Capítulo 7

Mallory no sabía cómo iba a sentirse durante su próximo encuentro cara a cara con Logan. ¿Emocionada? ¿Avergonzada? ¿Las dos cosas? Le había desnudado su cuerpo y un poco de su alma. Habían pasado dos noches juntos y, aunque durante la segunda los separaban muchos kilómetros, había sido tan íntima como la primera. Nunca se había sentido tan cerca de alguien como durante esas horas hablando con él por teléfono, compartiendo secretos hasta que el sol empezó a asomar en el horizonte.

En realidad, Logan y ella apenas se conocían. Y, sin embargo, él parecía entenderla mejor que nadie. Tal vez por eso no se sorprendió del todo al día siguiente, cuando lo vio en la puerta del Herald.

—Hola, Mallory.

—Hola.

La bandolera del maletín en el que llevaba su ordenador portátil resbaló por su brazo y habría caído al suelo si Logan no lo hubiera sujetado a tiempo.

—¿Qué haces aquí?

—¿Aparte de rescatar tu ordenador? —bromeó él.

—Sí, además de eso. Gracias, por cierto.

—De nada —dijo Logan, ayudándola a colocarse la bandolera sobre el hombro de nuevo—. Quería verte.

La tonta sonrisa que siempre asomaba a sus labios cuando estaba con él apareció de nuevo y Mallory tuvo que bajar la cabeza para disimular.

—Me alegro.

—Debería haberte llamado en lugar de aparecer así, sin avisar.

—No me importa. Es una bonita sorpresa.

—¿Tienes planes para esta noche?

No tenía ninguno, pero si los tuviera los habría cancelado.

—No, qué va. ¿Por qué?

—Había pensado llevarte a un club de jazz.

—¿Te gusta el jazz?

—No, pero a ti sí. Así que… —Logan se encogió de hombros, como si eso lo explicara todo. Y, en cierto modo, así era.

Mallory querría besarlo allí mismo, en la acera, delante del periódico. A la porra con los turistas que los rodeaban. No podía imaginar a ningún otro hombre que la pusiera a ella por encima de todo, lo que ella quería por encima de sus propias preferencias.

—Gracias.

—¿Por qué?

—Por el buen rato que voy a pasar esta tarde. ¿Te importa si pasamos antes por mi apartamento para que me cambie de ropa?

Llevaba puesto un traje de color marfil que se había arrugado durante el día y sus pies estaban suplicando que los liberase de los tacones. No era ese atuendo el que una llevaba a un club de jazz, especialmente si Logan iba en vaqueros y con un polo de manga corta.

—Muy bien… aunque me gustan esos zapatos de tacón. Hacen maravillas por tus piernas —Logan dio un paso adelante. Y estaba lo bastante cerca como para que no hubiese equivocación alguna sobre el brillo de interés en sus ojos.

—¿Tú crees?

—Oh, sí.

El resto del mundo desapareció, como había ocurrido cuando bailaban en la pista de baile del hotel… y más tarde, en su apartamento.

—Entonces deberías verme con tacón de aguja —anunció de repente, con cierto tono de reto.

—Ah, entonces espero que te los pongas algún día —las palabras de Logan y su expresión ardiente hicieron que Mallory contuviese el aliento—. ¿Nos vamos?

—¿Cómo?

—Tengo el coche aparcado al final de la calle.

—Muy bien, vamos entonces.

 

 

El Swing Shop era un local pequeño, oscuro y lleno de humo, con una colección de clientes que iba desde universitarios a jóvenes parejas, turistas, hombres con traje de chaqueta e incluso personal del cercano hospital, aún con la bata puesta.

Todo el mundo era igual allí. En el restaurante francés al otro lado de la calle, con una propina discretamente entregada podías conseguir una mesa mejor, pero en el Swing Shop la gente se sentaba a medida que iba llegando y si querías un buen sitio tenías que ir temprano.

Conseguir una buena mesa no era fácil, pero en cuanto Mallory vio a una pareja dejando una libre frente al escenario se abrió paso con los codos para llegar a ella y plantar su cerveza sobre la superficie de fórmica como si fuese una bandera. Logan llegó a su lado unos minutos después, pidiendo perdón a derecha y a izquierda.

—Ha sido asombroso —rió.

