ACTO 10
Intocable
— ¿Cómo es que un hombre como tú, termina accediendo a chicas a través de MeetMe? — Preguntó Candela, mientras disfrutaba junto a Bruno de una taza de té.
— ¿Un hombre como yo? ¿A qué te refieres?
— Puedes tener a la mujer que desees. Eres guapo, millonario y además haces el amor de una forma increíble.
— Esta es la primera vez que hago esto. Al ver tu fotografía no pude evitar caer en la tentación de conocerte. Pero no creas que me siento orgulloso de hacer esto. — Respondió Bruno.
— Yo tampoco soy del tipo de chica que debes pensar. Terminé aquí al intentar investigar una desaparición de un chico de la universidad.
Ambos disfrutan de la humeante taza de té caliente, sus cuerpos aún están desnudos, aunque cubiertos con sábanas blancas. Candela está encantada con Bruno, en todo momento se ha comportado como un caballero y le ha brindado más atenciones que cualquier chico que haya conocido anteriormente.
Por su parte, Bruno no puede quitarle la mirada de encima a Candela, su belleza es exótica e incomparable, ha quedado muy satisfecho luego del encuentro y se deja llevar por sus impulsos una vez más antes de dirigirse a la chica.
— Tengo un verdadero problema con esta situación. — Dijo el caballero
— ¿Qué pasó? He estado muy mal, lo sé.
— No, el verdadero problema es que me ha fascinado y no puedo dejarte ir.
— No tienes que hacerlo Bruno, me quedaré a tu lado el tiempo que desees. Nunca imaginé que conocería a un hombre como tú. Y menos de esta forma.
Después de una larga noche, en la que la pareja se quedó unida en un abrazo que parecía inquebrantable, ambos salieron juntos de aquel lugar a la mañana siguiente.
Bruno había tomado la determinación de permanecer al lado de la joven Candela, quien, en una sola noche, había conseguido incrustarse en lo más profundo de su ser. Por otra parte, la chica había cumplido con su compromiso, pero más que un sacrificio, había salido premiada con un hombre maravilloso.
Ya había llegado el momento de despedirse, Bruno había llevado personalmente a la chica hasta su casa. Candela había mentido a sus padres acerca del motivo de ausencia, así que estos no se habían alarmado por la desaparición temporal de la chica, quien solía ser realmente independiente.
— Pasaré por ti mañana. Quiero que conozcas un lugar especial para mí. Tenemos muchas cosas de qué hablar.
— No puedo esperar para verte de nuevo. — Dijo Candela, antes de besar a Bruno en los labios y bajar del coche.
La chica había llegado directamente hacia su ordenador y en su buzón de mensajes pudo encontrar un correo electrónico en el que se pedía una evaluación acerca de su experiencia. MeetMe monitoreaba la calidad del encuentro y otorgaba los créditos al usuario.
Ya con la posibilidad de acceder a una membresía, la chica finalmente pudo ingresar a la zona más peligrosa de esta red social. A pesar de que la chica no se había percatado de la desaparición de Kimberly, si podía recordar su rostro. Sabía que había sido novia de Cristian, pero no tenía idea de que esta había sido víctima de las consecuencias de violar las normas de MeetMe.
Mientras realizaba una breve investigación, pudo ver la fotografía de la chica y como era ofertada para prestar servicios sexuales. Posiblemente se trataba de una iniciativa por parte de la Kimberly, o podría estar bajo el control de alguien más, así que decidió dirigir su investigación hacia otro sentido en el que quizás podría conseguir más detalles.
Luego de indagar por un par de horas continuas sin despegarse del ordenador, pudo hallar cierta información sospechosa que conectaba a la chica con una desaparición muy extraña. Parecía que toda la información referente a ella, había desaparecido, por lo que decidió hacer una llamada a los padres de Kimberly en Canadá.
— Hola, ¿es esa la casa de la familia Borland? — Preguntó Candela.
— Si, ¿quién habla? — Respondió una voz masculina.
— No me conoce, soy Candela Jiménez de Nueva York. Me gustaría hablar un poco sobre Kimberly Borland. Vamos a la misma universidad y no la he visto en clases.
— Sí, es mi hija. ¿Le ha pasado algo malo?
— ¿Podría decirme cuándo fue la última vez que supieron de ella?
