ACTO 8

En el radar

Nadie quiere ser tratado como mercancía, pero Candela Jiménez no podía dejar de dar saltos por toda la habitación, expresando su emoción ante el cierre exitoso de una transacción que la había dejado finalmente en manos de un extraño para entregarle su virginidad lo antes posible. Pero a pesar de que tenía algo más que agregar a sus notas, tuvo que tocar tierra al leer el correo de confirmación de la transacción.

El equipo de soporte de MeetMe se había encargado de comunicarle la obligación que tenía que cumplir, luego de que un cliente ofreciera la cantidad de créditos descrita en el documento.

De forma automática, estos fueron acreditados en la cuenta de Candela, quien ya estaba completamente comprometida a cumplir con los requerimientos incluidos en texto perfectamente redactado, el cual se encontraba respaldado por una gran cantidad de normas que formaban parte de la ética y los principios de la red social.

Siempre había imaginado que había sido parte de un juego, pero estaba comenzado a descubrir que todo estaba desarrollándose en un contexto serio. Ya no había tiempo para juegos, Candela estaba condenada a darle su virginidad a un completo extraño, aunque no pudo negar sentirse aliviada al ver el aspecto de Bruno.

Si debía enfrentar aquella realidad, al menos no tendría que hacerlo con un hombre de aspecto descuidado o algún enfermo sexual que la trataría como una basura.

Candela tomó su móvil para informarle a Bryan lo que había ocurrido, pero algunas de las líneas del correo electrónico que recién había leído, llegaron a su cabeza súbitamente. Recomendaban no compartir con nadie la información suministrada, y las normas de MeetMe, habían comenzado a convertirse en un verdadero Credo para la chica.

Si revelaba la información, corría el riesgo de exponer al ganador y este podría realizar una petición de reembolso de sus créditos, y ya la chica estaba muy cerca de su objetivo como para arruinarlo todo.

Colocó nuevamente el móvil sobre el escritorio y decidió esperar las nuevas indicaciones de la plataforma para continuar con el procedimiento. Por momentos, Candela sentía un miedo increíble, unas ganas incontenibles se salir huyendo y desaparecer completamente de la ciudad.

Esto podría generar un daño grave en su contra y su reputación, según sus investigaciones, no conocía todavía al primer usuario que pudiera decir que abandonó la red social sin ningún tipo de consecuencias.

La chica decidió tomar sus cosas e irse a la universidad el resto del día, no quiera pensar más en el tema que la estaba consumiendo por dentro y la estaba dirigiendo hacia una locura inminente.

Había perdido el control de su vida, ya nada tenía sentido para ella, más que la realidad virtual en la que se había introducido durante las últimas semanas. Después de tomar un baño caliente, la chica salió de su casa para despejar su mente.

Rodeado de una gran cantidad de personas de alta categoría en las instalaciones de su gran hotel, Bruno sostiene el teléfono móvil de última generación entre sus manos. Revisa los últimos mensajes que ha recibido, entre los cuales se encuentra la felicitación de MeetMe, la cual ya ha leído anteriormente. Decide revisarla una vez más y trata de entender en lo que se ha involucrado.

No es la primera vez que Bruno pagará por una mujer, esto es absolutamente normal en su vida, Pero lo que no puede procesar aún, es el hecho de que ha pagado por una chica que no conoce, completamente virgen y que apenas cuenta con 18 años.

Apenas era la tarde de un martes, y esa misma noche, Candela recibiría la notificación de la fecha y el lugar donde debería estar el día sábado. Pero justo en ese momento, la chica se vio invadida por el pánico y comenzó a trazar en su mente un plan para evadir aquella situación.

No importaba cuánta inteligencia existiera en la mente de la chica, no había posibilidades de burlar aquel sistema, el cual se caracterizaba por haber satisfecho a una gran cantidad de usuarios durante los últimos meses.

Quiso pedir ayuda, pero sus padres la asesinarían si se enteraban que había puesto en venta su virginidad por internet. Bryan era la única posibilidad con la que contaba para poder evadir aquella situación.

Esperaría un par de días, con la esperanza de que el cliente cancelara la transacción, pero era una posibilidad muy remota. Podía escuchar en su cabeza los reproches y reclamos que recibiría por parte de su mejor amigo, pero prefería mil veces enfrentar dicha situación, que tener que acceder a las demandas de MeetMe.

Una maleta se encuentra sobre la cama, prendas aleatorias caen dentro de ella de una forma desordena, no hay demasiado tiempo para dedicar a la organización. Candela parece no pensar demasiado en que lo que necesita, así que toma lo primero que ve, y comienza a trazar su camino hacia una fuga.

Ha preferido involucrar a Bryan, y aunque apenas es jueves, no puede permitirse acceder a una locura como la que se ha planteado días atrás. No pretende decirle a nadie sobre sus planes, pero Candela desconoce los alcances de la red.

Marca el número telefónico de una compañía de taxis local, sale de su casa y espera pacientemente la llegada el coche. En su mano lleva una gran maleta en la que lleva una cantidad considerable de ropa, no parece que tenga demasiadas intenciones de volver pronto, al menos no por los próximos 15 días.