—Ya sabes lo que dicen: el que duda está perdido.

—Veo que lo has hecho antes.

—Este club es uno de mis favoritos.

—Y yo pensando que ésta iba a ser una experiencia nueva para ti…

—Eres un cielo —sonrió Mallory. Porque, además, era una nueva experiencia para ella. Estando con Logan todo le parecía nuevo.

—Es la primera vez que vengo —le confesó él.

—Sí, me lo he imaginado cuando he visto que dejabas pasar delante de ti a un grupo de turistas —rió Mallory.

—Bueno, pero ahora que tenemos mesa gracias a ti, ¿qué quieres tomar?

—La comida aquí no es buena, pero si puedes aguantar con un aperitivo hasta que la banda termine de tocar, prometo invitarte a cenar en otro sitio.

—¿Puedo elegir el restaurante?

—Parece que tienes algo en mente.

—Es posible —Logan tomó la carta, forrada de plástico, y después de echar un vistazo sugirió que tomasen unos nachos.

Y Mallory sonrió, contenta de que a pesar de ser un gran chef, Logan no tuviese prejuicios gastronómicos.

—Con jalapeños, pero sin cebolla.

Se quedaron hasta muy tarde viendo la actuación y podrían haberse quedado más tiempo si el estómago de Mallory no hubiese empezado a protestar.

La noche había refrescado considerablemente, pero el calor que subía de las aceras hacía que eso no sirviera de nada. Especialmente porque Logan apretaba su mano y ese simple roce la tenía enfebrecida.

—Has dicho algo sobre invitarme a cenar —le recordó mientras iban hacia el coche.

—Sí, es verdad. ¿Qué te apetece?

Logan dejó de caminar y se volvió para mirarla.

—Tú.

Entonces tomó su cara entre las manos para mirarla a los ojos. Tenía unas manos grandes y, aunque seguramente era una ridiculez, le pareció que podía sentir los callos que le habían salido de arreglar el barco.

La había besado antes… había hecho mucho más que eso. Pero en cada encuentro descubría algo nuevo, único. Como le pasaba siempre, se perdió a sí misma en el abrazo.

El beso podía haber durado unos segundos o varios minutos, no tenía ni idea. Lentamente, Mallory empezó a notar el ruido del tráfico, las conversaciones de la gente que pasaba a su lado…

Estaba apretada contra Logan, tanto que notaba claramente su reacción al abrazo. Y él respiraba con dificultad.

Mallory no era dada a escándalos públicos, pero cuando estaba con Logan Bartholomew no podía evitarlo.

—En lo último que pienso ahora mismo es en cenar —dijo él, con voz ronca—. ¿Y tú?

—¿Quién necesita comer?

Logan inclinó un poco la cabeza.

—Te deseo, Mallory.

De repente, ella quería algo más que sexo. Aunque apenas se conocían, deseaba algo más profundo con él… una relación, un compromiso de verdad. Algo que nunca había tenido con un hombre.

—¿Qué estamos haciendo, Logan? —le preguntó.

Él parpadeó, sorprendido.

—No estoy seguro —admitió, después de una larga pausa—. Me gustas mucho, Mallory. Pero si me estás pidiendo alguna promesa… no sé si puedo hacerlo.

¿Ahora o nunca? Afortunadamente, Mallory no le preguntó.

—No tienes que hacerme promesas. Esto es lo que hay —dijo, encogiéndose de hombros—. Pero pienso disfrutarlo todo lo posible.

Había esperado que ése fuera el final de la conversación, pero Logan frunció el ceño.

—¿Qué es «esto» exactamente?

Las palabras eran su refugio y, a veces, un mecanismo de defensa, pero Mallory no encontraba palabras en ese momento.

—No lo sé. Imagino que nos gusta estar juntos…

—¿Te refieres a que nos sentimos atraídos el uno por el otro?

—Sí, claro —asintió Mallory. Pero no era verdad del todo. Y no podía dejar de preguntarse por qué de repente eso le molestaba tanto—. Seguramente tú estudiaste esas cosas en la universidad.

Logan se pasó una mano por la frente. Él era un hombre de ciencia, pero algunas cuestiones desafiaban cualquier explicación académica. Su reacción con Mallory era una de esas cosas.