— Recibimos un correo electrónico cada día. Nos ha comentado que su móvil ha tenido problemas.
Candela se sintió aliviada, pero a la vez no podía quitarse la sensación de sospecha de que algo no estaba bien, así que luego de algunas preguntas, culminó la llamada y decidió terminar con la investigación por ese día.
Aparentemente todo estaba en orden con Kimberly Borland, pero su extraña desaparición física se corroboró al día siguiente, cuando Candela, en sus ansias por determinar su ubicación, descubrió que su departamento estaba vacío, y su ausencia de la universidad era absoluta desde hacía una cantidad de tiempo considerable.
Candela no pudo evitar deducir que algo había salido muy mal para Kimberly, así que debería tomar cartas en el asunto. Conocía perfectamente el modo en que podían resolver las cosas los sujetos que estaban detrás de la red de MeetMe, y si Kimberly se había involucrado en algo referente a esto, posiblemente había pagado las consecuencias de algún error.
Esto habilitaba nuevamente las posibilidades de dar con el paradero de Cristian, así que Candela buscaría todo el apoyo posible en Bruno Andersen para dar con el paradero de la desaparecida chica.
Era evidente que los correos electrónicos que habían estado recibiendo los padres de Kimberly, no eran redactados por ella.
La forma de operar de esta red, era oscura y malévola, así que, Candela debía actuar con cuidado antes de hacer cualquier movimiento que levantara las sospechas de esta red peligrosa que amenazaba su integridad, la de Bruno y la de Bryan.
La tolerancia de este sitio web para con aquellos que cometían una violación a las normas, era sumamente baja, casi inexistente, por lo que la chica se encontraba muy preocupada.
Dos meses habían transcurrido desde el inicio de la extraña, pero agradable relación con Bruno Andersen, quien se había vuelto una pieza clave para poder desarrollar su investigación. Ambos sentían un fuerte deseo el uno para el otro, y se habían unido mucho más por dos simples razones.
Una de ellas era la gran afición que sentían por el sexo, y la otra, era necesidad de descubrir lo que había ocurrido realmente con esta pareja de jóvenes que había desaparecido misteriosamente.
El dinero de Bruno y el poder de análisis de la chica, eran una mezcla infalible para poder llegar hasta el fondo de aquella situación. Pero había demasiados momentos de distracción entre ellos, ya que una reunión dedicada al estudio de algunas pruebas e indicios de la ilegalidad en el sitio web, rápidamente podía transformarse en una sesión de sexo descontrolado.
Lo hacían en el suelo, en el sofá, en el coche, o en el lugar donde despertaran las ganas de devorarse el uno al otro. Había una gran tensión sexual entre ellos, y Candela se había abierto a disfrutar de las experiencias que le brindaba el millonario caballero.
El sexo no era solo una forma de desahogo entre ellos, era más que una forma de comunicación. Sus cuerpos se entendían perfectamente cuando disfrutaban de un encuentro apasionado, en el que Candela daba lo mejor de sí para complacer a su pareja.
Se había convertido en una relación exclusiva de la que ninguno de los dos estaba interesado en salir, y se encontraban aún más unidos por el interés de resolver aquel misterio tan extraño que se había gestado a través de MeetMe.
— Solo se me ocurre que podríamos intentar ofertar por ella. — Dijo Bruno, quien se halla desnudo en su cama.
Candela se coloca su ropa interior, mientras analiza la propuesta de Bruno. Han intentado avanzar en las investigaciones, pero una vez más han terminado haciendo el amor, esta vez en una de las habitaciones del hotel Solaris.
— En el sitio indican que solo se trata de un servicio temporal. ¿Qué haremos cuando se cumpla el tiempo? — Preguntó Candela.
— Solo necesitamos su testimonio. No creo que nos tome demasiado tiempo obtener la información necesaria. — Respondió Bruno.
Tal y como lo habían planeado, la pareja de disponer a unir fuerzas para poder llegar hasta la chica. Una fuerte suma de dinero es proporcionada por Bruno, quien logra concretar una cita con esta chica que lleva por nombre “Starfish”, pero que evidentemente es Kimberly Borland.
Solo un par de días después, tanto Bruno como Candela, esperan la llegada de la chica a la habitación de un hotel a las afueras de la ciudad de Nueva York.
