Capítulo Trece

 

—Supongo que… eso es todo, no te molestaremos más.

Si Jared la estaba entendiendo o no, era algo difícil de saber. Abría y cerraba los puños mientras que sus ojos, Dios, sus ojos. Orbes azules brillando llenos de tanta furia que, sí, sin lugar a dudas había entendido, alto y claro. De hecho, era ella quien no había puesto atención a las señales. No había que ser muy lista para saber lo que iba a pasar a continuación y la certeza la hizo sudar frío.

La respiración se le desbocó mientras la realidad caía sobre ella como una jarra de agua helada, temblando, Brie buscó a tientas con una de sus manos la puerta que estaba tras ella. Sentía las oleadas de tensión que emanaban de él, provocándole náuseas porque comprendía que el tiempo se le estaba acabando. Tenía que salir cuanto antes.

Pero cuando Jared comenzó a caminar con determinación hacia ella, su corazón se detuvo, haciendo que sus movimientos se volvieran increíblemente torpes, apresurada y con manos temblorosas, encontró el picaporte, lo giró para poder salir de ahí… La fuerza con la que un enorme brazo estampó la puerta cerrándola, la hizo soltar un grito y cerrar los ojos aterrada.

—No lo hagas, por favor déjame ir —gimoteó con voz entrecortada. Cuando no hubo respuesta, abrió los ojos de nuevo y jadeó ante la visión frente a ella. El hermoso rostro de Jared estaba inclinado hacia ella, su sonrisa torcida le mandó una descarga de miedo directa a la espalda.

—¿Para irte con ese imbécil? —Su voz aterciopelada era terriblemente inquietante.

—Por favor… —susurró.

—No —contestó tranquilamente, poniendo ambas manos a los lados de su cabeza, encarcelándola. Aquella pasividad tuvo el efecto contrario en Brie.

—¿Es que no lo entiendes? ¡Te odio! —chilló golpeándolo con fuerza en el pecho.

—Como si fuera la primera vez que me lo dices. —Le sujetó las muñecas impidiendo que siguiera con los golpes—.  Se te olvidan las cosas con mucha facilidad.

—Quiero irme, déjame, no…

—¿De verdad creíste que con haberme dicho ese estúpido sermón voy a dejarte ir?, ¿pensaste que me harías entender tus razones de mierda?, ¿creíste que iba a pedirte perdón y asegurarte que de ahora en adelante seré jodidamente mejor? —siseó bruscamente, la calma que aparentaba su cuerpo era muy diferente a la tormenta que rugía tras sus ojos azules. Brie bajó la mirada, no quería verlo, pero Jared sujetó con fuerza su mentón obligándola a mirarlo—. No, Brielle, estás muy equivocada. ¿Cuándo jodidos vas a entender que aquí tú no eres nada?

Nada.

Solo Dios sabría por qué aquello le sentó como un golpe al estómago, a Brie se le llenaron los ojos de lágrimas mientras la furia por la impotencia comenzaba a sustituir su raciocinio. Las manos comenzaron a picarle en ansiedad de nuevo, se moría por abofetearlo, respiró pausadamente tratando de encontrar la manera de tomar algo de ventaja, sabía que llevaba las de perder y no le convenía enfurecerlo más.

—Suéltame, me lastimas. —No era cierto, pero necesitaba espacio. Él estaba presionándola contra la puerta, estaba totalmente sobre ella.

Jared gruñó una maldición y, aunque siguió presionándola, le liberó el mentón. Brie respiró profundamente, sus ojos brillaron con miedo ante aquel letal y enorme cuerpo, pero no obstante se rehusaba a ser nada frente a él, así que le sostuvo la mirada, incluso mientras se inundaba de su aroma a sudor mezclado con jabón. Dios, ¿ahora qué? Claramente no era momento de soltar más discursitos, Jared se encontraba bastante furioso y solo lograría empeorar las cosas. Como lo que había ocasionado con Zack. El recuerdo de su amigo la estremeció. Lucía bastante mal, ensangrentado, y estaba segura de que su rostro en agonía mientras jadeaba por aire la perseguiría por noches. Lágrimas comenzaron de nuevo a bajar por sus mejillas.

—Deja de llorar, no quieras engañarme de nuevo haciéndote la mártir.

—Por favor, tienes que dejarme libre —pidió de nuevo, sin saber bien por qué insistía con eso, conocía perfectamente la respuesta.

Traté de dejarte libre, te juro que lo intenté. Incluso intenté que llevaras una puñetera vida normal, con gente de tu edad. —Brie frunció el ceño sin comprender nada de sus palabras—. Pero entonces, me sales con esta mierda, metiéndote con ese perro. Trayendo a nuestro bebé a este infierno, ¿y todavía dices que yo soy el peligroso? —rugió haciéndola dar un respingo.

—Nunca me pondría en peligro…

—¿Ah, no? Porque de hecho me da la impresión de que no puedes vivir si no estás involucrada en algo peligroso. ¿Tanto te gustan los chicos malos?, ¿es que acaso no soy lo suficientemente hijo de puta para ti?

La castaña parpadeó sin comprender el sentido de sus palabras… ¿Acaso él quería agradarle a su manera retorcida? No, seguro solo estaba hablando por hablar, siempre acostumbrado a ganar, por supuesto más aún si se trataba de Zack. Por eso hizo caso omiso del tono autoritario de sus ojos y su voz, porque, aunque la había abandonado el valor, la desesperación le dio la fuerza que necesitaba.

—No sé qué quieras decir, pero Zack solo es mi amigo, y a diferencia de ti, él no es peligroso —balbuceó mientras sorbía su nariz. Por Dios, ¿cómo estaría Zack?

—¡Y una mierda! —gruñó furioso, mientras se pasaba una mano por su caótico cabello.

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La paciencia nunca había sido una de sus putas virtudes.

Es más, Jared dudaba tener alguna jodida virtud. Sin embargo, estaba recurriendo a cada retazo de control que le quedaba, apelando a su lado más noble para no lanzarse a golpear hasta la mierda cualquier cosa. La adrenalina aún corría fuerte por sus venas. Normalmente antes de una pelea, se esnifaba un poco de cocaína y al terminar las peleas, se iba directo a casa de Zoey a saciarse hasta quedar agotado, inconsciente, pero justo ahora, no podía tener ni una cosa ni la otra, de hecho estaba demasiado consciente para su salud mental, así que sí, estaba al borde de sus límites, necesitaba salir de este lugar de mierda cuanto antes.

—Vámonos. —Tomó con fuerza la pequeña mano de Brie y abrió de un tirón la puerta. Ella comenzó a resistirse, así que Jared la sujetó con delicadeza, pero firmemente, por los hombros—. De nada sirve que hagas eso, ocasionas el efecto totalmente contrario en mí, ¿sabes? —La acercó contra su pecho antes de restregarle de forma lasciva las caderas—. Así que si sigues con esta mierda, te llevaré a casa aunque sea malditamente arrastrando, y no precisamente para sermonearte, tú decides.

