Capítulo 12
Logan se quedó sin respiración. Intentaba llevar aire a sus pulmones, pero no parecía llegar a su sitio.
—¿Qué ha dicho? —consiguió preguntar después de una pausa, en la que imaginó a Sara Hutchins sonriendo malignamente al otro lado de la línea.
—Devon Michael Getty. Aunque el ex marido de Felicia fue tan amable como para darle su apellido, por lo visto el ADN es suyo, doctor Bartholomew. El niño se parece muchísimo a usted.
¿Un hijo? No era cierto. No podía serlo.
Aunque nada tenía sentido en aquel momento, una cosa estaba clara: Logan no iba a seguir hablando con una periodista sobre algo tan privado.
—La conversación ha terminado.
Antes de salir de la emisora estaba hablando por el móvil con su representante, a quien explicó brevemente la situación, esperando que Nina le diera algún consejo. Pero su respuesta no lo tranquilizó en absoluto:
—Ya sabía yo que mezclarte con Mallory Stevens era mala idea.
—Esto no tiene nada que ver con Mallory.
—Es otra periodista, pero trabaja para el mismo periódico. No seas ingenuo, Logan. Seguro que esa chica ha tenido algo que ver. ¿Qué le has contado sobre tu ex prometida?
—Nada. Bueno, muy poco —admitió él—. Mallory me dijo que sabía lo de mi compromiso con Felicia, pero no hablamos mucho más sobre el asunto.
—No habló contigo, pero debió pasarle el tema a esa otra periodista…
Logan soltó una palabrota. No, imposible. No podía creerlo.
—Esto no tiene nada que ver con Mallory, Nina.
—Este asunto podría costarte el programa de radio, por no hablar del contrato en televisión —le recordó ella—. El contrato ya está firmado, pero la cadena tiene potestad para rescindirlo en determinadas circunstancias. Y me temo que este tipo de escándalo sería una de esas circunstancias.
Su representante cobraba por pensar en el negocio y en su imagen, por eso la había llamado. Que Nina se encargara de todo eso. Él tenía cosas más importantes que solucionar en aquel momento. ¿Qué pensaría Mallory cuando se enterase de la noticia?
Entonces se le ocurrió algo… ¿lo sabría ya?
—Haz lo que tengas que hacer, Nina. Te llamaré más tarde. Por el momento, yo tengo que ocuparme de averiguar la verdad.
¿Tenía un hijo, un niño que se parecía a él y que podría sentirse tan herido y tan confuso como Mallory de pequeña? Debía descubrir la verdad y para eso tenía que hablar con Felicia. Desgraciadamente, Logan no sabía dónde encontrarla. Pero Mallory sí.
A pesar de la lluvia, Logan estaba en la cubierta del barco, esperando a Mallory con una impaciencia que apenas podía contener. Después del críptico mensaje que había dejado en su contestador no le hubiera extrañado que ella no acudiese. Debía haber pensado que estaba loco cuando le pidió que se reuniera con él en el barco… llevando todas sus notas sobre Felicia. Y que, por supuesto, no se lo contase a nadie del periódico.
Pero cuando la vio corriendo por el muelle, bajo la protección de un paraguas de lunares, dejó escapar un suspiro de alivio.
Mallory no sabía por qué Logan la había llamado con tanta urgencia… y con tan extraña petición. Pero había acudido de todas formas. Tenían entradas para el partido de los Sox esa tarde y Logan no habría cancelado la cita si no fuera por una muy buena razón.
Cuando subió a bordo notó que tenía el pelo mojado y la camisa oxford empapada… como si llevara horas bajo la lluvia. Era evidente que le ocurría algo grave, aunque intentaba disimular.
—Estás empapado —murmuró. Pero no protestó cuando él la apretó contra su pecho. La necesitaba, eso estaba bien claro.
—Lo siento —se disculpó Logan—. Ahora tú también estás empapada.
—No te preocupes por mí.
—¿Que no me preocupe por ti? —él inclinó a un lado la cabeza—. No puedo evitarlo. Te quiero, Mallory.
—Lo sé. Yo también te quiero a ti.
—Recuerda que has dicho eso.
Ella arrugó el ceño, sorprendida. Las antiguas dudas hicieron su aparición de nuevo… algunas con la voz de su madre. Pero, aunque era imposible silenciar esa voz, Mallory se negó a escucharla.
—Logan, me estás asustando. Por favor, dime por qué me has pedido que me reuniese aquí contigo.
—¿No has hablado con Sandra?