Alguien golpea la puerta, se trata de la chica, quien está lo suficientemente drogada como para no tener control sobre su voluntad. En su mano llega un cronómetro que indica la cuenta regresiva de un par de horas.
El plan no ha funcionado, le han dado una fuerte dosis de estupefacientes, y en esta cantidad de tiempo, la chica no podrá recuperar el conocimiento como para brindarles información a Candela y a Bruno.
— Está demasiado drogada. Tenemos que salir de aquí con ella, efectivamente es Kimberly Borland. — Dijo Candela.
— No creo que nos permitan salir de aquí con ella. Tómale fotografías, se las enviaremos a sus padres y dejaremos que ellos se encarguen. — Respondió Bruno.
— No podemos permitir que sigan haciéndole esto. La están explotando sexualmente.
— Esta gente es peligrosa, Candela. No lo pensarán dos veces para desaparecernos a nosotros también. Hagamos las cosas con calma.
La chica lloraba desesperadamente al ver el estado de Kimberly. Había sido maltratada y su mirada estaba desorientada. Dejaron que la chica descansara por el par de horas por las cuales contrataron su servicio y al concluir el tiempo, una alarma aguda sonó en el cronómetro que la chica llevaba en su muñeca. Solo unos segundos después, alguien golpeó la puerta tres veces.
— Se acabó el tiempo. Ya es hora de irnos. — Dijo una voz masculina al otro lado de la puerta.
Ambos ayudaron a la chica a ponerse de pie. Esta caminó hacia la puerta con dificultad y se marchó. Bruno y Candela abandonaron el lugar e intentaron comunicarse tan pronto como pudieron con los padres de Kimberly. Candela marca los números en su móvil, pero abruptamente el teléfono le es arrebatado de las manos por Bruno.
— Esto debemos hacerlo personalmente. Si esta gente es tan poderosa como pensamos, posiblemente estén monitoreando nuestros teléfonos. — Dijo el caballero.
Se habían dispuesto a viajar hasta Canadá y ubicar directamente a los padres de Kimberly, quienes después de recibir a la inusual pareja, no podían salir de su asombro al ver las fotografías que obtuvieron de Kimberly. En ellas se podía ver el deterioro en su estado físico y mental.
— Kimberly está secuestrada por una red de prostitución. Si no hacemos algo pronto, su vida estará en peligro. — Dijo Candela.
Los padres de Kimberly estaban desesperados, tanto, que no escucharon las recomendaciones de la pareja de que fuesen completamente discretos, ya que la red monitoreaba cada movimiento sospechoso.
Si estos se daban por enterados de la condición de la chica, podrían tomar medidas en su contra. Los nerviosos padres no dudaron en comunicarse con las autoridades canadienses las cuales generaron un comunicado que rápidamente llegó hasta los encargados de MeetMe.
Todos los registros de “Starfish” fueron borrados de inmediato. Ni Candela ni Bruno volvieron a saber de la chica, ya que su perfil fue eliminado completamente. Era como un hoyo negro del cual era imposible regresar, dos desapariciones que quedaron sin resolver y solo era la punta del iceberg. Su regreso a los Estados Unidos fue deprimente, habían condenado a Kimberly a la desgracia, o posiblemente la habían liberado de su sufrimiento.
La vida de Candela debía continuar. Superar este episodio solo era posible si contaba con el apoyo de Bruno. Dos años de relación fueron suficientes para que este caballero estuviese seguro de que quería pasar el resto de su vida al lado de la chica. Candela había traído a su vida una gran cantidad de nuevas experiencias que no había tenido la posibilidad de vivir, por lo que se conectó de una forma muy fuerte con ella.
Un atardecer espectacular que parecía haber sido pintado especialmente para ellos, fue testigo de la propuesta de matrimonio de Bruno. Candela no podía creer lo que estaba viviendo. Con 20 años de edad se convertiría en la esposa de uno de los millonarios más exitosos de Nueva York.
Una felicidad infinita invadió a ambos cuando la chica finalmente aceptó la propuesta, estaban encarando un nuevo futuro y una gran cantidad de posibilidades en el horizonte, a pesar de que la sombra de MeetMe aún se encontraba sobre ellos.