SEGUNDA PARTE

PENSAMIENTO LITERARIO

Andábame días pasados por esas calles a buscar materiales para mis artículos. Embebido en mis pensamientos, me sorprendí varias veces a mí mismo riendo como un pobre hombre de mis propias ideas y moviendo maquinalmente los labios; algún tropezón me recordaba de cuando en cuando que para andar por el empedrado de Madrid no es la mejor circunstancia la de ser poeta ni filósofo, más de una sonrisa maligna, más de un gesto de admiración de los que a mi lado pasaban, me hacían reflexionar que los soliloquios no se deben hacer en público; y no pocos encontrones que al volver las esquinas di con quien tan distraída y rápidamente como yo las doblaba, me hicieron conocer que los distraídos no entran en el número de los cuerpos elásticos, y mucho menos de los seres gloriosos e impasibles.

Mariano José de LARRA

Me he encontrado con estos versos de nuestro Campoamor: «Ay, cambiar de destino / sólo es cambiar de dolor» que me recordaron estos otros de Calderón: «Corriendo van tras una sombra mágica que llaman dicha y que jamás se ve»; que remiten al poema maravilloso de Kavafis titulado «La ciudad»; aquel que terminaba «así como tu vida la arruinaste aquí, en este rincón oscuro, en toda la tierra la arruinaste». Es como si los poetas, de toda lengua y edad, célebres y desconocidos, anticuados y modernos, grandes y mediocres, no escribieran sino un único poema, un mismo libro, de unas verdades a todos ellos comunes. Como si vinieran a darle la razón a aquellos otros versos, no menos admirables, de Rubén: «Los mismos ruiseñores cantan los mismos trinos / y en diferentes lenguas es la misma canción». Tan iguales a los de Fernando Fortín: «Y luego hay otros pájaros en los nidos de antaño / los pájaros distintos, pero el cantar el mismo».

Andrés TRAPIELLO