—¿Sandra Hutchins? Yo no hablo con Sandra si puedo evitarlo. ¿Qué tiene que ver ella?
—Hay algo que debo contarte…
También Mallory tenía algo que contarle. Y pensaba hacerlo esa misma noche, después del partido. Era hora de que Logan lo supiera. Además, él era un hombre astuto, un médico. Tarde o temprano se daría cuenta de que no probaba el alcohol y tomaba galletas saladas para evitar las náuseas.
—Has traído las notas sobre Felicia, ¿verdad?
—Sí, claro —Mallory sacó una carpeta del bolso—. ¿Qué es lo que necesitas tan urgentemente?
—La dirección de Felicia.
—¿Qué?
—No te lo pediría si no fuera muy importante, Mallory. Ha ocurrido algo… bueno, en realidad, Sandra Hutchins me ha dicho que ha ocurrido algo, pero yo no estoy seguro. Tengo que averiguar si es verdad o no.
Mallory le entregó la carpeta sin decir una palabra más.
—¿Así de fácil?
—No voy a hacerte ninguna pregunta.
Logan besó su mano, emocionado.
—Dejaré que me hagas todas las preguntas que quieras… después. Ahora mismo tengo que investigar el asunto y podría tardar algún tiempo.
Ella asintió con la cabeza.
—Muy bien. Yo tengo que volver a la oficina de todas formas. ¿Nos vemos en mi apartamento esta tarde?
—Iré en cuanto haya hablado con mi abogado.
—¡Tu abogado! ¿Estás metido en un lío, Logan? ¿Puedo hacer algo por ti? ¿Qué necesitas?
—Te necesito a ti —dijo él en voz baja—. ¿Nos vemos después?
—Estaré esperando.
«Los dos estaremos esperando», añadió, en silencio.
Mallory no podía concentrarse en el trabajo cuando volvió a la oficina. ¿Cómo iba a hacerlo? Todo aquello era tan extraño…
Estaba mirando la pantalla de su ordenador cuando sonó el teléfono. Era su editor.
—Tengo que verte en mi oficina. Ahora.
En el pasado, que Barry la llamase a su oficina no la llenaba de angustia. De hecho, ella solía entrar sin llamar cuando estaba trabajando en algún artículo importante. Aquel día, sin embargo, entre los nervios y el embarazo, Mallory sintió una ola de náuseas… que aumentó al ver a Sandra Hutchins sentada en uno de los sillones.
—Cierra la puerta, por favor —dijo Barry.
Mallory tuvo la impresión de que su destino estaba sellándose mientras se cerraba.
—¿Qué ocurre?
—Sandra está trabajando en un artículo que podría ser una exclusiva si somos capaces de confirmar ciertos detalles.
—Ah, qué interesante —dijo Mallory, irónica—. ¿Y qué tiene que ver conmigo?
—Sandra ha encontrado cierta información secreta sobre una celebridad local y tenemos todos los datos, pero el departamento jurídico del periódico nos ha pedido que lo confirmemos con el interesado para evitar una demanda. Últimamente están muy cautos —dijo Barry, clavando los ojos en ella.
El corazón de Mallory latía con tal fuerza que tuvo que aguzar el oído para entender lo que Sandra estaba diciendo:
—Vamos al grano, ¿no? Necesito una entrevista con Logan Bartholomew y, como se os ha visto junto varias veces durante las últimas semanas, imagino que tú puedes ayudarme a conseguirla.
¿Logan? ¿Habían descubierto algún escándalo sobre Logan?
—¿Para qué quieres una entrevista con él?
—Leerás la respuesta en el periódico cuando se publique el artículo.
Mallory la miró, perpleja.
—¿Crees que voy a ayudarte?
—Estamos todos en el mismo equipo —le recordó su editor—. Sandra se ha ofrecido a mencionar tu nombre por contribuir a la investigación del artículo, por supuesto.
¿De verdad pensaban que ella quería que mencionase su nombre?
—Lo siento, pero no puedo ayudarte.
La respuesta hizo que Sandra soltase una palabrota y Barry un bufido.
—Muy bien, de acuerdo. Te sacaré de las páginas de sociedad.
Era lo que ella había querido cuando empezó a investigar la vida de Logan y no podía dejar de pensar que, en parte, la culpa era suya. Fuera lo que fuera lo que Sandra había descubierto, había sido ella quien empezó a indagar.
—Debo admitirlo, Hutchins, eres más lista de lo que pareces. Me viste buscando archivos en el depósito y enseguida sumaste dos y dos…
—Espero que no vayas a acusarme de robarte la historia —la interrumpió Sandra—. Sencillamente lo retomé donde tú lo habías dejado, ya que no ibas a hacer nada con la información.