Necesita que la marea baje, y tiene que alejarse por un tiempo. Pero Candela está a punto de descubrir que se ha metido en algo mucho más serio de lo que ella piensa. Luego de una espera de 10 minutos, el coche llega finalmente hasta su casa.

Un hombre de unos 50 años baja del coche y ayuda la chica a introducir su gran maleta en el compartimiento trasero del coche.

— ¿Hacia dónde nos dirigimos señorita?

— Al aeropuerto por favor. — Respondió Candela.

El coche se puso en marcha. Las manos de Candela temblaban de forma descontrolada, no sabía por qué sentía tanto miedo, pero las razones eran muy evidentes. Estaba violando una norma muy delicada de una plataforma que incluía una gran cantidad de personas que no estaban jugando.

Alguien había pagado una gran cantidad de dinero por ella, y no iba a desaparecer, así como así. El caso de Cristian rondaba su cabeza constantemente, pero la negación no la dejo ir más allá.

El conductor del taxi, había decidido tomar la vía más rápida al aeropuerto, lo que tranquilizó a Candela. Pero no se sentiría completamente segura hasta abandonar completamente la ciudad de Nueva York.

Había dejado atrás cualquier artefacto tecnológico que le diera la posibilidad a alguien de rastrearla. Pero a pesar de todos los pasos que cuidadosamente había seguido la chica, intentando no levantar sospechas, no había forma de escapar de la situación.

MeetMe había recibido una cantidad de dinero increíble por la virginidad de Candela, quien había habilitado su disponibilidad por iniciativa propia. No estaban dispuestos a defraudar a un cliente con un potencial financiero, tan solo por un arranque de moral de última hora que había sufrido la chica. Si Candela hubiese tomado dicha determinación en el mismo momento en que inició la subasta, quizás habría tenido algo de tiempo para huir.

Pero justo 24 horas después de que su oferta se encontraba en línea, había estado siendo monitoreada por el equipo de la red social. No se imaginaba que a todos los lugares que iba, se encontraba un sujeto observándola y verificando sus planes.

El último movimiento que pudieron rastrear, fue su llamada repentina a la línea de taxis, esto encendió las alarmas, por lo que enviaron a un par de sujetos a encargarse de la situación.

El coche estuvo estacionado frente a la casa de Candela en todo momento, mientras ella se encontraba parada a las afueras de su casa, ambos sujetos se encontraban vigilándola.

Pero no tenían seguridad de a dónde se dirigía, así que lo único que podían hacer, era seguirla hasta su destino y corroborar que no planeaba una huida inminente. Al ver que la dirección que había tomado el taxi, iba directamente al aeropuerto, no dudaron de que la chica había decidido desaparecer.

Solo faltaban 3 días para que se llevara el encuentro entre Candela y Bruno, así que no había lugar para cometer errores. La chica se encontraba completamente segura de que llegaría a su lugar de destino sin contratiempos, pero justo detrás de ella, literalmente la venía siguiendo su ineludible destino. El taxista pudo darse cuenta de que el extraño coche de color negro los venía siguiendo desde la salida de la casa de Candela.

A solo unos metros de distancia, el vehículo se encuentra a la misma velocidad que el taxi. El conductor toma la determinación de acelerar para intentar dejar atrás al persecutor.

— No quiero asustarte, pero creo que no están siguiendo. — Comentó el conductor.

— ¿Estás seguro? — Preguntó la nerviosa chica.

— Este coche negro que viene detrás de nosotros nos está siguiendo desde que abandonamos tu casa. No creo que vayan en la misma dirección que nosotros.

— Haz todo lo posible por perderlo por favor.

— Pero, ¿tiene que ver contigo? No quiero meterme en problemas con la ley. — Comentó el caballero.

— La gente que nos sigue probablemente no tiene nada que ver con la ley. No te detengas, pase lo que pase.

Luego de mantenerse en la vía por un tiempo considerable, ambos vehículos se acercaban al lugar de destino, pero Candela no podía durar para siempre en la carretera.

— Ya estamos por llegar al aeropuerto. ¿Qué hacemos? — Preguntó el conductor.

— Creo que la única solución es volver a mi casa. Intente regresar.

El vehículo se mantuvo detrás de ellos de una forma paciente durante todo el camino de regreso. Una vez que el taxi dejó nuevamente a la chica en frente de su casa, el vehículo de vidrios oscuros se estacionó nuevamente frente a la casa de la chica.

Era más que evidente que todo guardaba relación con MeetMe. Candela se encontraba atrapada en una encrucijada de la que solo tenía posibilidades de escapar sumergiéndose en las profundidades de la red.

No tenía demasiadas esperanzas de salir airosa de la situación, pero quizás podría convencer al sujeto que había pagado por ella, de que la dejara en libertad. Quería creer que en realidad aún quedaban personas amables en las cuales confiar, pero muy en el fondo sabía que, si quería a alguien con ese perfil, no debía buscarlo precisamente en ese lugar.