LOS GARGAJOS y ESCUPITAJOS
Cuando tenemos algo que nos molesta en la garganta lo más adecuado es sacarlo, aunque también nos lo podemos tragar y posiblemente nuestro organismo lo pueda procesar y sacar por otras vías. Sin embargo, no es recomendable.
La forma más común de hacerlo es aspirar fuertemente y tratando de que los mocos nos queden en la parte superior de la garganta o faringe. Hay que recordar que la boca y la nariz están comunicadas. Así que lo que nos molesta en la nariz puede salir por la boca. El chiste es no tragárselo para que no pase al estómago por el esófago. De esta forma un moco o una flema pueden quedar en la garganta y una vez mezclado con saliva se puede sacar expirando fuertemente.
Hoy en día a nadie le gusta ver cómo una persona echa un gargajo o escupitajo. Pero podemos sacar mocos o flemas de esta manera. Escuchar el sonido que produce una persona antes de arrojar un gargajo nos puede producir náuseas. Sin embargo, en el pasado las cosas eran diferentes.
A finales del siglo XIX, el rey Jaime II, de Inglaterra, prohibió terminantemente fumar. Entonces los adictos al tabaco optaron por mascarlo e inhalarlo. Era común el rapé, que era tabaco en polvo inhalado por la nariz, así como mascar grandes bolas de tabaco. El problema fundamental era que no se podían tragar los restos del tabaco, así que se volvió común escupirlos mezclados con saliva. Fue así como nacieron unas pequeñas vasijas, llamadas escupideras, que perduran hasta nuestros días, sobre todo en las cantinas. En el siglo XIX, las escupideras eran comunes en casi cualquier lugar público, incluso en las oficinas gubernamentales. Se volvieron algo así como los excusados para escupir o las bacinicas de los gargajos. Imagina una escupidera rebosante de gargajos de todos colores; es como un excusado al que no le han jalado.
Un gremio que se ha caracterizado por escupir es el de los beisbolistas, en particular los pitchers, dado que se hicieron adictos a mascar grandes bolas de tabaco, y constantemente escupen la mezcla de tabaco y saliva. Pero los pitchers fueron más allá: no sólo empleaban el tabaco mascado, sino que untaban las bolas de béisbol con saliva, para reducir la fricción con el aire, así como los giros de la bola.
Hoy en día, los chinos escupen en los pisos de las tiendas o los bancos. Lo mismo ocurre con los mexicanos, pero afortunadamente lo hacen en la calle. Parece ser que dicha costumbre se debe a la contaminación del aire que ocasiona flemas que hay que expulsar. Así que hay que tener cuidado con lo que se pisa.