—Te lo puse muy fácil… incluso para alguien con tan poco instinto periodístico como tú.
—Tú firmaste la ficha de salida de esas carpetas con mi nombre, como si yo las hubiera sacado de la biblioteca. Y luego te tomaste tu tiempo para devolverlas —sonrió Sandra maliciosamente—. Por eso me pregunté qué estarías buscando. Luego te vi con Logan y recordé que estabas mirando en las páginas de enlaces matrimoniales…
—Pues lo siento, pero ya no puedo ayudarte más.
—¿No puedes o no quieres?
Mallory se encogió de hombros.
Sandra se volvió hacia el editor.
—¡Quiero una exclusiva! Para el periódico, naturalmente.
—Naturalmente —murmuró Mallory.
—Los abogados quieren que miremos el asunto con lupa y que incluyamos una respuesta de Bartholomew o de su representante legal en el artículo —dijo Barry entonces—. Lo siento, Sandra, pero no pienso arriesgar el cuello. Aún tiene una marca del hacha de la última vez —añadió, mirando a Mallory.
Un segundo antes le había ofrecido volver a su antiguo puesto, pero ahora Barry estaba haciéndole saber que, a menos que los ayudase, iba a seguir cubriendo eventos de segunda categoría.
Sandra se levantó, puso las manos sobre el escritorio y se inclinó hacia delante. La actitud era amenazante, pero su voz era casi una súplica cuando dijo:
—No podemos esperar mucho. Si esperamos, algún otro periódico se nos adelantará. Es una cuestión de tiempo, especialmente desde que Venture Media le ha ofrecido a Bartholomew un programa de televisión.
De modo que también sabían eso. Mallory intentó quitarle importancia:
—¿Dónde está la noticia? Una mujer dejó plantado a Logan y se casó con otro hombre. Eso pasa todos los días.
Sandra se volvió, con un brillo diabólico en los ojos.
—No te lo ha contado. La periodista extraordinaria Mallory Stevens no tiene ni idea de lo que pasa… ¡me encanta!
—Sandra… —empezó a decir Barry.
—¿De qué estás hablando? —preguntó Mallory.
—Tu querido doctor es papá. De los que no se ocupan de sus hijos, claro.
De no haber estado sentada, a Mallory le hubieran fallado las piernas.
—¿Qué?
—Ya me has oído. Logan tiene un hijo. Un niño de nueve años… con Felicia, naturalmente. Y, según mis fuentes, nunca ha ido a visitar al niño y, por supuesto, no le pasa ninguna pensión.
Mallory sacudió la cabeza, incrédula.
—No puede ser. Logan no puede… y aunque así fuera… él no sabría nada… tienes que estar equivocada.
—No lo estoy. A menos que su partida de nacimiento esté equivocada y está claro que no puede ser un error —replicó Sandra—. Así que no sólo eres una mala periodista, Mallory, también eres tonta.
Y luego salió de la oficina, dejándola estupefacta.
La humillación de Mallory fue completa cuando una ola de náuseas la obligó a vomitar en la papelera de su editor…
Barry se limitó a ofrecerle una caja de pañuelos, pero no así su compasión.
—No voy a preguntarte sobre lo que ha dicho Sandra, sólo quiero saber si vas a ayudarnos.
—No, para nada. Creí que ya lo había dejado claro.
—Vamos, Mallory. Los dos sabemos que tú has hecho la mitad del trabajo. Ayuda a Sandra a terminar el artículo y podrás volver a hacer lo que se te da mejor.
Auténticas noticias, asuntos importantes, sobornos, estafas, chanchullos políticos. Ella era periodista y, por lo tanto, siempre le gustaría dar la noticia, pero no explotaría su relación con Logan Bartholomew. Si lo que Sandra había dicho era cierto, sería un asunto privado. Y ella tenía que creer que había una explicación. Logan no era como su padre. No le había dado razón alguna para dudar de él y no iba a hacerlo cuando más la necesitaba.
—No, Barry —le dijo, levantándose.
—¿Dónde vas?
«A decirle al padre de mi hijo cuánto lo quiero. A ayudarlo en esta crisis».
—Mallory! —gritó Barry cuando estaba abriendo la puerta—. Te he preguntado dónde vas.
—A casa. No me siento bien.
Pero sabía qué podía hacer para sentirse mejor.