Ella estaba furiosa e indignada, con el cabello largo pegado a su cara. Su pecho subiendo y bajando agitadamente mientras le lanzaba dagas por los ojos. Abrió y cerró la boca, como si no pudiera dar crédito a sus actos, para luego desviar la mirada. Jared respiró profundamente el aroma floral que desprendía, mientras el delicioso peso de la desesperación y ansiedad por hundirse en ella volvía a instalarse en su estómago. Pensó estúpidamente que Brie era aquel dolor punzante que necesitaba para seguir vivo.

Abrió y cerró la mano que tenía libre, necesitaba jodidamente calmarse. No estaba ciertamente pensando con claridad, estaba absolutamente cegado, y por eso estaba actuando como un hombre de las cavernas. Porque si bien era cierto que era un tipo grande, un guerrero temido, frente a ella quedaba reducido a un puto saco lleno de emociones que no conocía. Brie se estaba mordiendo el labio en un acto visible por contener sus emociones, Dios, por alguna razón se moría por abrazarla. La idea de perderla, de verla irse corriendo a los brazos del perro —aunque quizás solo fuera una hipótesis— lo ponía mal hasta lo insano.

—Te prometo que no haré ningún escándalo —susurró Brie con un hilo de voz—, me iré contigo a donde sea, no intentaré escapar, siempre y cuando me dejes hablar con Zack para saber cómo está.

—No estoy negociando.

—¡Lo dejaste moribundo! —rugió furiosa intentando soltarse de su agarre, ya varias personas comenzaban a verlos, pero no se atrevían a decirle nada. Bien.

—Perdona mi desconsideración con Zack, pero… vas a hablarle sobre mi puto cadáver.

—Tú… tú me repugnas —dijo, mirándolo furiosa.

—Me tiene sin cuidado.

Brie lo miró con aquellos grandes ojos chispeando en calor, respiró hondo como si también estuviera tratando de controlarse, tuvieron que pasar unos minutos y, cuando habló, fue como si se hubiera pensado muy bien sus siguientes palabras.

—Zack es mi amigo, Jared.

—¿Amigos? ¿Podrías siquiera explicarme de dónde mierda lo conoces? —Ella mordió su labio desviando la mirada… y el tema.

—Sé que he hecho un montón de cosas mal con ambos, pero esta vez tienes que dejarme hacer las cosas bien. Se metió en todo este lío por mi culpa… no puedo dejar las cosas así…

—Tendrás que aprender a vivir con ello. Está totalmente fuera de discusión que le hables, mucho menos que vayas a verlo.

—Eres un… —Apretó sus pequeñas manos en puños—. Te odio.

—Bien. ¿Vas a caminar ya o quieres seguir parloteando otro poco? —La joven de nuevo lo miró con rencor, cosa que le importaba una soberana mierda.

Tomó nuevamente su mano, pero no habían dado ni dos pasos cuando una figura de bailarina se plantó frente a ellos, Jared pellizcó el puente de su nariz.

—Por mi salud mental, quítate, Katie.

—Jared, tienes que calmarte, ¿podemos hablar?

—Pudimos hablar esta mañana, cuando te conté que Brie me ocultaba cosas y no dijiste puñeteramente nada. —Elevó un dedo indicándole que se callara cuando claramente iba a interrumpirlo—. Debí ser más listo y comprender que no venías sola a verme a las bodegas. —Tiró más de la mano de Brie para acercarla—. Brielle venía contigo, todo este puto tiempo, ¿no es así? Son iguales de… —Suspiró negando con la cabeza.

De perras, vamos, sé que quieres decirlo —lo retó elevando una ceja, Jared la miró estoico—. Tienes razón, debí contarte algunas cosas, pero para ser completamente honesta, ni en un millón de años me imaginé que podría tolerarte, mucho menos me vi explicándote cosas. Así que… —Caminó un poco más hacia ellos, Jared sujetó a Brie por la cintura sintiendo como si la enana quisiera arrancársela a la más mínima distracción—. ¿Por qué no nos sentamos todos y platicamos como personas civilizadas?

—No hoy.

—Jared, por favor…

—No estoy diciendo que no, solo estoy diciendo que hoy no. Así que ahora vete a la mierda, quiero llegar a casa.

Katie lanzó a Brie una mirada preocupada que la castaña devolvió con un suspiro cansado y un asentimiento de cabeza. No que Jared necesitara algún pase para largarse de ahí, sin decir nada pasó a un lado de la enana, fulminándola con la mirada, a ella y a cualquiera que osara interferir otra vez en su camino, mientras se abría camino  innecesariamente dando codazos.

A pesar de eso, el género femenino no le temía y se lanzaban a su paso, para tocarlo o intentar deslizar su número de teléfono dentro de su chaqueta, lanzándole miradas provocadoras o sonrisas de mierda. Y si no fuera por el estruendo de la música, hubiera jurado que Brie había dicho «zorras». Maldiciendo, recordó que venía en la motocicleta, por lo que tuvieron que esperar un taxi. Fuera del Cooper's, el ambiente fresco le despejó un poco la mente, a Brie se le erizó la piel, por lo que tiró de su gastado abrigo tratando de cubrirse. Jared se quitó la chaqueta y se la ofreció, pero ella ni siquiera lo miró. Cuando se la puso sobre los hombros, ella se sacudió haciendo que cayera al suelo.

—No necesito tu compasión. De hecho, no te necesito para nada.

—Por supuesto que no —espetó mordaz—. Me queda muy claro lo suficiente que eres, incluso me apartaste de mi hijo sin importarte absolutamente una mierda lo que yo pensara.

—Y por eso me secuestraste y te has dedicado a hacer mi vida miserable.

El joven cerró los ojos al tiempo que pellizcaba el puente de su nariz, que se lo llevara el diablo si ella estaba pensando que le pediría perdón por eso. Tendrían que arrastrarlo hasta las profundidades del infierno antes de que le confesara incluso lo ansioso que estaba desde que ella le había dicho que era un peligro.

Mientras esperaban el taxi en silencio, no pudo evitar mirarla de reojo. La falda de su uniforme ondeaba suavemente con el viento, atrayendo invariablemente la vista a esas largas y bien formadas piernas, Brielle era tan pequeña a su lado y estaba tan furiosa… Por alguna razón detestaba estar así con ella, porque en realidad sí la había… a la mierda, la había malditamente extrañado, pero recordarla al lado del perro… Dios, odiaba esa costumbre que tenía de retorcer las cosas, quizás por alguna puta razón en la alineación de las constelaciones, era verdad que tan solo eran amigos. Abrió y cerró las manos en puños, estaba perdiendo lo que le quedaba de paciencia a la velocidad de la luz, ya no se creía capaz de soportar por este día más estrés, salvo que… sí que podía.

Durante años vivió con Caleb, ese cabrón. Años de entrenamiento con él, conociendo todos y cada uno de los niveles de la tortura, pasando por el dolor físico, mental, llegando a la cúspide de la humillación y la total degradación, todo eso lo había hecho quien era ahora. Así que una chaqueta en el suelo, una mujer insufrible y un puto perro, definitivamente no eran nada.

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Brie mantuvo la mirada clavada en la ventana del taxi viendo como en un trance las pequeñas gotas de lluvia que se adherían celosas al frío vidrio. Cualquier cosa era una buena distracción del ogro que venía a su lado… Iba a volver con él. ¿Cómo fue tan tonta como para pensar que Jared simplemente se daría por vencido?