—Debe ser eso por lo que no puedo dejar de pensar en ti.

Ella abrió mucho los ojos.

—¿No puedes dejar de pensar en mí?

—No pongas esa cara de satisfacción —murmuró él. Aunque Mallory no parecía contenta, más bien sorprendida. Y algo esperanzada—. Nunca me había pasado algo así con una mujer.

—¿Nunca?

Logan se dejó llevar por la tentación de tomar su cara entre las manos.

—Además de pensar que eres preciosa, y no intentes discutir conmigo porque lo eres, te encuentro increíblemente sexy.

Mallory no discutió. No parpadeó siquiera. La mujer con reputación de implacable parecía tan vulnerable como una adolescente en ese momento.

—¿Vamos a quedarnos en la calle toda la noche o vas a llevarme a casa para hacer el amor?

Logan rió. Muy bien, tal vez no era vulnerable del todo.

—Vamos ahora mismo.

Cuando llegaron al coche le abrió la puerta y Mallory hizo una mueca.

—¿Ocurre algo?

—No, no. Es que siempre me abres las puertas… eres un caballero a la antigua.

—Cosas de mi madre.

—Ah, pues entonces me gusta tu madre.

Logan soltó una carcajada que retumbó en el interior del coche.

—Pues ya somos dos. Pero pareces sorprendida… sobre lo de salir con un hombre que te abre la puerta del coche.

—Es que nunca había salido con alguien como tú.

—¿Por qué no?

Mallory se encogió de hombros.

—No lo sé. Sencillamente… no había conocido a nadie como tú.

—¿Sabes una cosa? Es curioso, pero mucha gente confunde la cortesía con la condescendencia. Yo te abro puertas como un gesto de respeto. Supongo que tú podrías hacer lo mismo por mí… en cualquier caso, no pretendía mostrarme dominante.

—No, ya lo sé.

—Además, sería muy difícil dominarte a ti. Tienes demasiada personalidad y eres muy testaruda.

—¿Es así como me ves?

—Más o menos —asintió Logan—. ¿Cómo te ves tú a ti misma?

—No lo sé, pero me han llamado cosas peores que «testaruda». De hecho, me parece un cumplido.

—Me alegro, pero eso no responde a mi pregunta. ¿Cómo te ves a ti misma?

—¿Por qué quieres saberlo?

—Porque sí.

—Muy bien. Me veo como… una persona decidida.

—¿Sólo eso?

—No hay nada malo en ser decidido —insistió ella, un poco a la defensiva.

—Es verdad, no hay nada malo en eso —sonrió Logan—. Pero seguro que se te ocurren más adjetivos.

—Soy trabajadora.

—Otra etiqueta para decir lo mismo.

—Pero eso define mi personalidad.

Él alargó una mano para tomar la suya.

—No te conozco bien, pero yo veo en ti muchas más cualidades.

—¿Ah, sí? Dime.

—No, prefiero que las veas por ti misma. Y antes de que me acuses de analizarte, ¿qué tal si cambiamos de tema?

—Muy bien —suspiró Mallory—. ¿Qué te ha parecido la banda de jazz?

—Me ha gustado.

—Pareces un poco sorprendido.

—Lo estoy. No sé si ha sido la actuación de esta noche o la compañía —sonrió Logan—, pero la verdad es que lo estoy pasando estupendamente. Puede que tenga que comprar un disco de jazz… o tú podrías prestarme alguno de los tuyos.

—¿Por qué no?

Poco después llegaban al apartamento. Logan encontró aparcamiento a una manzana del portal y, después de apagar el motor, se volvió hacia ella.

—¿Sigues enfadada conmigo?

—¿Enfadada? ¿Por qué iba a estar enfadada? —preguntó ella, cruzando los brazos sobre el pecho.

—Lo estás, pero podría ser una bendición.

Mallory frunció el ceño.

—No te entiendo.

—Todo el mundo sabe que hacer las paces en la cama es lo mejor —Logan levantó cómicamente las cejas… pero Mallory no sonrió—. Pareces escéptica.

En realidad, estaba haciendo todo lo posible por contener la risa.

—Puede que tengas que convencerme.

Logan salió del coche y dio la vuelta para abrirle la puerta.

—Vamos entonces. A ver si tengo razón.