Eran las nueve y veinte cuando Logan llamó a la puerta del apartamento. Estaba agotado, física y emocionalmente. Se había puesto en contacto con Felicia y había hablado con ella durante dos horas… y después había llamado a sus padres, con los que siempre había tenido una buena relación.
Pero los Grant tampoco sabían que Devon fuera hijo suyo. Como todo el mundo, habían creído que era de Nigel Getty. Aparentemente, sólo Felicia y Nigel sabían la verdad: que había descubierto su embarazo después de romper con él.
Nigel y Felicia se habían casado, esperando que el niño fuera de Nigel, pero casi inmediatamente después del nacimiento de Devon quedó claro que era hijo de Logan. Y su matrimonio duró un año. Irónicamente, para Nigel no era un problema casarse con una mujer que estaba prometida con otro hombre, pero la idea de cuidar de un niño que no era hijo suyo le resultaba insoportable. Porque cuando la prueba de paternidad confirmó que Devon era hijo de Logan, solicitó el divorcio de inmediato.
La partida de nacimiento se cambió para reflejar la auténtica identidad del niño, pero ni Logan ni Devon sabían nada.
Y él estaba furioso, amargado. Se sentía traicionado otra vez por Felicia, pero ahora era mucho peor. Era padre, tenía un hijo. Y, sin embargo, Devon y él eran dos extraños.
Además, en su mente pesaba la posible reacción de Mallory. ¿Lo creería? ¿Aceptaría que él no sabía nada del embarazo de Felicia o pensaría que le había dado la espalda a su responsabilidad?
Como su padre había hecho tantos años atrás.
Logan intentó sonreír cuando se abrió la puerta, pero Mallory estaba muy pálida y algo en su expresión le dijo que ya sabía lo que iba a decirle.
—Estaba empezando a preocuparme.
—Lo siento. He tardado más de lo que pensaba.
Tras la conversación con Felicia y sus padres, Logan había estado hablando con su abogado. No habría una batalla por la custodia del niño. Logan y su hijo eran extraños y sería cruel y traumático para Devon que intentase apartarlo de su madre… aunque tenía intención de entablar una relación con él. Pero llegaría a un acuerdo con Felicia sobre los derechos de visita, además de la aportación económica.
—Entra —dijo Mallory.
—No tienes buena cara. ¿Qué te pasa?
—Mi editor me llamó a su oficina esta tarde.
A Logan se le encogió el corazón.
—Creo que imagino por qué.
—Sandra estaba encantada, por supuesto.
—Sí, me dio esa impresión cuando me llamó por teléfono para soltar la bomba —suspiró Logan, preguntándose si las heridas de la metralla curarían algún día—. Mallory, sobre el niño…
—Tú no sabías nada.
Lo había dicho con absoluta seguridad. Y él pensando que no podía quererla más de lo que ya la quería…
Con su pasado, Mallory tenía todas las razones del mundo para no creer en él. Pero creía en él.
—Gracias, de verdad. Me preocupaba que tú…
—No —lo interrumpió ella—. El pasado ya no cuenta. Mi editor quería una respuesta por tu parte y quería que la consiguiera yo. Y, a cambio, me ofreció recuperar mi antiguo puesto en el periódico.
—Si tengo que hablar con alguien, prefiero que sea contigo.
Mallory frunció el ceño.
—¿Crees que he aceptado su propuesta? Mi trabajo ya no es toda mi vida, Logan. No voy a utilizarte para medrar en mi profesión.
—No me importaría.
—Pero a mí sí. Porque te quiero.
—Y yo también —Logan la abrazó y buscó sus labios.
—¿Lo ves? Ningún trabajo puede darme esto.
Aunque se sentía aliviado, Logan era realista. Tenían cosas que discutir, decisiones que tomar. De modo que la llevó al sofá y le pasó un brazo por los hombros.
—Mi vida está a punto de convertirse en un circo —empezó a decir—. Mientras venía hacia aquí, mi representante ha llamado para decirme que el contrato con la cadena de televisión se ha rescindido.
—Oh, no… lo siento mucho.
—Pensé que yo también lo sentiría, pero no es así. Van a enviar un comunicado de prensa porque ya había rumores circulando sobre el contrato… no va a ser nada fácil.
—¿Estás intentando ofrecerme una salida fácil?
—Sólo durante un tiempo. No quiero que todo este jaleo te afecte de forma alguna.
—Yo no pienso irme a ningún sitio. Estamos en esto juntos.
—Esperaba que dijeras eso. Te necesito, Mallory —Logan se pasó una mano por el pelo—. Dios mío, tengo un hijo… un hijo de nueve años que no sabe nada de mí. Y yo no sé nada de él ni de lo que significa ser padre.