En cuanto llegaron a casa, bajó dando un sonoro portazo, tomando ventaja de que Jared se había quedado pagando al chofer. No pasaron ni dos segundos cuando sintió esa poderosa aura detrás de ella, se abrazó a sí misma conteniendo el escalofrío que la recorría siempre que sentía que él estaba mirándola fijamente. Cuando llegaron a su piso, Jared abrió la puerta y ella se apresuró a escabullirse. Necesitaba un baño con urgencia, luego se dormiría todo lo que pudiera, a ver si así despertaba de ésta horrible pesadilla.

—¿A dónde crees que vas? —Una fuerte mano la sujetó por el brazo, haciéndola soltar un gritito. Furiosa porque estuviera tocándola y arrinconándola por todos lados, se sacudió de su agarre.

—Eres un idiota, ¿lo sabes? —gritó furiosa, sin embargo él sonrió de forma torcida.

—Eso no pensabas mientras me montabas en el Cooper's. —Ella boqueó un poco, se ruborizó de furia y de vergüenza por igual, sin embargo, rápidamente retomó la compostura.

—Te recuerdo que era para poder salir de ese lugar, solo te utilicé. —Los ojos de él llamearon con odio, aunque intentara ocultarlo lanzándole una de sus habituales miradas frías.

—¿Será? Porque me da la impresión de que te gusta mucho cuando te toco. —Brie juntó fuerzas para pasar a su lado directa hacia el baño, intentó incluso ignorar esa estúpida sonrisa plasmada en sus arrogantes labios, pero tan furiosa como estaba, cuando llegó a su destino se giró para encararlo, su orgullo tomando posesión de su lengua.

—Tienes razón, me atraes, ¿qué no te lo he dicho ya? —Deslizó la mirada desde sus anchos y musculosos hombros, hasta la punta metálica en sus botas—. La verdad no estás tirado a la basura, tienes buen cuerpo y eres oscuro justo como me gustan los hombres, peligrosos. —Sonrió al ver la furia hirviendo en aquellos ojos azules—. Así que tienes razón, de todos los hombres asquerosos en ese lugar,  me resultaste, al menos a la vista, lo más rescatable para engendrar un hijo, ahora si ya elevé tu ego lo suficiente… con tu permiso. —Azotó la puerta.

Dentro del enorme e inmaculado baño, Brie abrió las llaves de la regadera, y cuando se aseguró que había el suficiente ruido, se derrumbó. Deslizándose lentamente a lo largo de la puerta hasta quedar sentada. Ocultó sus sollozos con ambas manos mientras trataba de recuperar el aliento, esperaba que Jared no la escuchara. Ya se encontraba demasiado humillada como para que él se alimentara de eso.

Una vez que se hubo calmado, acarició con suavidad su vientre, negó suavemente y con un suspiro se puso de pie, se metió en la ducha y duró lo que pareció una eternidad sin moverse, disfrutando únicamente del tan ansiado baño caliente, del agua cayendo por sus hombros, humedeciendo su cabello, recorriendo cada centímetro de su entumecido cuerpo, cerró los ojos tratando de desconectarse del mundo que la aguardaba afuera aunque fuera unos minutos.

Una vez que hubo terminado, se secó tan lento el cuerpo como pudo. Demoró poniéndose crema en abundancia sobre su vientre y secándose el cabello. Qué lástima que no se pudiera vivir en el baño, porque sin duda parecía un buen lugar para permanecer por un tiempo… quizás eterno. Maldiciendo en silencio, se acomodó bien la toalla, había estado tan furiosa que no había metido con ella un cambio de ropa y la que llevaba puesta estaba sucia.

Abrió con mucho cuidado la puerta, pidiendo a Dios que por algún milagro él estuviera dormido. El pasillo estaba oscuro, sin embargo lograba ver algo con la tenue luz del alumbrado público que se colaba por las cortinas, con sumo cuidado abrió la puerta de la que era su recámara, pero contuvo un grito cuando se encendió una pequeña lámpara iluminando la habitación… y a Jared. Él estaba tendido despreocupadamente en el centro de la cama, su cabello estaba oscurecido producto de la ducha y no llevaba camisa, los tatuajes en sus anchos brazos resaltaron cuando se cruzó de brazos sobre el pecho. El corazón se le trasladó a la garganta, Dios mío, aunque lo detestara era absolutamente glorioso.

Y cuando le sonrió torcidamente, supo que estaba en problemas. Su mirada la traspasó como si estuviera hambriento, haciendo que repentinamente se sintiera desnuda, por lo que aferró más la toalla a su pecho.

—No necesitarás la toalla para lo que voy a hacerte —murmuró con aquella voz baja y ronca. Brie mordió su labio intentando contener un jadeo.

—Tú no, no… no lo harías…

—¿Por qué no? —Se estiró por la cama como una enorme pantera, de manera que quedó sentado al borde—. Dijiste que no te soy desagradable a la vista, además es hora de que pagues todo el dinero que me costaste.

—No tenías porqué comprarme —balbuceó mientras retrocedía.

—¿Estás diciendo que habrías venido voluntariamente conmigo? —Ladeó la cabeza mientras la retaba con la mirada. Ella no respondió—. Eso me imaginaba.

Brie suspiró antes de armarse de valor y caminar hacia el armario para buscar algún pijama de los que él le había comprado. De ninguna manera le iba a pedir una camiseta, aunque durmiera cómoda con ellas.

—¿A qué hora piensas irte de mi habitación? —preguntó como quien no quiere la cosa.

—¿De verdad estás esperando que te deje tranquila? —Brie elevó una ceja mientras seguía buscando una camiseta, estaba cansada de tener que soportar su arrogancia.

—¿De verdad piensas que me asustas? Porque lamento estropear tu ilusión, pero no me das miedo —mintió con aquella voz firme que le salía cada vez con más naturalidad. Tranquilamente sacó una camiseta nueva, luego se giró para mirarlo—. De hecho, no me asustas en lo absoluto.

Él arqueo una ceja, su mirada brilló con excitación robándole el aliento, de pronto una sonrisa verdaderamente ancha se dibujó en sus labios, mientras le recorría el cuerpo como si estuviera muriendo por inanición.

—No deberías haber dicho eso. Y no, definitivamente no debería seguir provocándolo, pero estaba más allá de lo racional para detenerse a pensar en cómo comportarse.

—Tampoco debería haberme metido contigo y heme aquí, al parecer no me van las cosas convencionales.

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Un jodido reto.

Brie era tan malditamente testaruda y con aquella diminuta toalla que la hacía verse absolutamente caliente, le ocasionó un cortocircuito a su cerebro. El deseo de cazarla, de consumirla y destrozarla como si fuera un maldito rival en la arena, lo consumió por completo. No supo cuándo se encontró poniéndose de pie, en un ágil y suave arrebato la levantó. Quizás Brie balbuceó idioteces o incluso le gritó, cosa que no le importó mientras la llevaba al centro de la cama.

Con cada forcejeo la toalla iba perdiendo su agarre. Subiéndose indebidamente por sus cremosos muslos hasta casi taparle nada. La presionó contra el colchón para luego cernirse sobre ella, lo hizo con cuidado para evitar que no tuviera que soportar ni un gramo de su peso. Le sujetó los brazos por encima de la cabeza y la miró con lujuria. Ella le devolvió la mirada, alzando su altanera barbilla.

