmo.

Shaun me toca el brazo y me dice.

—Espera, reflexionemos sobre el tema.

Yo me aparto de él.

—No hay nada sobre lo que reflexionar. Lo único que necesito es un plan.

—Y un poco de información —dice una voz desde la puerta.

Es el señor Cárter. ¡Por fin!

—¿Dónde ha estado? —pregunta Ethan con recelo. Estos dos nunca se han llevado bien. Y desde que conozco al señor Cárter como profesor del colegio, siempre ha sido duro con Ethan. A veces no entiendo por qué lo hace; creo que ve un enorme potencial en Ethan y opina que podría sacar un gran provecho de él gracias a la disciplina y el trabajo duro.

—El señor Cárter coordinó la misión de anoche. Nos hemos encontrado en los pasillos de la Ciudadela hace poco.

—Así que usted estaba ahí cuando Arkarian fue secuestrado —dice Ethan, que se apresura a acusarlo.

Shaun niega con la cabeza para reprender a su hijo.

—Cállate, Ethan. Das muchas cosas por sentadas.

Pero es difícil hacer callar a Ethan.

—A lo mejor, pero Cárter tiene la extraña manía de estar en el lugar equivocado en el momento adecuado. Según recuerdo, el año pasado fue quien nos transmitió las noticias de que Marduke había apresado a Matt.

—Ethan, se necesita algo más que el talento de Marcus para tramar algo así.

Esta discusión no hará que regrese Arkarian, y ahora mismo es lo único en lo que puedo pensar.

—¡Cállate, Ethan! ¡Deja que el señor Cárter nos cuente lo que sabe!

Me hace caso y el señor Cárter empieza a hablar:

—Lo han encerrado en un lugar especial.

—¿Dónde? ¿De qué lugar se trata? —pregunto yo.

Me mira con ojos tristes.

—Es un lugar muy oscuro, Isabel. Un lugar en el que ningún mortal debería entrar sin protección. Se llama el inframundo.

Doy un paso para acercarme a su cara y le digo sencillamente:

—Yo iría allí, ya sea protegida o no. Señor Cárter, la oscuridad no me asusta. Poseo el don de Arabella.

—Esa oscuridad es profunda.

—Pues llevaré una linterna.

—¿Y si se te estropea?

—Isabel, si te encuentras en absoluta oscuridad, ni tan siquiera tú podrías ver algo —me recuerda Ethan.

El señor Cárter intenta retomar el hilo de su discurso.

—Tenéis que entender que es imposible entrar o salir del inframundo.

—Los secuestradores de Arkarian lo han conseguido. ¿Por qué nosotros no?

—Porque es necesario el poder de un inmortal para forzar la apertura de una brecha. Ha sido obra de Lathenia.

—Entonces le pediremos ayuda a Lorian.

—Lorian se muestra... reacio.

—¿Por qué? —pregunto a gritos.

—Es demasiado peligroso. Entrar, encontrar una salida, sobrevivir en ese mundo... Es casi imposible. En este momento necesitamos al máximo número de miembros de la Guardia disponibles. Y, además, existe el riesgo de que los mundos se unan, de que se produzca una mezcla de especies, de... —Se estremece—. Isabel, no lo entiendes. Las criaturas que viven en el inframundo no tienen alma.

Se queda en silencio y aparta la mirada. Mientras observo su cara y asimilo el significado de sus palabras, se me ocurre una cosa.

—Hay algo más, ¿verdad?

Afirma con la cabeza y dice:

—Lathenia está planeando eliminar a Arkarian de nuestro mundo. —Se frota las sienes con las palmas de las manos como si tuviera un súbito dolor de cabeza—. Está intentando abrir un portal en el instante del nacimiento de Arkarian.

—¿Quiere matar a Arkarian de bebé? —pregunto.

—Tal vez antes, o después de su nacimiento, pero alrededor de esa época. —Sigue hablando mientras los demás lo observamos en silencio—. Lo mantendrá retenido en el inframundo mientras sus secuaces intentan eliminarlo, deshacerse de su cuerpo y tal vez incluso de su alma de la Tierra.

Matt nos mira a todos de uno en uno.

—¿Qué hacemos? ¿Cómo podemos evitar que ocurra eso? —pregunta.

Les explico lo que pienso.

—En primer lugar, tenemos que viajar al pasado para impedir que la Diosa y sus soldados asesinen a Arkarian cuando nazca. Luego, y me traen sin cuidado los argumentos con los que intentéis disuadirme, iré a buscar una forma de entrar en ese... ese inframundo y rescataré a Arkarian.

Ethan me pone una mano en un hombro y dice:

—Yo te acompañaré.

A lo cual Matt añade:

—Y yo.

Luego se ponen a hablar todos al mismo tiempo; nuestro mensaje no podría ser más claro. Todos creen que Matt no debería ir.

—No lo soportarías —le dice Ethan sin malicia. Para él es más importante rescatar a Arkarian que intentar no herir los sentimientos de nadie. Entonces veo la seriedad de las caras de Matt y Ethan—. Me refiero a tu falta de experiencia, sólo a eso. Cuando tus poderes empiecen a manifestarse...

Matt lo hace callar con un gesto brusco de la mano.

—Basta ya, Ethan. Todos sabemos que quizá mis poderes no se manifiesten jamás, así que es mejor que nos esforcemos en idear un plan para salvar a Arkarian.

De repente me acuerdo del increíble poder que la Diosa ha demostrado al atacar a Arkarian. A pesar de que Ethan posee una gran habilidad, a buen seguro no podría con ella. Y menos aún Matt.

—No me acompañará nadie —digo.

Mis palabras causan un gran alboroto y todos me hacen saber lo que piensan de mi idea de ir sola.

El señor Cárter da unas fuertes palmadas.

—¡Callaos todos! ¡No prestáis atención! Lo primero es lo primero. ¡Si no salvamos a Arkarian cuando nazca, dejará de existir! —Nos callamos y lo miramos atentamente—. El Tribunal ya ha decidido lo que va a ocurrir. En primer lugar, Isabel, tú no irás a ningún lado sola. Ethan te acompañará. Yo coordinaré la misión a Francia desde la sala de Arkarian. Tú, Shaun, debes ir a buscar a Jimmy a la ciudad.

—¿Y qué se supone que hago yo? —La voz tensa de Matt irrumpe en el súbito silencio—. ¿Me siento en una esquina y me chupo un dedo mientras vosotros arriesgáis la vida?

Durante un rato nadie responde. No podemos hacer nada para que se sienta mejor.

El señor Cárter agacha la mirada, lo que deja bien claro que el Tribunal no le ha asignado ninguna misión a mi hermano.

Al final es Shaun quien interviene.

—Digamos que no tomarás parte en esta misión porque no podemos exponernos a que te ocurra algo. La decisión del Tribunal no tiene nada que ver con el hecho de que tus poderes se hayan manifestado o no. Sencillamente, eres demasiado importante.