—Serás un padre estupendo, estoy segura.
Logan agradecía su convicción, pero se le rompió la voz mientras decía:
—Me he perdido tantas cosas de su vida que no debería haberme perdido. No puedo creer que Felicia me haya escondido la verdad durante tanto tiempo.
Su dolor era tan profundo que a Mallory se le encogió el corazón.
—Lo siento mucho.
—Felicia y yo hemos hablado durante largo rato… pero lo que está hecho, hecho está. Discutir ahora sobre el asunto no serviría de nada.
—¿Y qué piensas hacer?
—Felicia estaba pensando volver a Chicago. Su negocio en Portland no va bien y ahora que yo sé lo de mi hijo no hay razón alguna para que siga allí. Cuando conozca a Devon y el niño se sienta cómodo conmigo tendremos que acordar un calendario de visitas y todo lo demás. Así que durante parte del tiempo ya no estaremos solos tú y yo.
Mallory había planeado contarle lo de su embarazo esa misma noche y una parte de ella seguía queriendo hacerlo, pero no sería justo para Logan. La noticia podía esperar unos días más, unas semanas incluso.
Hasta que se hubiera recuperado de la sorpresa.
Transcurrieron dos semanas y, como era de esperar, todos los medios de comunicación, locales y nacionales, se hicieron eco de la noticia. A todos parecía interesarles el hijo secreto del famoso psiquiatra radiofónico.
La prensa amarilla y algunos blogs cuestionaban que Logan no hubiera sabido nada sobre el niño en todos esos años, a pesar de que Felicia había enviado un comunicado de prensa apoyando su versión. Mallory sólo podía imaginar lo que publicarían si se filtrase su embarazo…
Ni siquiera se lo había contado a Vicki, aunque su amiga se había quedado perpleja cuando, en lugar de tequila, había pedido agua mineral la última vez que cenaron juntas.
Logan tenía que ser el primero en saberlo. Y lo sería. Pronto.
Volvía a Chicago aquella noche, después de pasar un fin de semana en Oregón. Había conocido a su hijo por primera vez el día anterior y la había llamado por la noche tan emocionado, tan esperanzado, que Mallory decidió no seguir esperando para darle la noticia.
Seguramente no era el mejor momento, pero tenía que hacerlo.
Iba de camino al aeropuerto y lo tenía todo cuidadosamente planeado: después de recogerlo lo llevaría de vuelta a su apartamento, donde los esperaba una cena a la luz de las velas. Aunque no había hecho la cena ella misma, claro; había llamado al restaurante de Luke para encargarla porque quería que todo fuera perfecto.
Cuando Logan apareció por fin parecía cansado pero contento. Mallory lo recibió con un abrazo, pero cuando iba a apartarse él la apretó contra su corazón y buscó sus labios en un apasionado beso.
—Creo que me has echado de menos.
—Desde luego que sí. Y si no estás muy cansado del viaje, he pensado que podríamos cenar en mi apartamento. Tengo la cena esperando… y una pequeña sorpresa.
—Muy bien. También yo tengo una pequeña sorpresa —dijo Logan, haciéndole un enigmático guiño.
Y en cuanto entraron en su apartamento, Logan Bartholomew hizo lo último que Mallory había esperado que hiciera: sacar una cajita del bolsillo e hincar una rodilla en el suelo.
Le había dicho que tenía una sorpresa, pero aquello… y el diamante que parecía hacerle guiños desde la caja debía tener montones de quilates.
—¿Qué estás haciendo?
—¿No te lo imaginas? —rió él—. Normalmente eres más rápida.
—Pero yo… tú quieres…
—Casarme contigo —terminó Logan la frase por ella, tirando de su mano hasta que los dos acabaron sentados en el suelo—. Te quiero, Mallory, y quiero pasar el resto de mi vida contigo. Si necesitas tomarte un tiempo para darme una respuesta, me parece bien. Sé que las cosas son un poco complicadas ahora mismo, pero puedo ser paciente…
—No necesito esperar. ¡Sí, sí! Claro que me casaré contigo, tonto —Mallory tomó su cara entre las manos y lo besó con todo su corazón.
Y siguieron besándose durante largo rato.
—La cena huele muy bien —dijo Logan después—. Oye, ¿no habías dicho que tú también tenías una sorpresa para mí?
Mallory se mordió el labio inferior, pero luego sonrió. Era demasiado pronto para sentir al niño, pero casi podría jurar que había notado un movimiento dentro de ella.
—Sí, yo también tengo una pequeña sorpresa.