—No es que importe, pero espero que estés lista para esto. —Empujó su dolorosa erección contra ella, haciéndola jadear—. No prometo ser… gentil.

—¿D-De verdad me vas a obligar?

—No es nada que desconozcas, tú me obligaste a mí primero. —Ella abrió la boca como si fuera a decir algo, pero en el último momento se arrepintió cerrándola de golpe. Jared le soltó una mano y, al ver que ella no lo arañaba o intentaba zafarse, le recorrió el suave cuello rodeándole la garganta, su pulso podía sentirse con fuerza a través de su mano—. ¿Te he dicho que despiertas en mí a un ser totalmente desconocido?

—¿Un monstruo? —preguntó ella con un jadeo ronco. Jared sonrió torcidamente mientras se acomodaba mejor entre sus piernas. La toalla perdió totalmente su agarre, abriéndose como una flor. Entonces sintió la suavidad de sus senos contra su pecho desnudo, y aquello hinchó su erección hasta lo imposible.

—Algo así —murmuró, deslizando por alguna razón de mierda la nariz por su cuello. Dios, olía maravilloso, tan fresca como el sándalo.

—¿Vas a seguir con esto? —Se removió incómoda, haciendo inconscientemente que la presión fuera incluso más placentera.

—¿Por qué me lo preguntas, quisieras que fuera Zack? —Ahora estaba emputado, no debió traer al perro a colación pero, aparentemente, tenía ya el cerebro totalmente desconectado de la boca.

—Si fuera mayor de edad, te habría denunciado. Estoy contando los días para que finalmente llegue la fecha —siseó, como el gatito enfurruñado que era.

—¿Por qué insistes en ponerme como villano? —Deslizó lentamente los dedos por su clavícula, disfrutando al ver cómo se le erizaba la piel.

—Porque lo eres.

—Creo que estás confundida. Si en primer lugar tú no me hubieras seducido, nunca habrías estado aquí, lloriqueando por ser menor de edad. —Le mordisqueó el cuello para luego aliviar la sensación con la lengua—. Así que deja ya esa mierda de que eres la adolescente en apuros.

Estaba perdiendo el control a pasos agigantados, pero es que sentir todo su cuerpo desnudo por primera vez… sí, porque ésta era la primera vez. Casi no recordaba aquella noche en el Cooper's, es más, ni siquiera se habían desnudado completamente esa vez, y ella había estado encima, pero ahora, sentir cada curva amoldándose perfecto a él, lo hacía delirar y querer enterrarse en ella cuanto antes, como si fuera lo único en lo que su cerebro pudiera pensar, dejándolo con unos estúpidos instintos carnales y no de supervivencia, que era claramente lo que necesitaba más.

—Estoy encontrando tu silencio como una rendición. ¿Finalmente estamos de acuerdo, Brielle?

Le soltó la otra mano para apoyarse en un codo, ella de nuevo no se movió, solo lo miraba con aquellos enormes y expresivos ojos color miel. Con premura, deslizó su palma entre sus generosos pechos, bajando por sus costillas, evitando tocar su vientre mientras llegaba a una de sus piernas, acarició lánguidamente el muslo. Brie cerró los ojos y un involuntario suspiro abandonó sus labios, entonces no supo qué maldito demonio lo había poseído cuando se acercó a su tentadora boca, le recorrió los carnosos labios con la punta de la lengua. Dejó que su mano siguiera vagando a lo largo de su pierna hasta la rodilla, donde enroscó la mano en torno a su pantorrilla.

—No lo hagas… —El sonido ronco de su voz se abrió camino de forma eléctrica, recorriendo todo su cuerpo hasta llegar a su ya muy dolorido pene.

—Eso sonó como una exigencia. Pídemelo por favor.

—Jared… —gimió, llevando las manos a su cabello, enredó los dedos ahí y tiró suavemente—. Quítate, por favor, no quiero que me veas, ya no soy… no soy como antes.

El frunció el ceño mirándola por primera vez. El embarazo había puesto un poco de peso adicional aquí y allá, pero a él eso no le importaba. Le había gustado su hermoso cuerpo, curvilíneo y esbelto enfundado en pequeña lencería antes, pero la nueva y leve redondez le daba una apariencia más suave que se adaptaba a ella, a esa extraña pureza que aparentaba.

Sin embargo, lo que verdaderamente llamó su atención fueron las marcas, los arañazos y algunos moretones. Tan jodidamente absorto como había estado, no había prestado atención a las múltiples heridas.

—¿Qué es esto? —preguntó con brusquedad, mientras trazaba uno de los golpes que se apreciaban en la blanquecina piel de su brazo. Brie se enderezó, tirando de la olvidada toalla para cubrirse.

—¿Qué es qué? —inquirió, ocultándole su desnudez.

—¿Quién mierda te hizo esto? —Se sentó a su lado y, delicada pero firmemente, le sujetó el brazo para observar de cerca los golpes. La joven solo guardó silencio, sus hombros se hundieron como alguien que ha luchado demasiado y simplemente ya se diera por vencido.

—Si… si te lo digo, ¿puedes por favor no hacer nada? —Su voz era baja, y si no estuvieran tan cerca no la habría escuchado. Jared se alarmó mirándola de pies a cabeza, había más arañazos en su cuello, y en su cara… La furia comenzó a cegarlo.

¿Quién? —ordenó entre dientes apretados. No tenía por qué prometerle nada, pero si quería que ella le dijera, tenía que empezar a hacer que confiara en él a la de ya. Si Hank la había tocado, lo mataría. Así que necesitaba saber en calidad de obligatorio qué mierda había pasado. Respiró profundamente pensando muy bien lo que iba a hacer—. ¿Dime en qué piensas, Brie? Puedes contármelo, te prometo que entenderé.

Para su sorpresa, la joven suspiró, se acercó un poco más a él como buscando apoyo, su brazo rozó con el suyo y de pronto ella estaba jugueteando con su mano derecha, como en alguna ocasión ya lo había hecho. Todo el enfado y el estrés que estaba sintiendo se evaporó como por arte de magia al ver sus profundos ojos claros, ella desvió la mirada y mordió su labio, por lo que tuvo que tomar su barbilla para elevar su rostro. Mierda, necesitaba saber y ella estaba encerrándose en sí misma.

—Es una vida dura, ¿no? —le preguntó, mirándola fijamente.

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Brie no respondió nada, pero pensó que sí lo era.

Era una vida difícil, estaba cansada y aterrada. No quería pensar en lo que había ocurrido en la escuela. Así que guardó silencio, concentrándose en las cicatrices de sus manos, o las líneas de venas que intrincaban sus poderosos antebrazos. Jared elevó su mano libre hacia su rostro, y por alguna razón se encogió, haciendo que él parpadeara confundido y dejara caer la mano.

—No temas —murmuró con voz aterciopelada e involuntariamente seductora—. Te juro que nunca te haré daño.

Parecía más preocupado de convencerse a sí mismo que a ella. Suspiró pasando la mano por su caótico cabello.

—Al menos no temas nunca de mí, sería incapaz de hacerte daño —dijo en un susurro, y luego comenzó a hablar apresuradamente—: Cuando me dijiste que era peligroso, tenías razón, lo soy, pero puedo controlarme. Y sí, también tienes razón con lo de las drogas, de hecho, no he vuelto a probar nada desde que te fuiste. Sé que puedo hacerlo por nuestro bebé, fue simplemente… Es que me has pillado jodidamente desprevenido hace rato. Verte con Zack Miller… —Su voz se había vuelto dura y tuvieron que pasar unos segundos antes de que hablara de nuevo—. Ahora seré mejor.

Esperó, pero Brie todavía era incapaz de hablar. Estaba sorprendida, es más, ni siquiera recordaba haber escuchado su voz aterciopelada durante tanto tiempo sin que le gruñera.

—Hoy no te forzaré a tener sexo. —Le guiñó el ojo—. Después… quizás.

Ante eso, a la castaña no le quedó otro remedio que reírse, aunque el sonido fue tembloroso y jadeante.

—¿Quién te hizo esto? —preguntó suavemente, mientras elevaba con cuidado la mano para trazar con el dedo un arañazo en una de sus mejillas. Brie cerró los ojos sintiéndose ridículamente tranquila mientras Jared la acariciaba, suspiró sujetando su fuerte mano. Necesitaba juguetear con algo para lo que iba a decir.

Alzó la vista y miró esos ojos azules, claros como el agua y tan limpios de todo rencor, que no pudo evitar lo que estaba sintiendo, desnudar su alma era algo muy difícil de hacer con él, pero realmente estaba cansada de huir, Jared tenía razón no le había hecho daño nunca, incluso en sus peores momentos. ¿Qué pasaría si confiaba en él? Suspiró pensando que no quería que la odiara más, así que finalmente le sonrió con timidez.

—¿Cuál era la pregunta? —balbuceó ruborizada, su aliento mentolado la tenía mareada.

—Bueno, mientras me portaba como los hombres de principios del siglo pasado, me fijé en esto. —Trazó de nuevo sus moretones.

—Ah, sí.

—¿Y bien?

Los recuerdos de lo que Madison y Evelyn le habían causado por la mañana, estaban enredados con los maltratos que le había causado también Hank a lo largo de los años. Y la forma en la que Jared jugueteaba con sus dedos tenía a su corazón corriendo un maratón. ¿Iría a buscar venganza? ¿Por ella?, ¿o solo por el bebé? Por primera vez en su miserable vida, Brie deseó que fuera por ella, nadie nunca había demostrado más que compasión, y ahora quería más. Quería amar y ser amada. ¿Tan malo era eso?

Miró hacia sus manos unidas. Aunque pareciera raro y de lo más extraño, porque no hacía ni una hora estaba furiosa con él, ahora solo podía pensar que Jared le había ofrecido más de lo que nadie le había ofrecido nunca. Una casa con lujos, una vida mejor, la dejaba seguir yendo a la escuela y además la protegía. Y todas esas cosas no se hacían a alguien a quien odiabas, y aunque él no se diera cuenta, lo hacía de forma incondicional, sin abrigar ninguna esperanza de que ella le hablara con la verdad y sin que ese gesto implicara ningún cambio en sus emociones. Lo cual le causaba a Brie un gran dolor. Sabía muy bien que le había arruinado la vida, tenía una novia y era feliz a su manera, también sabía que odiaba a Zack por razones desconocidas, y sin querer se había hecho amiga de él. Era su turno al menos de ceder un poco.

—Fue Madison, esa chica del colegio. Ellas… bueno, discutimos y las cosas se salieron de contexto… —Inesperadamente, Jared la acercó contra su pecho hasta sentarla en su regazo.

—¿Qué te hizo? —preguntó con voz brusca y cortante, sin embargo sus manos eran suaves mientras frotaban su espalda.

—En realidad no fue gran cosa, solo peleas por tonterías. Nada de qué preocuparse… —Brie utilizó un tono suave y tranquilizador, pero de ninguna manera logró calmarlo.

—¿Y la mejilla? ¿Y los brazos?

—Eso, bueno es que… en realidad es muy tonto. No quisiera hablar de ello…

—¡Te dieron una paliza! —rugió furioso. La movió de su regazo, incapaz de estar tranquilo se puso de pie mientras tiraba con fuerza de su cabello—. ¿Te tocaron también el vientre? Si llegaron a tocar a mi bebé…

—¡No! Cálmate, me dijiste que te controlarías.

—¿Cómo mierda quieres que me calme? ¡Te golpearon! Esas hijas de puta… —Furioso, comenzó a caminar de aquí para allá abriendo y cerrando los puños como era su costumbre.

Estaba perdiendo el control. Cuando se volvió para mirarla, lo hizo con los pies bien plantados en el suelo, ligeramente separados, y se dio cuenta de que estaba listo para el combate. Brie tragó duramente saliva, no le tenía miedo. Y definitivamente estaba loca, porque simplemente verlo así de preocupado y protector, le resultó increíblemente seductor.

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Jared estaba tratando de controlarse pero, cuando se giró para mirarla, Brie tenía los ojos muy grandes, mirándolo de una forma indescifrable, no era temor, no… ¿Acaso le gustaba lo que veía? Ella tenía esos ojos color miel oscurecidos y el labio inferior presionado entre los dientes.

Recordó que Brie lo veía pelear en las bodegas, ¿podía acaso gustarle? ¿No le echaría un sermón sobre lo malo que era eso? Porque si no la conociera mejor, juraría que esa mirada estaba cargada de deseo. Mierda, un escalofrío lo sacudió llevándose toda la rabia que sentía, se desinfló como si fuera un globo pinchado por un alfiler. La tensión entre ellos cambió de rumbo, el aire se volvió espeso y eléctrico, de tal modo que su cuerpo comenzó a arder por otra razón muy distinta pero igual de poderosa.

—Jared, necesito que te calmes.

Él necesitaba otras cosas, definitivamente.

Ella se ajustó bien la toalla alrededor de su cuerpo cuando se puso de pie, luego caminó lentamente hacia él como quien camina hacia un animal rabioso y bastante peligroso. Su olor floral intensificado por la reciente ducha le golpeó los sentidos cuando estuvo frente a él. Jared estaba paralizado ante su belleza, su menuda figura, su largo cabello resaltando su cremosa piel. Puta madre, quería hacerle tantas cosas… así que obligó a sus músculos a contraerse y no moverse ni un centímetro, o de lo contrario no podría responder de sus actos.

Brie elevó la mirada, y aunque titubeante, uno de sus dedos trazó como una suave pluma los tribales en su brazo, siguiendo las líneas en un movimiento relajante y despreocupado, que naturalmente le hizo contener el aliento.

—Esas mujeres son unas idiotas, no volverán a acercarse a mí. —Jared tuvo que aclararse la garganta, de pronto sentía como si hubiera tragado tierra.

—¿Por qué mierda te tocaron en primer lugar? —De nuevo ella mordió su labio, bajó la mirada concentrándose ahora en el tatuaje que estaba en su costado.

—Ellas… bueno, están celosas.

—¿De qué?

—Tonterías —murmuró encogiéndose de hombros. Su delicado dedo continuó delineando las letras, robándole un escalofrío.

—¿Qué putas tonterías? ¿Quieres dejarte de rodeos? —Ella dio un respingo ante su tono grave, quedándose muy quieta como si estuviera en shock. Jared suspiró pellizcando el puente de su nariz. Dios, ¿cómo era posible que lo perturbara de esta manera? ¡Contrólate, imbécil!—. Brie, es que logras alterarme tanto con tus evasivas. Por favor… ¿Podrías decirme qué tipo de tonterías de mierda lograron hacer que unas pendejas te hicieran esto?

Ella suspiró, una comisura de sus labios se curvó en una tímida sonrisa. De verdad Jared no la entendía, y justo cuando iba a presionarla un poco más, ella habló:

—Están enojadas porque Jordan y Tyler no las han invitado al baile. Juran que es mi culpa.

—Ese puto de Jordan, siempre tiene la culpa de todo. —De cualquier manera ya lo tenía en la mira, y saber que por su culpa habían tocado a Brielle…

—¿Y él por qué? —preguntó, sin poder ocultar un tono de risa en su voz. Jared puso los ojos en blanco y cambió el tema.

—Mañana iré a tu colegio a levantar una queja. Nadie debería golpear a un ser indefenso, nunca. No permitiré que nadie te haga pasar a ti por esa mierda, si vuelven a tocarte te juro que…

—No vas a hacer nada. Olvídalo por favor, estoy segura de que no volverán a tocarme, les dejé claro que estoy embarazada. Quisiera ya no hablar de eso, tengo otras cosas de qué preocuparme en estos momentos, como pescar un resfriado. —Se giró hacia el guardarropa—. Voltéate, tengo que cambiarme.

—No hay nada que no haya visto antes —comentó en tono oscuro.

—Voltéate —exigió, mirándolo fijamente. Jared puso los ojos en blanco pero la obedeció mientras caminaba hacia la cama, esta charla no se había terminado, así que no se iría.

Una vez que se hubo recostado, cerró los ojos, tan solo necesitaba descansar un poco. Le dolía todo el puto cuerpo, incluso ahora que se había relajado, comenzaba a sentir los estragos de la pelea.

Suspiró profundamente, Dios, seguro no llevaba ni dos putos segundos con los ojos cerrados, pero sería mejor que se fuera. Jared abrió los ojos repentinamente alarmado, la habitación estaba ahora a oscuras. Miró hacia la enorme ventana, donde el amanecer comenzaba a aclarar el cielo. ¿De verdad se había quedado malditamente dormido en esa posición? Se incorporó un poco y estiró los brazos. Mierda, todos sus huesos se quejaron, incluyendo los de su cuello.

Abrió la boca para bostezar con pereza y se quedó a mitad del bostezo al verla. Brielle estaba hecha un ovillo a su lado, su larga cabellera le cubría el rostro y una de sus manos estaba sobre su vientre, de forma protectora. Sintiéndose como un puto necesitado, estiró la mano con cuidado para retirarle el cabello de la cara. Y luego, se congeló cuando ella susurró:

Jared.

¿Acaso soñaba con él? O quizás eran pesadillas. Tomó aire profundamente, ni siquiera en sueños podía dejar de atormentarla, ¿verdad?

—Lo siento soy un imbécil —murmuró, trazando con delicadeza su mejilla lastimada—. Es solo que... me emputas a veces. De verdad quiero odiarte, pero no puedo.

En realidad ya ni sabía lo que quería hacer con ella. Bueno, sí sabía un poco, quería meterse dentro de las sábanas con ella y abrazarla, quería protegerla a ella y a su bebé de todos. Como de hecho se suponía que debería haber estado haciendo. Pero seguro que se horrorizaría al despertarse entre sus brazos, es más, justo ahora parecía estar teniendo una maldita pesadilla, por eso lo había nombrado.

Y maldita sea… ¿por qué mierda estaba pensando todo esto? No podía permitirse sentir algo por ella, ¿qué tal que le salía con otra mamada?, ¿qué tal que le gustaba Zack Miller? Sacudiendo la cabeza, se puso de pie con cuidado y salió de la habitación. No había llegado al pasillo cuando su celular comenzó a sonar, ¿quién mierda podía estarlo llamando a las seis de la mañana? Miró la pantalla y bufó mientras pellizcaba el puente de su nariz.

—¿Qué quieres?

Anoche te escuchamos llegar, ¿trajiste a Brielle?

—Por eso me diste un puto departamento en Insignia, ¿verdad? Para estarme espiando como un maldito enfermo.

Hermano, no empieces con tus paranoias, ¿ella está bien?

—Sí.

¿La obligaste a volver contigo?

—Sí, y antes de que empieces a joder el alma, quiero que le digas a tu mujercita que esté literalmente sobre ella.

¿Y eso?

—Brie… bueno, ella digamos que iba a verme pelear.

¡¿A esas bodegas de mierda?!

—Sí, y no quiero que se ponga en peligro yendo a ese lugar. Al parecer lo hacía frecuentemente.

¿Y tú por qué sigues yendo a ese lugar? Jared, no habíamos quedado en que…

—Yo no quedé en nada, tú y William querían algo que yo no quiero.

Sabes que esos son unos mafiosos, tienes que dejarlo. Si no por ti, hazlo por tu hijo. ¿Acaso quieres que crezca en ese ambiente? Lleno de drogas y violencia. —Jared abrió y cerró los puños sintiéndose increíblemente frustrado.

—No quiero tener esta conversación ahora. Tengo cosas más importantes de qué preocuparme, como Brie juntándose con una bola de perros.

¿Qué dices?

—Se hizo amiga de quien no debería, por así decirlo. De hecho es algo que tenemos pendiente de discutir.

¿Por qué no la dejas descansar de peleas aunque sea por un maldito día? Creo que con lidiar contigo ya es más que suficiente. —Jared puso los ojos en blanco.

—Bueno, pues en otro tema, quería ver si podías prestarme de nuevo el Mazda.

Hum, sí, ¿vienes para darte las llaves?

.

.

.

Brie se estiró como un gato perezoso y luego parpadeó confundida unos segundos, hasta que recordó en dónde se encontraba. Rápidamente se irguió recordando que se había acostado al lado de Jared… El dolor taladró su cabeza y mareada cayó de nuevo sobre la cama. Diablos, no debió levantarse tan precipitadamente.

Suspirando, se quedó ahí unos segundos esperando a que las náuseas pasaran… pero no fue así. A trompicones entró al baño y devolvió todo lo que tenía. Dios, la doctora volvería a regañarla por su bajo peso. Todavía se sentía mareada mientras salía de ahí, tenía que comer algo… Caminó con dirección a la cocina, pero al ver la puerta de la habitación de Jared abierta, no pudo evitar mirar de reojo. Él no estaba ahí, ¿se habría marchado temprano?

—¿Jared? —llamó elevando la voz, pero él no estaba. Empujó la puerta y vio todo increíblemente ordenado.

¿De verdad la iba a dejar sola en este lugar? No… él no podía secuestrarla y luego dejarla así, ¿verdad? Sintiendo una opresión en el pecho, comenzó a abrir cajones con la esperanza de ver algo de ropa, pero lo que encontró en uno de los cajones la dejó sin aliento.

Era una fotografía, una hermosa mujer de increíbles ojos azules miraba fijamente a la cámara. Era increíble, con su mirada lobuna e intensa y su extraña sonrisa, el cabello negro le caía en pesadas ondas hasta el regazo, donde se encontraba un niño pequeño, sus ojitos estaban entrecerrados mientras una enorme sonrisa cubría su rostro. Era Jared. Brie contuvo el aliento mientras acariciaba la fotografía, le dio la vuelta y se sorprendió al ver la hermosa caligrafía escrita.

Bebé, siempre estaré contigo, no lo olvides. Te amo, mamá.

En realidad la castaña no podía comprender nada, ¿no se suponía que no lo quería y por eso lo había abandonado? ¿Cómo se atrevía a dejarle un recuerdo así? Confundida y llena de curiosidad, buscó más cosas en el cajón, encontrándose con otras fotografías de esa mujer.

—¿Encontraste lo que sea que estabas buscando? —Su voz baja se filtró a través de la habitación, resonando con fuerza a pesar de que apenas había sido un murmullo. Brie dio un respingo y se le cayeron todas las fotos al suelo.

Jared estaba recargado contra el marco de la puerta. Tenía los brazos cruzados sobre el pecho y una mirada acusadora en sus ojos. Con manos temblorosas se inclinó para recogerlas mientras se disculpaba.

—Yo… lo siento… es que yo, no sabía dónde estabas y…

—¿Y decidiste violarme otra vez? —Brie abrió mucho los ojos, se quedó quieta, en realidad horrorizada. Elevó la mirada para encontrarse con aquellos orbes.

—¿Q-Qué dices? Tan solo estaba buscando…

—Mi pasado, estabas hurgando en mi pasado y en mi habitación sin mi puto consentimiento. Tomaste de nuevo algo mío sin pedirme permiso. Esto definitivamente es un hábito para ti, ¿no?

El corazón se le oprimió a Brie, haciéndola jadear. Dios, no. ¿Por qué todo tenía que salir de esta manera?

—Lo lamento tanto, Jared. No era mi intención… esto, te lo juro. No volverá a pasar… —balbuceó, retomando la tarea de juntar las fotos, con cuidado las puso en el cajón de donde las había tomado. Él se acercó, su enorme silueta oscura llenando toda su vista.

—Lo dudo, parece que decirte que no lo hagas, simplemente no funciona en ti.

—Lo siento tanto. Creí que me habías dejado, estaba preocupada… No sabía qué hacer así que entré a tu habitación buscándote, pero no te encontré y luego no vi nada de tu ropa, por lo que comencé a preocuparme y entonces comencé a buscar algo que me dijera que vivirías aquí, con… —Se abrazó a sí misma—. Con nosotros, así me encontré con esas fotos… Yo solo... tenía curiosidad de conocer un poco de ti.

—¿Conocerme?, ¿qué querías saber? No piensas en mí como una persona normal, ¿no es así? —Brie tragó duro, estaba cautiva en su mirada, cuando lo más sensato era salir corriendo de ese lugar—. Es verdad, ¿cómo lo fui a olvidar? Me ves como un puto monstruo, sin alma. Tienes razón en tener curiosidad, ¿qué puedo ser además de un puto boxeador drogadicto?

—Jared, ayer estaba furiosa, no quise decir eso… —aseguró, pero por alguna razón, retrocedió con miedo al verlo aproximarse

—Sí, sí quisiste decirlo y haces bien en verme como un jodido monstruo, soy una máquina de matar.

—Tú no eres eso.

—¿Eso piensas? Porque créeme que mataré a cualquiera que quiera alejarme de mi hijo y no me arrepentiré nunca. —Brie se quedó sin aliento ante el fiero brillo en sus ojos y sus torpes pasos la hicieron chocar contra la pared—. Así que adelante, ódiame.

Tras decir aquello, se dio la vuelta para alejarse, pero Brie lo retuvo por el codo.

—Espera.

—¿De qué más tienes curiosidad, Brielle? —masculló el joven con sarcasmo, tensándose por completo.

Santo Dios, de eso se trataba, ¿verdad? Nadie le había tratado como otra cosa que como un monstruo, ¿no era así? ¿Cómo se iba a ver a sí mismo de una manera diferente?

—Tienes razón —admitió—. Lamento haber hurgado en tu pasado, y también lamento mucho lo que… tuve que hacer para salirme del Cooper's. Por favor créeme cuando te digo que no te veo como un monstruo o una máquina de matar.

—Qué agradable por tu parte —se burló él—. Pero te equivocas. No puedo permitirme el lujo de ser otra cosa. —A ella se le oprimió el pecho. ¿Cómo era posible que Jared creyera eso sobre sí mismo?

—Sí que puedes. —Él lanzó una seca carcajada, como si lo que ella había dicho fuera absolutamente ridículo.

—¿Vas a darme lecciones de vida? ¿Qué putas puede saber una mocosa como tú?

—También mi vida ha sido difícil —susurró abrazándose a sí misma—. Cuando Hank me vendió al Cooper's, nunca me consideré una… una cualquiera, odiaba eso, odiaba que los hombres me miraran con lascivia, de hecho odio todo en lo que me convertí por su culpa. Sé que piensas que soy una puta, pero no lo soy. —Lo miró con una extraña determinación. Jared abrió los ojos, luciendo sorprendido.

—Yo no dije que fueras eso…

—¿Ah, no? —Lo retó con la mirada, logrando por primera vez que él la desviara primero.

—Cámbiate, llegarás tarde a la escuela. —Se dio la media vuelta sacándose la camiseta en el camino. Brie miró fijamente su amplia espalda, tenía el cuerpo más esculpido que hubiera visto nunca, sin duda todas esas peleas, todo ese entrenamiento habían trabajado muy bien su cuerpo… entonces vio las letras. La frase: Finchè c'è vita c'è speranza estaba trazada a lo largo de su espalda, justo debajo de su nuca. Sin detenerse a pensar, caminó atraída hacia él como un imán.

—Te hiciste un nuevo tatuaje —susurró. Jared no se esperaba que ella siguiera aún en la habitación, y se tensó al escuchar su voz.

—Sí.

—¿Qué significa?

—Donde hay vida, hay esperanza. —A la castaña se le hizo un nudo en el estómago.

—¿Lo… lo hiciste por el bebé?

—Sí, solo por el bebé, él es mi esperanza —aclaró, como si ella se estuviera haciendo ilusiones de otra cosa.

—Claro que es solo por el bebé, sé bien cuánto quisiste mantenerme en secreto. De hecho, sé que hubieras sido muy feliz en tener oculto todo lo relacionado a nosotros.

—No tienes ningún derecho a juzgarme, tenía una vida antes de ti.

Brielle se abrazó a sí misma. Dios, ¿por qué se sentía como si hubiera recibido una dura bofetada? Incluso se sentía entumecida. Cerró los ojos intentando no quebrarse frente a él, pero de pronto unas fuertes manos cayeron sobre sus hombros, dejándola atónita. Se quedó congelada en el suelo, el temblor del miedo hizo que sus músculos se estremecieran. No pensaba que él le haría daño, no físicamente, pero sus palabras podrían ser más cortantes que cualquier cuchilla.

—Yo… bueno… —Pellizcó el puente de su nariz—. Mierda. Tan solo quería que supieras que mi ropa está en mi antiguo departamento, la saqué toda para que vinieras a vivir aquí, sin que te sintieras mi prisionera, acosada o alguna de esas mierdas. —Ella lo miró confundida—. Pero la traeré más tarde, viviré contigo.

—¿Por qué me mandaste las llaves?

—No quería que siguieras viviendo con Hank, ahora cámbiate. Es tarde.

Brie suspiró y después asintió, porque para peleas matutinas, ya había tenido una buena dosis. Sin embargo, salió de la habitación de Jared aún aturdida por su extraño comportamiento, por un lado le decía que no hacía nada por ella más que por el bebé, pero por el otro le daba explicaciones de sus actos como si estuviera arrepentido. Dios, de verdad ese hombre la iba a volver loca, en el mal sentido.

Ya en el auto el silencio reinaba sobre ellos, pero no le resultaba incómodo. Brie se abrigó bien con la costumbre de que no se notara su pancita, pero luego pensó que estaba por demás continuar con eso. A estas alturas ya todos sabrían, y mientras entraban al estacionamiento, observó la menuda figura de Alyssa, iba caminando al lado de Javier. Al verlos juntos una sonrisa involuntaria se formó en sus labios.

.

.

.

Sí, un puto enfermo. Eso era precisamente en lo que se estaba convirtiendo.

Eso de estar lanzando miraditas hacia Brie lo estaba volviendo loco, ¿por qué tenía esa necesidad de estarla mirando? Justo ahora ella estaba sonriendo mientras entraban al colegio, ¿cómo podía sonreír al llegar al hervidero de víboras? Siguió su miraba y vio a unos estudiantes. Una chica sumamente delgada que usaba lentes iba mirando hacia el suelo mientras otro mocoso igual de delgado y alto hablaba gesticulando mucho con las manos.

—¿Por qué sonríes? —Brie dio un respingo, visiblemente absorta en pensamientos. Sus grandes ojos se enfocaron en él y de pronto se ruborizó. Jared elevó una ceja ante su raro comportamiento.

—Yo… ah, no es nada. Tan solo estaba viendo cómo una amiga por fin se acercó al chico que le gusta, es todo.

—Ah… —comentó mirando a la pareja una vez más.

Por un fugaz momento se preguntó si a ella le hacía ilusión ese tipo de mierdas. Ir tomada de la mano, quizás al cine, ir al jodido baile de graduación… El suspiro que ella soltó le dijo que quizás sí. Después de todo Brie era una adolescente, había muchas cosas que estaba perdiendo pero… eso no era su jodida culpa.

—Vendré por ti a las dos, cualquier cosa quiero que me llames, ¿está claro?

—Sí, papá —murmuró entre dientes al tiempo que se bajaba del auto.

Jared suspiró tratando de ignorar ese último comentario y condujo directo al Cooper's. Al llegar al estacionamiento desierto, Owen elevó una ceja.

—¿Y ese auto?

—Ni lo menciones —murmuró, mientras le lanzaba las llaves. No había dado ni dos pasos dentro del centro de entrenamiento cuando Gary se lanzó en su dirección.

—¡Puta madre, Frío! Anoche le sacaste hasta la mierda a Zack, ¡nos dejaste malditamente impresionados! Todos te ven como un Dios.

—¿Quieres callarte? —pidió al tiempo que pellizcaba el puente de su nariz.

—¡No! Fue impresionante cómo saltaste como una maldita pantera hasta donde estaban y luego…

—No es necesario que le refresques la memoria, Gary. —Una voz suave y cantarina lo interrumpió. Jared abrió los ojos para encontrarse con la mirada glacial de Katie, quien llevaba una diminuta falda azul y una blusa blanca que no dejaba nada a la imaginación.

—Hola… putita —ronroneó Gary mientras se remojaba los labios. Sin pensarlo, Jared agarró el cuello de Gary y lo estampó con rudeza contra la pared.

—Nunca vuelvas a llamarla así, ¿escuchaste, pendejo de mierda?

—P-Pero si eso es lo que es… —balbuceó, con los ojos dilatados por la droga.

—No, eso no es lo que es. Se llama Katie y jamás volverás a faltarle el respeto en mi jodida presencia, incluso cuando no esté. Lo mismo va para todos ustedes, cabrones —rugió, haciendo que todos volvieran al entrenamiento.

—Gracias por el despliegue de fuerza, Jared. Ahora ponlo en el suelo para que podamos hablar.

—Espero que te haya quedado muy claro. —Fulminó una última vez a Gary con la mirada mientras lo bajaba al suelo, luego tomó la mano de Katie, quien se quejó quedamente—. Me debes una explicación, enana.

Katie no dijo nada mientras Jared tiraba de su mano, sabía que era un voluble de lo peor, y para qué negarlo, aún tenía miedo de lo que acababa de ver. En cuanto llegaron a su camerino, el joven azotó la puerta.

—¿Cómo está Brie?

—Bien. Ahora dime, ¿desde cuándo es amiga del imbécil? —Katie se miró las uñas oscuras como restándole importancia.

—¿Por qué, estás celoso?

—¡Desde cuándo! —gruñó, caminando hacia ella.

—¡Ay, pero que estrés! Desde hace un par de meses, lunático. Se conocieron en una de tus peleas.

—¿Y por qué mierda venía ella a verme?

—¿Qué no está claro? —Elevó una ceja retándolo, pero Jared siguió sin comprender—. En fin, no hay peor ciego que el que no quiere ver. Solo te digo que nunca estuve de acuerdo con su amistad, pero eso no significa que no sea bueno para ella.

—¿Qué de bueno puede traerle ese pendejo a su vida? Es un malnacido como yo, ¡somos exactamente iguales!

—Bueno, pues es obvio que Brie no piensa así. Parece que no sabe todavía diferenciar lo malo, de lo peor.

Gracias.

—Cuando quieras —comentó, guiñándole un ojo. Jared suspiró moviendo a los lados su cuello extremadamente tenso—. No debes volver a portarte así frente a ella, sé que te dio mucho coraje verlos juntos, pero te aseguro que Brie solo piensa en ti.

Eso definitivamente no debió sentirse como se sintió. ¿Qué era esta mierda recorriendo su pecho? ¿Alivio, tranquilidad?

—No me interesa en lo que piense Brielle. Zack Miller me odia y no dudo que esté haciendo todo esto para joderme la existencia.

—Pues para solo joder, ya son muchos meses sin que supieras. Creo… que él la quiere realmente, aunque no sé si solo como amigos o como algo más. —Aquello le sentó como una patada en el estómago—. Por todo lo que Brie me ha contado, es muy bueno con ella.

—Me importa una mierda si es un santo o no —siseó abriendo y cerrando las manos en puños—. No quiero volver a verla junto a él.

—¿Y quieres que Brie sufra? Porque justamente eso es lo que va a pasar.

—Qué va a andar sufriendo, te lo demostraré. Creo que ambos solo lo hacen por fastidiarme. —Katie puso los ojos en blanco ignorándolo.

—Egocéntrico —bufó.

Pero Jared no le estaba prestando atención, ahora en su mente estaba más claro que el agua lo que Zack Miller quería hacer, y definitivamente no dejaría que nadie, ni siquiera un perro, se entrometiera de nuevo entre él… y su familia.